dimanche 5 mai 2013

Pedro Pablo GUERRERO/ Raúl ZURITA: “La poesía está muriendo”


ENTREVISTA|Nueva antología recorre 40 años de trabajo
Raúl ZURITA: “La poesía está muriendo”
Por Pedro Pablo GUERRERO

El autor regresa a escena con la antología “Qué es el Paraíso”, preparada por Rafael Rubio. Al mismo tiempo, se exhiben sus trabajos visuales en la Biblioteca Nicanor Parra y se repone en el GAM el “Hamlet” que tradujo por encargo del director Gustavo Meza.

Con Zurita cerro un ciclo. El volumen de 745 paginas publicado en 2011 por Ediciones UDP –“mi ultimo libro”, como insiste en llamarlo el autor- fue suma, archivo, simulacro autobiográfico, palimpsesto que reabsorbe y reescribe libros anteriores, incluido ese ajuste de cuentas que fue Los países muertos (Tacitas, 2006). Pista de aterrizaje y despegue, Zurita marco un punto de inflexión en la trayectoria del poeta. No hay nuevos títulos desde entonces, pero en un movimiento de retorno con forma de parábola, Cuneta reedito el ano pasado su primer poema, El sermón de la montana (1971), y hace unas semanas se inauguro en la Biblioteca Nicanor Parra una exposición que revisa la obra poética y visual de Zurita: sus escrituras en el cielo de Nueva York, el verso tatuado en el desierto de Atacama y el proyecto de inscribir un poema en los acantilados del norte de Chile.

En este mismo impulso retrospectivo, llega ahora “Qué es el Paraíso”, antología de Raúl Zurita realizada por el poeta Rafael Rubio a partir de la iniciativa de Adán Méndez, editor de Tacitas. Fue él quien le propuso hace tres anos el nombre de Rubio para llevar a cabo el proyecto. Zurita asegura que no intervino en la selección de los textos y que le dio a Rubio plena libertad para hacer la antología. “A Rafael yo lo conozco desde niño, por así decirlo. Lo tuve en un taller literario en la Biblioteca Nacional. Le tengo confianza, fuera de que lo aprecio mucho, porque es un extraordinario poeta y un tipo que “sabe”, dice.

-¿Qué le pareció la decisión de bautizar esta antología con el titulo de un texto suyo de 1979 en el que propone trabajar con la vida, la experiencia y el dolor?
-Fue una de las cosas que mas celebré. A mi no se me habría ocurrido. Si alguna vez publico algo, a lo mejor póstumo, que se llame “Obras completas”, tengo pensado otro titulo: “Cielo abajo”. Pero “¿Qué es el Paraíso?” marca lo que han sido mis preocupaciones. El 79 fue un ano especialmente álgido desde el punto de vista creativo. Apareció el Colectivo Acciones de Arte, CADA, y fue un momento de mucha ebullición artística, que desmiente absolutamente lo del apagón cultural. Yo creo que nunca ha habido una actividad cultural mas frenética que en los anos de la dictatura. No porque se estuviera favoreciendo, por supuesto, sino como reacción.

-En el prologo, Rubio advierte tensiones entre sus libros “El amor de Chile” y “Canto a su amor desaparecido”, y entre este y “Poemas militantes”. Pone en duda que formen parte de un solo poema extenso, como proponen otros antólogadores.
-Mi intención ha sido hacer dos extensos poemas. Uno va desde “Purgatorio” hasta “La vida nueva”, y el otro son todos los libros que aparecen fundidos en Zurita. Pero hay dos excepciones, dos libros que no obedecen a cosas del momento: “Poemas militantes” y “El amor de Chile”. Como conciencia, como construcción, he tenido muy pocas ideas en mi vida. Esas dos ideas las he perseguido con ahínco. Una por casi veinte anos, del 75 al 94, conduce a “Purgatorio”. Y la otra la empecé a imaginar el 2000 y la terminé en 2011, con Zurita. Soy de pocas ideas, pero de inspiraciones largas.

-Si hay dos series de poemas, ¿entonces los dos libros que menciona están “fuera de serie”?
-Un poco, pero no quiero decir con eso que los esté descartando. No es mi intención hacer defensas, pero creo que “Poemas militantes” la gente no lo leyó. Ese libro, siento, tiene dos o tres poemas que son de los mejores que he escrito en mi vida. Ambos libros obedecieron a lo que usualmente los poetas llaman inspiración. “El amor de Chile” surgió por el caso de los degollados. Quise hacer algo que fuera exactamente lo contrario, una reivindicación por el lado de la belleza. Pero tampoco fue comprendido. A veces lo que he hecho o tratado de hacer ha sido una suma de malentendidos, que por suerte esta concluyendo bien.

