samedi 20 juillet 2013

Recordar a Roberto BOLAÑO

Recordar a Roberto Bolaño

El décimo aniversario de la muerte del escritor Roberto Bolaño será recordado este domingo con actos en su Chile natal, debates en las calles mexicanas que forjaron su mundo literario y exposiciones en Barcelona, la ciudad donde vivió su madurez narrativa. 

Su amiga de toda la vida, la pintora estadounidense Carla Rippey, viajó a Santiago para arrojar luz sobre los orígenes del infrarrealismo, nacido en el living de su casa con las plumas de Bolaño y Mario Santiago Papasquiaro. 

Como sus propias novelas, transcurridas en tiempos y latitudes dispersas e imposibles, los homenajes a Roberto Bolaño desbordan países, estéticas y formatos, desde el cine hasta el folleto académico. 

Autor de 2666 y Los detectives salvajes, Bolaño fue un escritor que primero desafió el canon literario de autores como Octavio Paz y que luego buscó corroer la propia novela cervantina. 

"Esas son peleas de verdad", dijo sobre estas obsesiones literarias antes de morir, producto de una insuficiencia hepática que lo tuvo diez días en coma en el municipio catalán de Blanes, su última residencia. 

Hijo de un boxeador y una profesora, su obra abarcó asesinos que defecan en iglesias, escritores de pasado nazi, académicos temerosos, putas asesinas y narcotraficantes mexicanos. Su escritura estuvo siempre al borde del abismo, alzando una antiética liderada por su alter ego, Arturo Belano, como dijo el escritor Jorge Volpi. 

En Bolaño, como en los bordes de la creación, todo es muerte y locura, en una humanidad que como una cárcel devora los rastros de su propia cultura. "La inmortalidad no existe, Shakespeare será olvidado", dijo alguna vez.

Ganador de los premios Herralde (1998) y Rómulo Gallegos (1999), su amigo y crítico Ignacio Echavarría lo cree un ícono de América Latina, como los argentinos Jorge Luis Borges y Julio Cortázar. 

Para el escritor chileno Jorge Edwards, Bolaño concluyó de hecho una travesía literaria latinoamericana iniciada en la independencia modernista de Rubén Darío, ampliada en el mundo borgeano y reinventada por el autor de La literatura nazi en América. 

Un mundo y estilo literario que marcó la muerte del realismo mágico y el "boom" latinoamericano, expresado en las obras de Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y José Donoso. 

La obra de Bolaño, cuyo apellido significa proyectil de piedra, fue de hecho un disparo terminal a la estética del consenso literario amalgamado entre la novela fantástica y el relato social. 

El infrarrealismo, que luego abandonaría y ampliaría, fue un intento por "volarle los sesos a la cultura oficial", como pedía su primer impulsor, el pintor chileno Roberto Matta. 

Para el escritor Juan Villoro, el infrarrealismo determinó de hecho a Bolaño como escritor "de la misma forma que el alejamiento de la corriente le permitió iniciar su carrera como novelista". 

A diez años de su muerte -que se cumplen el lunes-, Bolaño sobrevivió al infrarrealismo, creando un séquito de idólatras que lo siguen con la misma obstinación que sus personajes adoraban al inubicable Benno von Archimboldi o la renegada Cesárea Tinajero. 

Articulo : http://www.eluniversal.com 13/07/2013

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México, la etapa formativa de Bolaño
Por Yanet AGUILAR SOSA

México permeó la obra literaria de Roberto Bolaño porque fue una nación fundamental en su vida; aquí se forjó como escritor y como lector voraz, y aquí también dio sus primeros pasos como poeta. En México publicó su primer libro, Reinventar el amor, en 1976, cuando tenía 23 años, y aquí también lidereó a un grupo de poetas “beligerantes” conocido como los infrarrealistas. Roberto Bolaño se supo escritor en México y se asumió poeta, aquí dio sus primeras batallas en la búsqueda de alguien que editara sus poemas.

En 1968, cuando tenía apenas 15 años, Roberto Bolaño llegó a México con su padre, León Bolaño, un chofer y boxeador que terminó sus días en Querétaro al frente de una tienda; su madre, Victoria Ávalos, profesora que abandonó a su marido y a su hijo para irse a España con su otra hija, hermana de Roberto, María Salomé, quien aún radica en España. Descubrió y caminó está ciudad durante nueve años y en enero de 1977 decidió dejarla para siempre e irse a España.

Si quiso abandonar México, no pudo. El autor de Los detectives salvajes, Amuleto y Putas asesinas nunca dejó de andar estas calles y estas tierras, pues México se volvió central en buena parte de su literatura. La razón es que en este país publicó sus primeros poemas en la revista Punto de partida de la Universidad Nacional Autónoma de México, y redactó sus primeras reseñas para las revistas Plural –ya sin Octavio Paz- y para Cambio, una publicación que tenía en su comité editorial a Pedro Orgambide, José Revueltas y Julio Cortázar.

También aquí comenzó a colaborar en el periódico El Día y a editar una primera antología: Pájaro de calor, ocho poetas infrarrealistas, publicada y prologada por el poeta español Juan Cervera.

Raúl Silva, periodista cultural de Cuernavaca, donde escribe un libro con testimonios de los poetas infrarrealistas y edita libros artesanales en La Ratona Cartonera, asegura que la estancia de Bolaño en México corresponde a su etapa formativa. “Aquí empieza a establecer relaciones que son fundamentales. Bolaño llega a México en 1968 y se va en 1977; fue una etapa única y claro que tiene que ver con su formación de escritor”.

El editor del audio video revista Nomedites, que en su edición de 2006 recopiló escritos de los infrarrealistas, entre ellos del narrador chileno, asegura que aunque no conoció personalmente a Bolaño, la etapa del escritor en México la conoce muy bien a través de las voces de  quienes fueron sus compañeros.

“A través de ellos he sabido que Bolaño tenía una avidez por encontrar espacios donde publicar; de hecho creo que la razón por la que existen esas publicaciones infrarrealistas tiene mucho que ver con ese ímpetu que Bolaño tenía y ahí hay muchísimas huellas que seguir”, afirma el también promotor cultural.

Esa es la misma sensación de periodista Felipe Ossandón, quien habla de la relación de Bolaño con la ciudad de México: “En esa ciudad enorme, Roberto Bolaño comprendió que iba a ser escritor y desde ese momento trabajó incansablemente hasta conseguirlo. A los 15 años dejó para siempre el colegio. De ahí en adelante se dedicó a vagar por las calles, a robar libros y a leer. Y fue durante esa travesía urbana que Bolaño se empapó del DF. Tan intensamente que buena parte de su obra se ha inspirado en esa experiencia”.

Esa es una verdad clara para Bolaño y para los estudiosos de su obra como Montserrat Madariaga, la periodista chilena que es autora de Bolaño Infra. 1975-1977. Los años que inspiraron Los detectives salvajes” asegura en entrevista vía correo electrónico con EL UNIVERSAL que “la etapa en que Bolaño vivió en México fue crucial para su formación como escritor”.

Dice: “fue en el DF, según los testimonios que conocemos, con 15 años, donde se convierte en un lector voraz, y será allí también donde comienza su búsqueda de los jóvenes poetas iconoclastas que luego reuniría bajo el nombre de infrarrealistas. A pesar de que Bolaño mismo en su adultez fue severo con su pasado infra, tachando de capricho de juventud las ideas sobre lo literario que en ese periodo defiende, la ética y la estética como una sola cosa, principalmente, son las mismas que lo llevan a escribir hasta el último minuto a pesar de su grave estado de salud”.

Sus primeros textos

Las primeras publicaciones de Roberto Bolaño fueron en  revistas, como Plural y Punto de partida. En esta última, como premio por obtener el tercer lugar del certamen al que convocaba esa publicación universitaria; Bolaño se alzó con el premio con su poema “Overol blanco y otros poemas”, en la edición 49-50 de noviembre de 1976.

Al año siguiente, en la edición 51-52 de Punto de partida, con fecha de enero de 1977, justo el mes en que se va a España, Roberto Bolaño publica “Reinventar el amor y otros poemas” que obtuvo el segundo lugar en otro de los concursos. Ese fue al mismo tiempo el primer libro que publicó en su vida, Reinventar el amor, una plaquette que le editó Juan Pascoe en su taller Martín Pescador.

Raúl Silva recuerda: “Fue una plaquette que publicó con Pascoe y que venía en un sobre color manila que traía una serigrafía en la portada, era una obra de Carla Rippey, que estuvo muy cerca del movimiento infrarrealista, ella no fue infrarrealista pero estuvo en las primeras reuniones en casa de Bruno Montané, en el centro de la ciudad de México”.

El periodista afirma que “Overol blanco y otros poemas” son textos muy poco conocidos; lo mismo que el libro Pájaro de calor, ocho poetas infrarrealistas, en cuyo prólogo Juan Cervera dice que en el año 2000 y tantos, cinco de ellos eran famosos poeta. Raúl dice que “lo dijo como algo muy aventurado, no había obra detrás, pues eran muchachos que apenas estaban empezando a publicar”.

