samedi 6 juillet 2013

Tzvetan TODOROV & Lois VALSA/ El eterno retorno de la ‘Hybris’

CLAVES DE LA RAZÓN PRÁCTICA
El eterno retorno de la ‘Hybris’
Por Tzvetan Todorov / Lois Valsa

Tzvetan Todorov, cuyo faro y antorcha es el filósofo Montaigne, no apuesta por la revolución sino por la responsabilización progresiva de la población". Conversación entre el pensador Tzvetan Todorov y el escritor Lois Valsa, publicada en Claves de la Razón Práctica, número 229.

Tzvetan Todorov, cuyo faro y antorcha es el filósofo Montaigne, no apuesta por la revolución sino por la responsabilización progresiva de la población.

El historiador de las ideas y analista cultural Tzvetan Todorov (Sofía, Bulgaria, 1939) regresó a Madrid para la presentación1 de su último libro, Los enemigos íntimos de la democracia (traducido por Noemí Sobregués, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, Barcelona, 2012). Como Joaquín Estefanía, en una de sus columnas dominicales del diario El País, después de celebrar a Todorov como “uno de los mayores intelectuales de nuestro tiempo”, cambiaba el “íntimos” del título por “internos”, la primera pregunta es: ¿qué diferencia hay, a su manera de ver, entre estos dos términos? El ensayista sonríe ante la matización y aclara que “los enemigos íntimos no son un cuerpo extraño sino que pertenecen a la sociedad, pero los internos pueden ser los terroristas islamistas, como en el caso del 11-M, que pueden vivir dentro del mismo país y están dentro de la sociedad”. “En el caso de los ‘íntimos’ se trata de una perversión de la democracia”, remata.

La segunda cuestión, ya que Todorov, por lo que he ido observando en la lectura de sus obras, suele ir ligando en el tiempo los temas de sus libros, es: ¿con qué tema(s) o qué libro(s) engarza este último? Responde que “puede formar un díptico con El miedo a los bárbaros2, ya que ambos tratan sobre una situación contemporánea pero en aquel eran relaciones exteriores con otras sociedades y en este son relaciones interiores. Relaciones de ahora y dentro de una misma sociedad”. Por otra parte, como este autor tan prolífico suele cambiar de registro una y otra vez, se está planteando ya en su siguiente libro la vuelta a un tema histórico como antes hizo con Goya o los escritores del siglo XX.

Todorov, aunque muchos le traten como tal, no se considera un filósofo y esto ya lo ha aclarado unas cuantas veces. Tampoco se ve como un intelectual militante. La siguiente pregunta es, pues, sobre el papel de los intelectuales: “El intelectual se equivoca con frecuencia”. Por lo tanto “no le escandaliza que los intelectuales estén menos implicados porque no deben ser militantes”. “La solución no va a venir del exterior sino de nosotros mismos. La salvación solo puede pasar por una reapropiación del poder por parte del pueblo. Y en ese proceso los intelectuales deben ser agitadores de las ideas, del mismo modo que los medios de comunicación tienen que contribuir a defender los ideales de la democracia. Un intelectual debe aportar luz implicándose en el debate público cuando lo siente como una urgencia y no sentirse culpable cuando calla. Siempre desde la humildad y la modestia, debe agitar las ideas, pero no convertirse en un militante al servicio de los poderes. Cuántas veces se han equivocado los intelectuales, cuántas veces se han dejado seducir por la belleza de un pensamiento”.

Este pensador, cuyo faro y antorcha es el filósofo Montaigne, desde luego no está pensando en la revolución sino en esa línea de responsabilización progresiva de la población (la responsabilidad es un tema muy importante no solo de este libro sino del conjunto de su obra). Siguiendo hoy la estela de Hessel o Edgar Morin, defiende la necesidad de una “primavera europea” a través de movilizaciones y búsqueda de nuevas vías. Porque “vemos avanzar la deshumanización a pasos de gigante. Hay una separación total entre la economía y la política que provoca que todo lo que atañe al individuo –sus valores, su espiritualidad, su bienestar social– se sacrifique ante el altar de la productividad. Yo soy un indignado.

