samedi 6 juillet 2013

KAFKA/130 aniversario del nacimiento del célebre escritor

Año de Kafka 2013: 130 aniversario del nacimiento del célebre escritor

Franz Kafka (1883–1924), escritor checo que escribía en alemán y autor de las novelas El proceso y El castillo, figura entre las personalidades más relevantes de la literatura mundial del siglo XX.

Jorge Luis Borges Habla del Mundo de KAFKA
La Metamorfosis: Franz Kafka. Año 1991. Páginas: 130. Editorial Orión, Argentina.

En una edición de La Metamorfosis de editorial ORION, Borges nos cuenta los temas de la obra de Kafka y su modus operandi. Transcribimos aquí la primera parte de ese magnífico ensayo.

Habla un discípulo de Kafka, un tardío discípulo de Kafka, pero que sigue sintiéndolo y agradeciendo lo mucho que él le ha dado y lo poco que él ha podido hacer con ese espléndido regalo de su obra.

Quiero examinar aquí dos temas de Kafka, el "laberinto" y la "empresa imposible", pero antes quiero decir unas palabras sobre el modus operandi de Kafka, sobre lo que los escolásticos llamaron el "regresus in infinitum" y que es un proceso intelectual bastante común tratándose de etiología o metafísica, pero raro tratándose de literatura y podríamos decir que fuera de algunos precursores, que de algún modo fueron inventados por él, fue inaugurado por Kafka.

Y quiero recordar a mi amigo Carlos Mastronardi, el gran poeta de Entre Ríos, ¿por qué de Entre Ríos? El gran poeta de la patria y del mundo. Yo recuerdo que él había iniciado la lectura de El proceso y me dijo lacónicamente: "Franz Kafka, Zenón de Elea". Y ahora se preguntarán ustedes qué es el "regresus in infinitum", para mí una de las grandes innovaciones de Kafka: es un proceso lógico, conocido por los escolásticos. Comenzaré por uno de los ejemplos más amenos de este método y tema de Kafka. El "regresus in infinitum" puede ilustrarse, creo que del modo más vívido posible, mediante las paradojas de Zenón de Elea, que dijo que si creíamos en la realidad del tiempo como hecho de instantes y la del espacio como hecho de puntos, el transcurso del tiempo y el movimiento son imposibles, e ilustra esto mediante varias paradojas que fueron refutadas por Aristóteles y comentadas por toda la filosofía después, pero recordaré dos simplemente, ya que en ellas se ve claramente cuál es el modo de Kafka y me permite recordar a mi padre.

