samedi 20 juillet 2013

Pedro B. REY/ PROUST, según BECKETT

Final abierto
Proust, según Beckett
Por Pedro B. Rey 

Que Samuel Beckett adoró a James Joyce es bien sabido: fue su colaborador y se dejó guiar por él para escribir su "Dante... Bruno, Vico... Joyce", uno de los tantos textos que buscaban explicar por adelantado el Finnegans Wake . Leer al autor de Esperando a Godot y la actualmente en cartel Fin de partida a la luz de Joyce -o de lo que tenía para decir sobre Joyce- es inevitable. Más revelador e inesperado es ponerlo en contacto con En busca del tiempo perdido, lo que permite la reciente edición por Tusquets de Proust, otro ensayito temprano del irlandés.

¿Qué puede unir al ascético Beckett y al escritor francés, con sus frases espiraladas y su fascinación por el mundo de la sociedad parisina? El veinteañero Beckett publicó su libro en 1931. Proust había muerto unos años antes, pero varios tomos de su ciclo novelístico aparecieron de manera póstuma. Además de la cercanía cronológica, la escritura respondió a un encargo (aunque más preciso es decir que Beckett se hizo del encargo escribiéndolo antes). Todo parece indicar un libro de ocasión. La operación es, sin embargo, memorable: Beckett no pierde el tiempo con consideraciones anecdóticas y va al hueso de esa imponente catedral que es En busca del tiempo perdido. El monstruo triple que componen el tiempo, la costumbre y la memoria ("laboratorio provisto de venenos y antídotos") desespera a Proust, sostiene Beckett en páginas que parecen escritas ayer. Las tres instancias son salvadas por la aparición de la memoria involuntaria (la magdalena mojada en té es sólo la primera de sus encarnaciones) que "revela en su fulgor lo que la realidad fingida de la experiencia (y de la costumbre) no puede ni podrá nunca revelar: lo real".

Tal vez la disección anatómica más notable de esta "epopeya de la memoria involuntaria", a la que Beckett carga de notas schopenhauerianas, sea la que hace del vínculo entre el narrador y Albertine. "Seguramente -se sostiene en el ensayo- no hay en toda la literatura ningún estudio de este desierto de soledad y reproches, que los hombres llaman amor, planteado y desarrollado con tan diabólica falta de escrúpulos", escribe sobre el encierro celoso al que somete Marcel a la futura disparue .

Beckett proyecta en Proust, podríamos decir retrospectivamente, su poética futura. Pero quizá convenga verlo al revés. Por ejemplo: ¿no hay un resto de Marcel y Albertine en el oxidado, discontinuo diálogo que mantienen Hamm y Clov en Fin de partida : "Sin embargo, me abandonas", dice Hamm. "Lo intento", responde Clov. "No me quieres", replica el primero. "No". "En otro tiempo me quisiste", insiste. "¡En otro tiempo!", exclama Clov. "Te he hecho sufrir demasiado. ¿No?", pregunta Hamm. "No se trata de eso" es la respuesta. "¿No te he hecho sufrir demasiado", devuelve Hamm, ofendido. "Sí", demora Clov, monosilábico.
  

Articulo : http://www.lanacion.com.ar 12/07/2013