dimanche 29 septembre 2013

Abida VENTURA/ Premio Manuel Acuña: El gran premio de las cien mil preguntas

Premio Manuel Acuña: El gran premio de las cien mil preguntas
Por Abida VENTURA

Para los jóvenes artistas integrantes del taller de gráfica El Chanate, asociación civil de Torreón, Coahuila, dedicado desde hace 11 años a la formación de públicos en artes plásticas, el clima de violencia que se vive en su ciudad no ha sido un impedimento para salir a las calles y llevar el arte del grabado a las colonias populares.

Desde enero, con un triciclo que convirtieron en taller móvil, El Chanate-Móvil recorre las calles, mercados y plazas enseñando y promoviendo el arte a jóvenes que carecen de recursos para la colegiatura en alguna universidad o centro de formación de artes plásticas, y a gente que no acude a galerías, museos, mucho menos al teatro, pues, según el Sistema de Información Cultural y la Encuesta Nacional de Hábitos, Prácticas y Consumo Culturales realizada por Conaculta en 2010, en Coahuila —que tiene una población de 2 millones 748 mil 391 habitantes—, existen 21 teatros, a los que 93.9% de la población no asiste ni siquiera una vez al año, y 51 museos, a los que solo asiste un 33.3%.

La labor realizada por El Chanate es de llamar la atención en un estado que, de acuerdo con información de Conaculta, en infraestructura cultural se ubica en el sexto lugar de los nueve estados de la zona norte del país, tan solo por arriba de Baja California, Baja California Sur y Chihuahua, y en el séptimo en cuanto a oferta cultural. A pesar de eso, El Chanate no cuenta con suficientes apoyos económicos y lo poco que ha recibido de las administraciones estatales y municipales en los últimos dos años se ha reducido notablemente.

Hasta hace dos años, el Instituto Coahuilense de Cultura (Icocult), ahora convertido en Secretaría de Cultura, les otorgaba 25 mil pesos mensuales. Con la nueva administración el apoyo se redujo a 10 mil. Una cantidad que, comenta Norberto Treviño, coordinador de El Chanate, apenas alcanza para pagar la renta, el agua, la luz y el teléfono, mas no para la creación artística. Además, a principios de este año la Dirección Municipal de Cultura de Torreón les retiró un apoyo económico de siete mil pesos mensuales para pagar a dos maestros de grabado.

Ese recorte responde a la difícil situación que enfrenta la administración cultural del municipio, cuyo presupuesto de este año (1.5 millones de pesos) se redujo 50% respecto al del anterior: en 2012 fue de tres millones de pesos. Por esto, algunos talleres dejaron de funcionar. De hecho, explica  el escritor Jaime Muñoz Vargas, director de Cultural del municipio, en este año, último de la actual administración local, se han dado planes severos de austeridad: “en todas las dependencias fue recortado el suministro de gasolina, se restringió el número de llamadas a celular desde la oficina y a los trabajadores se nos han aplicado dos decrementos de cierto porcentaje en los sueldos”.

Muñoz Vargas asegura que el plan de la oficina que dirige ha sido proponer sólo actividades con artistas locales. “Con esto hemos logrado mantener una agenda nutrida de presentaciones; hemos publicado cerca de veinte libros; la Orquesta Sinfónica Juvenil y la Banda Municipal siguen en pie y los centros culturales y museos del municipio, así sea en medio de carencias, siguen abiertos a la comunidad y trabajando”, indica vía correo electrónico.

Y mientras en esa ciudad de la Comarca Lagunera el colectivo El Chanate lucha por sobrevivir a través de subastas o colaboración con fundaciones, y la Dirección Municipal de Cultura requiere de recursos para remozar los dos centros culturales, los cuatro museos y la red local de bibliotecas, el Gobierno de Coahuila, a través de su Secretaría de Cultura, ha organizado un magno homenaje al poeta Manuel Acuña, con motivo del 140 aniversario de su muerte. El estado, que mantiene una deuda de casi 36 mil millones de pesos con la federación, ha decidido gastar en esas actividades 5.5 millones de pesos de recursos públicos, que serán pagados por los contribuyentes del país: 3.5 millones de pesos para la realización del Encuentro Internacional de Poesía Manuel Acuña y 2 millones de pesos para el Premio Internacional Manuel Acuña de Poesía en Lengua Española.