También me indigno ante el sometimiento a esa lógica implacable que no se traduce en una mejoría de la situación económica pero sí en una degradación del ser humano”. “Estamos ante un cuadro ecológico”, remata. No cree en la revolución ni en el tío de América. Sí en la toma de conciencia de cada uno porque ‘la solución saldrá de cada uno de nosotros”. No ve el mundo con el optimismo de Candide. Desde luego, “hay que limitar el poder de los medios” (pone el ejemplo de Berlusconi en Italia). “Hay que vigilar la pluralidad en la Constitución porque sino no existiría una verdadera democracia. Hay que limitar el poder económico”. Porque “uno de los principios de la democracia es poner límites a todos los poderes y el económico no debe ser de índole diferente; también hay que limitarlo, del mismo modo que el de la comunicación. Las democracias exigen pluralidad de las fuentes de la información, la posibilidad del contraste, de la oposición al pensamiento único”.

Porque en la desmesura, en la hybris3, llegamos a creer que todo es posible e ilimitado.

Lois Valsa: ¿Por qué eligió como “marco teórico general” de esta obra el debate entre Agustín de Hipona y el monje Pelagio y la herejía pelagiana?4.
Tzvetan Todorov: Bueno, vamos a ver, porque lo que yo quería abordar con esto es el conflicto de fondo entre un pensamiento que dice que es posible cambiarlo todo, que basta con la voluntad del esfuerzo individual para transformarlo todo, que podemos transformar el mundo humano por completo; y otro punto de vista más modesto que pretende que existen límites impuestos a la acción de la voluntad humana. Me da la sensación de que esta polémica, esta controversia, recorre toda la historia de Occidente e incluso hoy en día sigue determinando posiciones políticas concretas.

Entonces por eso quise mencionarlo al comienzo del libro a modo de prólogo. ¿Por qué elegí ese episodio? Bueno. Porque yo quería que fuese un episodio muy claro, muy elocuente. En la Antigüedad podía haber encontrado otros muchos ejemplos posibles. Se podía oponer el espíritu de Prometeo y de Dios que le castiga puesto que Prometeo querría dar la máxima libertad al ser humano. O nos podríamos remontar a la Biblia y haberme remitido al dios bíblico, o al dios del monoteísmo en general que es muy distinto de los dioses griegos en la medida en que él no entra en un mundo que existe ya de por sí y que tiene una entidad propia sino que es un dios que crea el mismo el mundo y que el mundo tal cual es sea bueno o malo es enteramente responsabilidad de dios. ¿No? De ese dios de la Biblia. Y hay otros muchos ejemplos que podíamos haber encontrado, ejemplos más antiguos, pero me gustó esto que era una controversia real que sucedió hace mil seiscientos años porque transcurrió entre el año 411 y el año 414 más o menos.

L.V.: ¡Por qué este ejemplo le pareció muy elocuente para plantear este debate?
T. T.: Me pareció un ejemplo muy elocuente en el que por un lado tenemos a un monje británico, Pelagius, que asegura que el hombre es capaz de salvarse solo, y por otra parte tenemos a san Agustín, padre de la Iglesia, que desea afirmar la necesidad de que el ser humano, el individuo, se someta a un poder superior. ¿No? Entonces lo que me ha atraído de este episodio es que están ahí sus dos representantes de dos tendencias distintas de la ideología cristiana y que ninguna de las dos me satisface. Entonces, en este sentido, existe un conflicto en el que yo no quiero tomar partido por ninguno de los dos bandos, de elegir el uno contra el otro, sino más bien de evaluar la contribución del uno y del otro a esta problemática. ¿No? Entonces era buscar una forma muy clara, muy elocuente, de abordar el problema.

L.V.: ¿Cuál es la amenaza mayor de los enemigos, de los tres enemigos que usted nos señala, de la democracia? ¿Y cómo se conjuga el término más usado de “neoliberalismo de Estado” con el que usted defiende y suele usar de “ultraliberalismo”?
T. T.: Bueno. Para hablar primero del tema del neoliberalismo y del ultraliberalismo sí hay un matiz, y en el libro lo menciono, aunque sean dos pasos que van en la misma dirección. Yo diría que el ultraliberalismo exige un esfuerzo del propio Estado que debería defender los intereses colectivos y no los intereses de algunos individuos para que el Estado haga todo lo posible para facilitar el control y el dominio de unos cuantos individuos sobre las palancas del poder.

