dimanche 19 mai 2013

María Teresa CARDENAS/ La gozosa libertad de Marcela SERRANO


ENTREVISTA|Su volumen de cuentos llega a librerías
La gozosa libertad de Marcela SERRANO
Por María Teresa CARDENAS

Después de nueve exitosas novelas, desde “Nosotras que nos queremos tanto” hasta “Diez mujeres”, la escritora superventas se atreve finalmente con el género breve. Veinte relatos reunidos en “Dulce enemiga mía” demuestran que, salvo algunas excepciones, la mujer sigue siendo el motivo central de sus narraciones.

La contingencia literaria no es lo suyo. Al menos en Chile. No opina sobre sus pares, y elige con pinzas las entrevistas que esta dispuesta a dar. Ni hablar de presentaciones o diálogos públicos en torno a sus libros. Hace ya algunos años, la adrenalina del éxito le paso la cuenta a esta escritora chilena superventas. Hace unos años, Marcela Serrano (Santiago, 1951) dijo “no mas”. Y gano un gran espacio de libertad.

“Dulce enemiga mía” (Alfaguara) es el resultado de otra libertad conquistada, esta vez en la pagina escrita. Autora de casi una decena de novelas, como “El albergue de las mujeres tristes”, “Para que no me olvides” y “Nuestra Señora de la Soledad”, todas ellas recibidas por miles de lectores en Chile, Latinoamérica y Europa; premiadas, traducidas, adaptadas –“Antigua vida mía” al cine; “Nosotras que nos queremos tanto”, al teatro-, este es su primer libro de cuentos, cuyo breve antecedente encuentra en “Un mundo raro”, publicado el año 2000 con dos “relatos mexicanos”, ambos incluidos en este volumen. Uno de ellos, “El amor en el tiempo de los dinosaurios”, fue escrito por encargo para el diario El País de España; aquí, lleva el titulo “2 de julio”. También por encargo escribió “La dulce mi enemiga”, esta vez para una edición de lujo en homenaje al Quijote, en 2004. Con una leve modificaron en el nombre es, además, el que le da titulo al libro. Los otros 17 cuentos son inéditos.

“El cuento fue un desafío mayor”

“Esta es la historia de una mujer y su soledad”, se lee en “El balneario”. Una frase que podría definir la mayoría de estos relatos, aunque ocurran en distintos lugares. “Quizás –admite-. Siempre he pensado que no hay un mayor sentimiento de soledad que abrir los ojos a un mundo que no fue diseñado para una”, Un tema que ya ha desarrollado en sus novelas, publicadas a partir de 1991. Y si no había ocupado antes el espacio del cuento, fue “por puro miedo”, reconoce. “Se ha hablado tanto de la perfección que requiere un cuento y de la cantidad de imperfecciones que se le acepta a la novela, por la propia esencia del género, que decidí restarme a priori”, confiesa.

-Pero si te habías atrevido con la novela negra, que tiene sus propias reglas.
-Es que la novela negra es mi “otro yo”, la conozco al revés y al derecho, la sigo devotamente, leo a Chandler de rodillas. Entonces, no me era difícil trabajar sus estructuras. El cuento me resultaba mas ajeno, debía ir tras él, no llegaba solo, por eso fue un desafío mayor.

-¿Qué dificultades enfrentaste?
-Mi primera dificultad fue ante la brevedad, la síntesis; sin embargo, eso mismo termino resultándome lo más placentero. Me creía incapaz de condensar un mundo en pocas páginas. Cuando sentí que ya podía hacerlo, vino la liberación. Y de alguna forma extraña, salieron a la superficie zonas más oscuras que han estado ausentes de mis novelas y en las que me siento cómoda.

-¿Cómo cuales?
-Como el desparpajo, cierta maldad o perversidad, cierta desfachatez. En el relato corto es inevitable dejarlos al descubierto. No así en las novelas, donde los personajes necesariamente tienen más matices.

-¿Te diviertes escribiendo? ¿Qué prefieres en ese sentido, el cuento o la novela?
-El cuento, ¡mil veces!, puede resultar mas gozoso, mas lúdico. El desarrollo de la novela suele ser tan pesado. Además, me he pillado a mi misma sintiéndome mas libre en el cuento que en la novela, como si en cinco paginas el cinismo o el sarcasmo se perdonaran, pero no en 300. Me divierte mucho el acto de escribir, no así de publicar.