La realidad es que Roberto Bolaño, aún con su timidez, fue el escritor que logró encausar las publicaciones de él y de sus compañeros. Así como impulsó que Mario Santiago Papasquiaro, su gran amigo mexicano, con el que inició el Infrarrealismo, publicará en Punto de partida,  logró que juntos hicieran una antología con las traducciones del poeta y novelista beat Richard Brautigan en el número 61 de la revista Plural, de octubre de 1976.

Los infrarrealistas publicaron en Plural  en una época en la que Octavio Paz había dejado la dirección de la revista indignado contra el “golpe a Excélsior”. Fue entonces cuando esa revista estuvo dirigida por Roberto Rodríguez Baños con un comité editorial en el que estaban Jaime Labastida y Eraclio Zepeda. Raúl Silva dice que de alguna forma fue considerada una publicación esquirol. El hecho de que los infraerrealistas se hubieran involucrado en esas publicaciones fue visto por algunos como un acto de oportunismo, aun dentro del mismo infrarrealismo, entre ellos José Rosas Ribeyro.

“Sé que publicaron también en el periódico El Día, es un material que no ha sido rastreado. Bolaño también publicó con Mario Santiago en  Cambio, una revista que se publicó en los años 75 y 76, que tenía en su comité editorial a Pedro Orgambide, José Revueltas y Julio Cortázar. Ahí vienen algunas reseñas de Bolaño muy duras; hay una reseña en particular en la que él hace una crítica muy fuerte a José Emilio Pacheco”, afirma Raúl Silva.

Fue él quien se dio a la tarea en 2006 de dedicar un número especial de la audio video revista Nomedites al movimiento infrarrealista; en él se reunió una buena cantidad de las publicaciones del infrarrealismo; incluye facsimilares de las publicaciones infras, entre ellas “Correspondencia infra” y “Pájaro de calor”, también incluye el facsimilar del libro de Bolaño Reinventar el amor. Todo esto viene en formato virtual, en disco compacto, y trae un pequeño librito en el que hay un poema de Mario Santiago y un texto de José Rosas Ribeyro.

Siempre México

Montserrat Madariaga ha investigado los años infras de Roberto Bolaño y llegado a la conclusión de que el ambiente de finales de los 60 y principios de los 70 “ayudó al joven poeta a buscar a sus pares. Por ejemplo, a José Peguero, uno de los poetas infras, lo reclutó en la entrada la Casa del Lago, donde el vate Alejandro Aura dictaba su taller. Por otro lado, el ambiente era de total desconfianza con las autoridades, de rabia y dolor por el episodio en la plaza de las Tres Culturas… Bolaño no militaba pero creía fervientemente, al igual que los vanguardistas de los años 20, en la revolución por medio de la poesía; como Rimbaud, quería cambiar la realidad con poemas. Los escritores mexicanos que él vio como ejemplos fueron Efraín Huerta y José Revueltas. También los primeros vanguardistas, los estridentistas. Fue cercano, además, a Miguel Donoso Pareja”.

México está en la literatura y en el alma de poeta de Roberto Bolaño. Allí está la gran novela que lo internacionalizó, Los detectives salvajes; están además varios de sus cuentos contenidos en Llamadas telefónicas, Putas asesinas; en su novelita Amuleto, en la reunión que hicieron de sus ensayos, artículos y discursos: El secreto del mal.

“En su literatura vienen muchas huellas del Bolaño que estuvo aquí en México; creo que la conexión con México es mucho muy grande, presente en toda su obra, es algo evidente en una ciudad imaginaria que corresponde a la real”, asegura Raúl Silva.

Montserrat Madariaga dice no saber para dónde va la fuerza Bolaño: “En Estados Unidos se está leyendo mucho; en Iberoamérica sin duda es uno de los mayores referentes actuales de la literatura. Es el autor que logró romper con la sombra del boom, el que vino a enunciar una nueva forma de hacer literatura. Creo que aún se está estudiando de qué se trata y para dónde irá bajo su influencia”.

La realidad es que en México Roberto Bolaño encontró a amigos y se formó como escritor, tal como lo recordó Juan Pascoe en una entrevista con el periodista chileno Felipe Ossandón: “Cualquiera que lea las cartas que me envió, lo entendería cabalmente: aquéllas no son cartas personales, son las cartas literarias de un joven escritor en la composición de una nueva obra, comunicaciones para el futuro. Todo el mundo era para él ‘carnada’ para su sensibilidad literaria. Todos corríamos el peligro de aparecer luego en alguna obra suya. Todos éramos actores en su escenario”.

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Bolaño, el antidivo por excelencia
Por Yanet AGUILAR SOSA

Antes de conocerlo personalmente, el célebre editor español Jorge Herralde ya se había dejado seducir por la obra narrativa de Roberto Bolaño cuando el chileno presentó a concurso su libro La literatura nazi en América, que finalmente Anagrama no publicó, pero gestó la amistad.

En entrevista con EL UNIVERSAL, vía correo electrónico desde Santiago de Chile, donde se encuentra para participar en el homenaje para el autor de Los detectives salvajes, 2666 y Putas asesinas, Herralde rememora cómo fichó a Bolaño para Anagrama; habla de su amistad, así como del paso por México y los últimos proyectos literarios del narrador y poeta que murió a los 50 años.

-¿Antes de Los detectives salvajes había leído a Bolaño? ¿Cómo fue su primer encuentro?
-Había leído en manuscrito La literatura nazi en América, que presentó a nuestro premio de novela en el verano de 1995: la leí, me gustó mucho, pero antes de la reunión del jurado me escribió y me dijo que acababa de contratarla con otra editorial. No sabía nada de su vida ni de sus premios ni de los rechazos editoriales de sus novelas, por lo que me sorprendió desagradablemente. Le escribí invitándole a pasar por Anagrama cuando viniese a Barcelona y así lo hizo a las pocas semanas.

Me dijo que había enviado simultáneamente el manuscrito a varias editoriales para ganar tiempo, pero que él se sentía literariamente vinculado al sello que publicaba a Perec, Nabokov, Pitol, Pombo, Marías, Vila-Matas, Villoro, Alan Pauls. Estuvimos horas hablando y me envió al poco tiempo una extraordinaria novela breve, Estrella distante, que me pareció una joya. La publiqué en 1996, con magnífica acogida por parte de los críticos literarios más sagaces, le siguió en 1997 el libro de cuentos Llamadas telefónicas. Es decir, había leído una novela breve, un libro de cuentos y un singular artefacto: La literatura nazi en América que estaba en la estela de Borges, Marcel Schwob y J. Rodolfo Wilcock.

-¿Cuáles fueron los primeros comentarios de usted y del jurado ante Los detectives salvajes?
-Aunque en las distancias cortas, como las tres mencionadas, el talento de Bolaño destacaba ya esplendorosamente, Los detectives salvajes supuso un salto cualitativo y un nivel de ambición asombrosos. Estábamos todos convencidos de que nos hallábamos ante una obra maestra y un escritor llamado a perdurar.

-¿Cómo califica la etapa de Bolaño en México?
-México fue la etapa de formación de Bolaño como poeta. Y como poeta se definió a sí mismo durante muchos años. Sólo a raíz del nacimiento de su adorado hijo Lautaro se decidió a escribir novelas, para que no sufriera penurias económicas. Decisión de un optimismo militante ya que el tipo de literatura que quería escribir no parecía destinada a tener muchos lectores. Pero finalmente Roberto tuvo razón: su decisión no sólo fue un gran acierto literario sino que tuvo una gran difusión en lengua española y en otros países, en especial en el muy difícil mercado de Estados Unidos. Posiblemente 2666 y Cien años de soledad hayan sido los dos mayores fenómenos hispanos de ventas en ese país, en el ámbito de la gran literatura.

-¿Cómo fue la relación que sostuvo con Bolaño? ¿Cercanos hasta el último día de su vida y hasta su última novela?
 -Tuve una sólida amistad, complicidad literaria y desde luego dedicación editorial hasta su muerte. Roberto era un fetichista de las listas, como su muy admirado Georges Perec, él quería ingresar lo antes posible en la lista de los escritores con más de 10 libros publicados en Anagrama. Se afanó en publicar un libro por año (dos en una ocasión), la mayoría inéditos y un par de rescates. Hoy tiene 19 títulos en el catálogo. La última tarde que lo vi, en la editorial, me dejó un disquete con los textos de El gaucho insufrible, listo para publicar, y me habló largamente de 2666. Al día siguiente, por un inesperado agravamiento de su estado de salud tuvo que ingresar en el hospital Vall d’Hebron, en el que falleció poco después.

-¿Cómo fue el Bolaño que conoció a finales de 1998 con respecto al escritor de renombre internacional de 2003?
-Pues diría que muy similar. Era el antidivo por excelencia. Y su pasión fundamental era escribir, escribir y escribir. Y leer muchísimo con una voracidad impresionante. Y ver televisión y cine y charlar por teléfono con sus amigos. Y adoraba a sus hijos.