Mi padre —yo tendría 9 o 10 años entonces—, en una casa por las orillas de Palermo una noche después de comer me mostró el tablero de ajedrez y me dijo, señalándome las casillas: Vamos a poner a una persona que está en esta casilla -y me señaló la casilla de la torre, la de la izquierda y quiere ir a la casilla de la derecha. Pues bien, tendría que pasar antes por la casilla de la reina. Yo dije, naturalmente, que sí. Y él me dijo: Pero antes tendrá que pasar por la casilla del caballo. Yo afirmé nuevamente. Y él me dijo: Bueno, aquí tenemos 8 casillas, ya que se trata de 64 casillas, que forman el tablero. Supongamos un tablero más largo, con un número indefinido de casillas. Para llegar de la primera a la última habrá que pasar por todas las casillas intermedias. Dije que sí y él me dijo: Muy bien, pero entonces, antes de llegar a la meta habrá que pasar por la casilla del medio, antes por la del medio del medio, antes por la del medio del medio del medio y así sucesivamente, es decir, que no se llegará nunca de una casilla a otra. Y no mencionó el nombre de Zenón de Elea, no me dijo que estaba exponiendo la ilustre paradoja de la filosofía griega, porque mi padre era profesor de psicología y sabía que son más importantes los hechos que las fechas y los nombres de quienes los inventaron. De modo que me dejó con esa perplejidad y luego de unas noches me preguntó si había oído la historia de la carrera de Aquiles y la tortuga. Dije que no, y me divirtió la idea de una carrera entre Aquiles, el de los pies ligeros, símbolo de rapidez y la tortuga, la morosa tortuga, símbolo de lentitud, y dije que me gustaría oír eso. Bueno, dijo, una vez corrieron una carrera Aquiles y la tortuga. Aquiles le dio a la tortuga 100 metros de ventaja, lo cual es justo, dado lo moroso de la tortuga y lo lento de sus hábitos. Muy bien, Aquiles recorre los 100 metros mientras la tortuga recorre 1 metro. Me preguntó si la cuenta estaba bien sacada, él sabía que lo estaba y le dije que sí. Muy bien, me dijo, recorre ese metro en tanto que la tortuga recorre 1 centímetro. Yo dije que sí, si Aquiles corre cien veces más ligero que la tortuga. Desde luego, me dijo, Aquiles recorre entonces ese centímetro, y la tortuga mientras tanto ha recorrido un milímetro. Y así siguen, de modo que Aquiles nunca podrá alcanzar a la tortuga. Pues bien, esto ha sido discutido después por Poincaré, por Bergson, por Bertrand Russell, por Stuart Mill, antes por Aristóteles, antes quizás por todos los filósofos y es realmente un argumento serio contra el hecho de que si el tiempo se compone de instantes y el espacio está hecho de puntos, una cantidad cualquiera no puede agotarse. Ese argumento lo aplicó William James. En sus Elementos de Psicología James dice: Vamos a suponer un cuarto de hora. Pero antes de que un cuarto de hora pase, tienen que pasar siete minutos y medio, pero antes tienen que pasar tres minutos y una fracción, y antes de que pase la fracción tiene que pasar otra, pero como el número de fracciones es infinito resulta que se saca como consecuencia que no puede pasar nunca un cuarto de hora. Pero curiosamente, cuando Zenón de Elea formulaba esas paradojas en Grecia cinco siglos antes de la era cristiana, un pensador chino, Lie Tsu la formulaba en China bajo la forma de una leyenda, una forma que hubiera complacido más a Kafka. Lie Tsu habla del cetro de los reyes de Liang y supone que ese cetro es heredado por cada sucesor de la dinastía. Cada uno tiene que cortar la mitad del cetro, que no es excesivamente largo, pero como nunca se llegará a la mitad de la mitad de la mitad de algo la dinastía es infinita, es decir, exactamente el mismo procedimiento de Aquiles y la tortuga y de aquella otra del tablero, que muestra la imposibilidad de que un móvil llegue a la meta. Ahora bien, ese procedimiento que se llama "regresus in infinitum" fue aplicado para refutar pensamientos, muchas veces lógicamente, pero Kafka fue el primero, o uno de los primeros, que lo aplicó a la literatura.

***
Franz Kafka
Por Hernan Isnardi

Kafka, uno de los grandes escritores del siglo, operó en mí de manera no usual.

Me parece extraño —al menos en un escritor— que la primera imagen que se presenta en mí del joven Kafka, sea la de su cara; tal vez porque resume su obscura y enfermiza existencia, simplificando aquello llamado “emoción espontánea”. Lo mismo  me pasa al recomenzar la infinita lectura de sus textos.

Indivisible de su aguda cara está la historia y con ella resurge el viejo enigma del artista desdichado; en el caso de Franz, esa angustia aplastante es hija de la sumisión a cualquier índole superior —tenía un gran sentido de lo supremo—. Sabía que nada reduce o engrosa una serie infinita (como lo sabía Zenón de Elea) y ése puede ser, quizá, su legado importante. Borges lo dijo de una manera más simple: “Dos ideas rigen la obra de Kafka: la subordinación es la primera; el infinito, la segunda.”

La humillación y la angustia, la desdicha y la soledad, fueron sus instrumentos o su materia prima —o ambos— para traducir su realidad en palabras.

Dijo Franz:
“Tengo que estar solo mucho tiempo. Todo cuanto he realizado, es sólo un logro de la soledad”.

Estos instrumentos —o elementos o como deseen llamarlos— que termino de nombrar, pueden componer la vida de cualquier hombre inteligente; no hacerlo talentoso. Sí, el hombre con talento, merced a la agudeza y sensibilidad, será arrastrado previsible e inexorablemente hacia alguna de las gamas del hastío, del dolor.

Dijo John Donne:
“La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas, están doblando por ti.”

Dimensiona de manera extraordinaria ese futuro mundo creado por Kafka, donde uno sabe simplemente que sentimos porque existimos, a veces, sin esa triste necesidad de ser Josef K o Gregorio o el ayunador. Acaso los seamos siempre pero en dosis más pequeñas y esa inferioridad en nuestra sensibilidad nos impida enloquecer, de lo que no han sido salvados los genios como Nietzsche, Hölderlin, Artaud, Poe, Baudelaire, Rimbaud y tantos otros —conocidos y desconocidos—.