-¿Quiénes fueron tus principales referentes a la hora de incursionar en el cuento?
-Alice Munro y Carver, los que mas. También Ruth Rendell y Patricia Highsmith. Y en la espalda, los clásicos inevitables: Chejov, Hemingway.

-¿Ningún chileno? ¿Alguna mujer?, ¿Marta Brunet?
-Respuesta culpable: no, ningún chileno, ni siquiera la gran Brunet.

“Salimos de la casa para no volver”

-El primer cuento que escribiste es el único protagonizado por un hombre. ¿Cómo surgió?
-No tengo idea. Solo recuerdo que había unas elecciones importantes en México y que surgió en mi cabeza este hombrecito mediocre e insignificantes y no lo pude soltar.

-Es, al mismo tiempo, el que muestra el lado oscuro del poder. ¿Qué rescatas de la política en manos de los hombres?
-La política fue y es terriblemente masculina, en su que hacer, no en su concepto. Esta enteramente pensada por los hombres y para los hombres y cuando las mujeres quieren intervenir se encuentran con estructuras imposibles. Si alguien cree que en este país los hombres dan la bienvenida a sus compañeras de fila, están equivocados. Ellas están ahí a pesar de ellos. Admiro y apoyo a los hombres que la entienden como un servicio publico, así como me dan espanto los que son solo eso: políticos, sin oficios o formaciones paralelas, sin la mirada más larga del mundo.

-¿Crees que la política habría sido distinta con mayor protagonismo de la mujer?
-¡Por cierto que habría sido distinta! Habría sido más humana y más democrática. Hay mujeres que, para estar en política, creen que hay que imitar a los hombres, ¡craso error! Nuestro aporte consiste en mirarla desde nuestro punto de vista alternativo. Los avances han sido inmensos, tuvimos una Presidenta, después de todo. Pero veamos las cifras de mujeres en el Parlamento y en la administración del Estado: no es para cantar victoria. Falta mucho aun.

-¿Piensas que la mujer ha ido ganando influencia en el rediseño de ese mundo que le es ajeno?
-Si, muchísima. El mundo en que yo vivo es distinto al de mi madre y radicalmente distinto al de mi abuela. Así como el de mis hijas es, en ese sentido, mejor que el mío. Salimos de la casa para no volver y eso lo cambio todo. Hemos ido perneando la sociedad y ganando espacios y derechos. Pero no nos encandilemos: falta aun mucho, mucho por cambiar.

-Traes al presente a Javiera Carrera, desde la historia, y a Aldonza, desde la ficción. ¿Comparten las mujeres un destino a través de los siglos?
-Si, no tengo dudas. Siento que existe una línea larga que nos incluye a todas, una tras otra y tras otra, y tendemos a ser inmensamente solidarias ante la realidad que a cada una le toco. Es que, ¿sabes?, en esencia somos todas lo mismo, ayer, antes de ayer y hoy día.

-Manuela, de “A mi me toco la bandera”, piensa que su quehacer no ha sido tan distinto al de Javiera Carrera, aunque no se siente una heroína.
-Hay mucha mujer heroica que ha vivido la historia de su país en forma vicaria y por lo tanto no se sienten heroicas, aunque lo sean. El dolor de Javiera Carrera resulta casi glamoroso en compararación al dolor sordo de las mujeres que perdieron a sus hijos o sus maridos en la dictatura. Pero al final, tanto una como la otra debe llorar a sus hombres y cerrar los ojos de sus muertos, eternamente.

-¿Empatizas con tus personajes?
-No podría escribir sobre ellos sin empatizar. Siempre he pensado que a los personajes, aunque sean unos miserables, hay que crearlos desde el afecto. Y cuando viven miserias, estoy lista para vivirlas a su lado.

-Varias de tus mujeres son capaces de romper con su destino, pero hay otras que mantienen una actitud conservadora. ¿Te rebela ese tipo de mujer?
-Si, mucho. Pero también las compadezco, a la larga lo pagan muy caro. Al final, a los seres humanos nos resulta aplicable la visión de Toynbee sobre la historia como una suma de grandes desafíos y grandes respuestas. Saber enfrentar esos retos y buscar esas respuestas, que siempre implican cambio, no es fácil pero resulta imprescindible.

