dimanche 2 juin 2013

Yanet AGUILAR/Francisco HERNANDEZ: “Uno depende de los otros, la originalidad para mí no existe”

“Uno depende de los otros, la originalidad para mí no existe”
Por Yanet Aguilar

Francisco Hernández toma sus libros y busca las frases que más le gustan, las lee con su voz profunda, que acaricia y seduce

Las libretas en las que escribe sus poemas Francisco Hernández guardan todos sus secretos; reconocen los temas que siempre le han interesado: el desencanto por el mundo, la violencia, el erotismo y el amor. Están allí su pasión por el arte y por supuesto por la fotografía, esa a la que acude en sus talleres literarios, alguno de ellos lo ha llamado “Poetografía”; la foto ha dado lugar a su nuevo poemario Diario sin fechas de Charles B. Waite, en el que ha puesto alma, corazón, cerebro y vista.

El poeta nacido en San Andrés Tuxtla, en 1946, considerado una de las voces más potentes y sólidas de la poesía mexicana, es autor de poemas tan breves como profundos. Así lo confirma este nuevo poemario que recrea la historia y las fotos sobre niñas de Charles B. Waite, un fotógrafo norteamericano viajero cuyo archivo, con 3 mil 500 negativos, se encuentra en la Fototeca de Pachuca.
Ese libro, cuya primera edición está llena de apuntes a mano, de llamadas a corregir, de taches que censuran el último poema, no es el único que Francisco Hernández ha publicado en estos días, también ha visto la luz Mal de Graves. Ambos libros publicados por Almadía son arriesgados por su propuesta y su estructura, más aún este último que tiene que ver con los sueños, la poesía, la ciencia, la enfermedad y la ceguera, un libro muy íntimo de Francisco Hernández, porque ha visto el proceso del mal de Graves en su esposa Leticia, y la estructura se la dio el poema “Cantata a solas” de Tomás Segovia.

Sin más, Francisco Hernández toma sus libros y busca las frases que más le gustan, las lee con su voz profunda, que acaricia y seduce. “Hay una que me gusta mucho como empieza: ‘La muerte siempre trae una cámara en las manos’, a fin de cuentas la última fotografía es la que nos va a tomar la muerte. Ese poema también dice que cuando llega la muerte ‘hay un perro muerto dentro de nosotros para darle la bienvenida’”. Francisco Hernández, ganador en 2012 del Premio Nacional de Ciencias y Artes, en la categoría de Lingüística y Literatura, repasa sus poemas, se acomoda los lentes y se pone la mano en el mentón para leer.

¿Cómo dio con Waite e imaginó su diario?
Ahí está una foto de Charles B. Waite, de las niñas, que inevitablemente me hace pensar en Lewis Carrol -dice y señala una foto que parece mirara hacia la Plaza Río de Janeiro-, creo que igual que Carrol tomar fotos era como un “método de seducción” o de acercamiento a las niñas; pensé que algo así habrá hecho Waite al llegar a México; en la Fototeca de Pachuca hay más de 3 mil 500 fotos de este señor, obviamente la mayoría se desconocen y tuve la fortuna de que mi amiga Rosa Casanova, la directora, al platicarle el proyecto, me descubriera a Waite. Empecé a ver sus fotos y pensé qué pudo haber hecho casado y con dos hijas en México, quizás escribir un poco a escondidas su diario y fotografiar a las niñas que le fascinaban.

¿Su poesía está muy cercana a la fotografía?
Me ha interesado mucho, pero nunca he tenido una cámara fotográfica, solo una vez en Oaxaca en un restaurante me encontré una cámara que alguien olvidó, una Instamatic, tomé las fotos que restaba del rollo pero ya; nunca he comprado una, pero siempre me ha interesado la foto, compro muchos libros de fotografía y cuando doy talleres me gusta mucho dejarles de tarea escribir sobre una mujer o una obra o un fotógrafo, muchas veces es un sólo un fotógrafo para todo el taller y pido que vayan a escribir lo que les provoque esa fotografía.

¿Es su poemario más fotográfico?
Tan a partir de un fotógrafo sí, en este momento no me acuerdo pero siempre ha estado ahí presente la fotografía, no se en cuál otro libro, pero este sí fue muy específico. Aquí vemos un México muy rico, este señor llega a finales del siglo XIX y se va después de la Revolución, pero vuelve cuando se aquietan las aguas y se va al sur, no sé cuando ni dónde muere. No dejó nada escrito ni conocía su foto.

¿Cómo se siente como únicamente observador?
Me siento como un observador y como un capturista, estoy capturando algo del mundo que los demás no pueden capturar y lo estoy haciendo sin una cámara, únicamente con palabras que es parte del quehacer del escritor, dejar fijo o fijas las imágenes con el instrumento de un lenguaje revelador.