Estos gastos dejan abiertas muchas preguntas. El problema, comenta el antropólogo y especialista en legislación cultural Bolfy Cottom, es la poca claridad respecto de la aplicación de los montos que la Cámara de Diputados aprobó en el Presupuesto de Egresos de la Federación 2013 para la realización de esas actividades. Según el documento del PEF 2013, en el Anexo 35.4 de Apoyos y Donativos, para el estado de Coahuila hay un presupuesto etiquetado de 2 millones de pesos para el “Premio Iberoamericano de Poesía Manuel Acuña”; y otro de 4.5 millones de pesos para la realización del “Encuentro Mundial de Poetas”, recurso catalogado entre los proyectos culturales no gubernamentales, y que fue promovido por la Asociación Civil Brive Cultural. A cierre de edición, una pregunta no fue respondida por la Secretaría de Cultural: ¿quién preside y quiénes forman parte de esta asociación?

Originalmente sería esa AC la que apoyaría la realización del encuentro de poetas, pero los trámites en la Dirección General de Vinculación Cultural de Conaculta, el área especializada en la gestión  de los proyectos etiquetados, se retrasaron, y el recurso no llegaría hasta noviembre, tres meses después de la celebración del encuentro que se realizó a finales de agosto. Como medida de emergencia, la dependencia estatal decidió solventar el gasto con parte de su presupuesto general, que para este año es de 314 millones de pesos, incluidas las partidas federal y estatal. Según información de la Secretaría de Cultura de Coahuila, debido a que el costo del encuentro podía ser pagado por la dependencia, la Asociación Civil desistió del recurso, por lo que ese dinero nunca se ejerció.

Con un millón de pesos menos de lo previsto, el encuentro se llevó a cabo del 27 al 30 de agosto en Saltillo, Arteaga, Torreón y hasta en el DF. Congregó a 40 poetas, nacionales y extranjeros, en mesas de lectura, presentaciones de libros y discusiones en torno a la poesía en plazas y parques. Los otros dos millones de pesos etiquetados dentro del gasto federal están destinados al premio de poesía, único en su tipo por ofrecer una bolsa de 100 mil dólares (un millón 231 mil pesos, aproximadamente), una cantidad que, al convocar a todos los poetas de habla castellana, sin importar su lugar de residencia, podría beneficiar a algún creador residente en otro país, pues a la convocatoria llegaron 728  trabajos, de 22 estados del país y de otros 22 países, entre ellos Finlandia e Israel.

Por el monto que ofrece, el galardón dedicado al autor de “Nocturno a Rosario” se convierte en el mejor pagado en México para obra poética inédita, con una cifra casi tres veces mayor a la que otorga el Premio de Poesía Aguascalientes, el de mayor tradición en México, que desde este año está dotado de 500 mil pesos. Además, el galardón se coloca apenas por debajo de dos que se entregan en México como reconocimiento a toda una trayectoria literaria: el Premio Internacional Carlos Fuentes, dotado con 250 mil dólares, y el Premio FIL de Literatura, de 150 mil dólares.

La convocatoria cerró el 21 de junio. Pero, en un contexto en el que integrantes de la comunidad intelectual han criticado la poca transparencia en la revisión de los textos candidatos a premios, el jurado del Premio Manuel Acuña puede levantar demasiadas sospechas si no lleva a cabo un proceso de selección riguroso y confiable. Pues, como indica el escritor Gabriel Zaid, en su artículo “Claridad en los Premios” (Letras Libres, abril de 2012), “un concurso de novela para escoger la mejor entre quinientas no puede ser serio, porque no es posible que todos y cada uno de los jurados hayan leído todas y cada una de las quinientas novelas. Es un fraude al público y a los 499 perdedores, movilizados para cubrir las apariencias. Si existe un jurado previo encargado de eliminar las que no merecen llegar al jurado final, este procedimiento debería ser explícito y los nombres de los encargados de la preselección deberían ser públicos, así como la lista que resulte de su trabajo”.

