dimanche 2 juin 2013

Nuria AZANCOT/ Las Obras Públicas de Nicanor PARRA toman la BN

Las Obras Públicas de Nicanor Parra toman la BN
Por Nuria AZANCOT 

El próximo miércoles, la Biblioteca Nacional inaugura la mayor exposición antológica dedicada jamás en España al poeta chileno Nicanor Parra (1914), premio Cervantes en 2011 por "la valía de un creador universal" y por su descubrimiento de "nuevas formas de expresión".

Lo mejor es que, cuando un año después recibió el premio Iberoamericano Pablo Neruda "por su aporte al enriquecimiento del lenguaje poético latinoamericano, por su humor, su ironía, su mirada infatigablemente crítica", el chileno respondió que "no era la primera vez que me dan un premio que no merezco y espero que no sea la última [...] Me querellaré contra quienes resulten responsables". El yerno del poeta, Hernán Edwards, e Ignacio Echevarría, comisario de la exposición, ofrecen las claves de la muestra.
  
No lo duden, en la poesía de hoy no hay certezas ni senderos seguros. Lo dice Nicanor Parra (San Fabián de Alico, Chile, 1914), que hace algún tiempo aconsejaba a los autores más jóvenes que escribieran como quisieran , ya que “ha pasado demasiada sangre bajo los puentes para seguir creyendo que sólo se puede seguir un camino”. De eso, de caminos nuevos y de anticaminos y de antipoesía va esta historia, que arranca hace casi un siglo, cuando un jovencísimo Parra de apenas dicisiete años se despidió de su familia para ir a Santiago de Chile, a estudiar.

Cuenta la leyenda que Parra se bajó del andén con cinco pesos y una maleta prestada. En el bolsillo de la camisa, dicen también, llevaba la tarjeta de un profesor , Gonzalo Latorre, que le llevó a un colegio donde le dieron “desde los libros, hasta la ropa y el colchón. Fue la salvación. Si no, no sé qué hubiera pasado”. Arrancaba así una de las mayores aventuras intelectuales hispanoamericanas del siglo, al menos una de las que más han marcado a los jóvenes poetas suramericanos, la de Nicanor Parra, cuya obra completa podrá contemplarse a partir del próximo miércoles en la Biblioteca Nacional, dividida en siete secciones audiovisuales: El largo camino hacia la antipoesía, La montaña rusa, El estallido del antipoema, Poesía y Antipoesía,Física y Antipoesía, La máscara del antipoeta y, finalmente, Religión y muerte.

Una de las Bandejitas de la Reina de Parra

Ignacio Echevarría, comisario dela muestra, nos recomienda no perdernos sobre todo secciones como las dedicadas a los ochocollages de El quebrantahuesos (periódico mural del año 1951), trabajos de poesía visual elaborada con recortes de prensa; las Tablitas de Isla Negra(1976), 90 trozos de madera de desecho con dibujos a bolígrafo; lasBandejitas de La Reina, 80 charolas de cartón con dibujos y frases a pluma; los Artefactos (1972), postales que ideó y elaboró en conjunto con el diseñador Guillermo Tejeda; los Trabajos prácticos, grupo de 39 objetos de desecho con leyendas en papel y, además, Container audiovisual, módulo cerrado para proyección de material en video que consigna lecturas emblemáticas del poeta, videoartefactos, el documental Cachureos, el cortometraje Hidropoemas, 7 estaciones y una lectura del Poema XX, de Neruda. 

“El recorrido de la exposición -explica Echevarría- se jalona con pequeñas ‘estaciones' audiovisuales que ‘conversan' con las piezas expuestas, y que, además de documentar algunas de las claves de la trayectoria y de la figura de Parra, brindan la posibilidad de escuchar algunos de los más célebres antipoemas en su propia voz. En uno, publicado hace ahora 50 años, Parra comparaba la antipoesía con una montaña rusa. ‘Suban, si les parece', decía allí. ‘Claro que yo no respondo si bajan / echando sangre por boca y narices.' Quedan todos advertidos.” 
  