-¿Murió siendo un escritor con muchas historias que contar? ¿Hoy en día se sigue leyendo mucho a Bolaño y hay lectores en otras lenguas que lo están descubriendo?
-Estaba obsesionado con 2666, a la que había dedicado tantas energías. Por otra parte, de acuerdo con el dictamen de Ignacio Echevarría, la obra toda de Bolaño estaba gobernada por “la poética de la inconclusión”. Es decir que pertenece, con todos los honores, al club de grandes novelas “inacabadas” de la literatura universal como Bouvard et Pécuchet o El hombre sin atributos, entre otras catedrales narrativas.

-¿Cómo están las ventas hoy de Bolaño? ¿A cuántos idiomas se ha traducido su obra?
-Los libros de Bolaño se han ido convirtiendo, inesperadamente, en best sellers y/o long sellers. Los más vendidos, con gran diferencia, son Los detectives salvajes, con ventas cercanas a los 200 mil ejemplares, y 2666 ha superado los 120 mil, seguidos por Estrella distante. Sus obras se reimprimen con regularidad en España y en países de América Latina. Desde 1966 hasta 2008, en los que Anagrama se ocupó de sus derechos de traducción, (desde entonces se encarga la agencia Wylie) se realizaron más de 50 contratos en las mejores editoriales internacionales como Christian Bourgois en Francia, Hanser y Antje Kunstmann en Alemania, Sellerio y Adelphi en Italia, Harvill en Gran Bretaña, Meulenhoff en Holanda, New Directions y Farrar, Straus and Giroux en Estado Unidos o Companhia das Letras en Brasil, entre otras.

Pero tras la explosión norteamericana con Los detectives salvajes y sobre todo con 2666, publicadas ambas por Farrar, Straus and Giroux, en 2007 y 2008 respectivamente, se produjo un efecto “contagioso” que incrementó tanto sus ventas como el número de traducciones.

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Arte inspirado en Bolaño
Por Sonia SIERRA ECHEVERRY

La obra de Roberto Bolaño ha abierto puertas hacia nuevas obras y lenguajes, más allá del territorio de la literatura.

En 2011 las galerías Kurimanzutto y Regen Projects, del DF y Los Ángeles, se plantearon hacer una exposición donde un grupo de artistas creara arte en torno de Bolaño o se incluyeran obras ya creadas y provistas de referencias a esa literatura del escritor chileno. Se buscó que lo pedagógico e ilustrativo no tuvieran lugar ahí.

Como a cualquier lector, a artistas y curadores la obra de Bolaño les provoca muy distintas sensaciones. Patti Smith presentó en esa exposición la secuencia “Roberto Bolaño’s Chair”, fotografías de la silla del escritor que ella captó en un viaje a su casa en Blanes, España. Atrás de esa fotografía no sólo hubo un largo y profundo viaje; esa idea recoge todo un pensamiento vinculado a la historia de Smith, una de las grandes figuras de la música y la cultura popular.
  
Para la cantante como para otros artistas, la poesía y la filosofía de Bolaño son determinantes y desde ese cruce han nacido nuevas obras de arte. En entrevista con El País de España en 2010, Smith habló sobre Bolaño y sobre el arte: “Al final la verdad se halla en la obra, la esencia corpórea del artista. No se deteriora. El hombre no puede juzgarla. Porque el arte alude a Dios y, en última instancia, le pertenece”.

José Kuri, codirector de Kurimanzutto y también curador, cuenta que Patti Smith es una gran admiradora de Bolaño, de toda su obra, en especial de la poética. “Hizo un peregrinaje a las afueras de Barcelona para buscar a la familia de Bolaño, a Lautaro su hijo, a la viuda, y conocer cómo era su vida en México, todo lo hizo con una fascinación y un seguimiento increíble. Fue a su casa, tomó fotografías y capturó ese retrato en ausencia. Es la imagen de Bolaño, pero en su ausencia; es un acto poético”.

Kuri encuentra que la obra de Bolaño es muy rica visualmente. “La novela de Bolaño Los detectives salvajes se conecta con las ideas de entropía de Robert Smithson (uno de los fundadores del Land Art), esta inercia de la energía de la que habla Smithson, por ejemplo de el Hotel Palenque que se convierte en ruina en su propia construcción, eso me parece muy interesante en las novelas de Bolaño”.

Al mismo tiempo, el curador encuentra que Los detectives salvajes es la gran novela de la ciudad de México en los últimos 50 años. “No encuentro una novela que describa mejor la dinámica de la ciudad, las claves de su esencia, a pesar de que él estuvo del 68 al 75 en México, es increíble cómo la captura de memoria y cómo es perfectamente actual”.

Que la obra de un escritor abra un diálogo y dé pie a nuevos lenguajes es lo que le pasó el artista Carlos Amorales con uno de los relatos de Bolaño.

En aquella exposición presentó una pieza que tiene el mismo nombre del cuento del chileno, “Vagabundo en Francia y Bélgica”, del libro Putas asesinas; la pieza se llevó recientemente a la muestra Germinal de Amorales en el Museo Tamayo, y ha sido un punto de partida de otras obras.

Amorales recuerda que fue una lectura desde la cual trabajó y aprendió en torno de otros lenguajes. Creador desde hace varios años de un “archivo líquido”, la pieza “Vagabundo…” lleva al espectador a un recorrido que en muchos sentidos es paralelo al del personaje de ese cuento de Roberto Bolaño.

“Fue un texto para entrar en la discusión sobre lenguajes; traduzco el texto que habla de búsqueda artística entre poesía e imagen. Lo que hago es una obra que es como el primer plano, la matriz de otras”.

En la lectura de Estrella distante –justamente así se llamó la exposición- Amorales encontró fuertes revelaciones y se situó ante problemáticas, cosa que a menudo despierta la literatura de Bolaño. “Abrió un panorama para mí, crecí siempre con la idea de que el intelectual viene de la izquierda y él ahí lo pone como alguien de derecha. Eso fue fuerte, me creó una problemática. Esa constante provocación de Bolaño es la que permite reflexionar”.

La relación entre ética y arte, temas como el lenguaje, la nostalgia, la revolución, el romanticismo, la juventud, los ideales, el fracaso, esa idea de hacer las cosas a pesar de la adversidad, de volver a intentarlo, fueron motivos, ideas, guiños en otras de las obras. Sin embargo, muchas de aquellas piezas de 27 artistas no mostraban una relación directa, porque la idea más bien era generar desdoblamientos o expandir la percepción de la obra.

“El carácter, la vitalidad, la energía en cuanto a cómo vivir y pasársela bien en el sentido de hacer, pensar, trabajar” son lo que más le atrajo a Jonathan Hernández de Bolaño.

Para una de las obras que presentó, de su archivo Vulnerabilia, Hernández seleccionó una serie de fotos de la prensa: “Hice un apartado de fotos de muertos cubiertos, en relación al papel de la fotografía como la toma de un momento en un paisaje. No fue un vínculo literal con 2666, sí es un espejo de la realidad, pero al mismo tiempo genera su propia ficción”. Hernández creó además un Nocturno de México, a partir de Nocturno de Chile de Bolaño: “El punto de partida fue la moneda de 20 pesos que apareció hace unos años con la imagen de Octavio Paz, fue un juego entre el valor de la representación y la representación del valor. Bolaño por un lado respetaba el trabajo de Paz, de su poesía, pero atacaba la figura pública”.

Daniel Guzmán, lector de Bolaño desde hace muchos años, a quien ha descrito como un “Julio Cortázar revisitado”, dio vida hace cinco años a un video que se llama El secreto del mal, que viene de un cuento de Bolaño sobre la aparición de zombis mexicanos en Los Ángeles. El cuento sucede en esa ciudad estadounidense y lo relata Bolaño como una especie de pesadilla que soñó. Guzmán retomó la idea: “hay dos personajes, un poeta y un revolucionario, que tienen una discusión acerca de la idea de un cambio social”.

A Daniel Guzmán, Roberto Bolaño le habla de cosas como nostalgia, revolución, romanticismo, ser joven y tener ideales, luchar por los ideales, buscar realizarlos, fracasar pero aun así seguir luchando.

“Roberto Bolaño es un poco como un Julio Cortázar revisitado, la cuestión del ánimo, de la esperanza, de estar haciendo las cosas a pesar de que sientas que está la adversidad encima. Me gusta eso de Bolaño, de intentar cumplir sus propias expectativas, ya no digamos las de una generación sino sus ideales, el amor por la poesía, por la vida, por su hijo”.

Las grandes obras pasan una prueba a partir de lecturas que siguen generando, así lo cree José Kuri. “La literatura de Roberto Bolaño es de una riqueza, de una multiplicidad de lecturas que apenas está comenzando. Fue muy grato abrir esta ventanita y ver todo el potencial que tiene, apenas está comenzando”.

