samedi 6 juillet 2013

Pedro Pablo GUERRERO/ Rescatan libro crucial de César VALLEJO

EDICION FACSIMILAR/ “España, aparta de mi este cáliz”
Rescatan libro crucial de César VALLEJO
Por Pedro Pablo GUERRERO

A partir del único ejemplar de la primera edición que se conserva en un monasterio benedictino, un sello reedito en Madrid el sobrecogedor libre de César Vallejo dedico a la Guerra Civil Española.

El 20 de enero de 1939, seis días antes de la entrada de las tropas nacionales en Barcelona, terminan de publicarse en el monasterio de Monserrat los 1.100 ejemplares (250 numerados) de España, aparta de mi este cáliz, con prologo de Juan Larrea, dibujo de Pablo Picasso y un colofón épico: “Soldados de la Republica fabricaron el papel, compusieron el texto y movieron las maquinas. Ediciones Literarias del Comisariado. Ejército del Este. Guerra de Independencia. Año de 1939”.

Durante la Guerra Civil, el Gobierno de la Generalitat había transformado el imponente convento benedictino en Hospital del Ejército del Este y en Unidad de Imprentas, aprovechando la capacidad instalada del taller creado en el siglo XV por discípulos directos de Gutenberg. Al frente del sello estaba el poeta malagueño Manuel Altolaguirre, quien dirigía a tipógrafos y soldados del ya desaparecido frente de Aragon, roto por el ejército franquista en la primavera de 1938, durante los mismos días en que Vallejo moría en Paris con aguacero, un viernes santo que ese año cayo el 15 de abril.

En Francia, Georgette, la viuda del autor peruano, no había demorado en entregar al poeta español Juan Larrea dos copias en limpio del libro con el que su marido pretendía arengar a las fuerzas de la Republica, tal como lo había resuelto tras participar en el Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, inaugurado en Valencia el 4 de julio de 1937. Una de las copias llego, por vía desconocida, hasta las manos de Altolaguirre en las alturas de Monserrat. Larrea no solo hizo el prologo – verdadera elegía en prosa -, sino que también le solicito a Picasso un retrato de Vallejo para ilustrar el libro. El pintor no lo conocía, así que Larrea se reunió una tarde con él para leerle sus versos. “A este si que le hago el retrato”, reacciono Picasso estremecido.

Vallejo escribió los poemas de su libro entre julio y diciembre de 1937, pero los ordeno y corrigió durante los primeros meses de 1938 echando mano de sus últimas fuerzas. Georgette, el paludismo y el hambre lo acompañaron hasta el final.

Aunque las relaciones entre ambos poetas nunca fueron buenas, España, aparta de mi este cáliz se publico en la misma serie que el volumen de Neruda, España en el corazón. Himno a las glorias del Pueblo, y que varios otros libros de trinchera. Sin embargo, la obra de Vallejo sobrepasa las intenciones propagandísticas de la serie y constituye, desde todo punto de vista, uno de sus trabajos fundamentales, juntos con Los heraldos negros (1919) y Trilce (1922), a pesar de ser considerablemente más breve.

Quince poemas le bastan a Vallejo para dejar en shock al lector. Si en el “Himno a los voluntarios de la Republica” los anima de forma mesiánica (“matad a la muerte… Hacedlo por la libertad de todos, / del explotado y del explotador”), en los siguientes, comprendiendo su trágico destino, los acompaña cuando ya han partido. Así, repara en el libro que deja un miliciano “al borde de su cintura muerta”. Consuela al camarada “herido mortalmente de vida” en la toma de Bilbao. Lo ve caer bajo la nieve en la Batalla de Teruel (“Miré el cadáver, su raudo orden visible/ y el desorden lentísimo de su alma”). Ruega por las victimas de los aviones italianos y alemanes, tras el bombardeo sobre el pueblo vasco de Durango, realizado semanas antes que el de Guernica: “Padre polvo que subes de España/ Dios te salve, libere y corone/ padre polvo que asciendes del alma”. (“Redoble fúnebre a los escombros de Durango”).