Viaje al universo del poeta

Por su parte, el yerno de Parra, Hernán Edwards, casado con su hija Colombina, ha sido el arquitecto del proyecto y es quien hoy presenta un proyecto que habla de libertad y creación indómitas, mientras que su principal patrocinador, Ángel Simón, de la Fundación Aqualogy, subraya también su “libertad y cierta irreverencia, aspectos todos ellos arraigados a este genio de las letras hispanas. Esta exposición, además, es un llamamiento a la exploración, a no dejar de observar y aprender, con curiosidad y espíritu creativo, igual que ha hecho Nicanor durante toda su vida”.

La exposición en realidad es casi identica a la que pudo contemplarse en la pasada Feria de Guadalajara, pero ahora, explica Edwards, el visitante se va a encontrar a un Nicanor Parra desconocido, porque “la exposición está centrada en el visitante inexperto: es muy entretenida y muy estimulante tanto para el visitante conocedor de su obra, que va a descubrir algunas piezas inéditas, no publicadas en libro ni de manera audiovisual, y que combinan mucho material gráfico, escrito y audivisual”. 

Sin embargo, lo verdaderamente interesante es que se trata de una exposición pensada en un ciento por ciento en un visitante que no conoce demasiado bien a Parra, y que a lo mejor sabe que recibió hace unos años el premio Cervantes, “y aquí lo va a descubrir en todas sus facetas, porque la expo está muy bien pensada y ordenada por Echevarría para eso, para conducir a un visitante que no sabe nada de Nicanor, en un recorrido de una hora, hora y media, al universo del poeta, de una manera ordenada, y para que vaya conociendo sus orígenes: cómo se gestó su interés por la poesía, su pasión por la literatura moderna chilena de los 50, cómo rompe y da vuelta a esa historia con la creación de la antipoesía y todo su recorrido”, insiste.

Cuenta Hernán Edwards que su suegro se encuentra muy bien, “impresionante”, y que en realidad Parra es el más joven de la familia a pesar de sus casi cien años, pero que no podrá venir a Madrid porque su médico le ha recomendado que no haga viajes tan largos. “Mi rol en esto es de parentesco y familiar, superestrecha, somos muy amigos, pero soy además el arquitecto y diseñador del montaje”, destaca. 

Hace años, Mario Benedetti le hizo una entrevista mítica a Parra en la que le preguntaba si no estaba corriendo ya el riesgo de monumentalizarse. Entonces, el poeta chileno contestó que ese peligro “está latente en la vida de todo escritor y en todo momento. En este caso, sin embargo, debes pensar que yo llego a este premio a pulso, sin compromisos con instituciones, corporaciones, partidos políticos. Nada. Prácticamente contra todo. De modo que el peligro que corro es de exagerar la nota. Me parece que el peligro verdadero sería creer que lo que he hecho está realmente bien, e insistir en esa línea y subrayar demasiado algunas direcciones. Ése es el peligro que yo veo, por cierto estoy alerta para tomar las medidas de rigor”.

Un joven travieso de 99 años

Ahora le arrojamos la misma pregunta a Hernán Edwards y se muestra igual de contundente: “No puedo hablar de eso, pero sé que él no se siente, ni se ve ni actúa como una estatua de mármol; está totalmente vivo y se muestra como un creador joven, que mantiene en alerta su espíritu lúdico y travieso, siempre dispuesto a desconcertar a sus críticos y a los lectores, y generando contenidos inesperados. Hoy, a sus noventa y nueve años, Nicanor Parra sigue siendo un joven poeta travieso y agudo, que jamás deja de crear ni de escribir y que no se despega jamás de su cuaderno, ni de los artefactos que crea sin cesar.