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Homenaje en Barcelona: el Bolaño más íntimo
Por Macarena GARCÍA

(Nota publicada el 10 de marzo de 2013 en el diario chileno El Mercurio / GDA)

Barcelona.- Archivo Bolaño reúne libretas, fotos, cartas, apuntes, textos inéditos y más, un exquisito acceso a la trastienda del autor. Su viuda, Carolina López, dice que su principal motivación fue mostrar cuánto trabajó Roberto para convertirse en Bolaño.

Confiesa que esto la pone muy nerviosa. Hoy ha sido la primera vez que Carolina López se ha enfrentado a una conferencia de prensa. Dice que lo hace porque tiene que hacerlo, porque esta exposición fue su idea y les toca -mira a sus hijos, Lautaro (22) y Alexandra (11)- dar la cara. Le toca. Hasta ahora sólo ha hablado una vez con la prensa, en una entrevista a un diario catalán hace ya tres años. Pero la prensa -y el comidillo literario- sí que han hablado de ella. Que si hace bien publicando los inéditos, que si la mueve el lucro, que si no estaban ya separados cuando él murió, que por qué cambió a Carmen Balcells -la agente de Bolaño de toda la vida- por Andrew Wylie -un agente que regularmente recibe el apodo de El Chacal, un hombre temido por los editores. López no sale a contestar, pero añade otra: “que si hay un negro que escribe los libros. Bueno, aquí están los manuscritos”.

Van 10 años sin Bolaño. Diez años en que pasó de ser un gran escritor latinoamericano al gran escritor latinoamericano. Un nuevo Borges. “El autor por el que todo escritor latinoamericano debe pasar”, resume Juan Insua, el curador de la exposición.

A los 45 años publicó la laureada Los detectives salvajes y murió cinco años más tarde, ad portas de la publicación de 2666 y de las traducciones al inglés que lo transformaron en el autor que todo lector dice haber leído. “La eclosión de Roberto en lengua inglesa nos cayó en un mal momento a mis hijos y a mí”, dice Carolina, “porque él no estaba y nosotros difícilmente nos podíamos involucrar en la promoción”.

Bolaño se hizo mito. Sus novelas aparecieron con fotos de los 70 y se vendió la historia de un beatnik latinoamericano que habría viajado por tierra desde México a Chile para participar del socialismo de Allende, habría estado preso y años más tarde ingresaría en una clínica a rehabilitarse de una adicción a la morfina. El cómo se creó ese mito será madeja a desentrañar por sus futuros biógrafos.

Archivo Bolaño puede ser leída como una muestra contra el mito. “Me interesaba mostrar el trabajo. Reivindicar el esfuerzo y el trabajo, la pasión con la que entregó su vida a esto”, dice López. Dice también que contabilizaron más de 14 mil páginas escritas y que catalogar sus escritos le ha tomado siete años. “La gente piensa que Bolaño andaba por allí escribiendo con su mochilita, pero la realidad es muy distinta”.

La muestra se centra en su vida en Cataluña y se divide en tres etapas: los tres años que vivió precariamente en Barcelona (en un departamento que no tenía ni ducha), los cuatro que pasó en Gerona, aislado de cualquier escena literaria, y los 18 últimos en el pueblo costero de Blanes, donde se casó y tuvo dos hijos.

Mucho se ha hablado -habló Bolaño mismo- de la multitud de oficios extraliterarios que desarrolló antes de lograr asentarse como escritor. No habrían sido tantos. Fue, sí, vigilante nocturno de un camping, como su alter ego Arturo Belano, y se exhiben ahora las libretas que escribía por la noche donde dice que está cabreado de que los turistas italianos le hablen en inglés. López dice que le conoció poco después que dejar se ese trabajo, en 1981, y que desde entonces  -aparte de dos días en los que intentó ser mayordomo- sólo trabajó en una tienda de bisutería que instaló su madre en Blanes. “No diré (que vivíamos) en pobreza, porque pobreza es hambre, pero sí con poco dinero”.

Ella, en tanto, trabajaba, y trabaja, como profesora. Insiste en ello. En que es una persona común y corriente que tuvo que pedir permiso en el trabajo para inaugurar la exposición. Que sólo tiene 22 días libres al año y que le cuesta encontrar el tiempo que requiere gestionar el legado de Roberto. Que ella no es una viuda de escritor. “Mi trabajo es vocacional: ¡me gusta! Si hubiese sido otra mujer, Roberto no se hubiese casado conmigo. Roberto nunca, nunca tuvo como pareja a un florero. Si no ejerces de esposa de… tampoco ejerces de viuda de…”.

La exposición también intenta desmitificar a Bolaño porque en ella aparece la faceta íntima del escritor en la que mucho más que un apasionado poeta beatnik, es un padre de familia. Hay, por ejemplo, una foto de Bolaño cargando a su hija Alexandra en una de esas mochilas portabebés en Venecia (la lleva, sí, como un padre inexperto, con los tirantes demasiado largos); otra, un año más tarde, con los dos hijos frente a la pirámide del Louvre, y otra con Lautaro delante del foro romano. Vacaciones de cuando ya podían permitírselo. Carolina dice que lo de exhibir fotos no fue idea suya, que los curadores de la muestra -Juan Insua del CCCB y Valerie Miles, coeditora de Granta- se lo pidieron. Ella en un principio se negó diciendo que esas eran fotos de la familia, pero después accedió.

Dice que en esto ha aprendido mucho. Que han aprendido mucho, se corrige mirando a Lautaro, quien asiente. Hay unos cuantos textos sobre él en la exposición. “Llegará el día en que no hagamos/ tantas cosas como ahora hacemos juntos/ dormir abrazados/ cagar el uno al lado del otro sin vergüenza alguna/ jugar con la comida a lo largo del pasillo/ de nuestra casa de la calle Aurora/ Este pasillo débilmente iluminado/ que sin duda conduce al infinito”, aparece en una de las tantas libretas expuestas, esta de 1992, cuando su hijo cumplió dos años.

El aprendizaje de Carolina parece ser el de aprender a protegerse. Si en algo insiste ahora es en que no publicarán nuevos libros por el momento. En la conferencia de prensa explica que esperará primero a que se hayan hecho las traducciones a otros idiomas de los ya publicados.

Rato después, en entrevista, dice que “una cosa es el tiempo de la vida y otra cosa es el tiempo de la obra. Las decisiones las he de tomar con ellos (los hijos), y ella (Alexandra) es muy pequeñita todavía”.

Lo mismo -y quizá más- tendrá que esperar una biografía. “La vida de Roberto la tienen primero que conocer sus hijos y para eso tienen que crecer. ¿Tú crees que yo voy a ser capaz de explicársela a un biógrafo sin antes explicársela a mi hija?”.

Festín para bolañólogos

Juan Insua, curador de la muestra, dice que les movió hacer una exhibición no sólo para bolañólogos obolañistas, sino también para un público general que se pueda interesar en el universo del autor.

No se cuánto la disfrutarán los segundos -mal que mal es una exposición de textos, de libretas, de apuntes-, pero para los primeros es un completo festín. Hay joyas como una vitrina en la que aparecen dos recortes de prensa chilena que Bolaño guardó –“Un poeta chileno muerto de hambre por su mujer”, se titula uno- y páginas del cuento todavía inédito que escribió a partir de ellos.

Hay múltiples esquemas como un detallado mapa de Santa Teresa para 2666, bocetos para los dibujos de Los detectives salvajes y una página en la que hace dream teams de poetas (los latinoamericanos, los españoles, los franceses y los gringos; Nicanor Parra juega con el 10, Vallejo con el 11 y Huidobro con el 9).

Hay también cartas, entre ellas una en la que le pide perdón a Jorge Herralde por copiar líneas de La literatura nazi en América en Estrella distante -y que se exhibe acompañada de un fragmento en el que ha subrayado las líneas haciendo una contabilidad del autoplagio. Hay numerosos “escritos de vida”, poemas, autorretratos escritos, apuntes para construir personajes o tramas.

Y está, por supuesto, el “gancho” de los inéditos: 26 cuentos y cuatro novelas de los que se exhiben fragmentos. López insiste en que lo que se muestra es sólo la punta del iceberg, que el archivo es al menos cinco veces mayor de lo que se puede ver y que todavía hay una serie de cuentos y poemas que han rescatado del computador de Bolaño que no han sido catalogados. Dice que esta es una primera aproximación al archivo y que el siguiente paso será una evaluación profunda del valor literario de estas piezas.

En la muestra aparece la faceta íntima del escritor, en la que mucho más que un apasionado beatnik, es un padre de familia.

(Archivo Bolaño se exhibió del 5 de marzo el 30 de junio en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB). Después viajaría a Nueva York y más tarde a Madrid (hacia fines de 2014). A modo de catálogo, se editó un libro con textos de los escritores Javier Cercas, Enrique Vila-Matas y Antoni García Porta; la poeta Bárbara Olvido García Valdés; la crítica literaria chilena Patricia Espinosa; la primera editora de Bolaño en inglés, Barbara Epler, y los curadores de la exposición Juan Insua y Valerie Miles.)