Consciente de que los peligros acechan no solo tras las líneas enemigas, Vallejo, un reconocido militante comunista, escribe en el ultimo poema del libro: “!Cuídate España, de tu propia España!”. Y a renglón seguido advierte: “¡Cuídate de la hoz sin el martillo!/ ¡Cuídate del martillo sin la hoz!”, y sigue así de admonitorio hasta los dos versos finales: “¡Cuídate de la Republica!/ ¡Cuídate del futuro!...”.

Fuente cristiana, proyección universal

La primera edición de España, aparta de mi este cáliz se dio por perdida durante anos. Su suponía que, al ocupar el monasterio de Monserrat en febrero de 1939, las tropas nacionales habían destruido todas las publicaciones republicanas. Sin embargo, en 1984, los investigadores Julio Vélez y Antonio Merino publicaron un estudio en que reproducían imágenes de la edición original a partir del único ejemplar conservado en el monasterio. Un verdadero hallazgo, pues solo se tenían noticias no confirmadas de otro ejemplar en manos de un veterano de guerra español, anónimo, sin la menor intención de venderlo, lo que convierte a esa edición en una pieza de valor incalculable en el mundo de los coleccionistas. Basta considerar que un ejemplar de la segunda edición, publicada en México por Juan Larrea el ano 1940, alcanza hoy los 850 dólares.

Por iniciativa del profesor de literatura hispánica Alan E. Smith, de Boston University, la editorial madrileña Ardora publico en 2012 la única edición facsimilar que existe de la edición princeps de España, aparta de mí este cáliz. Lo hizo gracias a las digitalizaciones facilitadas por Damia Roure, el monje benedictino a cargo de la biblioteca de Monserrat. Como el ejemplar del monasterio no conserva su portada original, los editores usaron de tapa la portadilla con algunas modificaciones. En todo lo demás, el libro es idéntico, pero se le añade un breve epilogo escrito por Smith, impreso con un papel y tipografía distintos al del resto del volumen.

El estudio de Smith aporta detalles reveladores sobre la azarosa historia del libro póstumo de Vallejo. Demuestra que, salvo el primer poema, es una obra que “muestra mas el morir que le matar”. La contrasta con otras expresiones que el arte ha elaborado a partir de la guerra (Picasso, Goya, Orozco) acudiendo a la imaginaria cristiana, particularmente de la crucifixión, a la que Vallejo alude ya desde el titulo, tomado de Mateo XXVI, 39.

Smith indaga con perspicacia en el lenguaje poético del autor y al llegar a este punto, crucial, se cuida de tomar partido entre quienes consideran España, aparta de mi este cáliz una expresión de fe religiosa y los que ven en ella el mero uso de un lenguaje simbólico de gran poder comunicativo, para expresar una postura revolucionaria marxista (George Lambie). Al respecto, Smith no pierde de vista la biografía de Vallejo –nieto de dos sacerdotes españoles- y una carta de 1929 en la que le dice a su hermano Victor: “Le ruego mandar decir una misa al Apóstol Santiago en mi nombre”.
- Vallejo, en España, aparta de mi este cáliz – dice Smith -, forma parte de una genealogía de la modernidad, en compañía con Goya, y otros grandes artistas, que encuentra en la historia de Jesús una palabra fundamental para representar (en el lienzo o la pagina, es lo mismo) la dignidad humana ante la injusticia y el horror. Si eso es “fe religiosa cristiana”, no lo sé, ya que esta frase es infinitamente anfibológica.

La reedición facsimilar del ultimo libro de Vallejo – incorporado por su viuda en Poemas humanos (1939), volumen póstumo que reunía todos los versos que escribió en Paris – recupera a un autor extraordinario, reivindicado en Chile por Enrique Lihn, Pedro Lastra y Diego Maquieira, entre muchos otros escritores que lo consideran una figura esencial de la poesía hispanoamericana. Pero Alan Smith se atreve a ir más allá:
- Vallejo es una de las más poderosas voces en la historia de la humanidad, en compañía de Homero, Shakespeare, Dante y Cervantes. Ni crece ni mengua su vigencia, es ya una parte de la conciencia colectiva humana. Otra cosa es cuantas personas leen a Vallejo ahora, y las razones que pudieran tener para leerlo, comparando con, digamos, hace veinte anos, o cuarenta, materia sobre la que no puedo responder.