-¿Qué relación tiene con los jóvenes poetas chilenos e hispanoamericanos que le tienen como modelo?
-Bueno, tiene una relación estrechísima con ellos, más sólida incluso que con los autores de su generación o con los de la siguiente, porque es un incansable investigador de los medios de difusión de literatura alternativa, y siempre está investigando lo que se genera en los márgenes del establisment cultural y social. Se nutre mucho de eso, es un espectador incansable del lenguaje que se genera en la calle y va complementando muy ingeniosamente el lenguaje marginal de la calle con los temas que nunca ha dejado de estudiar de la literatura tradicional, como Shakespeare, Cervantes o el Quijote. Es un estudioso eterno de Hamlet... Parra se va nutriendo así, del centro a la periferia, en dos discursos que se complementan, que son la esencia de su obra, y que acaban hablando de lo mismo, del alma humana. Es, sigue siendo, y sigue sintiéndose, un corazón con patas. Por es tan bonito, tan interesante lo que se va a ver en esta exposición.”

Siete estaciones audiovisuales

Ordenada cronológicamente, en las Obras Públicas que se exhiben desde el miércoles en la Biblioteca Nacional se plasma la evolución del poeta chileno desde que es un autor balbuceante hasta que se descubre como antipoeta y “quebrantahuesos”. El recorrido de la exposición está organizado muy ingeniosamente, en siete estaciones audiovisuales que se van sucediendo como las estaciones de un viacrucis. El visitante se va deteniendo en siete paradas que son siete videos de siete minutos que van mostrando la evolución del poeta, hasta que llegamos a la sala central, muy grande, que es como un punto de inflexión: ahí nos encontramos con el estallido del antipoema hacia la visualidad. “Es entonces -nos explica Hernán Edwards- cuando Nicanor se apropia del lenguaje publicitario para dar su mensaje, con la misma rapidez y explosividad del lenjuaje publicitario, y en este acto, hace un acto de intentar librarse de sí mismo como autor y se inventa a este personaje que es el corazón con patas. Es cuando se borra para lanzar mensajes que no pretenden ser consecuentes, porque a veces es un príncipe, o un ladrón o un mendigo, pero siempre da en el blanco”. 

Democracia & Dictadura

Se trata de llegar a la esencia, sobre todo porque Parra, físico antes que poeta, desnuda de todo artificio a la palabra hasta el punto de hacer de todas sus obras verdaderas ecuaciones. A fin de cuentas, como explica Echevarría, los Antipoemas no son sino “poesías escritas como quien habla, sin metáforas ni ninfas ni tritones”, y los Artefactos, “frases encontradas y frases que yuxtapuestas hacen sentido (y que suelen ser divertidas)”, los artefactos visuales, “esas mismas frases junto a un objeto que multiplica las posibilidades de sentido, de crítica y de humor”, mientras que el antipoeta es, según el manifiesto parriano, “un hombre del montón”.

El habla de la tribu

Con todo, lo importante es, para Echevarría, que la antipoesía “no ha cesado de transformar radicalmente los horizontes de la poesía en lengua española”, que ha reorientado sus rumbos y que “mucho más que una vanguardia, una tendencia o que una escuela, se trata de un largo camino de regreso a la fuente misma de la expresión poética, que no es otra que el habla común, el habla de la tribu”. Y dice más. Para el crítico , la antipoesía no ha dejado de desplegarse en múltiples direcciones, “señalando las derivas por las que habrán de transitar el arte y la poesía del siglo XXI”. Por eso esta exposición propone “por vez primera” un acercamiento panorámico a las etapas de su desarrollo, “permitiendo apreciar las formas en que se traduce en la antipoesía la inquietud por adaptarse a la crisis de los discursos hegemónicos”. Y, claro, las maneras en que se concreta “el impulso a trascender las limitaciones de los formatos convencionales de transmisión de la experiencia poética”. 

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Parra en la Biblioteca
Por Ignacio Echevarría 

No deja de entrañar una magnífica ironía que sea la Biblioteca Nacional, precisamente la Biblioteca Nacional de Madrid, la que acoja los próximos meses, bajo el título de Obras públicas, una amplia muestra de los “trabajos prácticos” de Nicanor Parra, vale decir de sus incursiones en lo que -demasiado impropiamente- suele entenderse por “poesía visual”. 

