lundi 24 juin 2013

Aymara ARREAZA/ Roberto BOLAÑO y el archivo de la periferia

Roberto Bolaño y el archivo de la periferia
Por Aymara ARREAZA

"Busquen, no solamente en los museos hay mierda. Roberto Bolaño, “Déjenlo todo, nuevamente”.

Exposición hecha para público sensible a la literatura: Archivo Bolaño (1977-2003). La obra que se exhibe se compone de un cúmulo de libretas, manuscritos, fotografías, entrevistas, audiovisuales, listas de música, personajes, relatos y fobias, e incluso títulos inéditos como “Vuelve el man a Venezuela”. La muestra se ocupa del ininterrumpido oficio de escritor del chileno Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953-Barcelona, 2003): tiempo y espacio de tributo a su labor en el décimo aniversario de su muerte. Tras salir de la propuesta comisariada por Juan Insua y Valerie Miles en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), hasta el 30 de junio, siento un afán por rearticular lo vivido. Efecto Bolaño.

Archivo expandido

Me pregunto de forma recurrente, a medida que transito la exposición, ¿cómo se organizan los materiales que quieren dar cuenta del universo bolañesco? Lo que el museo legitima son los apuntes, los ejercicios de trabajo, las investigaciones, los recortes de prensa, la biblioteca, la correspondencia del autor con su editor… En sala se reúnen diversos artefactos para revelar cómo la disposición de las distintas piezas puede resignificar lo que hemos leído y conocemos del escritor. Se cruzan experiencias de Bolaño con lecturas de Freud, Lacan y Cooper, además de diálogos con sus lejanos predecesores: los “admirables poetas troyanos”.

Para adentrarme en la intimidad de este inventario necesito seguir interrogándome: ¿qué archivó?, ¿cómo?, ¿en qué formato? Un minucioso inventario (a mano y luego en su máquina digital) de los cantantes, las películas, escritores y artistas que lo seducían sacan a la luz el escrupuloso método de compilación utilizado. Transcripciones de experiencias, cartas de amigos, libros de ciencia ficción, lecturas fechadas de Isadora Duncan, Bocaccio, Huidobro, Burroughs, Cortázar... El acceso a la trama de intereses del autor chileno es una fantástica oportunidad para conocer más a fondo la labor de andamiaje de su obra.

Como lectora de este laboratorio de letras que alberga el CCCB examino las aristas de las obsesiones a las que se dedicó Bolaño para trazar sus escritos. Los temas que han salido en sus novelas, poemas y cuentos han sido el fruto de la documentación sistemática que componía para lanzarse al proceso creativo. Pero, sobre todo, una revisión, una reescritura de las inquietudes presentes en los textos del movimiento infrarrealista o en la época de Blanes o Girona.

Si algo está latente en el desglose del archivo es la conciencia que desarrolló el autor –mucho antes de que le llegara el reconocimiento de la crítica– de resguardar su memoria en los papeles o en los más de ochenta cuadernos que se pueden husmear por primera vez en esta exhibición. Él fue ampliando, con el paso de los años, sus temas de interés para convertir su poética en una caja de resonancia del universo que construyó. A través del montaje de textos y frases se puede seguir el camino que labró al servició de la literatura: “Musa, a donde quiera que tú vayas yo voy./ El tiempo, que es un humorista de ley,/ me ha hecho ganar algunos premios importantes”.

Intuyo que la organización de los materiales responde a una voluntad de proyectar la infinitud de caminos que se abren cuando se relaciona su fecunda producción. Y esto se formaliza en la exposición como una cronología creativa, un aspecto muy potente y novedoso que configura una cartografía de la creación bolañesca, organizada en tres etapas tras el abandono de Chile y México para vivir en Cataluña: Barcelona (1977-980), Girona (1981-1985) y Blanes (1985-2003). En esta plataforma expositiva hay una puesta en escena de la mesa de disección que procura nuevas conexiones entre los escritos del chileno. Sin temor a equivocarme, entreveo que Bolaño forjó el músculo de su escritura erigiendo el archivo de los espacios por los que se movía y de los temas que exploraba. Quizá La universidad desconocida, más que el título de uno de sus libros, es una pista de lo que condensó en su narrativa amplificada.