En el caso del Premio Manuel Acuña, Ana Sofía García Camil, secretaria de Cultura del estado, sostiene que el proceso de selección ha sido riguroso. Entrevistada durante la Reunión Nacional de Instituciones Estatales de Cultura que se llevó a cabo el 22 y 23 de agosto en Querétaro, la funcionaria sostuvo que, a partir del cierre de la convocatoria, un prejurado de cinco personas seleccionó cien trabajos de entre los 728 recibidos en cinco días. “La preselección se hizo con base en la revisión de ciertos requerimientos; por ejemplo, la eliminación de los trabajos que no cumplían con los requisitos de las bases; también se fijaron en la calidad que presentaban”. Esta medida abre una interrogante muy grave: ¿qué tan confiable es esa selección previa? “Todos se recibieron con seudónimo, no sabemos de quiénes son los trabajos, así que no se puede decir que se favoreció o anuló a alguien en particular”, añadió la funcionaria.

Los tres jurados internacionales, cuyos nombres no se han dado a conocer, tendrán poco menos de 90 días para leer y analizar esos 100 textos y emitir su fallo el próximo 20 de septiembre. Aunque, advierte la funcionaria, la fecha podría posponerse, pues los jurados han solicitado más tiempo para la deliberación. “Quizá agreguemos 15 días más; como la premiación es el 6 de diciembre, tenemos tiempo para mover el fallo y que se haga una lectura muy acuciosa”, dijo.

Al final del proceso habrá un poeta que, además de embolsarse los 100 mil dólares, ganará proyección, incluso la oportunidad de ver su obra publicada, aunque el libro pueda llegar tiempo después de lo anunciado. La promesa del Manuel Acuña, según su convocatoria, es la publicación de la obra ganadora en una coedición entre la Secretaría de Cultura de Coahuila y el Conaculta. Pero, por el momento, hay una pregunta más que no tiene respuesta: se desconoce el tiraje y las condiciones de la edición. La Dirección General de Publicaciones de Conaculta afirma que aún no se ha firmado el convenio de colaboración, mientras que García Camil asegura que se están revisando otras editoriales para definir con cuál trabajar. “Ahorita no sabemos con quién… queremos hacerlo con una buena editorial para que haya una distribución a nivel nacional. Ojalá podamos saberlo para la premiación, pero quizá no lo logremos [presentarlo este año]; aun así tendremos más oportunidades, por ejemplo, cuando presentemos la segunda edición del premio”, dijo.

Con esta serie de actividades en memoria de Manuel Acuña, el Gobierno de Coahuila parece no escatimar recursos públicos en la promoción de la literatura para lograr “poner a Coahuila en el mapa literario nacional”. “Uno de los temas que nos interesan es el fomento a la lectura. El promedio de lectura que se tiene en el estado es de menos de un libro al año”, admite García Camil. La página web del Sistema de Información Cultural del Conaculta revela que Coahuila cuenta con 35 librerías, que reciben apenas a un 9.2% de la población durante el año, y con 140 bibliotecas, a las cuales el 80.4% de los coahuilenses confiesa nunca asistir.

Ante ese panorama, algunos artistas critican el proyecto del gobierno estatal. “Dicen que no hay dinero para apoyar a proyectos que ya vienen andando desde hace tiempo, pero sí hay para festivales y para dar premios millonarios. Es un poco incoherente la postura de la Secretaría de Cultura”, señala la grabadora Patricia Hernández,  representante legal del Taller El Chanate.

En todo el año, en Coahuila se realizan diversos festivales, entre ellos el Festival de Cultura Infantil y Juvenil La Maroma, el Festival Internacional de las Artes Julio Torri, el Festival de la Palabra, entre otros. “Sí, son un chorro de cosas pero solamente duran tres horas, o un par de días; no hay un seguimiento. Es hasta cierto punto frívolo, como de relumbrón. No hay un trabajo de campo, no hay una investigación”, opina Norberto Treviño.