Es decir, el ultraliberalismo exige al Estado que renuncie a legislar y que desmonte la legislación, por ejemplo en materia laboral. Es decir, que deje de haber una ley que regule las relaciones laborales para que existan solamente los contratos. Ahora bien, ¿qué pasa en este caso? ¿Cuál es la diferencia? La diferencia entre los dos es que el contrato se hace en contratación directa: hay un señor que tiene el dinero y hay otro que quiere vender su trabajo. Uno le propone al otro tal condición y el otro la acepta o no la acepta. Esto es un juego entre dos. En cambio, si hay una ley tenemos una tercera instancia que va a velar para que la operación, la transacción, el acuerdo, se haga de una manera justa para las dos partes implicadas, es decir, para preservar el interés de los unos y de los otros, y que fija lo que son las condiciones justas en una ley. Lo recoge por escrito. Entonces el ultraliberalismo tiende a desmantelar toda la legislación que controla su propia acción. El neoliberalismo todavía no ha llegado a someter al Estado a sus propios objetivos. El neoliberalismo existe desde hace tiempo, desde mediados del siglo XIX, y es un movimiento que era ideológico hasta que la señora Thatcher, Reagan o Pinochet, y algunos otros jefes de Estado lo convirtieron en una práctica neoliberal extrema que es la que se ha transformado en ultraliberalismo extremo que domina ahora mismo el pensamiento económico contemporáneo.

L.V.: ¿Y la amenaza más grave?
T. T.: Con respecto a saber cuál de las amenazas es más grave, si es el mesianismo, el ultraliberalismo o el populismo, yo creo que no podemos decir cuál es la peor, así en abstracto, sino que va a depender mucho de la situación concreta y de las evoluciones en cada país, ¿no? Son dominios diferentes. Según la situación será el uno o el otro, según el desarrollo en tal o en cual país. Si tomamos el ejemplo de los países nórdicos, escandinavos, hoy, me parece que el ultraliberalismo no es el peligro más fuerte en la medida en que son países con fuerte tradición socialdemócrata, que tienen un Estado del bienestar muy asentado (Suecia, Noruega, Finlandia, etcétera).

Sin embargo, el asombroso auge del populismo en tiempos recientes ha llevado a una situación de discriminación importante y a que se instaure un clima de miedo y de desconfianza cuyo ejemplo reciente lo tenemos en los atentados de Breivik en Noruega, que no se ha puesto a matar a los musulmanes que son demasiado numerosos sino a sus defensores, es decir, a la juventud socialdemócrata. Entonces me parece que en Noruega el peor enemigo íntimo de la democracia es el populismo. Les dejo a ustedes que juzguen el caso de España.

En Francia sería difícil elegir pero el hecho de que, a diferencia de otros países, de la mayoría de los países del entorno europeo, se mantenga una política internacional agresiva y se defienda la noción de guerra humanitaria, y esta idea haya estado sostenida no solo por el Gobierno de la derecha de Sarkozy sino también con el apoyo de la izquierda, de la oposición de izquierda en la que ha participado el señor Hollande, a mí me parece muy preocupante. Es decir, que exista un consenso en Francia entre los distintos partidos y fuerzas políticas sobre la idea de que la guerra humanitaria sí es aceptable y que solo decirlo nos tendría que alarmar: ¿cómo vas a hacer un bien humanitario a través de una guerra? Me parece que en Francia este tipo de mesianismo sería la peor amenaza.

L.V.: ¿Por qué cuestiona las acciones del Tribunal Penal Internacional y las actuaciones de la ONU?
T. T.: Sí. Hay dos cuestiones conexas. Una es el Estatuto del Consejo de Seguridad. El Consejo de Seguridad, como ustedes saben bien, tiene cinco miembros permanentes que tienen el derecho de veto y esta estructura es la consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, porque estos cinco países eran considerados, un poco abusivamente en el caso de Francia, como los vencedores de la guerra. Esto no constituye de ninguna manera una legitimidad absoluta para administrar los asuntos del mundo. Por ejemplo, un país que tiene mil millones y medio de población no tiene ningún derecho y Francia que tiene sesenta y cinco millones tiene el derecho. Esto plantea un problema porque son los países más poderosos los que tienen la mayor tendencia a usar de la fuerza. Es casi una todología. Entonces ninguna intervención de EE UU, China, Francia, Gran Bretaña y de Rusia puede ser condenada. Chechenia, Tíbet, etcétera, sería otro contexto. Las intervenciones se dan en un contexto y en otro contexto. Entonces yo pienso que esta legitimidad en esas condiciones de conflicto es contestable. Yo no quiero decir sin embargo que las opiniones de las Naciones Unidas no pesen, pero no son las Naciones Unidas las que deciden sobre tal intervención, sino su Consejo de Seguridad, y en este están, no importa quién, los cinco países que tienen derecho a veto. De ahí mis reticencias. Sus decisiones no son necesariamente malas, pero nadie garantiza que sean buenas puesto que defienden siempre los intereses de los poderosos.