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2666 y el rostro del narco
Por Oswaldo ZAVALA 

En 2666 (2004), la novela póstuma de Roberto Bolaño, hay una escena en un bar de Santa Teresa —como se sabe, basada en la fronteriza Ciudad Juárez— en la que un policía judicial llamado Juan de Dios Martínez observa en la terraza del local a un hombre vestido de ranchero, sentado de espaldas, y cuyo rostro nunca puede ver directamente. 

El policía especula que se trata de un narcotraficante. Frente al ranchero está un joven acordeonista y una violinista, quienes intentan atraer su atención:
Lo más triste de todo, pensó Juan de Dios Martínez, era que el narcotraficante o la espalda trajeada del supuesto narcotraficante, apenas se fijaba en ellos, ocupado en conversar con un tipo con perfil de mangosta y con una fulana con perfil de gata.

Cuando los músicos por fin llaman la atención del supuesto narco y sus acompañantes, algo ocurre que intriga al policía:

El tipo con perfil de mangosta se levantó de la silla y le dijo algo al oído al acordeonista. Luego volvió a sentarse y el acordeonista se quedó con un gesto de disgusto dibujado en los labios. Como un niño a punto de echarse a llorar. La violinista tenía los ojos abiertos y sonreía. El narcotraficante y la tipa con perfil de gata pegaron sus cabezas. La nariz del narco era grande y huesuda y tenía un aire aristocrático. ¿Pero aristocrático de qué? Salvo los labios, el resto de la cara del acordeonista estaba desencajada. Ondas desconocidas atravesaron el pecho del judicial. Este mundo es extraño y fascinante, pensó.

El supuesto narco permanece siempre anónimo, sin rostro, y es el único que no se distingue por un atributo animal (mangosta, gata). Su identidad imaginada le confiere de inmediato una función social específica que excede a la persona convencional y despliega violencia y poder sin tener que moverse de la mesa: es un narco. Cuando aparece su perfil por un instante, el judicial piensa en la aristocracia, en una élite que no consigue situar dentro del esquema de la sociedad conocida. La escena ilustra así la problemática manera en que se articula el imaginario del narco que predomina en la mayoría de las llamadas “narconovelas” en México: historias basadas en reflejos limitados de un fenómeno cuya realidad nos resulta inaccesible, lo real del narco únicamente posible a través de la construcción imaginaria de ciertos trazos de su violencia vista a una distancia infranqueable, donde la sensación del poder de una élite se intuye pero no puede conocerse.

A casi una década de su primera edición, 2666, la novela más ambiciosa y compleja de Bolaño, ha sido leída por la crítica académica a través de modelos teóricos que intentan rebasar la noción de una tradición literaria nacional. Con ello, algunos críticos sugieren entender la novela como una reflexión sobre procesos históricos mundiales que revela el violento fracaso de la modernidad occidental que experimentan en común, en el contexto del libro, México, Estados Unidos y Europa. Sharae Deckard, por ejemplo, propone comprender la estructura de 2666 como “sistemáticamente histórico-mundial, uniendo una semiperiferia particular (Ciudad Juárez) y una coyuntura histórica particular (el capitalismo tardío del milenio) con un vasto alcance geopolítico”. De modo análogo, Sergio Villalobos analiza 2666 como una “articulación planetaria del mundo a través de la guerra global”, siguiendo aquí la noción propuesta por el historiador italiano Carlo Galli para comprender las dinámicas mundiales que desactivan los conceptos decimonónicos de soberanía, territorio y nación. Estos acercamientos, desde luego válidos y productivos, se preocupan por trazar el arco histórico con el que Bolaño vincula la esclavitud africana, el holocausto y los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, fenómeno que Jean Franco, en su reciente libro Cruel Modernity, estudia como “un incidente en un colapso mundial”.

No obstante, 2666 ofrece también una aguda representación crítica de los primeros años del siglo XXI en México que la crítica encandilada por la globalización ha pasado por alto. Como explica el sociólogo Luis Astorga, la máquina presidencial del PRI sometió durante siete décadas a generaciones enteras de narcotraficantes. No se trató de una relación de complicidad o de tolerancia, sino de una total subordinación del crimen organizado al poder político. Con la caída del PRI en el 2000, el narco dejó de ser parte de la agenda oficial de Los Pinos. Y mientras Bolaño escribía, el país ya se despeñaba hacia una profunda crisis de gobernabilidad con la fragmentación del poder político y el debilitamiento del Estado que trajo la consolidación del neoliberalismo como única estructura aceptable de gobierno. Esta crisis alcanzó su punto álgido con la presidencia de Vicente Fox, que se distinguió, según Astorga, por “la inexistencia de una política de seguridad de Estado” que permitió “un mayor grado de autonomía de policías, militares y traficantes respecto del poder político”. Entre sus muchos aciertos, 2666 da cuenta de esa fragmentación del poder. En ese sentido y contra el juego de temporalidades sugeridas por su título, la novela es el fiel reflejo de su época, en particular con su representación del norte de México en “La parte de los crímenes”. Esa sección —la más abundante de las cinco que integran el libro— se estructura alrededor de los dos fenómenos de violencia sistémica más importantes de la frontera: los cientos de asesinatos de mujeres que comenzaron a reportarse desde 1993 —el último año de la presidencia de Carlos Salinas de Gortari— y el narcotráfico. En 2666, ambos fenómenos surgen de las mismas condiciones de posibilidad en un país post-PRI: las redes locales de complicidades oficiales y extraoficiales que en Santa Teresa regulan el flujo de drogas y disciplinan la violencia sin la intervención de fuerzas federales. Consideremos, por ejemplo, el episodio en que Pedro Negrete, jefe de la policía de Santa Teresa, contrata al joven Lalo Cura para trabajar como “hombre de confianza” de su “compadre” Pedro Rengifo, un prominente empresario local. Cuando Lalo Cura salva la vida de la esposa de Rengifo durante un atentado perpetrado por dos sicarios, entre ellos un policía estatal, Negrete reclama al empresario el haber expuesto al joven pistolero de un modo innecesario. Negrete decide entonces convertir a Lalo en detective, pero es hasta mucho después que este último se entera de que el empresario Rengifo es tambiénun narcotraficante.

Esta íntima relación entre policías locales, empresarios y narcos reaparece más adelante cuando otro policía comenta con Lalo Cura el asesinato de la reportera de radio Isabel Urrea, cuya agenda personal confirma el orden político local en la investigación del crimen:

Encontré los teléfonos de tres narcos. Uno de ellos era Pedro Rengifo. También encontré los números de varios judiciales, entre ellos un jefazo de Hermosillo. ¿Qué hacían esos teléfonos en la agenda de una simple locutora? ¿Los había entrevistado, los había llevado a la radio? ¿Era amiga de ellos? ¿Y si no era amiga quién le había proporcionado esos teléfonos? Misterio.

En 2666, el negocio del narco opera ahora entre gobernadores, procuradurías estatales y empresarios que construyeron fueros semiautónomos e independientes del poder federal central, reconfigurado en el vacío de poder que inauguró la elección presidencial de 2000.

La cuidadosa representación del narco que Bolaño lleva a cabo en su novela sólo es comparable a un puñado de novelas. Destaco entre ellas Contrabando (2008), de Víctor Hugo Rascón Banda, en la que el poder del narco y el poder del estado son uno y el mismo. En la misma década, sin embargo, el campo literario mexicano ha celebrado el éxito comercial de numerosas narconovelas que independientemente de su nivel de realismo promueven la narrativa oficial que explica el fenómeno del narco a partir de una sempiterna lucha de cárteles y la mitológica vida y muerte de capos como Joaquín El Chapo Guzmán. Novelas como Fiesta en la madriguera (2010) de Juan Pablo Villalobos, Perra brava (2010) de Orfa Alarcón o Trabajos del reino (2008) de Yuri Herrera, imaginan al narcotráfico en México exactamente del modo en que el Estado describe el fenómeno: como una apocalíptica infestación de cárteles de la droga que en ciertos territorios periféricos del país actúan desde un afuera hipotético del Estado mexicano. Lo que estos libros denominan “narco” en México está constantemente mediado por discursos hegemónicos generados por el Estado, por estrategias de representación que mitifican a las organizaciones criminales y que son visibles en estudios académicos, investigaciones periodísticas y textos literarios que poco se diferencian entre sí pero que describen reiteradamente un mismo conjunto limitado de imágenes que opera a su vez como el paradigma de representación dominante en toda discusión sobre el tema.