-En estos cuentos hay mujeres-madres, esposas, hijas, trabajadoras… ¿Cuál crees que es el rol más difícil?
-Lo mas difícil es la suma de todos esos roles ya que nos determinan por completo. Las mujeres casi siempre somos nuestros roles antes que nosotras mismas. Eso envidio en los hombres: ellos primero son, luego son padres, hijos, maridos, etcétera. Siempre pienso en la imagen del pavo real: despliega sus alas y lo primero que ves de ellos y te fascina es el conjunto. Ya fascinada, puedes detenerte en cada parte. Las mujeres y los pavos reales juegan a los opuestos.

-Hasta hace poco eras también hija. ¿Qué impacto te produjo la muerte de tu madre (la escritora Elisa Serrana)?
-Ha sido duro, muy duro. Como si la vida se hubiera partido por la mitad. De repente comprendí que al irse ella había llegado el futuro, así, estruendosamente. Y eso es feroz. Nunca agradecí tanto tener cuatro hermanas. Hemos vivido el duelo colectivamente, juntas la recordamos, la analizamos, nos reímos y lloramos.

“De la contingencia política no me resto”

-“Si al fin la verdadera patria es la lengua”, dice Aldonza. ¿Qué significado tiene para ti esa patria?
-Todo el significado del mundo. Mi lengua es un regalo y me la regalo el país en que nací. Y en concordancia, siento a todo este continente como mi patria.

-¿Fueron los lugares los que te inspiraron o los aprovechaste como escenario para narrar una historia?
-Fueron los lugares. Por ejemplo, si no hubiese visto el cartel del restaurante en ese pueblo perdido de Bosnia y no hubiera querido quedarme ahí para siempre, no se me habría ocurrido ese relato (“En Bosnia”). Así como el cuento “La yegua” es totalmente argentino, lo escribí allí y  nunca menciono la ciudad de Buenos Aires. Los escenarios son eso: escenarios. Vacíos. Por lo tanto, no sirven.

-También los animales tienen un lugar en tu libro. Gatas y perros con cualidades humanas.
-Me ha pasado lo que a Churchill: a medida que la realidad nos va mostrando tanta bajeza y perversidad en los humanos que se suponen tener alma, uno va queriendo más a estos seres cercanos que, en teoría, son “desalmados”. Como no soy católica, me atrevo a querer más a mi gato que a mi vecino.

-¿Todavía te aburre la contingencia, como dijiste hace un tiempo?
-Hay varias “contingencias”: de la política nunca me resto; de la literaria, por completo, al menos en Chile; de la social también. Mi vida es bastante libre, vivo en la loca ilusión de estar escogiéndola cada día. Me encanta la idea de no hacer nada. Me encamino hacia el día en que solo lea, vea cine y camine por el campo con mis perros.

***
Sobre el ranking de libros: “No quisiera estar ahí”

“Creo que la lista de los libros mas vendidos en este país es una vergüenza, casi pura basura. No quisiera estar ahí”, afirma categórica.

-Pero estás consciente de que vas a aparecer en esa lista, ¿no? ¿Con qué libros o autores te gustaría compartir esos diez lugares?
-Es difícil que un libro de cuentos entre al ranking de los más vendidos; dicen que, al revés de las novelas, los cuentos no venden. Pero si en Chile se leyera de verdad, en la lista actual debieran estar, por ejemplo, Alice Munro, que recién publico un libro de cuentos; Toni Morrison, que ha publicado una nueva novela preciosa; Nicole Kraus, con “La casa grande”; Vargas Llosa y Doris Lessing, por principio, con lo que sea; Ian Mc Ewan con su reciente “Sweet Tooth”, y Richard Ford con “Canada”; Leonardo Padura con “El hombre que amaba los perros”, el libro que mas me ha gustado en el ultimo tiempo, y Alessandro Baricco con su nuevo “Mr. Gwyn”. Lamentablemente, muchas mujeres que leo y sigo no están traducidas en español y seria un poco loco pretender que Jane Austen, aunque haya sido un eterno best seller, apareciera en las listas actuales.

DULCE ENEMIGA MIA
Marcela Serrano
Alfaguara
Santiago, 2013
225 paginas
$13.900
Cuentos

Articulo: http://www.emol.com/ 05/05/2013