L.V.: ¿Y en relación a la Corte Penal Internacional (CPI)?
T. T.: En lo que se refiere a la segunda parte de la cuestión que concierne a la Justicia Internacional se plantea un problema por la misma razón porque las acusaciones de esta Justicia de la Corte Penal Internacional deben ser aprobadas por el mismo Consejo de Seguridad y entonces esto continúa. Pero, además, si se observa la práctica de la CPI se siente uno golpeado por el hecho de que los únicos países que han debido responder, como jefes de Estado y personalidades públicas, de los crímenes delante de la CPI sean los africanos. Yo encuentro que esto se vuelve una situación un poco tragicómica. ¿Es que es el continente donde reina la mejor justicia del mundo o es el único personaje que la Corte puede juzgar? Yo apreciaba una fórmula de George Orwell que decía que al día siguiente de la Segunda Guerra Mundial, cuando hubo movimientos de depuración en todos los países europeos, se cogieron muchas ratas medias pero todas las grandes ratas se escaparon. Yo pienso que la Justicia Internacional permite atrapar a un cierto número de pequeñas ratas pero no a ninguna rata importante hasta ahora.

1 La presentación de este libro, ya el noveno publicado por la editorial Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, y la rueda de prensa consiguiente, tuvieron lugar el día 11 de mayo de 2012 en la sede de la Fundación Juan March de Madrid. Con ocasión de esta entrevista aproveché para proponerle a su director Javier Gomá que convocase a Todorov algún día para que nos impartiese una “lección magistral”, puesto que las entrevistas a este gran erudito de la cultura nos saben a poco a pesar de sus largas, reflexivas y meditadas respuestas.

2 Más allá del choque de civilizaciones como subtítulo (traducido por Noemí Sobregués, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, Barcelona, 2008). Pienso que es un libro clave en la trayectoria del autor. Y en él se planteaba un tema crucial de las sociedades y culturas contemporáneas: entre el miedo y el resentimiento, ¿cómo evolucionan las sociedades marcadas por el miedo y las sociedades impregnadas por el resentimiento?

3 “Los antiguos griegos consideraban que el peor defecto de la acción humana era la hybris, la desmesura, la voluntad ebria de sí misma, el orgullo de estar convencido de que todo es posible. La virtud política por excelencia era exactamente su contrario: la moderación, la templanza” (pág. 13).

4 Esta controversia de Pelagio y Agustín la refuerza poco después Todorov con un artículo en el El País: ‘Somos capaces de todo’ (15-5-2012). Suele ser habitual en el autor ampliar, o explicar didácticamente, sus textos en artículos de prensa en los que lleva, de la misma forma que en sus libros, los temas del pasado al presente y viceversa. En este caso liga la propuesta de Pelagio con la respuesta del presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, el general Martin E. Dempsey, sobre si era previsible una intervención militar en Siria. El general respondió: “We can do anything” (“Podemos hacer cualquier cosa”), The International Herald tribune, 12 de marzo de 2012. La conclusión de Todorov en este artículo está, pues, directamente ligada al tema de la hybris: “Lo que estas tres personas (el sargento Bales, Breivik y Merah) tienen en común, aparte del conflicto Occidente-Islam, es el hecho de haber ignorado los límites que suelen enmarcar los comportamientos humanos. Igual que el general Dempsey, un día creyeron que podían hacer cualquier cosa. Alimentados por discursos que presentan a los enemigos como una amenaza mortal, decidieron asumir el papel de defensores y justicieros… y empezaron a disparar”.


Articulo : http://www.elboomeran.com 04/07/2013

Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ∕Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules

Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules Por Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ 2017 marca el centenario de la cantautora de “Gracias a la vida” y ta...