Por su parte, Jaime Muñoz Vargas, quien considera que en la promoción literaria es más efectiva la edición de libros y la creación de grupos de lectura con niños y jóvenes, comenta que, dado que los recursos son siempre escasos, la gestión cultural debe centrarse más en el trabajo con artistas y promotores locales: “Soy de la idea de que lo que cuesta, por ejemplo, traer a un gran conferencista, a un artista consagrado de cualquier disciplina, puede equivaler a la manutención durante un año de un taller de pintura o música en una colonia o en un centro cultural popular”.

El escritor Vicente Alfonso, nacido en Torreón y residente en la ciudad de México, sugiere que, ante el recorte de recursos a programas artísticos, habría que insistir en que se transparenten los créditos “contratados ilegalmente durante la administración pasada”, la estatal, con Humberto Moreira y la federal, con Felipe Calderón: “Lo que se invirtió en el encuentro Manuel Acuña es casi nada comparado con esa megadeuda de más de 36 mil millones de pesos que tardaremos décadas en pagar, y lo peor es que ni siquiera sabemos puntualmente dónde quedó ese dinero. Pretender austeridad recortando la cultura, que históricamente ha contado con partidas bajas, sería un error. Antes propondría organizar más actividades para difundir, por ejemplo, la poesía de una escritora extraordinaria, Enriqueta Ochoa. También formalizar muchos talleres (literarios, de danza, de artes plásticas) que han subsistido con mínimo apoyo”, señala el autor de la novela Partitura para mujer muerta.

Como Vicente Alfonso, el escritor Julián Herbert, nacido en Acapulco pero residente de Saltillo desde hace años, celebra que con actividades como el Premio Manuel Acuña y el encuentro se haga promoción a la literatura. Sin embargo, admite que existe poco apoyo a artistas y creadores: “Me parece que es debatible el hecho de que un estado que tiene muchos problemas ofrezca un premio tan grande, pero desde mi perspectiva, como autor de poesía, está padre que existan un premio así y que un escritor se lo pueda ganar… También lo que me parece es que en algunos aspectos se han invertido más en obras muy grandes, en grandes conciertos, exposiciones y menos en el trabajo de los artistas de a pie. Son cosas que suelen suceder”.

Aunque el autor de la novela Canción de tumba y el libro de poemas La resistencia aplaude ese proyecto de promoción a la literatura, pone en tela de juicio el hecho de que esté dedicado a Manuel Acuña, quien, considera, no es el mayor poeta que ha dado Coahuila, sino “un poeta de mediana tabla”.
(Con información de Alida Piñón).

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Manuel Acuña, el poeta y el suicida
Por Ernesto LUMBRERAS

Víctima de su popularidad y de la leyenda desatada en torno a su novelesco suicidio, la azarosa obra de Manuel Acuña ha sobrevivido a los gustos literarios de varias épocas y generaciones, a los movimientos y a las escuelas poéticas que la eclipsaron o la descalificaron —del modernismo a los vanguardias del siglo XX— así como al escrutinio de numerosos críticos que, en el mejor de los casos, “le perdonaban la vida” por el mérito de reunir dos o tres poemas de valía.

El arco de tiempo de su producción literaria es impresionantemente breve: cinco años. Como lo anota José Luis Martínez en su edición de las Obras de Acuña, el autor “escribe su obra entre 1868 y 1873, es decir, entre sus diecinueve años y sus veinticuatro años…” (Porrúa, México, 1986). En otras latitudes geográficas y estéticas, la obra de Arthur Rimbaud, según refiere Verlaine, se escribió entre los 16 y 22 años; la de John Keats, que también fue estudiante de medicina como Acuña, se gestaría entre los 18 y 25. Sin embargo, a diferencia del francés y del inglés, el mexicano dejaría una obra dispersa en periódicos y revistas con la sola excepción de La gloria (1873), breve poema escrito en dos cantos publicado en un fascículo pocos meses antes de su trágico final.