Dijo Kafka (en una carta a Felice Bauer —su primer amor— del 22 de agosto de 1913), ayuno de esperanzas y en lucha con uno de sus grandes tormentos, el de la disputa interna entre la literatura y cualquier algo —sea cual fuere—:
“No te espera la vida de esa mujer feliz que tu ves caminar ante ti, no te espera la alegre charla, tomados del brazo, sino una vida monacal al lado de un hombre afligido, triste, callado, descontento, enfermizo, quien —cosa que podría parecerte una locura— está atado con cadenas invisibles a la literatura y que prorrumpe en gritos cuando uno se acerca a él, porque según afirma, se tocan sus cadenas.”

Cultor de la filosofía de arena, sabía que los futuros contingentes ocurrían, de la misma manera que el cómo o el cuándo le estaban vedados; también a esto se subordinó —es decir a lo incierto—.

Todo lo transformaba en literatura, como él mismo lo señalara en su carta del 1º de noviembre de 1912 a Felice:
“En el fondo, mi vida consiste y ha consistido desde siempre en intentos de escribir, por lo general malogrados.”. Y en su diario, fechado el 21 de julio de 1913, llega más lejos cuando señala: “Odio cuanto no se refiere a la literatura”.

Adhiero a Franz en estas últimas dos apreciaciones, de las cuales, además, me permito decir lo siguiente: pudo completar su personalidad. Se conocía y dirigía su dolorosa vida hacia dolorosos puertos que lo conducían cada vez más  hasta su propia profundidad. Después de todo, sólo se muere una vez. ¿Quién dirá —y con que certeza— lo contrario?

Transcribiré otra carta a Felice del 26 de julio de 1913 donde categoriaza claramente el lugar que ocupan en su vida la oficina y la literatura. También, más sutilmente, iguala a Felice con la oficina, subordinando a ambos a las cosas externas de la vida:
“¿La oficina? queda excluido por completo que la pueda abandonar alguna vez. Pero ya no resulta tan imposible que alguna vez me vea obligado a dejarla porque ya no puedo más. En este aspecto resultan terribles mi inseguridad y mi intranquilidad internas y también aquí la única razón, la auténtica, está en el escribir. Las preocupaciones por ti y por mí son preocupaciones vitales y por consiguiente entran dentro del ámbito de la vida, por lo cual podrían congeniar finalmente con el trabajo en la oficina; pero la oficina y el escribir se excluyen mutuamente, porque el escribir tiene su centro de gravedad en lo profundo, mientras que la oficina ocupa la parte externa de la vida. Así subo y bajo de continuo y con ello quedo destrozado.”

Cuando más me lleno de Kafka, más recuerdo al genio de Emile Cioran al expresar:
“El escepticismo que no contribuye a la ruina de la salud no es más que un ejercicio intelectual”.

Repito, era genuino, se conocía. Describió sus vergüenzas en sus historias cumpliendo con el artista interno que ciertas veces nos traiciona y nos condena, por ese motivo, al plagio —involuntario—.

Para finalizar este humilde recuerdo, nuevamente voy a pedir prestado a Cioran otras pocas palabras que acaban  con pincelada perfecta el retrato espiritual de mi amigo Franz Kafka:
“Es preferible no dedicarse a las letras si, poseyendo un alma obscura, se esta obsesionado por la claridad. No se dejarán tras de sí más que suspiros inteligibles, pobres residuos del rechazo a ser uno mismo.”

La dolorosa felicidad que me dan sus textos, hacen que me duela Kafka mucho y en tantas partes... 

***
Franz Kafka en pedazos

Fragmentos extraídos de:
El Proceso: Franz Kafka. Editorial Andrés Bello. Año 1998. 3º edición. 304 págs.
Los Sueños: Franz Kafka. Editorial Perfil Libros. Año 1998. 116 págs.
Carta al Padre: Franz Kafka. Editores Mexicanos Unidos. Año 1999. 94 págs.
No Soy Una Luz: Franz Kafka. Editorial Tiempo. Año 1977. 89 págs.
Carta al Padre: Franz Kafka. Editorial Perfil Libros. Año 1998. 108 págs.

Aforismos (Consideraciones acerca del pecado)

"El camino verdadero pasa por una cuerda, que no está extendida en alto, sino sobre el suelo. Parece preparada mas para hacer tropezar, que para que se siga su rumbo"."Todos los errores humanos son fruto de la impaciencia. Interrupción prematura de un proceso ordenado, obstáculo artificial levantado al derredor de una realidad artificial"."A partir de cierto punto no hay retorno. Este es el punto que hay que alcanzar""El poseer no existe, existe solamente el ser: ese ser que aspira hasta el último aliento, hasta la asfixia"."En un tiempo no podía comprender porqué no recibía respuesta a mi pregunta, hoy no puedo comprender como pude estar engañado hasta el extremo de preguntar. Pero no es que me engañase, preguntaba solamente". "Sólo temblor y palpitación fue su respuesta a la afirmación de que tal vez poseía pero no era".