Para articular una representación crítica sobre el narco no basta, como suponen algunos, con abandonar el léxico recurrente (“sicario”, “plaza”, “cártel”, el “narco” mismo). Es necesario, como hace Bolaño, producir narrativas que relocalicen al Estado y a sus lógicas de poder en el centro de esas discusiones, es decir, reposicionar al Estado como el significante central del narco. 2666 se adentra en los laberintos del poder oficial y descubre al narco siempre inscrito bajo el nombre de los empresarios, de los policías y de los políticos gobernantes, siempre adentro de las estructuras de Estado. Como con el personaje de Lalo Cura, el lector se sorprende de encontrar narcos que no buscan apagar una insaciable sed de sangre y que no viven de modos excéntricos y ridículos en búnkers amurallados. El arquetipo oficial del narco se disuelve en 2666 con el personaje de ese empresario que entre sus múltiples negocios además invierte en el comercio de la droga, siempre vigilado y controlado por la policía y la política local.

Resistir la tentación de la complaciente mitología del narco que ha dado fama y fortuna a tantos novelistas mexicanos que sueñan con alcanzar el éxito de La reina del sur, es una de las muchas enseñanzas de la obra de Bolaño. Al volver a la escena sobre el narcotraficante cuyo rostro nunca vemos en 2666, se advierte la dramática imposibilidad de observar lo real del narcotráfico, que siguiendo a Lacan, está apenas insinuado en el orden de lo simbólico. Como intenta el policía de Bolaño, es necesario asumir una imaginación crítica que nos permita narrar el narco más allá de las vestimentas y las acciones que lo vuelven igual a sí mismo, es decir, idéntico a su recurrente cliché. Es imprescindible esclarecer las redes de poder en las que opera, elucidar desde lo literario las coyunturas políticas y económicas que lo condicionan, y finalmente preguntarse, con ese personaje de Bolaño, qué aristocracia representan, a que élite, en verdad, pertenecen.

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Cómo y por qué Bolaño conquistó EU
Por Barbara EPLER

1. La parte de los amigos

Escuché por vez primera el nombre de Roberto Bolaño hace una década. Mi amigo el novelista Francisco Goldman me dijo: “Bolaño es el mejor escritor vivo del mundo”. Insistió en que New Directions lo publicara. Al día siguiente, le mencioné el nombre de Bolaño a un editor afín, quien respondió: “Es un autor que suena mucho. Creo haber visto en mi oficina unas galeras suyas, enviadas por Harvill UK”.

Envié un fax al director de Harvill, Christopher MacLehose (amigo de New Directions), y le pregunté si también nosotros podíamos tener una copia de esas pruebas de imprenta.

Leí las galeras de By Night in Chile (Nocturno de Chile) apenas llegaron: fue una experiencia fulminante.

Nuestra amiga Susan Sontag proclamó: “Un río maravilloso de sensibilidad, una meditación brillante, una fantasía cautivadora, Nocturno de Chile es una obra verdadera, de una rareza notable: una novela contemporánea destinada a ocupar un sitio permanente en la literatura mundial”.

El aval de Sontag significaba que todas las publicaciones literarias pondrían sus ojos en ese libro. (Ya después supe que nuestros conocidos Jean Stein y Deborah Treisman, de Grand Street, habían descubierto a Bolaño antes que yo, y habían publicado textos suyos en esa estupenda revista.)

2. La parte de los medios

Al comienzo, esta “parte de los medios” podría también titularse “La parte de los amigos”, pues muchas de las personas que ayudaron originalmente a poner a Roberto Bolaño en el mapa en Estados Unidos son cercanos a New Directions: Francine Prose, Michael Greenberg, Aura Estrada, Francisco Goldman (de nuevo), Siddhartha Deb, Mónica de la Torre, Pankaj Mishra, Benjamin Kunkel, Nicole Krauss, Richard Eder, James Wood, Andrew Ervin, Benjamin Lytall, Michael Palmer, Patti Smith, Jonathan Lethem, Tom McGonigle, John Banville, Wayne Koestenbaum: todos ellos fueron de los primeros en reseñar o publicitar los libros de Bolaño.

Un elemento central de su éxito se puede rastrear en Grand Street: cuando Deborah Treisman fue nombrada la editora de ficción de The New Yorker, llevó consigo el amor que sentía por la escritura de Bolaño. Desde 2005, publicó relatos de Bolaño en la revista cultural más grande de Estados Unidos, que, así, llegaron a más de un millón de lectores a la semana.

3. La parte de los editores

Como si recorriera su propia biblioteca, Bolaño se unió en New Directions al catálogo de sus autores favoritos, de Borges (“Podría pasarme toda la vida bajo una mesa leyendo a Borges”), a Martín Adán, César Aira (“cuando se empieza a leer a Aira, no quieres parar”), Baudelaire, Bioy Casares, Horacio Castellanos Moya (“escribe como si viviera al fondo de alguno de los muchos volcanes de su país”), Céline, Cortázar, Flaubert, Felisberto Hernández (“hay que leer a Felisberto Hernández”), Huidobro, Alfred Jarry, James Joyce, Kafka, Kleist, Lautréamont, Enrique Lihn, García Lorca, Mallarmé, Javier Marías, Henry Miller, Montale, Nabokov, Nicanor Parra (“Nicanor Parra por encima de todos”), José Emilio Pacheco, Alejandra Pizarnik, Pound, Queneau, Rodrigo Rey Rosa, Rimbaud, Stendhal y Enrique Vila-Matas (“una acumulación de felicidades y claridades: un escritor que no tiene parangón en el panorama contemporáneo de la novela española”), así como otros a los que aceptaba parcialmente, como Ernesto Cardenal, Cela, Paz y Neruda. Pongo como excusa para este desfile de nombres el hecho de que también a Bolaño le encantaban las listas.

“Los editores suelen ser malas personas”, decía Bolaño, pero, de todos modos, como editora de sus libros en New Directions, pienso que es bueno que sus obras estén al lado de los libros que le gustaban tanto.

Sea como sea, una gran parte de su éxito se debe a otra editorial de mayor magnitud. Habíamos estado publicando a Bolaño por unos pocos años cuando mi oferta para adquirir los derechos de Los detectives salvajes fue rechazada. Esto me rompió el corazón, pues deseábamos tener toda su obra. Pero Farrar, Straus & Giroux utilizó la enorme atención que las traducciones al inglés de Nocturno de Chile, Estrella distante, los relatos escogidos de Llamadas telefónicas y Putas asesinas que se publicaron en el volumen Last evenings on Earth, y Amuleto habían conseguido para potenciar una máquina publicitaria extremadamente eficaz.

Jeff Seroy, el extraordinario publirrelacionista de FSG, y el editor Lorin Stein crearon un sitio de internet dedicado a Bolaño, que se distinguía por su originalidad y belleza. También supieron usar las redes sociales, por entonces poco explotadas. Nunca olvidaré esa vez que mediante Facebook y Twitter congregaron a miles de jóvenes a un bar en East Village para celebrar la aparición de The Savage Detectives: fue un pandemonio.

Haré mención de una decisión sagaz de FSG: la camisa de la edición de The Savage Detectives presenta una fotografía del autor; se ve a Bolaño de pelo largo, casi como un muchacho de 19. Tan sólo eso dejaba ver astucia. Tocaba las fibras, tan vivas del lector estadounidense, del glamour trágico de James Dean, y estimulaba la identificación con el escritor que llegaron a sentir muchos lectores jóvenes, los principales seguidores de su obra en este país.

Las dos editoriales estadounidenses trabajaron juntas promoviendo todos los libros de Bolaño; como Jonathan Galassi, editor de FSG, dijo: “con la marea alta todos los botes avanzan”. Sin embargo, en Estados Unidos, más que marea tuvimos un tsunami. Quienquiera que se interesa en literatura habla hoy de Bolaño.

4. La parte de los traductores

Las pruebas de imprenta de By Night in Chile de Harvill dejaban ver la armoniosa, clara y resonante voz de Bolaño en inglés: poeta él mismo, Chris Andrews posee el don de comprender el arte de Bolaño con exactitud y una profunda simpatía.

Chris expresó en el obituario publicado en The New York Times: “La escritura de Bolaño se nutre de lecturas amplias y voraces, una experiencia variada, una vívida capacidad de ensoñación y una aguda curiosidad por las vidas ajenas. También desarrolló un original estilo, de gran flexibilidad: generalmente es veloz y directo, y puede también dilatarse para incluir digresiones parentéticas o una sorprendente elaboración imaginística”. Chris traslada ese estilo a la lengua inglesa con una vivacidad ágil y diáfana.

Aunque Chris tradujo la mayoría de los libros de ficción editados por New Directions (Amulet, By Night in Chile, Distant Star, The Insufferable Gaucho, Last Evenings on Earth, Monsieur Pain, Nazi Literature in the Americas, The Return, The Skating Rink y buena parte de The Secret of Evil), la talentosa Natasha Wimmer (quien de manera muy lograda tradujo The Savage Detectives y 2666 para FSG) vertió con gran belleza Antwerp y Between Parentheses, así como secciones de The Secret of Evil. Ella tiene un don especial con el que la voz de Bolaño se expresa en nuestra lengua con laconismo, fosforescencia y felicidad.
Laura Healy tradujo con fineza la poesía completa de Bolaño: The Romantic Dogs, Tres y The Unknown University.