Con la estima y la tutela intelectual de las figuras del momento, Ignacio Ramírez e Ignacio Manuel Altamirano a la cabeza, el joven poeta se convertiría muy pronto en l’enfant terrible de la poesía mexicana romántica. ¿Cuáles fueron las pruebas y los escenarios para alcanzar tal reconocimiento? Coincidiendo con su entrada a la Escuela de Medicina en 1868, Manuel Acuña ingresó a la vida literaria de aquellos años participando en la Sociedad Filoiátrica y en la Sociedad Literaria Netzahualcóyotl y, más tarde, en 1872, en calidad de socio titular en el prestigiado Liceo Hidalgo; asimismo publicará poemas y artículos en los principales diarios y revistas de la restaurada República, El Renacimiento, El Libre Pensador, El Federalista, El Siglo XIX, El Búcaro, El Domingo, La Iberia, El Anáhuac, La Democracia, El Eco de Ambos Mundos y en el periódico humorístico El Torito. Sin embargo, el acontecimiento que colocaría la corona de laurel sobre sus sienes sería, literal y simbólicamente, el estreno de su obra El pasado el 9 de mayo de 1872 en el Teatro Principal; dicho drama tendría, en total, cuatro representaciones; el escenario de la última fue el Teatro Nacional, el 26 de julio de 1873, a cargo de la compañía del famoso actor español José Valero teniendo en el papel de Eugenia a la primera actriz Salvadora Cairón (refiere José Luis Martínez que el drama de Acuña también se representó en Toluca y en Puebla).

Habría que destacar un coliseo más en la exhibición y la aprobación del genio de las glorias líricas del México de finales del tercer cuarto del siglo XIX: las tertulias literarias. En tales reuniones, Manuel Acuña fue una celebridad. Convocadas por instituciones científicas, cívicas o sociales, la orden del día incluía entre los discursos y los brindis inevitables, la lectura de una o varias piezas líricas. En ese entendido, de los 82 poemas reunidos en las Obras pueden tomarse como piezas de ocasión, con los altibajos inevitables que toda obra de encargo conlleva, cerca de la mitad de su producción. Entre sus contemporáneos, el bardo saltillense gustaba de obsequiar, en las tertulias de corte social, poemas autógrafos codiciados por los álbumes nacarados o ebúrneos de las señoritas y señoras que se daban cita a estos rituales decimonónicos. De aquellos “versos de salón” (Nicanor Parra dixit) es posible rescatar algunos poemas como “Oda. A la memoria del eminente naturalista el doctor Leonardo Oliva”, leída en sesión extraordinaria de la Sociedad de Historia Natural el 17 de enero de 1873 con la presencia de Sebastián Lerdo de Tejada, presidente de la república tras la muerte de Benito Juárez.

¿Cuáles son esos dos o tres poemas que sobreviven más allá del interés ¿arqueológico? ¿sentimental? ¿sociológico? de los historiadores de la literatura mexicana del siglo antepasado? Para Marcelino Menéndez y Pelayo, en el balance de una antología de poetas de lengua castellana de 1892, eran salvables de la criba solamente el “Nocturno” y “Ante un cadáver”. Un siglo después, Marco Antonio Campos anota en su estudio a la compilación de textos de Acuña La desdicha fue mi Dios: “no deja de asombrarnos la precocidad deslumbrante que lo llevó a escribir poemas como ‘A Laura’, su primer gran instante lírico, a los 22 años; ‘Ante un cadáver’, la pieza maestra del romanticismo tardío mexicano, apenas cumplido los 23; el ‘Nocturno’, ramos de flores envenenadas, cuando estaba por cumplir los 24, y ‘Hojas secas’, ya cerca del final de su vida…” (UNAM, México, 2001) En la antología Poesía romántica (1941), prologada por José Luis Martínez y seleccionada por Alí Chumacero, la muestra del poeta coahuilense la integran ocho piezas: “La brisa”, “La felicidad”, el soneto que comienza con “Porque dejaste el mundo de dolores”, “A una flor”, “A un Arroyo”, “Gracias”, “Hojas secas” y “Ante un cadáver”.

