dimanche 19 mai 2013

Joaquín ESTEFANÍA/ KEYNES, la economía y el sexo


TESTIGO EXCEPCIONAL DE UN SIGLO
Keynes, la economía y el sexo
Por Joaquín ESTEFANÍA 

La biografía de John Maynard Keynes, editada por fin en su versión íntegra en español, es un fascinante paseo por la teoría económica, el pensamiento político y los círculos intelectuales del siglo XX de la mano de uno de sus grandes humanistas

El historiador británico Niall Ferguson, cada vez más escorado ideológicamente hacia las posiciones más conservadoras (véase su último libro La gran degeneración, en la editorial Debate) organizó hace unos días un enorme escándalo al defender que Keynes no se había preocupado nunca por las consecuencias de sus teorías económicas en el largo plazo porque al ser homosexual no podía tener hijos y ese largo plazo le traía sin cuidado. Se apoyó en su célebre frase de que “a largo plazo, todos muertos”.

La algarabía fue tan amplia que Ferguson, que en el pasado ya había coqueteado con esta idea, hubo de pedir perdón. Su comentario, dijo, fue “estúpido e insensible”, y la revista que reprodujo sus palabras explicó que era como si la filosofía económica de Ferguson estuviese basada en que este es rico y famoso y, por tanto, no le interesa en absoluto lo que les ocurra a los pobres y a los parados.

Pero la simpleza del historiador y profesor de Harvard no era la primera vez que se exponía. Al menos había tenido un curioso precedente: en el obituario de la muerte de Keynes, en 1946, otra de las cimas de la economía de todos los tiempos, el austriaco Joseph Schumpeter, escribió: “No tuvo hijos y su filosofía de vida era esencialmente una filosofía a corto plazo”. Lo cuenta Robert Skidelsky en la monumental y canónica biografía del economista británico, recientemente aparecida en España (John Maynard Keynes, editorial RBA). Es un libro maravilloso que justifica una vida, aunque su autor no ha dejado de escribir en ningún momento.

Por cierto, la misma editorial acaba de publicar otro libro sensacional, las Memorias del intelectual francés Raymond Aron, y ambos libros devienen imprescindibles para conocer la enorme complejidad del siglo XX. Tanto las memorias de Aron como el primer tomo de una versión previa de la biografía de Keynes habían sido editadas hace muchos años por Javier Pradera en Alianza Editorial y se encuentran descatalogadas. Durante demasiado tiempo se esperó, sin éxito, la aparición de los tomos dos y tres de la biografía de Keynes, hasta que ahora RBA se ha atrevido con un único volumen de casi 1.300 páginas. Ambos son textos insustituibles.

Bibliografía imprescindible

Moneda y finanzas en la India (1913).
Las consecuencias económicas de la paz (1919).
Tratado de probabilidad.
Breve tratado sobre la reforma monetaria(1923).
¿Soy un liberal? (1925).
El final del ‘laissez faire’ (1926).
‘Laissez faire’ y comunismo (1926).
Las posibilidades económicas de nuestros nietos (1930).
Ensayos de persuasion (1931).
Carta abierta al presidente Roosevelt (1933).
Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero (1936).

Ferguson no tenía razón ni en la afirmación de que Keynes era homosexual ni en la de que su obra desdeñaba el largo plazo. Aunque le gustaron mucho los hombres (uno de los amores de su vida fue el pintor escocés Duncan Grant, perteneciente al grupo de Bloomsbury) también lo hicieron las mujeres: se casó con la bailarina del ballet de Diaghilev Lydia Lopokova, que sufrió un aborto cuando convivía con Keynes.