¿Le gusto al experiencia?
Sin duda en otros de los libros están las fotos, la experiencia de fijar el tiempo, que es lo que fija la fotografía, el tiempo, ahí se quedan, ahí está el gran ejemplo de la foto fija.

¿Cómo fue el proceso de escritura, rodeado de fotografías de Waite?
Tenía copias de las fotos mientras escribía primero a mano y luego en máquina portátil y después se lo daba a alguien que lo captura porque yo no puedo usar la computadora, no he aprendido; y viendo el material como cuando he escrito de pintores, tengo el catálogo y veo qué me provoca, qué siento ante la obra o ir a su taller que es muy padre; cómo pintan, cómo trabajan, a qué huelen.

¿El otro lado de la fotografía es la ceguera, su otro libro?
Es lo contario de la fotografía, es no ver, viene de la enfermedad que se llama Mal de Graves, que empieza por la tiroides y lleva a perder la vista, un mal que ha vivido mi esposa desde hace varios años y yo también porque he visto cómo se ha ido desarrollando. Lo escribí al ver ese sufrimiento y por el azar, encuentro que el doctor que descubrió la enfermedad se llama Robert Graves, y un siglo después aparece el poeta Robert Graves, luego estaba leyendo el poema de Tomás Segovia, que tiene la estructura como de una pieza de teatro y supe que esa era la estructura que debía tener; además mi esposa, un día estaba frente al espejo y me dijo: “Me estoy peinando con mis recuerdos” porque ya no veía bien y pensé: “este es el primer verso”.

Está la enfermedad, el miedo a ya no ver, muy diferente a todo lo de Waite, que es andar buscando capturar la imagen para que queden fijas y para tener siempre ahí la presencia de lo visto, mientras que aquí es el miedo a ya no ver ¿qué voy hacer con la oscuridad, con el miedo a ya no ver?
¿La ceguera es revivir los recuerdos?

Al menos alguna vez pensamos en ¿cómo se vería al mundo si no viera?, ¿cómo vería el mundo si me quedara ciego? Qué mundo tan extraño, tan difícil. ¿Cómo ve el mundo un ciego de nacimiento o cómo lo ve alguien que perdió la vista a los 25 años, cómo llega a desesperarse y dice ya no quiero vivir y se tira por la ventana. Todo ese mundo me atrajo mucho, lo que se ve, lo que se sueña que es una forma de ver, ¿cómo sueñan los ciegos? ¿Poesía y ceguera?
Es un misterio el de la ceguera que se conecta mucho con la poesía ¿por qué de pronto se me ocurre lo de Waite?, hacer un libro con esas estructuras o esas casualidades o éste sobre tres autores alemanes, Moneda de tres caras, sobre las vidas de Schumann, Hölderlin y Trakl, esos tres que murieron locos dejando una obra excepcional.

¿Por qué un día entro a una librería de Coyoacán y escucho una música de Shumann y la compro y por qué un primero de año busco un libro que habla de Hölderlin y me entero que se volvió loco de amor?, ¿por qué Trakl entra a la cocaína y enloquece? Preguntas que uno se hace y empieza la escritura para tratar de respondérmelas al menos a mí. ¿Cómo llegan los personajes?
No sé en qué momento, cómo se conocen o cruzan la puerta del sueño a la realidad, cómo se instalan ahí, pero aparecen y hay que hacerles caso en cuanto aparecen. Si yo me impongo escribir un libro sobre Kafka no aparece, no se deja, Kafka no habla. Ahí está la palabra destino o la palabra misterio.

¿Inspiración?
A veces me pregunto cómo me atreví, igual que con Schumann, Hölderlin y Trakl, sin ponérmelo y sin pensar lo hice, simplemente uno se ve como empujado. Ahí entra también la idea de que uno depende de los otros, la originalidad para mí no existe, todo lo demás me lo dan los otros, lo que leo, escriben, los que pintan y fotografían otros, yo nada más escribo lo que me dictan, a eso se va reduciendo todo poco a poco.

Francisco Hernández, uno de los más grandes poetas mexicanos, ha recibido los más importantes premios. Ahora está feliz con Diario sin fechas de Charles B. Waite y Mal de Graves. Ambos libros serán presentados el próximo 5 de junio a las 20:00 horas en la librería Rosario Castellanos por Alicia Quiñones y Francisco Goñi. Hernández estará presente y quizás dibujará en su bella libreta, allí donde escribe y corrige y borra sus poemas, pero también dibuja árboles y rostros que nunca ha publicado en ninguno de sus libros. Dice que no. Yo digo que tal vez debería hacerlo un día.


Articulo: http://www.eluniversal.com.mx 23/05/2013

Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ∕Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules

Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules Por Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ 2017 marca el centenario de la cantautora de “Gracias a la vida” y ta...