lundi 24 juin 2013

Iván GUZMÁN LÓPEZ/ García LORCA, el cantor de Granada

García LORCA, el cantor de Granada 
Por Iván GUZMÁN LÓPEZ

Federico García Lorca es una de las figuras más importantes de la literatura española. Su obra “Bodas de sangre” es una de las más famosas que escribió. 

Cuando llegamos en el calendario a junio, recordamos a Granada, “la vega más hermosa de España”; a Granada y a la morena y ardiente Fuente Vaqueros, arribamos a la cuna amada que marcó la poesía y la vida del gran gitano Federico García Lorca. Allí nació, con él, el 5 de junio de 1898, su poesía. Ella, que cada vez que se lee, que cada vez que se escancia, tiene el dolor y la dulzura que el poeta transpiraba. Su poema, “Veleta”, por ejemplo, fechado julio de 1920, en Fuente Vaqueros, Granada, dice:

“Viento del Sur, 
moreno, ardiente, 
llegas sobre mi carne,
trayéndome semilla de brillantes
miradas, empapado
de azahares.

Pones roja la luna
y sollozantes
los álamos cautivos, pero vienes
¡demasiado tarde!
¡Ya he enrollado la noche de mi cuento
en el estante! Sin ningún viento,
¡hazme caso!,
gira, corazón;
gira, corazón.

Aire del Norte,
¡oso blanco del viento!
Llegas sobre mi carne
tembloroso de auroras
boreales,
con tu capa de espectros
capitanes,
y riéndote a gritos del Dante.

¡Oh pulidor de estrellas!
Pero vienes
demasiado tarde.

Mi almario está musgoso
y he perdido la llave.

Sin ningún viento,
¡hazme caso!,
gira, corazón;
gira, corazón.
Brisas, gnomos y vientos 
de ninguna parte.
Mosquitos de la rosa
de pétalos pirámides”.

García Lorca

Federico García Lorca fue bautizado con el nombre de Federico del Sagrado Corazón de Jesús García Lorca. Hijo de don Federico García Rodríguez y su segunda esposa, doña Vicenta Lorca, humilde mujer que estudió con gran esfuerzo, hasta convertirse en una sensible maestra de escuela, que fomentó el interés por la lectura y la literatura en el pequeño Federico, desde la más tierna edad.

El gusto por la literatura y el amor por la hermosa vega de Granada, “la más hermosa de España”, según los biógrafos del poeta, le hicieron hablar siempre muy bien de su tierra natal, como el día de su célebre discurso de 1931, para inaugurar la primera biblioteca de Fuente Vaqueros.

“Tengo un deber de gratitud con este hermoso pueblo donde nací y donde transcurrió mi dichosa niñez por el inmerecido homenaje de que he sido objeto al dar mi nombre a la antigua calle de la iglesia. Todos podéis creer que os lo agradezco de corazón, y que yo, cuando en Madrid o en otro sitio me preguntan el lugar de mi nacimiento, en encuestas periodísticas o en cualquier parte, yo digo que nací en Fuente Vaqueros para que la gloria o la fama que haya de caer en mí, caiga también sobre este simpatiquísimo, sobre este modernísimo, sobre este jugoso y liberal pueblo de la Fuente”...

El folclor, las leyendas, la geografía agreste y romántica de Granada quedaron reflejadas en toda su obra poética, donde el romance y la épica muestran una unidad indisoluble. Desde los dos años de edad, Federico entonaba muy bien las canciones populares y escenificaba cuadros religiosos. Aunque estudiante irregular en su niñez y juventud, las lecturas siempre le acompañaron, en especial las de Víctor Hugo y Miguel de Cervantes; logró terminar la carrera de abogado en la Universidad de Granada, la misma que relegó ante la fuerza arrolladora de su creación literaria y dramática. En 1917 escribió su primer artículo, que versaba sobre José Zorrilla, en su aniversario.

Clásicos como Lope de Vega, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Manuel Machado, Ramón del Valle-Inclán y José Martínez Ruiz (Azorín), formaron al poeta; escritores como Miguel de Unamuno, Madariaga y José Ortega y Gasset forjaron en García Lorca un espíritu rebelde contra la pobre realidad de la España de entonces.

En 1918 publicó su primer libro, “Impresiones y paisajes”, bajo la tutela económica de su padre; en 1920 se estrenó su obra teatral “El maleficio de la mariposa”; en 1921 publicó “Libro de poemas”; en 1923, se puso en escena su obra de títeres “La niña que riega la albahaca” y “El príncipe preguntón”.

Para 1927 comparte activamente con poetas como Jorge Guillén, Pedro Salinas, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Rafael Alberti, el pintor Salvador Dalí y el cineasta Luis Buñuel. Sus libros: “Canciones” (1927), y “Primer romancero gitano“ (1928), lo hacen muy popular. En 1929 escribió “Poeta en Nueva York”, fruto de su viaje a esa ciudad; en 1930, durante una corta estancia en Cuba, escribió “Así pasen los años” y “El público”.

Ese año, al regresar a España, se encontró con que su obra “La zapatera prodigiosa” estaba siendo puesta en escena.

En 1931 fue nombrado codirector de la compañía estatal de teatro “La barraca”, donde disfrutó de todos los recursos para producir y escenificar teatro. Es cuando escribe “Bodas de sangre”, “Yerma“ y “Doña Rosita la soltera”. En 1936 escribió “Diván de Tamarit”, “Llanto por Ignacio Sánchez Mejía” y “La casa de Bernarda Alba”; cuando trabajaba en “La destrucción de Sodoma” estalló la Guerra Civil Española.

En medio de la violencia y la convulsión política, alguien preguntó al poeta sobre sus preferencias políticas, a lo cual respondió que se sentía “a su vez católico, comunista, anarquista, libertario, tradicionalista y monárquico”.

Tras una denuncia anónima, el 16 de agosto de 1936 fue detenido en casa del poeta Luis Rosales. La orden de ejecución fue dada por el gobernador civil de Granada, José Valdés Guzmán. García Lorca fue fusilado la madrugada del 18 de agosto de 1936, en el camino que va de Víznar a Alfacar, en su querida Granada. Y mientras su cuerpo permanece todavía en una fosa común y anónima, su obra poética y dramática, llena de obsesiones y simbolismo, es conocida y cantada por el mundo entero, para gloria de Granada, de España y de la poesía misma.

“Quiero llorar mi pena y te lo digo”...
“Quiero llorar mi pena y te lo digo
para que tú me quieras y me llores
en un anochecer de ruiseñores,
con un puñal, con besos y contigo.

Quiero matar al único testigo
para el asesinato de mis flores
y convertir mi llanto y mis sudores
en eterno montón de duro trigo.

Que no se acabe nunca la madeja
del te quiero me quieres, siempre ardida
con decrépito sol y luna vieja.
Que lo que no me des y no te pida
será para la muerte, que no deja
ni sombra por la carne estremecida”.

Articulo: http://www.elmundo.com 05/06/2013

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