En el año 1930, Keynes y la Lopokova visitan la Residencia de Estudiantes de Madrid, en la que dicta una conferencia cuya primera versión había pronunciado dos años antes en Winchester, titulada expresivamente Las posibilidades económicas de nuestros nietos. Keynes entiende que en ese momento (ya ha tenido lugar elcrash de la Bolsa de Nueva York) el mundo sufre “un fuerte ataque de pesimismo económico”; entonces era corriente (lo que tanto recuerda a la actualidad) escuchar a muchas personas la afirmación de que la época de enorme progreso que caracterizó al siglo XIX había pasado para siempre, y que una caída de la prosperidad era más verosímil que una mejora en la década que acababa de empezar. “Creo”, dice Keynes, “que esta es una interpretación extraordinariamente equivocada de lo que está sucediendo; estamos sufriendo no los reumatismos de la vejez, sino los dolores crecientes que acompañan a los cambios excesivamente rápidos, el dolor del reajuste de un periodo económico a otro. No hay que sobreestimar la importancia del problema económico ni sacrificar a sus supuestas necesidades otras cuestiones de mayor significado y permanencia. La economía debe ser una cuestión reservada a los especialistas, como la odontología”. Y aquí pronuncia una de sus frases más celebradas sobre la necesaria humildad del economista (aunque Keynes fue todo menos humilde): “¡Sería estupendo que los economistas lograran que se les considerara como personas modestas y competentes, igual que los dentistas!”.

La biografía de Skidelsky aglutina a todos los Keynes que había dentro de su privilegiada cabeza: el economista, el inversor, el moralista, el intelectual bloomsburiano, el funcionario del Gobierno británico, el inconformista, el que nos dejó en herencia el orden económico posterior a la Segunda Guerra Mundial, etcétera. Siempre perteneció a la élite intelectual dentro de la élite económica de la Gran Bretaña del primer tercio del siglo XX, y su genialidad brillaba en cualquier cosa que hiciese. El filósofo Bertrand Russell dijo de Keynes: “Es la mente más aguda y más clara que jamás conocí. Cuando discutía con él, sentía que mi vida pendía de un hilo y raramente terminaba sintiéndome algo muy diferente a un estúpido”.

Y en estas llega Ferguson y resume que las teorías de John Maynard Keynes son consecuencia directa de su condición sexual…

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ROBERT SKIDELSKY: ESCRITOR Y ECONOMISTA
“Es perverso y estúpido permitir que el 27% de la sociedad esté en paro”
Por Alicia GONZÁLEZ

El biógrafo por excelencia de John Maynard Keynes comparte con el economista la filosofía general sobre la vida y sobre la economía.

Robert Skidelsky (Manchuria, China, 1939) es mucho más que el biógrafo por excelencia del economista John Maynard Keynes. Es un gran humanista que no ha perdido un ápice de curiosidad. Cuando la grabadora se apaga, pregunta sobre la situación de España, cómo lo está haciendo el gobierno y el papel de la Iglesia en la crisis. “En Reino Unido, la iglesia ha recuperado mucha autoridad moral con esta crisis. Ha criticado con dureza al gobierno por permitir que el desempleo escalara de forma imparable y lo cierto es que necesitamos recuperar referentes morales y ahí la Iglesia puede desempeñar un papel muy importante. ¿Ha pasado lo mismo en España?”, pregunta sin doblez.

Skidelsky ha venido a Madrid a promocionar su principal obra, que publica RBA. 1.366 páginas en las que condensa la esencia de uno de los economistas más brillantes e influyentes de la historia, con quien comparte, según sus propias palabras, la filosofía general sobre la vida y sobre la economía. “Al conocerle tan bien como le conozco el reto es imaginar cómo él habría cambiado en este tiempo y cómo lo habrían hecho sus ideas, dadas las circunstancias”. Lamentablemente, algunas cosas no han cambiado tanto y Skidelsky hace suyos los postulados de Keynes.

“Admiro mucho su humanidad y su indignación contra las mentiras políticas porque creía firmemente que los políticos debían decir la verdad a la gente. Y, por encima de todo, su ira contra el desempleo. Aseguraba que era tan perverso como estúpido permitir que hubiera desempleo. Y creo que es verdad. Creo que es perverso que el gobierno español permita que el 27% de su población esté desempleada y es perverso que el 50% de los jóvenes no tenga empleo. Y es también estúpido porque no hay necesidad de que así sea”, concluye.