Himno a los voluntarios de la república
Por César Vallejo

Voluntario de España, miliciano
de huesos fidedignos, cuando marcha a morir tu corazón,
cuando marcha a matar con su agonía
mundial, no sé verdaderamente
qué hacer, dónde ponerme; corro, escribo, aplaudo,
lloro, atisbo, destrozo, apagan, digo
a mi pecho que acabe, al que bien, que venga,
y quiero desgraciarme;
descúbrome la frente impersonal hasta tocar
el vaso de la sangre, me detengo,
detienen mi tamaño esas famosas caídas de arquitecto
con las que se honra el animal que me honra;
refluyen mis instintos a sus sogas,
humea ante mi tumba la alegría
y, otra vez, sin saber qué hacer, sin nada, déjame,
desde mi piedra en blanco, déjame,
solo,
cuadrumano, más acá, mucho más lejos,
al no caber entre mis manos tu largo rato extático,
quiebro con tu rapidez de doble filo
mi pequeñez en traje de grandeza!

Un día diurno, claro, atento, fértil
¡oh bienio, el de los lóbregos semestres suplicantes,
por el que iba la pólvora mordiéndose los codos!
¡oh dura pena y más duros pedernales!
!oh frenos los tascados por el pueblo!
Un día prendió el pueblo su fósforo cautivo, oró de cólera
y soberanamente pleno, circular,
cerró su natalicio con manos electivas;
arrastraban candado ya los déspotas
y en el candado, sus bacterias muertas...

¿Batallas? ¡No! Pasiones. Y pasiones precedidas
de dolores con rejas de esperanzas,
de dolores de pueblos con esperanzas de hombres!
¡Muerte y pasión de paz, las populares!

¡Muerte y pasión guerreras entre olivos, entendámonos!
Tal en tu aliento cambian de agujas atmosféricas los vientos
y de llave las tumbas en tu pecho,
tu frontal elevándose a primera potencia de martirio.

El mundo exclama: "¡Cosas de españoles!" Y es verdad.

Consideremos,
durante una balanza, a quemarropa,
a Calderón, dormido sobre la cola de un anfibio muerto
o a Cervantes, diciendo: "Mi reino es de este mundo, pero
también del otro": ¡punta y filo en dos papeles!
Contemplemos a Goya, de hinojos y rezando ante un espejo,
a Coll, el paladín en cuyo asalto cartesiano
tuvo un sudor de nube el paso llano
o a Quevedo, ese abuelo instantáneo de los dinamiteros
o a Cajal, devorado por su pequeño infinito, o todavía
a Teresa, mujer que muere porque no muere
o a Lina Odena, en pugna en más de un punto con Teresa...
(Todo acto o voz genial viene del pueblo
y va hacia él, de frente o transmitidos
por incesantes briznas, por el humo rosado
de amargas contraseñas sin fortuna)
Así tu criatura, miliciano, así tu exangüe criatura,
agitada por una piedra inmóvil,
se sacrifica, apártase,
decae para arriba y por su llama incombustible sube,
sube hasta los débiles,
distribuyendo españas a los toros,
toros a las palomas...

Proletario que mueres de universo, ¡en qué frenética armonía
acabará tu grandeza, tu miseria, tu vorágine impelente,
tu violencia metódica, tu caos teórico y práctico, tu gana
dantesca, españolísima, de amar, aunque sea a traición,
a tu enemigo!

¡Liberador ceñido de grilletes,
sin cuyo esfuerzo hasta hoy continuaría sin asas la extensión,
vagarían acéfalos los clavos,
antiguo, lento, colorado, el día,
nuestros amados cascos, insepultos!
¡Campesino caído con tu verde follaje por el hombre,
con la inflexión social de tu meñique,
con tu buey que se queda, con tu física,
también con tu palabra atada a un palo
y tu cielo arrendado
y con la arcilla inserta en tu cansancio
y la que estaba en tu uña, caminando!
¡Constructores
agrícolas, civiles y guerreros,
de la activa, hormigueante eternidad: estaba escrito
que vosotros haríais la luz, entornando
con la muerte vuestros ojos;
que, a la caída cruel de vuestras bocas,
vendrá en siete bandejas la abundancia, todo
en el mundo será de oro súbito
y el oro,
fabulosos mendigos de vuestra propia secreción de sangre,
y el oro mismo será entonces de oro!