"Lo que nos hace llamar con el nombre de juicio final al juicio universal, es sólo nuestra concepción del tiempo; en realidad se trata de un juicio sumario".

"Por fortuna, la incoherencia del mundo parece ser de índole solamente cuantitativa".

Carta a Felice, 21 de junio de 1913

"... Pero que me dices, Felice, acerca de una vida matrimonial en la cual, por lo menos durante algunos meses al año, el marido regresa de la oficina hacia las 2.30 o las 3, come, se acuesta y duerme hasta las 7 o las 8, cena rápidamente, pasea durante una hora, y luego comienza a escribir hasta la 1 o las 2 de la madrugada. ¿Serías capaz de aguantar todo esto? ¿No saber nada del marido, sino que está en su cuarto escribiendo? ¿Y pasar así todo el otoño y el invierno? ¿Y hacia la primavera recibir a ese hombre medio muerto junto a la puerta del escritorio, para tener que contemplar durante la primavera y el verano como se recupera para el otoño y el invierno? ¿Es esta una vida posible? Quizá, quizá sea posible, pero es preciso que tú reflexiones sobre ello hasta la última sombra de una duda."

Reflexiones sobre el pecado, el dolor, la esperanza y el verdadero camino (1917-1919)

Los cuervos afirman que un sólo cuervo podría destruir los cielos. Indudablemente, es así, pero el hecho no prueba nada contra los cielos, porque los cielos no significan otra cosa que la imposibilidad de cuervos.

Los Sueños de Kafka

Diarios, 6 de mayo de 1912.

"Soñé hace poco: Viajaba con mi padre por Berlín, en el tranvía. La característica de gran ciudad consistía en innumerables barreras de tránsito, a intervalos regulares, erectos, rayados y bicolores, de punta roma. Fuera de eso, casi todo estaba vacío; pero había una multitud considerable de dichas barreras. Llegamos frente a un portón, descendimos del tranvía sin advertirlo, entramos por el portón. Detrás de éste se alzaba una pared muy empinada, que mi padre escaló casi bailando; se le volaban las piernas, tan fácil le resultaba el ascenso. Evidentemente, implicaba cierta falta de consideración el hecho de que no me ayudara en lo más mínimo, ya que llegué a la cima con infinito esfuerzo, a cuatro patas, retrocediendo muchas veces como si la pared se hubiera vuelto más empinada para mí. También era desagradable que estuviera cubierta de excrementos humanos, que se me pegaban en copos colgantes por todo el cuerpo, especialmente en el pecho. Yo los miraba con la cara inclinada, y les pasaba la mano por encima. Cuando por fin llegué arriba, mi padre, que ya salía del interior de un edificio, se me echó al cuello, me besó y me abrazó. Llevaba mi levitón anticuado, corto, acolchonado interiormente como un sofá, que yo recordaba muy bien. "¡Este doctor von Leyden! Es un hombre extraordinario", exclamaba repetidamente. Pero no había ido a visitarlo en su condición de médico, sino como a una persona digna de conocer. Sentí cierto temor de que me obligara a entrar también a mí, pero esto no ocurrió. Detrás de mí, a la izquierda, vi a un hombre que me daba la espalda, sentado en una habitación prácticamente construida de vidrio. Resultó que este hombre era el secretario del Profesor; que mi padre en realidad sólo había hablado con él, y no con el Profesor en persona, pero que de algún modo había llegado a comprender perfectamente, a través del secretario, los méritos del Profesor, de modo que en todo sentido tenía tanto derecho de juzgar al Profesor como si le hubiera hablado personalmente".

Diarios, 30 de agosto de 1912.

"Esta tarde, mientras estaba acostado en la cama, alguien hizo girar rápidamente una llave en la cerradura; durante un instante tuve cerraduras por todo el cuerpo, como en un baile de disfraz; aquí y allá, con breves intervalos, abrían o cerraban una de las cerraduras".

Carta a Felice Bauer del 17 de noviembre de 1912.

