samedi 3 août 2013

Hugo BECCACECE/ Un tenor y dos poetas

Crónicas de la selva
Un tenor y dos poetas
Por Hugo BECCACECE 

La presencia de Otelo cedió paso a los versos de Neruda durante un recital íntimo; en la Fundación Pericles se reveló la naturaleza felina de un autor colombiano

La rebelión de las máquinas. El Colón estaba colmado. Era la función vespertina del último domingo. Se estaba interpretando Otelo, la ópera de Verdi, con régie y escenografía de José Cura que, además, encarnaba al protagonista. Nadie esperaba lo que estaba por ocurrir. En la puesta de Cura, los cuatro actos de la ópera se desarrollan sobre el disco giratorio del teatro, dividido en tres sectores que corresponden a sendos escenarios. El disco gira y, en pleno movimiento, los personajes pasan de un sector a otro por distintas puertas sin que la acción se interrumpa. El tenor, régisseur y escenógrafo quiso darle al montaje un ritmo cinematográfico. Eso exige que todo funcione a la perfección. El domingo, cuando estaba por terminar la penúltima escena del tercer acto, precisamente en el momento en que Otelo-Cura quedó solo y debía abandonar el gran salón del castillo para transponer una puerta y llegar al espacio siguiente, el disco, dócil hasta entonces, de repente se empacó: imposible hacerlo avanzar. Cura alzó los brazos, como si implorara al cielo. Estaba dando una orden. Se bajó la cortina. Pasaron unos minutos. Volvió a alzarse el telón. Se reinició la última escena para dar continuidad al canto, como si se hubiera tratado de un largo bis. De nuevo, Otelo quedó solo y el disco, una vez más, se rebeló. Otra vez bajó el telón. Espera. Una voz anunció que, terminado el tercer acto, habría un intervalo no previsto, y por último se representaría el cuarto acto. Nadie confiaba en el suministro eléctrico ni en un mecanismo indolente que postergó veinte minutos la muerte de Desdémona y el suicidio de su violento esposo. Final feliz: ambos expiraron en público.

Neruda por Cura . Lunes, al anochecer, departamento del diplomático Maximiliano Gregorio y su esposa, la crítica Cecilia Scalisi. Más de cuarenta personas esperaban a José Cura en el cóctel organizado por los dueños de casa en homenaje al artista: un salón musical a la manera de los europeos de principios del siglo XX. Entre los invitados estaban el embajador de Alemania, Bernhard Graf von Waldersee, el embajador Eduardo Sadous, María Kodama, María Sáenz Quesada, Hipólito Solari Irigoyen, Juan José Sebreli, Horacio Jaunarena, José Claudio y Rita Escribano, Marina Taquini de Blaquier, Florencia Ure, Josefina Delgado, Roberto Montes y Gino Bogani, además de Iago (el barítono Carlos Álvarez), Desdémona (la soprano Carmen Giannattasio) y el director Massimo Zanetti.

Apenas llegó, Cura se sentó junto a Scalisi, los dos frente a una improvisada platea . El cantante explicó que había concebido a Otelo según una óptica más moderna y cruda. Desdémona es una víctima de la violencia de género; el moro, un mercenario que se vende al mejor postor, un cristiano converso por interés, un traidor a su sangre. Después el régisseur contó lo que había ocurrido la tarde anterior en el Colón. Cuando el disco se paralizó, Cura estaba de espaldas al público. "Sentía tres mil pares de ojos clavados en mí, aunque no los veía"; en cambio, podía ver entre bambalinas al cuerpo técnico y a los otros cantantes que con gestos le informaban lo obvio: "No funciona". Alzó los brazos y dijo: "¡Telón!".

Cura no se limitó a hacer un relato para sus oyentes del cóctel. Cantó por primera vez en Buenos Aires las canciones que compuso a partir de sonetos de Pablo Neruda, acompañado por el pianista Marcelo Ayub.

Son un dúo literario querido, esperado y admirado. Todos los años, Manuel Borrás ("Manolo"), uno de los tres responsables de la prestigiosa editorial española Pre-Textos, llega a Buenos Aires en la compañía del poeta colombiano Darío Jaramillo. Manolo vive en Valencia; Darío, en Bogotá, pero los dos vienen juntos para visitar a sus amigos porteños. Días atrás, los dos hablaron en la Fundación Pericles. Manolo contó sus peripecias de editor (el catálogo de Pre-Textos es uno de los mejores de habla hispana) y presentó a Darío, que leyó sus poemas. Los dos se conocieron en Caracas. Eran jurados en un premio. Comenzaron los debates. Cuando Jaramillo justificó su voto, Borrás se dio cuenta de que ese hombre tenía la misma visión de la literatura que él. El poeta expresaba lo que el editor pensaba. Manolo se dijo: "Quiero ser su amigo". En pocos días, lo logró. Los dos se complementaban y coincidían como piezas de un rompecabezas. Darío le dio a Manolo algunos de sus libros. El editor los reservó para leerlos más tarde. "Hasta que no me enfrento en soledad a un poeta, no sé si es bueno o no." Por la noche, se puso a recorrer esos volúmenes. Tuvo que interrumpir porque se anunciaba la luz del día. Más tarde, editó varias de las obras de Jaramillo. Una declaración clave de Borrás: "Edito lo que no puedo olvidar". Y edita, sobre todo, lo que querría leer. Dos ejemplos de cada caso. Va a publicar los cuentos y poesías completas de Ángel Bonomini. Y está empeñado en persuadir a Eduardo Paz Leston (Teddy) de que termine de escribir sus memorias porque Teddy es un testigo privilegiado de casi cincuenta años de vida literaria y artística en la Argentina.

Jaramillo ama a los gatos; sin embargo, no hay gatos en su departamento de Bogotá. Por suerte, puede observarlos en el patio del edificio. Esa suerte no es tanta, porque lo ha llevado a un conflicto con sus sentimientos. Por las mañanas, hasta no hace mucho, el patio estaba poblado de pájaros que, por la mañana, despertaban al poeta con sus cantos. Él era feliz porque también ama a los pájaros. Para mayor felicidad, llegaron los gatos nómades. No se puede ser tan feliz. La gata inaugural, corpulenta y aviesa, recibió de Darío el nombre de Francisca. En poco tiempo, Francisca ("la canalla, la infame", la recuerda Darío, tironeado por la furia y el embeleso) se comió uno, dos, tres pájaros. Las aves no volvieron al patio. A la especie amada y asesina, Jaramillo le consagró la serie de poemas Gatos, que leyó en Pericles. Algunos versos: "Sabiduría del gato: hacer pereza todo el día sin llegar nunca al tedio". "Astucia del gato:/ fingir que es un animal doméstico." Jaramillo aclaró: "Yo soy gato".

Explicó su concepción de la ópera de Verdi que presenta en el Colón y sorprendió con canciones propias
José Cura
Cantante lírico

De visita en Buenos Aires, leyó Gatos, una serie de poemas consagrada a esa especie amada y asesina
Darío Jaramillo
Poeta


Articulo: http://www.lanacion.com.ar 26/07/2013

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