La periferia de la escritura en oposición a la centralidad del libro es la órbita que se redefine en está exhibición. Las capas del texto son las que importan, más que el resultado final, quizá. Probablemente porque el núcleo, es decir, los libros de Bolaño, los tenemos al alcance. Pero toda la condensación previa de información, que constituiría el largo camino que él recorrió para conectar las ideas y crear (armar) las historias, se afinca en un patrimonio de lecturas y referencias hasta ahora desconocidas para los lectores. La apertura del archivo en esta primera exhibición resitúa los espacios de trabajo del autor y da a conocer una dimensión velada de su faceta “detectivesca”. Una de las que más me cautivó durante el recorrido de este laboratorio convertido en acto expositivo es la vitrina de las listas de revólveres, crímenes o fobias:

Ergofobia: fobia al trabajo
Talasofobia: aversión al mar
Pantofobia: miedo a todo
Pecatofobia: fobia a cometer pecados

En el cine hay script, un guión de rodaje que dibuja escena por escena; en la obra de Bolaño hay listas de descripciones, informaciones complementarias, apuntes personales. La crónica previa para armar el relato. Una geografía de parajes y personajes levantados desde cimientos sólidos, pero no por eso privados de libertad para crecer en el tiempo de morada en la lectura.

Investigaciones resaltadas con dibujos que el propio escritor realizó en sus agendas para codificar sus registros. Largas notas al pie para ampliar los escenarios de la escritura. De ese recurso se aprovechan los comisarios para sugerirle a los visitantes un “juego detectivesco”, es decir, ir tras algunos rastros. Pistas a modo de señalética que emulan los símbolos que usaba Bolaño para destacar algo de sus apuntes: lentes con ojos que alertan sobre el valor de un párrafo, una estrella de cinco aristas, una cabeza con una larga cabellera alada hacia arriba por una mano… Se despliegan una serie de íconos con los que el público invitado a metamorfosearse en investigador podría entrar en el juego.

La incitación a convertirse en seguidores de pistas la encuentro innecesaria. Aunque es cierto que no es una imposición, determina mucho la lectura. Estas marcas que aparecen en los manuscritos o libretas son destacadas en las vitrinas. El planteamiento lúdico ya está presente en los escritos de Bolaño y me parece que con el ingente material que hay en sala los lectores tienen suficiente para adentrarse en sus modos de trabajo. No hay que olvidar que la ironía y el humor forman parte de la literatura bolañesca. De allí mi insistencia en que el guiño que llama la atención sobre las señales lo encuentro sobrante en una exposición que se adentra de forma magistral pero con carácter oficial en la vida y el archivo de Bolaño.

Es público y relevante el agradecimiento a Carolina López, la viuda del escritor, por resguardar y ocuparse de reordenar su patrimonio. Pero permítanme levantar la ceja y la sospecha: que sea la esposa del chileno quien ayude a clasificar y seleccionar lo visto en la exposición también establece un filtro con muchos matices. Hoy ya sabemos lo que nos ha querido mostrar y cómo ha sistematizado y cristalizado, a través de sus criterios y afectos, este archivo revelado. Para qué negarlo: me gustaría saber qué decidió dejar bajo el manto del ocultamiento, o macerando para desvelarlo en otra oportunidad. Habrá que esperar a otra salida del inventario de notas al museo. ¿Y qué se hará mientras con el archivo bajo custodia de los herederos?, ¿cómo podremos acceder a él? De cualquier modo, este primer paso está muy logrado si no le prestamos demasiada atención al toque fetichista de exponer las máquinas de escribir, los lentes, el ordenador personal…

Se me acabó el espacio, llego hasta aquí sabiendo que podría decir más, pero me viene bien un poco de autocrítica: la última palabra es del lector. Ya lo advertía Bolaño con esta cita que también cierra la exposición: “No creáis a los críticos, leedlos si no hay más remedio,/ pero no les creáis una sola palabra”.
  

Articulo: http://www.el-nacional.com 28/05/2013

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