- ¿También se ha malentendido la relación entre su poesía y la relación entre su poesía y la de Juan Luis Martínez, autor de “La nueva novela”? Rubio, en su antología, habla de “búsquedas análogas”, mientras que Martínez dijo haber sido “una gran influencia” suya.
-Por supuesto que tuvo una influencia en mí, humana, en mi formación, pero fue absolutamente mutua. Él trabajaba, antes de que nos encontráramos, en una pequeña cosmogonía práctica, en cosas muy particulares, que tuvieron efecto en mí por sus posibilidades. Intercambiábamos poemas, él escribía algo que no le cabía y me lo pasaba y yo igual. Escribíamos uno al lado del otro, en la misma casa, de sus padres, porque yo estaba casado con su hermana y vivíamos todos juntos. Incluso compartíamos la misma maquina de escribir eléctrica, lo que en 1970 era un lujo. No es que escribiéramos a cuatro manos, pero hubo un momento en que él me decía (era tartamudo): ‘y-y-yo n-no no sé Ra-ra-úl, qui-quién le esta copiando a quién’. Era muy divertido, fue un bonito tiempo. Él tenia un grupo, que no alcancé a conocer, con Eduardo Parra, el de Los Jaivas, y con Thito Valenzuela, y hacían unos textos inspirados en la “patafisica” francesa: Tardieu, Raymond Rousell, Queneau. Yo escribí con ese impulso, leyendo esos textos, “Áreas verdes”, el poema que aparece por primera vez en una revista de Valparaíso, Chikatún, en 1972, y luego en Manuscritos.

- ¿Se siente reflejado en estas afirmaciones de “¿Qué es el Paraíso?”: “Yo soy un hambriento”, “Yo sufro”, “Yo soy un trabajador del arte”?
-Siguen reflejando lo que llamo un periodo de mi vida y me siento muy bien allí. Creo que he sido en las buenas y en las malas más o menos consecuente. Si yo leo ese texto y reviso lo que he escrito en el cielo y en el desierto, o lo que significa publicar un libro contra todo lo esperable de la poesía, de más de 700 páginas, siento que ha habido un intento casi colindante con la desesperación por fijar un lugar en el mundo. Y no porque yo me crea alguien especial. Mi ultimo libro se llama Zurita porque siento que si uno es capaz de llegar al fondo de si mismo sin autocompasión, sin decir “pobrecito yo”, que es la queja de todos los poetas, y sin falsa solidaridad, que es la otra gran lacra, entonces es posible que también esté tocando el fondo de todos los seres humanos, que no somos mucho mas que distintas metáforas de lo mismo. “¿Qué es el Paraíso?” representa lo que he tratado de hacer toda mi vida. Es mi manifiesto. Incluso digo ahí “el Mein Kampf de Raul Zurita”.

-Expresión que le han reprochado, imagino.
-Mucho. Pero es que Mein Kampf para mi era la metáfora del infierno. Incluso estuve a punto de ponerle “Mein Kampf” a Zurita. Pero me dije vas a tener que explicar tanto el titulo que mejor no lo hagas. Oscilé. Parra me decía: “Noooo, si ese es el titulo que tiene que poner”. Pero él no lo ha usado nunca. Ni lo va a usar.

- ¿Hay limites?
-Hay límites. Si no, te los van a poner otros. Hay un límite con la tolerancia de los demás sobre el cual uno no debe perderse. ¿Era mi interés que esto fuera una polémica en que nadie pasara del titulo? No, no era lo que pretendía. ¿Era mi objetivo atentar contra el pudor sexual de la población chilena, el ano 79, cuando salio la cosa de la masturbación? No, no era mi intención. Por lo tanto es un acto fallido. Mi intención era radicalmente otra. Pero debería haberme dado cuenta de que provocar por el lado sexual iba a ser tomado exactamente como se tomo. Si voy a ponerle a un libro Mein Kampf, debo saber cuales son las consecuencias.

-Dijo que si editara sus Obras completas les pondría “Cielo abajo”. ¿Por qué?
-Fue el otro titulo al que le estuve dando vueltas para mi último libro. “Cielo abajo” me lo imagino como un gran panorama, algo que esta pasando par allá lejos. Yo le muestro todo lo que escribo solamente a dos personas: a mi mujer, Paulina, y a una poeta mexicana que es amiga nuestra, Valerie Mejer. Ella quería “Cielo abajo”. Pero finalmente me decidí por Zurita. Hay una frase de Walt Whitman: “Lector, no estas tocando un libro, estas tocando a un hombre”. Las obras que me han apasionado son aquellas paralelas a la vida, las obras totales, que estuvieron tan desacreditadas.