"La otra noche te soñé, es la segunda vez. Un cartero me traía dos certificadas tuyas y me entregaba una en cada mano con un movimiento magníficamente preciso de los brazos que saltaban como émbolos de una máquina a vapor. Eran cartas mágicas. Podía extraer cuantas hojas quisiera sin que los sobres jamás se vaciaran. Me encontraba a mitad de una escalera y estaba obligado, no te ofendas, a tirar sobre los escalones las hojas ya leídas si quería extraer más de los sobres. Toda la escalera de arriba a abajo estaba cubierta de manojos de hojas y el papel elástico, ligeramente sobrepuesto, enviaba un fuerte murmullo".

 Carta a Felice Bauer del 28 de marzo de 1913.

"La ventana estaba abierta y en mi fantasía inconexa cada cuarto de hora yo saltaba por la ventana, continuamente, luego llegaba el tren y un vagón después de otro pasaba sobre mi cuerpo tendido en los durmientes y profundizaba y ensanchaba mis dos tajos: en el cuello y en las piernas".

 Carta a Felice Bauer del 6 de agosto de 1913.

"Tuve durante la noche un verdadero ataque de locura, no lograba dominar mis ideas, todo se disolvía hasta que en medio de mi máxima angustia vino en mi ayuda la figura de un sombrero negro como de comandante napoleónico, que se apoyó sobre mi conciencia y la mantuvo apretada con fuerza. Mientras tanto el corazón me latía magníficamente, luego tiré la frazada, aun cuando la ventana estuviera abierta de par en par y la noche estuviese bastante fresca".

 Diarios, 15 de octubre de 1913.

"Desesperado. Hoy, en el semisueño de la tarde: Este dolor terminará por hacerme estallar la cabeza. Y justamente en las sienes. Al imaginarme esto, lo que realmente vi fue una herida de bala; sólo que en torno del agujero los bordes estaban abiertos hacia afuera, con cantos afilados, como cuando se rompe violentamente una lata".

Diarios, 27 de mayo de 1914.

"Ayer el caballo blanco se me apareció por primera vez mientras me dormía; tengo la impresión de que surgió de mi cabeza, vuelta hacia la pared; pasó por encima de mí, y saltó de la cama, perdiéndose luego".

 Diarios, 6 de agosto de 1914.

"Contemplado desde el punto de vista de la literatura, mi destino parece bastante simple. El deseo de representar mi fantástica vida interior ha desplazado todo lo demás, y además la ha agotado terriblemente, y sigue agotándola. Ninguna otra cosa podrá jamás conformarme".

Carta a Milena del 7 de agosto de 1920.

"Esta noche maté. Alguien, un pariente, durante un diálogo que no recuerdo, que sin embargo significaba que éste o aquel eran incapaces de algo —un pariente, entonces, terminaba diciendo irónicamente: "Entonces Milena quizá"—. Como respuesta lo despedazaba no sé cómo, luego volvía a casa exaltado, mi madre corría detrás mío y también en el pasillo tenía lugar una conversación parecida; al fin, rojo de rabia, gritaba: "Si alguien nombra a Milena con malas intenciones, por ejemplo el padre (mi padre), lo mato a él también o me mato". Luego me desperté, pero no había sido ni un dormir ni un despertar verdaderos".

Fragmentos de cuadernos y hojas sueltas.

"Vi, desde la ventanilla de una pequeña habitación que surgía en medio del bote, una mano que surgía para saludarme y el fuerte rostro de una mujer, enmarcado por un pañuelo de puntilla negro, que se asomaba para mirar. "¿Mamá?", y sonreí. "Si quieres dijo ella. "Tú eres mucho más joven que papá", observé. "Sí", dijo ella, "mucho más joven: él podría ser mi abuelo y tú mi marido." "Sabes", dije, "es impresionante navegar de noche, sólos en un bote, y descubrir de repente que hay una mujer a bordo."

Carta

"Soy un hombre cerrado, taciturno, poco sociable, descontento, sin que todo ello constituya una infelicidad para mí, ya que es solamente el reflejo de mi meta. De mi modo de vivir en casa se puede sacar alguna deducción. Vivo en familia con personas bonísimas y afectuosas, más extraño que un extraño. Con mi madre no he cambiado en estos últimos años más de veinte palabras de promedio al día; con mi padre, nada más que el saludo. Con mis hermanas casadas y mis cuñados no hablo en absoluto, sin que esto signifique que esté enojado con ellos. El motivo es sencillamente éste: no tengo absolutamente nada que decirles. Todo cuanto no es literatura me hastía y provoca mi odio, porque me molesta o es un obstáculo para mí, por lo menos en mi opinión".