¡Se amarán todos los hombres
y comerán tomados de las puntas de vuestros pañuelos tristes
y beberán en nombre
de vuestras gargantas infaustas!
Descansarán andando al pie de esta carrera,
sollozarán pensando en vuestras órbitas, venturosos
serán y al son
de vuestro atroz retorno, florecido, innato,
ajustarán mañana sus quehaceres, sus figuras soñadas y cantadas!

¡Unos mismos zapatos irán bien al que asciende
sin vías a su cuerpo
y al que baja hasta la forma de su alma!
¡Entrelazándose hablarán los mudos, los tullidos andarán!
¡Verán, ya de regreso, los ciegos
y palpitando escucharán los sordos!
¡Sabrán los ignorantes, ignorarán los sabios!
¡Serán dados los besos que no pudisteis dar!
¡Sólo la muerte morirá! ¡La hormiga
traerá pedacitos de pan al elefante encadenado
a su brutal delicadeza; volverán
los niños abortados a nacer perfectos, espaciales
y trabajarán todos los hombres,
engendrarán todos los hombres,
comprenderán todos los hombres!

¡Obrero, salvador, redentor nuestro,
perdónanos, hermano, nuestras deudas!
Como dice un tambor al redoblar, en sus adagios:
qué jamás tan efímero, tu espalda!
qué siempre tan cambiante, tu perfil!

¡Voluntario italiano, entre cuyos animales de batalla
un león abisinio va cojeando!
¡Voluntario soviético, marchando a la cabeza de tu pecho universal!
¡Voluntarios del sur, del norte, del oriente
y tú, el occidental, cerrando el canto fúnebre del alba!
¡Soldado conocido, cuyo nombre
desfila en el sonido de un abrazo!
¡Combatiente que la tierra criara, armándote
de polvo,
calzándote de imanes positivos,
vigentes tus creencias personales,
distinto de carácter, íntima tu férula,
el cutis inmediato,
andándote tu idioma por los hombros
y el alma coronada de guijarros!
¡Voluntario fajado de tu zona fría,
templada o tórrida,
héroes a la redonda,
víctima en columna de vencedores:
en España, en Madrid, están llamando
a matar, voluntarios de la vida!

¡Porque en España matan, otros matan
al niño, a su juguete que se para,
a la madre Rosenda esplendorosa,
al viejo Adán que hablaba en alta voz con su caballo
y al perro que dormía en la escalera.
Matan al libro, tiran a sus verbos auxiliares,
a su indefensa página primera!
Matan el caso exacto de la estatua,
al sabio, a su bastón, a su colega,
al barbero de al lado -me cortó posiblemente,
pero buen hombre y, luego, infortunado;
al mendigo que ayer cantaba enfrente,
a la enfermera que hoy pasó llorando,
al sacerdote a cuestas con la altura tenaz de sus rodillas...

¡Voluntarios,
por la vida, por los buenos, matad
a la muerte, matad a los malos!
¡Hacedlo por la libertad de todos,
del explotado, del explotador,
por la paz indolora -la sospecho
cuando duermo al pie de mi frente
y más cuando circulo dando voces-
y hacedlo, voy diciendo,
por el analfabeto a quien escribo,
por el genio descalzo y su cordero,
por los camaradas caídos,
sus cenizas abrazadas al cadáver de un camino!

Para que vosotros,
voluntarios de España y del mundo, vinierais,
soñé que era yo bueno, y era para ver
vuestra sangre, voluntarios...
De esto hace mucho pecho, muchas ansias,
muchos camellos en edad de orar.
Marcha hoy de vuestra parte el bien ardiendo,
os siguen con cariño los reptiles de pestaña inmanente
y, a dos pasos, a uno,
la dirección del agua que corre a ver su límite antes que arda.

César Cesar Vallejo Himno a los voluntarios de la republica poemas


Articulo : http://www.emol.com/ 02/07/2013

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