dimanche 2 juin 2013

Verónica CHIARAVALLI/ Tras las huellas de GOMBROWICZ

Final abierto
Tras las huellas de Gombrowicz
Por Verónica Chiaravalli

"Tenía el prestigio suplementario de no ser reconocido ni valorado. Para todos nosotros, que éramos amantes de los perdedores, eso era un mérito."

Así recuerda Mario Sabato al escritor polaco Witold Gombrowicz, en el documental Maten a Witoldo , dirigido por Agnieszka Herbich y Lucas Trajtengartz, recién estrenado en Polonia (todavía no tiene fecha de estreno en el país), que reconstruye, en sintético panorama, los veinticuatro años que el autor de Ferdydurke pasó en la Argentina, entre 1939 y 1963, casi como un polizón del espléndido mundo literario local. (En Diario argentino , Gombrowicz cuenta sus impresiones luego de una cena con Silvina, Bioy y Borges: "¿Cuáles eran las posibilidades de comprensión entre esa Argentina intelectual, estetizante y filosofante y yo? A mí lo que me fascinaba del país era lo bajo, a ellos lo alto. A mí me hechizaba la oscuridad de Retiro, a ellos las luces de París".)

El documental, filmado en Buenos Aires, Tandil y Santiago del Estero, se organiza en torno a los recuerdos de los amigos (o discípulos, como ellos mismos se reconocen en algunos casos), de conocidos y de circunstanciales compañeros de trabajo que no lo han olvidado. Son fragmentos de un fragmento: escenas de un período en la vida de un hombre. Gombrowicz a la vez está y no está presente en el documental. No están su literatura, su voz ni su imagen en movimiento, pero de las palabras de quienes lo conocieron, de las historias que relatan Miguel Grinberg, Juan Carlos Gómez, Jorge Rubén Vilela e incluso la hija de Mariano Betelú, Ana (para quien Gombrowicz era como "un tío abuelo polaco"), emerge el retrato de un intelecto brillante, dispuesto a batirse en discusión por el puro goce de la esgrima dialéctica; un hombre que cultivaba cierta arrogancia inofensiva, que desnudaba su fragilidad en cada provocación; profundamente solitario, capaz de prodigar un afecto paternal a sus amigos y de contagiarles su irresistible poder de seducción. Irónico y escéptico. Simpático y también "disonante y disparatado", como señala Grinberg, quien echa luz sobre el título del documental: "Maten a Borges" les había recomendado metafóricamente "Witoldo" a sus discípulos, para que lograran hacerse oír con su propia voz literaria.

En el film, una anécdota ilustra la calidad sutil de la huella que dejó Gombrowicz en la Argentina. Witold había observado la caligrafía de una de sus compañeras de trabajo en el Banco Polaco, y le pidió que lo ayudara a organizar su álbum de fotos. En agradecimiento le regaló una sandía. La cáscara decía: "Con homenaje" y la firma de Gombrowicz. La mujer cortó la fruta (deliciosa, recuerda) cuidando el texto, y conservó el trozo de cáscara hasta que ya no pudo evitar que se pudriera por completo. Lo que le quedó luego fue un hermoso recuerdo.

GOMBROWICZ sobre Azul@rte :


Articulo: http://www.lanacion.com.ar 31/05/2013