La gran hazaña de Skidelsky fue separar al mito de la persona real, en un momento en el que las biografías ignoraban la vida privada de los personajes. Con Keynes, si cabe, es aún más difícil separar al economista de la persona, sostiene el profesor de la Universidad de Warwick. “Sus ideas económicas eran parte de cómo él veía la vida. Keynes no admiraba a muchos economistas y sí le gustaban mucho más los artistas y los filósofos. Tampoco tuvo amigos íntimos, uno o dos como mucho”. Keynes formó parte del grupo de Bloomsbury, integrado por artistas como Duncan Grant o escritores como Virginia Woolf, que marcaron su forma de ver la vida y, en buena medida, el resto de su obra. “Para él, lo importante era la belleza, la amistad, el conocimiento. Eran el estado mental al que todos debíamos aspirar. Y la economía solo era un medio para alcanzarlo, no era una meta en sí misma. Y una vez conseguido el entorno que lo permitía, instrumentos como la eficiencia, el gasto o el pleno empleo dejaban de ser importantes”.

Esas circunstancias han quedado reflejadas en su biografía, donde desveló la homosexualidad del economista británico y que ahora han suscitado una polémica académica con el historiador Niall Ferguson.

En una reciente conferencia, Ferguson atribuyó la defensa del gasto público de Keynes a su homosexualidad y su falta de descendencia. Tuvo que disculparse al día siguiente. Skidelsky es sutil pero implacable en la crítica. “El problema de esa argumentación es la explicación, que se busque la justificación de una circunstancia con otra”. Y añade: “Ahora es más difícil hacer el trabajo de investigación, hay más distracciones mediáticas. Cuando algún investigador destaca en un campo o tiene una personalidad interesante, los medios suelen hacer de ellos estrellas mediáticas y acaban abandonando su investigación. Algo así es lo que le ha pasado a Niall Ferguson, que escribió muy buenos libros hace 20 años pero que ahora se ha entregado a los medios de comunicación y su trabajo se resiente”.

Con el tiempo, la izquierda ideológica ha sido la gran abanderada del legado del keynesianismo, aunque él nunca se declaró como tal. “Quizás sus ideas hayan sido reivindicadas por el centro izquierda pero estaban mucho más en el centro y él se identificó durante la mayor parte de su vida con el Partido Liberal [ahora en coalición con el gobierno del conservador David Cameron]. Una vez John Maynard Keynes dijo que era el trabajo del Partido Liberal propiciar ministros al Partido Laborista e ideas al Partido Conservador. De alguna forma, él donde quería estar era en el centro”, defiende Skidelsky.

El keynesianismo, como tal, fue denostado durante años, y solo la mayor crisis económica y financiera desde la Gran Depresión lo devolvió al primer plano de la actualidad e hizo aflorar a sus adeptos. “Ya lo dijo Robert Lucas \[economista de la escuela de Chicago\]. Cuando estamos metidos en la trinchera, todos somos keynesianos. Es instintivo, pura supervivencia política. Pero tan pronto como se consigue sacar un poco la cabeza de ahí, los viejos hábitos y las posiciones ideológicas se imponen. Y la derecha quiere reducir el Estado a toda costa”, aclara Skidelsky.

El biógrafo de Keynes entiende que la sociedad mire al pasado en busca de respuestas porque “la gente ha perdido mucha fe en los economistas, que dieron una cierta bendición al sistema financiero y crediticio. Pero creo que la macroeconomía, que es la ciencia del gobierno, está en un callejón sin salida, todas sus teorías han sido destrozadas y se encuentra en serios apuros”. Y sin macroeconomía, asegura, la acción de gobierno se resiente. “Cuando las cosas van bien, la gente no se preocupa por la economía, solo espera que todo siga funcionando”.

Articulo: http://cultura.elpais.com 17/05/2013