Contar con tres traductores tan talentosos es el equivalente, en términos editoriales, de hacer el uno, dos y tres en una competencia de atletismo: el entusiasmo con el que Bolaño ha sido recibido en Estados Unidos se debe en mucho a ellos.

5. La parte de Estados Unidos, que es también La parte de las dos Américas

Uno de los muchos asuntos sobre los cuales Susan Sontag expresó su opinión fue sobre el título de Historia de la literatura nazi en América. Nos advirtió que debía ser vertido en plural: Americas, es decir, el continente americano. “¡No lo vayan a traducir como Nazi Literature in America!”

Sabemos que su obra se dirige a las dos Américas. Creo que esto es parte del influjo que ha conseguido en este país. Su obra nos lleva a través de un espejo oscuro. Sabemos qué tan profundamente se halla Estados Unidos vinculado con la pesadilla en Latinoamérica (“el Vietnam secreto”) que centralmente retrata su obra. Esas fueron nuestras políticas: colaboramos en el asesinato de Allende. Esa es nuestra cámara de tortura en Nocturno de Chile: la anfitriona puede ser chilena y la casa puede estar en Santiago, pero su esposo es un estadounidense.

El espectáculo del terror en Latinoamérica es parte de nuestra locura y, para bien o para mal, ese es un elemento que hace que la obra de Bolaño sea tan persuasiva, tan apasionante como la historia de nuestras propias familias.

Y existe también un aspecto narcisista tan propio de la cultura estadounidense: conocemos a Jim O’Bannom; adoramos a Oscar Fate; soñamos con esa California de adorables y agonizantes estrellas porno que Bolaño concibió en el desgarrador relato “Joanna Silvestri” (coincidentemente, un relato publicado en Playboy).
Nos gusta la alta y la baja cultura, el ingenio, el humor, el grunge, el porno, el horror, la prensa amarillista; pensamos que nos gusta la libertad, el riesgo, la valentía, el honor, la sinceridad y la temeridad.

Los estadounidenses premiamos Lo Nuevo; nos encanta la posibilidad en estado puro. Como escribió Nicole Krauss: “Cuando leí a Bolaño, pensé: Todo es posible otra vez”.

Y ansiamos lo que conocemos; lo siniestro. También ansiamos lo verdaderamente grandioso. Estamos cansados de las novelas sosas y hartos de las estafas pretenciosas. Una razón por la cual ha tenido tal repercusión en Estados Unidos es por su polaridad absoluta respecto de los rasgos dominantes del aburrido mundo de la escritura creativa, todos esos productos de las maestrías que se estudian en las universidades-fábricas de Estados Unidos.

Bolaño se encuentra a años luz de la gran cantidad de sagas sobre familias estadounidenses, libros intrascendentes, y de los trucos experimentales, fatigosos por la ingeniosidad con las cuales se les construye. La conjunción de múltiples dimensiones en Bolaño hace que buena parte de la ficción estadounidense parezca una pantalla plana.

Como varios reseñistas han afirmado, Bolaño nos hace creer en un renacimiento de la literatura, y somos el país que busca volver a nacer.

Para ser franca, hay que decir que los verdaderos lectores en Estados Unidos (aquellos que realmente aman la gran literatura, esa que conquista nuevos espacios) no son tan numerosos. Pero existen, y defienden vehementemente aquello que llega a encantarles. Es un poco como lo que Spencer Tracy dice sobre la carne de Katharine Hepburn: “no hay mucha, pero la que hay es muy selecta”. Los seguidores de Bolaño son una multitud selecta y fiel.

Recientemente, un artículo en The Daily Beast hizo notar: “¿Cómo explicamos el hecho de que el escritor latinoamericano más celebrado desde Gabriel García Márquez y Octavio Paz murió hace casi una década y ha publicado, póstumamente, muchos libros más que los que la mayoría de los autores alcanzan a editar en toda su vida? Novelista respetado en vida, a partir de su muerte Bolaño ha adquirido un estatus de culto, ha sido traducido en todo el mundo, con cuentos lanzados en The Paris Review, The New Yorkery [también con extensas secciones sobre él en] The New York Review of Books. Una página de Facebook dedicada a Bolaño presume de 43,000 fans y una película, El Futuro, basada en uno de sus cuentos”.

Y el entusiasmo no decrece. Tan sólo hace unas semanas Junot Díaz escribió en The New York Times: “En cuanto a Bolaño, ¿qué se puede decir? Uno de los más grandiosos escritores, un auténtico coloso. ¿Se ha editado algo que siquiera remotamente se acerque a By Night in Chile?”

Por supuesto, el aspecto más importante es la sorprendente excelencia de su escritura, pero la excelencia puede muy a menudo verse no recompensada en el negocio editorial.

A estas alturas, puedo imaginarme a Bolaño preguntarse: “¿Por qué habla esta mujer sobre el negocio editorial, como si pudieras llamarlo un negocio, como si no fuera de hecho más exactamente un tipo especial de locura, y no el tipo más interesante de locura, pero sin duda tampoco un forma de salud mental?”

Así, aunque escriba sobre lo que pasó en este país con los amigos, los medios, los traductores y los editores, y señale posibles afinidades culturales con su escritura, realmente, más que nada, pienso que el énfasis que su obra pone en el tema de la amistad (de hecho, como dice en 2666, hay “amistades especiales que exceden la mera definición amistad personal”) genera una fuerte atracción a nuestros sentimientos. Y el interés manifestado por su escritura se puede considerar un tipo de amistad con un genio que excede la mera definición de genio. Por supuesto, en cualquier parte del mundo un genio de esta naturaleza otorga a sus lectores un gozo superior.

(Traducción de Geney Beltrán Félix).

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La poesía de Bolaño, algo más que un gesto inconcluso
Por Mónica MARISTAIN

—¿Quién le hizo creer que es mejor poeta que narrador?

—La gradación del rubor que siento cuando, por pura casualidad, abro un libro mío de poesía o uno de prosa. Me ruboriza menos el de poesía.

No escribió un Canto General, que entre otras cosas era su libro preferido de Pablo Neruda. No dejó la huella de otro de sus compatriotas, Raúl Zurita, quien en La literatura nazi en América presta a Carlos Wieder su hábito de escribir poemas en el cielo (Precisamente, en Cuadernos de guerra, Zurita se refiere al “Bolaño hepático” que nunca conoció y al que suele darle poco crédito como poeta y novelista).

Sin embargo, Roberto Bolaño (1953-2003) escribía poemas. No era grafómano como su gran amigo Mario Santiago (1953-2008), pero adscribió a una voluntad poética irrenunciable, además de publicar algunos poemarios, entre ellos, su primera obra editada por el legendario Juan Pascoe, Reinventar el amor.

Entonces, el autor de Los detectives salvajes tenía 23 años. Era 1976 y vivía en México.

De su obra máxima, llamada a menudo la gran novela mexicana de la contemporaneidad, el poeta Luis Felipe Fabre dice que no sólo se inscribe en la mejor historia de la narrativa vernácula.

“También se inscribe en la poesía mexicana como el perímetro de un hueco que describe una falta. Un poema perdido o un poema jamás escrito. En cualquier caso, un poema ausente”, escribe el autor de Arte&Basura (Almadía) en el ensayo titulado “La poesía está en otra parte: tras la pista de Los detectives salvajes”, que forma parte del libro Leyendo Agujeros (Conaculta).

En su visión, “cuando Bolaño escribe poemas, fracasa. Prueba de ello son sus libros Los perros románticos (2000) y Tres (2000). No podría ser de otra manera. El fracaso es la condición de su acierto. Bolaño sabe que el poema es imposible porque la poesía está en otra parte y entonces escribe una novela. En vez de escribir un poema, lo cuenta.

“Los detectives salvajes es un poema no escrito, es un poema sin palabras, como sin palabras está hecho ‘Sión’, el único poema realvisceralista que aparece en la novela, el poema visual de Cesárea Tinajero”, afirma Fabre.

En su párrafo hace referencia a los dos poemarios editados por Acantilado, dirigida por el catalán Jaume Vallcorba, para quien “hablar del Bolaño poeta es hablar del Bolaño escritor. La poesía fue, parece obvio, el centro y el núcleo de su quehacer literario”.

“En Bolaño la poesía es origen, da aliento y timbre a su literatura. De hecho, en nuestras comidas, no hablábamos casi nunca de nada más que de poesía y en especial de poesía medieval.

“No fue para nada la única que le interesó, pero quién sabe si conmigo se encontraba con un interlocutor dispuesto (en esa época yo enseñaba literatura medieval en la universidad). Me imagino que a Bolaño (como a Gabriel Ferrater) la poesía trovadoresca y sus inmediatas continuaciones le ofrecían un fondo de verdad desnuda, alejada de los formalismos y arabescos que la poesía europea adoptó más tarde. Una fascinación similar a la que debieron de sentir Apollinaire, Reverdy o Max Jacob, entre otros, en su búsqueda de una literatura moderna alejada de las olas de líquido sentimental entre las que habían crecido”, escribió el editor en la revista española Quimera (2010).