23 de setiembre de 1912 Diarios.

"Esta historia de La condena la he escrito de un solo tirón en la noche del 22 al 23, desde las diez de la noche hasta las seis de la mañana. Me costó mucho trabajo sacar mis piernas tiesas de tanto estar sentado debajo, del escritorio. Ese terrible esfuerzo y la alegría de ver cómo la historia iba desarrollándose ante mí, cómo iba avanzando sobre las aguas. Varias veces en esta noche mis espaldas cargaron con mi peso. Cómo pueden decirse todas las cosas, cómo para todo, para las más extrañas ocurrencias, hay dispuesto un enorme fuego, en el cual se consumen y renacen. Tras la ventana se hizo el azul. Pasó un coche. Dos hombres cruzaron el puente. A las dos consulté por última vez el reloj. Cuando la criada pasó por primera vez por la antesala, escribí la última frase. Apagué la lámpara; luz diurna. Esos débiles dolores de corazón. Ese cansancio que desapareció mediada la noche. Mi trémula entrada en la alcoba de las hermanas. Lectura en voz alta. Antes, el estirarse ante la criada y decir: "He escrito hasta ahora". El aspecto del lecho inmaculado, como si acabaran de arreglarlo. La convicción confirmada de que al escribir mis novelas me encuentro en deshonrosas hondonadas del escribir. Sólo así puede escribirse, sólo en un contexto. así, con esa total apertura del cuerpo y del alma ..."

Praga, 9 de noviembre de 1903 Carta a Oscar Pollak

"Hace tiempo que no escribo. Con ello me pasa lo siguiente: Dios no quiere que yo escriba, pero yo tengo necesidad de hacerlo. Así se produce un constante tira y afloja, pero en definitiva Dios es el más fuerte, y hay en ello más desgracia de lo que puedas imaginarte. Hay en mi interior muchas fuerzas atadas a una estaca de la cual nazca quizás un verde árbol, mientras que liberadas podrían ser útiles a mí y al Estado. Pero con quejas no se desprende uno de ruedas de molino, y menos aún cuando uno les tiene cariño".

Carta al Padre

"Te lo ruego, papá, comprende lo que te digo, todos estos detalles no habrían tenido importancia por sí solos. Me deprimían únicamente por el hecho de que tú, el hombre que tan enormemente ha influido en mi vida, sin embargo, no observaba los mandamientos que imponía. Por ello subdividí el mundo en tres partes: una, en la cual vivía yo, el esclavo, bajo leyes que sólo hablan sido inventadas para mi y a las que yo, por otra parte —sin saber por qué— nunca más podía cumplir en forma satisfactoria: luego un segundo mundo, infinitamente lejos del mío, en el cual vivías tú, ocupado en gobernar, emitir las órdenes y disgustarte a causa de su incumplimiento; finalmente un tercer mundo, en el cual vivía el resto de la gente, feliz y sin órdenes ni obediencia"."Desde muy temprano tú me prohibías la palabra. Te recuerdo siempre amenazante "¡Ni una palabra de réplica!" y levantando la mano al mismo tiempo. Cuando se trata de tus asuntos, tú eres un excelente orador y yo adquirí en tu presencia un modo de hablar entrecortado, tartamudeante, y aun eso era demasiado para ti: finalmente me quedé callado, primero acaso por terquedad y más adelante, debido a que en tu presencia no podía ni pensar ni hablar". "Tú me decías: "Ni una palabra más" y con ello querías acallar en mí las fuerzas contrarias que te eran desagradables. Pero tal influjo era demasiado fuerte para mí, yo era demasiado obediente y enmudecí del todo, me oculté de ti y sólo osaba moverme cuando estabas tan lejos que tu poder, cuando menos directamente, ya no me alcanzaba".

"Entre nosotros no hubo realmente ninguna lucha; yo de inmediato estuve liquidado; lo que quedó era huida, amargura, tristeza, lucha interna".

Conversación con un periodista checo, Gustav Janouch

"Usted se toma demasiada molestia por cosas efímeras. En su mayor parte estos libros modernos son pálidos reflejos de lo cotidiano. Se extinguen demasiado pronto. Debiera leer más libros viejos. Clásicos. Goethe. Lo viejo extrovierte su valor íntimo, lo imperecedero. Lo que solamente tiene carácter de novedad es cosa pasajera. Hoy es bello, mañana parece ridículo... Tal vez es la ruta que sigue la literatura".


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Articulo : http://www.lamaquinadeltiempo.com 03/07/2013