dimanche 5 mai 2013

Estanislao M. OROZCO/ CAVAFIS: poesía y destino


CAVAFIS: poesía y destino
Por Estanislao M. OROZCO

Constantino P.(1) Cavafis (Alejandría, 1863-1933) nació y murió el mismo día, un veintinueve de abril. En consecuencia, este 2013, en esa fecha señalada, se cumplieron tanto los ochenta años de su fallecimiento como los ciento cincuenta de su nacimiento.

La vida y la muerte conmemoradas al unísono. Como, en cierta medida, oblicuamente podríamos decir, hacen sus poemas. Piezas entre la solemnidad y la ironía, de indudable calidad poética, que se sustentan con frecuencia en la Historia: “Muchos poetas son exclusivamente poetas -dijo Cavafis en una ocasión–… Yo soy un historiador-poeta”.

En efecto, en sus versos abundan las referencias históricas, pero soslayando la evocación de las hazañas usuales, la Historia heroica. En cambio, su poesía escarba en las páginas que han quedado olvidadas o menospreciadas para, a través de ellas, iluminar el punto de confluencia, u oposición, entre el destino personal y el del devenir histórico. Para Cavafis, el ser humano ha de asumir con valor y libremente el propio destino ya que se juega en ese punto crucial gran parte de su dignidad; quizás, incluso, la única victorial real de su vida.

La muerte del padre, acaecida en 1870, cuando Constantino, que era el benjamín, tenía siete años, trastocó los planes de su familia. Poco tiempo después, en 1872, su madre, Khariklia, él y sus ocho hermanos se trasladaron a Liverpool, ciudad en la que vivieron durante siete años, hasta 1879 cuando regresaron a Alejandría. Esta estancia en Inglaterra resultó fundamental para la formación del poeta ya que aprendió inglés y conoció los textos de Shakespeare, Wilde y Robert Browning.

Cavafis salió una segunda vez de Alejandría, a raíz de los bombardeos ingleses de 1882. Permaneció tres años en Constantinopla (actualmente Estambul) acompañando a su madre. Cuando regresó, en 1885, con veintidós años, contó con el generoso apoyo de su hermano mayor para consagrarse a las Letras. Estudió literatura francesa, inglesa e italiana, aunque fue en los poetas alejandrinos Simónides y Calímaco en quienes halló su estirpe literaria.

Otra muerte, esta vez la de su hermano, en 1891, volvió a modificarlo todo, y hubo de procurarse un empleo con el que ganarse el sustento. Gracias a su dominio de distintas lenguas, encontró un puesto en las oficinas estatales de Alejandría. No obstante, Cavafis puso bastante cuidado en que tal desempeño profesional no se inmiscuyese con su vocación poética, con su verdadera vida:
Cuanto puedas…

Si imposible es hacer tu vida como quieres,
por lo menos esfuérzate
cuanto puedas en esto: no la envilezcas nunca
por contacto excesivo
con el mundo que agita movedizas palabras.
No la envilezcas nunca
en el tráfago inútil
o en el necio vacío
de los rostros diarios
y al cabo te resulte un huésped importuno.(2)

La poesía de Cavafis tardó bastante tiempo en salir del estrecho marco local porque la repercusión de sus escritos fue escasa mientras vivió. De alguna manera, el poeta, que era un corrector incansable de su obra, respaldó su aislamiento literario, consciente de que no era del todo desfavorable, como afirmó en 1907: “Pero al lado de todo lo desagradable y hostil de la situación, cada día peor, déjenme anotar una ventaja. La ventaja es la independencia intelectual que se garantiza. Cuando un escritor sabe bien que unos pocos ejemplares serán vendidos, gana una gran independencia para su trabajo creador”.

El primer poema de Cavafis que fue traducido al inglés, El dios abandona a Antonio, apareció en un libro sobre la ciudad de Alejandría que escribió E. M. Foster, quien se convertiría en el divulgador de la poesía de Cavafis en Europa.

Es notable la influencia del poeta griego en otros escritores, como, por ejemplo, los novelistas Lawrence Durrell –cuyo cuarteto de Alejandría está impregnado de la figura del poeta griego– y Coetzee –léase su obra Esperando a los bárbaros–, o los poetas Luis Cernuda, Jaime Gil de Biedma y, sobre todo, W. H. Auden, que escribió: “Cavafis no ha dejado de influir en mi propia obra; pienso al decir esto en poemas que, de no haber conocido a Cavafis, habría escrito yo de modo muy diferente o no habría escrito en absoluto”.

Además del destino y lo histórico, las composiciones amorosas y eróticas son el tercer pilar de su estructura poética básica. El poeta cantó el amor homosexual, primero veladamente, y luego, a partir de 1912, sin ambages y con cierta tendencia al fracaso.

La publicación íntegra de la obra de Cavafis se realizó tras su muerte. Desde entonces, el atractivo y la repercusión de sus poemas(3) han ido en aumento. En realidad, no podía acontecer de otra manera, era su destino.

Cavafis vive, sin duda, en el Parnaso por poemas tan rotundos como este:

Jura una y otra vez que rehará su vida.
Mas al llegar la noche y sus consejos,
sus compromisos, sus ofrecimientos,
mas al llegar la noche con su propio poder,
el del cuerpo que quiere y pide, al mismo
fatal placer, perdido, se dirige de nuevo.

Estanislao M. Orozco 

NOTAS
(1)  El poeta quiso conservar esta letra en su nombre recuerdo de su padre, llamado Pedro (Petrou).
(2) La traducción de este poema de Cavafis fue realizada por Elena Vidal y José Ángel Valente y formó parte del primer libro de poemas de Cavafis traducidos al español, titulado Veinticinco poemas y editado en 1964 por Caffarena & León, en Málaga, con una introducción del propio Valente.
(3) La edición canónica de su Poesía Completa consta de ciento cincuenta y cuatro poemas.

Articulo : http://www.revistadeletras.net 02/05/2013

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