La poeta argentina Diana Bellessi (1946), una de las voces más importantes del género en ese país sudamericano, conoció al autor de 2666 a principios de la década del 70 y compartió con él unos cuantos cafés en La Habana, de la calle Bucareli.

“Cuando hablábamos de poesía, Bolaño era mi mejor interlocutor; teníamos al hermano Whitman detrás y a Vallejo al frente, con la extraordinaria estela de la poesía contemporánea peruana acompañándonos”, dice, refiriéndose a los creadores de Hora Zero, movimiento surgido en Lima en los 70 y que deslumbró a Bolaño desde que Diana le regaló los libros Kenacort y Valium 10, de Jorge Pimentel.

Inicios y finales poéticos

Aunque Roberto Bolaño haya participado activamente en la tensión entre poesía y prosa que da carácter a su obra literaria, echando la mayoría de las veces mucha leña y mucho fuego al humo de sus palabras intensas, en un partido de tenis sin tie break donde, al parecer, ganó la narrativa, sus inicios y sus finales fueron poéticos.

Poético, incluso, como una instalación, fue el último gesto de escuchar la canción de Antonio Vega “Lucha de gigantes”, antes de partir sin retorno al hospital Vall d’Hebron, donde murió el 15 de julio de 2003.

Fundador junto a Mario Santiago del hoy famoso movimiento infrarrealista, el ideario del escritor chileno propendía a una poesía construida al margen de los cánones establecidos, por supuesto al margen de la omnímoda figura de Octavio Paz, ligada a un modo de vida que respondía a una estética asentada sobre sólidos principios éticos: la poesía se vive, la poesía puede y debe transformar el mundo.

Tal como escribió en el artículo de la revista Plural, “La nueva poesía latinoamericana. ¿Crisis o renacimiento?”, donde entre otra cosas alaba las palabras de “los anarquistas, los vagabundos, los que viven poesía, los que se pasean vestidos de erizos por la cotidianeidad pequeñoburguesa, a los que les importa un comino el oficio de escritor” para quienes la poesía es una “experiencia viva”.

“Tipos como Pimentel, que ahora tranquilamente encerrado en Lima prepara sus próximas batallas; como Mario (Santiago), que es una especie de Netzahualcóyotl con la imaginación de Pantagruel, y como Bruno Montané, que es la serenidad en persona, no me defraudarán en lo que pienso tiene de viva nuestra poesía”, escribe Bolaño.

“Creo una cosa: si bien ahora el panorama general de la nueva poesía latinoamericana es en un cincuenta por ciento clandestino, dentro de poco tiempo lo será en un cien por ciento. En una época de crisis, el poeta se lanza a los caminos. De esta inmersión obligatoria en mundos nuevos renace la poesía, la verdadera poesía, o se va todo al carajo”, afirmó el autor de Estrella distante.

Como quedó bien claro en el cuento “El gaucho insufrible”, que da título a un compilado que se publicó póstumamente, Bolaño era adorador de Jorge Luis Borges, a quien consideraba un dios o El Dios de la literatura en español.

Era, además, un verdadero hijo del gran poeta chileno Nicanor Parra, a quien conoció en 1998 durante una visita que le hiciera al nonagenario “antipoeta” a su casa de Las Cruces.

“Sólo estoy seguro de una cosa con respecto a la poesía de Nicanor Parra en este nuevo siglo: pervivirá. Esto, por supuesto, significa muy poco y Parra es el primero en saberlo. No obstante, pervivirá, junto con la poesía de Borges, de Vallejo, de Cernuda y algunos otros. Pero esto, es necesario decirlo, no importa demasiado”, escribió Bolaño en el catálogo de la exposición de Parra en Madrid en 2001.

Borges, Parra, Orlando Guillén, por supuesto Mario Santiago, incluso Ernesto Cardenal y Juan Ramón Jiménez son motivaciones poéticas que atraviesan su libro Los perros románticos. La poesía como un sueño inasible da sentido a Tres. Finalmente, toda su poesía se concentra en La universidad desconocida, publicado por Anagrama en 2007.

Son las huellas de una obra poética que no debería ser ignorada, lejos como está de carecer de importancia. Para los académicos queda el estudio de la intertextualidad y del intercambio incestuoso de géneros en la obra de Bolaño. Para nosotros, los poemas, todos ellos escritos con esa pluma incendiaria que muchas veces nos hace llorar, pero otras, como corresponde, nos incita a reír a carcajadas.

“A veces sueño que Mario Santiago / Viene a buscarme con su moto negra / Y dejamos atrás la ciudad y a medida / Que las luces van desapareciendo / Mario Santiago me dice que se trata / De una moto robada, la última moto / Robada para viajar por las pobres tierras”. (Fragmento de “El burro”, poema de Los perros románticos).

Articulo : http://confabulario.eluniversal.com.mx 14/07/2013

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Opinión
Sobrevivir a la indiferencia
Por Álvaro Matus

Punta de lanza de una generación que cambió el modelo derivado del boom, el autor chileno veía la escritura como un combate en el que el creador lleva todas las de perder

El 14 de julio se cumplieron diez años de la muerte de Roberto Bolaño y, aunque suene paradójico, éstos son también los diez años en que ha estado más presente que nunca. Y en esto hay más de literatura que de marketing y moda.

Para empezar, lo innegable: el autor chileno escribió un puñado de novelas breves excepcionales (Estrella distante, Nocturno de Chile, Amuleto) y dos cimas de la literatura en nuestra lengua: Los detectives salvajes y 2666. La primera es un torrente de juventud y la segunda, de crueldad. Con esa prosa rápida pero que sabe dilatarse y dejar al lector suspendido en microhistorias que parecieran no tener nada que ver con el nudo central de la novela, el autor nos hace testigos de la pasión de un grupo de jóvenes por la poesía vista como un modo de vida, una variante del coraje y la libertad. Luego, en 2666, la vocación literaria es atravesada por el horror de la historia del siglo XX europeo y, sobre todo, por los sistemáticos asesinatos de mujeres perpetrados en Ciudad Juárez, lugar donde para Bolaño se condensaba el mal en estado puro.

Como cuentista, bastaría con decir que "Últimos atardeceres en la tierra" califica en cualquier antología del género, sin importar la lengua, la época, el tema. En esas páginas está, sencillamente, todo.

Dicho lo anterior, ya es momento de reconocer que Bolaño fue un poeta discreto y que La pista de hielo, Una novelita lumpen y Amberes son novelas menores. Otros libros aparecidos en forma póstuma tampoco ayudan a acrecentar su prestigio, aunque de eso al autor no le cabe ninguna responsabilidad.

Bolaño, en sus últimos siete años de vida, desplegó un talento especial para arremeter contra las vacas sagradas.

Buena parte de la euforia global que ha suscitado se debe al impacto que produjo en Estados Unidos. Recordemos que su arribo allí fue posterior a su arribo a Francia, Alemania o Italia, donde Bolaño sí fue reconocido en vida. A Norteamérica, en cambio, llegó en calidad de mito: poeta revolucionario, vagabundo, preso en 1973, consumidor de heroína, que produce una obra sobre las dictaduras y que, como broche, muere en el momento en que ha logrado torcerle la mano al destino. Un estudio de Sarah Pollack publicado en la revista Comparative Literature plantea que la figura de Bolaño responde a lo que el lector gringo espera de la literatura latinoamericana hoy, considerando que el realismo mágico estaba totalmente agotado: una mezcla de James Dean, Rimbaud y Che Guevara. Barbara Epler, su editora en New Directions, ha recordado que para quedarse con el contrato de sus libros mayores, Farrar, Straus & Giroux desplegó una aceitada estrategia publicitaria que incluía una "excepcional" página web y el uso de las redes sociales. "Nunca olvidaré la escena en que Facebook y Twitter llevaron a miles de jóvenes a aquel bar del East Village a celebrar la publicación de Los detectives salvajes: fue un caos."
Considerar a Bolaño un genio suena excesivo. Era un gran escritor. Y era un sobreviviente, no de las guerras políticas ni de las drogas, sino del anonimato y la indiferencia del medio literario. Su despegue comenzó cuando tenía 43 años, pero las cantidades de páginas acumuladas demuestran la entrega absoluta a su vocación. En los últimos siete años desplegó un talento especial para arremeter contra las vacas sagradas y recomendó a sus contemporáneos con una generosidad poco frecuente: como quien abre las ventanas de una habitación enrarecida, planeó por toda la literatura continental y dijo: "Lean a Rodrigo Rey Rosa, lean a Horacio Castellanos Moya, lean a César Aira, lean a Fogwill" (todos escritores desconocidos entonces en Chile).

El escepticismo que le producían el éxito, la fatuidad y el poder lo convirtió en un escritor cercano y querible. Veía la escritura como un combate en que el creador tiene todas las de perder. La inmortalidad no existe, repetía una y otra vez. A la hora de erigirse en punta de lanza de una generación, esa actitud vale tanto como su talento narrativo..


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