La ironía reside en que, desde muy pronto, la antipoesía de Parra comenzó a buscar vías por las que escapar de las limitaciones que, tanto para su práctica como para su difusión, le imponía el libro convencional. En su empeño en señalar el habla común -el habla de la calle- como sede primordial de la experiencia poética, Parra no ha cesado de idear fórmulas mediante las que procurar que el ciudadano corriente cobre conciencia de las energías latentes en muchas de las expresiones que a menudo utiliza. Con este objetivo, ha experimentado con toda suerte de soportes, y ha explorado insistentemente los efectos resultantes de hacer colisionar determinadas palabras con determinadas imágenes u objetos.

Si bien el acta de nacimiento de la antipoesía la constituye la publicación, en 1954, de Poemas y antipoemas, conviene recordar que dos años antes, en 1952, Nicanor Parra, aliado para la ocasión con Enrique Lihn y Alejandro Jodorowsky, causó el asombro de los transeúntes de Santiago exhibiendo durante varias semanas sucesivas, en puntos distintos de la ciudad, una especie de periódico mural de carácter satírico confeccionado con recortes de diarios. Aquel “antiperiódico” se tituló El Quebrantahuesos, y en la muestra de la Biblioteca Nacional se exhiben todos los ejemplares conservados.

Casi veinte años más tarde, hacia finales de los sesenta, ya bien consolidada la trayectoria de la antipoesía, tendría lugar “la explosión del antipoema”. En estos términos había de referirse Parra al surgimiento de los “artefactos”, nombre que él mismo dio a toda una serie de configuraciones lingüísticas breves y autosuficientes (casi eslóganes) destinadas a actuar sobre el lector “como los fragmentos de una granada”. Un buen número de estos artefactos, acompañados de ilustraciones, fueron recogidos en 1972 en forma de tarjetas postales, susceptibles de ser empleadas como tales o destinadas a cualquier otro uso. En la Biblioteca Nacional se exhibe la colección completa. 

Desde esa fecha, Nicanor Parra no ha dejado de desarrollar simultáneamente varias líneas de trabajo, la más llamativa de las cuales -los “trabajos prácticos”- ha consistido en “transfigurar” objetos de uso común, generalmente reciclados, a fuerza de adosarles un cartelito en el que suele inscribirse una frase hecha.

Pliegos sueltos, carteles, tablas de madera, bandejas de confitería: Parra ha ensayado estos y otros soportes con vistas a eludir los subordinamientos que el libro impone en la relación del lector con el texto. De modo cada vez más radical, se ha resistido no sólo al confinamiento del poema, sino también a su acabamiento. En las últimas décadas, su producción ha adoptado de modo cada vez más flagrante la condición de work in progress, a tal extremo que los nuevos textos que Parra ha consentido publicar en revistas o antologías suelen darse en su propia caligrafía, con frecuencia llena de tachones y de versiones alternativas.

Hace veinte años, en 1992, y por iniciativa de René Costa, tuvo lugar, primero en Valencia y luego en Chicago, la primera exhibición de los “trabajos prácticos” de Parra, que dialogaban en aquella ocasión con los poemas visuales de Joan Brossa. La confrontación entre estos dos artistas, de espíritu tan afín, permitía percatarse de la sustancial diferencia de su método, que en el caso de Parra actúa siempre en la intersección de la palabra con el objeto (o de la palabra con la imagen): un espacio en el que uno y otra se subvierten mutuamente, liberando sentidos que permanecían hasta entonces dormidos.

Importa tener esto presente para no asimilar demasiado mecánicamente los trabajos visuales de Parra con otras manifestaciones artísticas con las que sin duda cabe emparentarlos, como pueden ser los ready-made de Duchamp o ciertas direcciones del arte conceptual.

Desde otro punto de vista, importa entender de qué modo la Biblioteca Nacional constituye el marco ideal en el que exhibir las Obras públicas de Parra. En cuanto imponente archivo de literatura libresca, pero también en cuanto institución, la Biblioteca Nacional ofrece un contrapunto irónico a la operación que la antipoesía se propone, que no es otra que la de -huyendo de toda infatuación retórica- reencarnar la poesía en el hombre de la calle, en el lenguaje de la tribu. 



Articulo: http://www.elcultural.es 24/05/2013

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