- ¿En cuales piensa?
-Estoy pensando en el Ulises y el Finegans Wake, de Joyce. Estoy pensando en Proust y en Pound. En esas obras que son el correlato, el reflejo, de vidas enteras. No es que las cuenten (la biografía me interesa un pepino, porque el lenguaje no interviene ahí), pero si obras que se plantean la totalidad. Esa poesía que se resigna a ser fragmento, que se resigna a ser folleto, me parece muy poco interesante como esfuerzo artístico. Nicanor Parra acuñó lo de “Los poetas bajaron del Olimpo”. Y fue celebrado como un gran acontecimiento cuando en realidad era una advertencia. Bajaron, okey, ya se lo tomaron todo y se lo farrearon todo. Ahora de vuelta, a trabajar, a lanzar los últimos grandes cantos de un arte que esta muriendo. Porque la poesía esta muriendo. La poesía tal como la hemos entendido, desde Homero en adelante, esta apagándose. El poema le ha dado la espalda al mundo y ya prácticamente no tiene nada que decir de él.

-Estuvo de acuerdo entonces con Ignacio Valente cuando escribió hace algunos meses que hay una decadencia de la poesía en los últimos años.

-Creo que tiene bastante razón, pero también intuyo que no conoce algunas cosas que son impresionantes. Chile antes era muy privilegiado, ahora son fundamentalmente poetas mexicanos, como María Rivera y Julián Herbert. O el argentino Sergio Raimondi. Todos ellos son notables. Siento que Valente tiene razón porque ve lo mismo que veo yo: el facilismo, la indistinción, el divorcio absoluto con los lectores, la proliferación de folletos de quince páginas y poemas en Internet. Pero al mismo tiempo hay grandes obras.

-Rubio afirma que su obra es, en el fondo, una alegoría de la esperanza porque cree en la posibilidad de construir un paraíso en la tierra. ¿Esta de acuerdo?
- Corresponde mucho a lo que yo he querido. El famoso sueno de que toda la historia del arte y de la literatura esta diciendo: “no hemos sido felices, porque si hubiéramos sido felices, ninguno de los grandes poemas seria necesario”. La vida misma seria ese gran poema o esa gran obra de arte. Entonces el horizonte sobre el cual se tiene el arte es la desaparición del arte. Es el sueno final de toda literatura y es lo que yo entiendo como el paraíso en la tierra. El horizonte utópico sobre el cual se tienden todas las obras. Todo artista y todo escritor trabaja con el sueno de que la materia que él mismo esta trabajando deje de ser necesaria. Creo que el arte es la compensación a la historia de la infelicidad. La historia humanan es la historia de la desgracia. O si se quiere, en términos cristianos, es la historia de la caída. De seres que dejaron el Paraíso y que penosamente tratan de buscar los caminos para volver.

-En sus últimos libros, sin embargo, hay una imagen muy apocalíptica de la tierra. ¿Dónde quedo la esperanza de redención que se vislumbraba, por ejemplo, en “Ateparaiso”?
-No fue el Paraíso. ¿Cuánto me queda para morir? Nada. No tengo ninguna enfermedad grave fuera del parkinson. Pero nada de lo que quise, nada de lo que soñé se ha cumplido. Cuando veo los movimientos estudiantiles, me alegro; ojala que su triunfo sea absoluto, que realmente conquisten las espléndidas ciudades de las que hablaba Rimbaud, que a mí y a los de mi generación nos fueron negadas. Pero me temo, y no es que me crea profeta ni mucho menos, que nos esperan, les esperan, 300 años de desierto. La promesa del Paraíso esta terminando con una gran desesperanza. Esa sensación, supongo, viene de la inminencia de mi propio fin. No tengo cáncer, no  tengo nada, pero ya a los 63 años empieza a tallar ese dato. Creo que el mundo que se viene es el más atroz de todos los que se han conocido. Un mundo de soledad, con las mayores expectativas de vida que han existido, pero donde ya no hay forma de llenar esas vidas.

Qué es el Paraíso
Antología de Raúl Zurita
Selección y prologo de Rafael Rubio
Ediciones Tácitas,
Santiago, 2013, 391 paginas,
$10.000
Poesía

Articulo : http://www.eluniversal.com 26/04/2013

Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ∕Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules

Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules Por Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ 2017 marca el centenario de la cantautora de “Gracias a la vida” y ta...