En su “antología de lector”, de “poemas y tipos de poesía, tanto o más que de poetas”, es decir, enÓmnibus de poesía mexicana, Gabriel Zaid se desentiende del gusto popular alrededor del “Nocturno”, ausente también en la selección de Chumacero, y reproduce tan sólo algunos fragmentos de “Ante un cadáver”, poema que también había escogido, décadas atrás, Octavio Paz para una antología preparada para la UNESCO con traducción al inglés de Samuel Beckett. (En la versión beckettiana el título del poema es “Before a Corpse” y el primer terceto se lee de la siguiente forma: “Well! there you lie already… on the board / where the far horizon of our knowledge / dilate and darkens to a vaster verge.”) Por supuesto, los frutos maduros y luminosos del malogrado Manuel Acuña se cuentan con los dedos de una sola mano. Desde un punto de vista literario, a nuestra lírica romántica le faltó ambición de límites más allá del desgarramiento emocional o del fragor nacionalista. En la revisión a la antología citada, José Luis Martínez pone las cartas al descubierto: “No es, empero muy rico el fruto de esta antología. De ella salvamos la imagen de un Romanticismo frenado, reducido a la propia forma mexicana. De ella podrían salvarse, sobre todo, varios poemas y un poeta” (UNAM, México, 1941). Y por supuesto, no es Acuña la excepción romántica, sino el bardo de la inspiración voluptuosa, el elegido por Rosario de la Peña, Manuel M. Flores.

Ahora que se acerca el aniversario 160 de la partida de Manuel Acuña, el Gobierno de Coahuila en colaboración con autoridades federales, anuncia un programa literario que incluye un festival internacional de poetas, un premio de poesía con la bolsa mayor en la historia de los certámenes en México para obra inéditas —cien mil dólares ni más ni menos—, conferencias en torno al poeta homenajeado y la edición nuevamente de su obra completa. Ojalá se tomen cuenta, para esto último, la edición de Pedro Caffarel Peralta, El verdadero Manuel Acuña (1984, 1999), investigación rigurosa y legitimada por acudir a testimonios y fuentes originales, incluidos los álbumes de Rosario de la Peña y de su hermana Asunción, para fijar una importante colección de los poemas de Acuña.

¿Termina o comienza una época para la poesía mexicana con su suicidio? Las posibilidades de la lírica del vate coahuilense, de no haber cedido a la tentación del cianuro, se abrían hacia dos dominios. El primero, bajo el influjo de la poesía de Bécquer, perceptible en la serie de poemas titulada “Hojas muertas” y en el soneto “A un arroyo” dotaba a su visión de varios elementos ausentes en su obra y en la de sus contemporáneos: la naturaleza enigmática, la conciencia del poeta como parte de un todo orgánico y la dualidad benéfica del amor y de la muerte. El otro rumbo esbozado en su poesía se localiza en el territorio de la ironía y sus diversas graduaciones; en poemas como “A la luna”, “Rasgos de buen humor” y “En este campo do el placer rebosa” Acuña se desmarca de su habitual patetismo y, en una suerte de monólogo, parodia los prestigios de la poesía y de las buenas costumbres, adelantándose varias décadas a los “cuadros en movimiento” de Gutiérrez Nájera y de López Velarde. Quizás, con una dosis mayor de todos estos ingredientes, su poesía habría salvado al poeta apartándolo del deseo, largamente añorado, de observarse como el objeto de estudio de una plancha de disección en la Escuela de Medicina, a imagen y semejanza del cuerpo de su más célebre y acabado poema, “Ante un cadáver”. (1)

 (1) Hasta ahora, la crónica ensayística mejor documentada, y por demás amena, en torno a la tragedia de Acuña se encuentra en el capítulo III, “Un testamento de la ciudad romántica. (6 de diciembre de 1873)” del libro Elogio de la calle. Biografía literaria de la Ciudad de México 1850-1992 de Vicente Quirarte.


Artículo: http://www.eluniversal.com.mx 13/09/2013