dimanche 29 septembre 2013

Rodrigo PINTO/40 años del episodio que cambio Chile

40 AÑOS DEL EPISODIO QUE CAMBIÓ CHILE 
Mapa literario del golpe de Pinochet y sus secuelas
Por Rodrigo PINTO

Hace 40 años, el 11 septiembre de 1973, la vida de Chile cambió con el golpe de Pinochet y la muerte de Allende. Repasamos las obras literarias clave que cuentan aquel episodio y sus consecuencias y su aporte a la Historia.

El golpe de Estado de Pinochet, la muerte de Salvador Allende en el Palacio de la Moneda y la dictadura en Chile han proporcionado a las artes, y particularmente a la literatura, un material excepcionalmente poderoso para redibujar el imaginario del país y desde ahí iluminar con más crudeza y estremecimiento la historia reciente de Chile. Sin duda que otros oficios y disciplinas como el periodismo de investigación y la historia también han contribuido a revelar lo que está detrás de las versiones oficiales y la enumeración cronológica, pero es en la novela, el cuento y la poesía donde mejor se revela el poder de la palabra para construir un relato que tiene más fuerza y hondura.

Cientos de libros —y decenas en el presente año— ilustran un proceso de reflexión artística histórica y crítica que no tiene visos de cesar. Es una literatura que crea una cartografía de Chile en constante renovación. Uno de los títulos más universales es La muerte y la doncella, la obra de teatro de Ariel Dorfman, llevada al cine por Roman Polanski, sobre una víctima de la tortura y la transición democrática de Chile. Hoy, en su 40º aniversario, el golpe se ha vuelto omnipresente en la escena ciudadana, en exposiciones fotográficas, en actos públicos, en columnas periodísticas, en obras de teatro, lanzamientos o reediciones de libros.

EL GOLPE

Quien mejor abordó el horror que de inmediato se instaló en Chile tras el golpe es Roberto Bolaño en Estrella distante, a través de un personaje inolvidable, Carlos Wieder, infiltrado en un taller de poesía que cultiva una siniestra forma de arte a partir de la tortura y la desaparición de detenidos. Tiempo que ladra, de Ana María del Río, es una interesantísima novela de formación —que desgraciadamente no ha sido reeditada— estructurada por la relación entre la protagonista y su padre, que llega a ser ministro del Gobierno de Allende y sufre luego la brutalidad de la represión. De amor y de sombra, popular novela de Isabel Allende, establece un relato coral de los efectos de la dictadura tras los primeros años del golpe. No es gran literatura, pero tiene el mérito de narrar un momento histórico con un estilo cercano a muchos lectores.

En crónica, destaca Golpe, de los periodistas Margarita Serrano y Ascanio Cavallo, libro que reconstruye, con nuevos testimonios —la primera edición es de hace diez años—, “las 24 horas más dramáticas del siglo XX” en Chile. Cavallo es coautor también de otro libro crucial para entender la dictadura, La historia oculta del régimen militar, junto a Manuel Salazar y Óscar Sepúlveda. Una reciente publicación más académica, Ecos mundiales del régimen militar, editada por los cientistas políticos Patricio Navia y Alfredo Joignant, recoge textos aparecidos en la prensa extranjera y escritos por destacados historiadores como Eric Hobsbawm.

EL EXILIO

Carlos Cerda —que volvió en 1984— escribió la mejor novela sobre el exilio—Morir en Berlín, 1993—, que funciona como un doble epitafio, el de la dictadura chilena y de la caída del Muro de Berlín. Otra gran novela sobre el exilio chileno, Cobro revertido(1992), pertenece a José Leandro Urbina, que pasó sus años de lejanía del país natal en Canadá. Recientemente, Juan Forch publicóLas dos orillas del Elba, novela que aborda el exilio desde un ángulo mucho más humano y lúdico que político y dramático.

LAS CÁRCELES SECRETAS

El mismo Cerda escribió La casa vacía, novela que se inicia cuando una pareja compra una casa en un antiguo barrio santiaguino. La casa —según comprueba con espanto una de las invitadas a la fiesta de inauguración— era uno de los centros de detención y tortura de la policía secreta. José Miguel Varas, otro retornado, también escribió dos cuentos, Pikinini y La perra —estampas, más bien, breves y demoledoras— sobre el paso por este tipo de cárceles. Entre los libros testimoniales destacan sobre todo dos obras antiguas, Estadio Nacional yChacabuco, de Adolfo Cozzi, un joven estudiante en ese entonces que supo captar con mesura inigualable su paso por dos campos de detención. El centro de detención Villa Grimaldi, uno de los más severos de la dictadura, ha motivado numerosas crónicas periodísticas y testimoniales, entre las que destaca Una mujer en Villa Grimaldi, de Nubia Becker.

LA VIDA EN LA DICTADURA

El díptico novelístico de Roberto Bolaño sobre su país de origen se completa con Nocturno de Chile. En esta última novela, Pinochet aparece como personaje y el protagonista, un crítico literario, le hace clases de marxismo. Dos personajes secundarios, los señores Oido y Odeim (Odio y Miedo) representan las fuerzas dominantes y perversas que dominaron el período. Formas de volver a casa, de Alejandro Zambra, pone en escena lo que significó crecer en el seno de una familia de izquierdas en un suburbio santiaguino. En la misma línea, pero con carácter testimonial, acaba de aparecer Volver a los 17, editado por el periodista Óscar Contardo, que le pidió testimonios de su infancia y adolescencia bajo la dictadura a escritores y periodistas nacidos entre 1969 y 1979, entre los que se cuentan Zambra, Rafael Gumucio y Patricio Fernández. Una de las últimas novelas es Nadar desnudas, de Carla Guelfenbein, sobre los últimos días del gobierno de Allende y los primeros de la dictadura.

PINOCHET

En su novela Tengo miedo torero (2001), Pedro Lemebel logra una contradictoria hazaña: aunque la novela trata más bien de la resistencia y de amores homosexuales, la impostación de la voz de Pinochet es lo que más auténtico suena en ella. Una crónica publicada este año por el periodista Juan Cristóbal Peña: La secreta vida literaria de Augusto Pinochet, que comenzó como una investigación de lo que señala el título —cómo el dictador llegó a tener unos 55.000 volúmenes, muchos de ellos raros y valiosos; el conjunto fue valorado en 2,3 millones de euros—, y se transformó en una semblanza biográfica que sigue el hilo de la relación de Pinochet con la lectura, la docencia y la escritura de sus propios libros y muestra mucho más del verdadero carácter del personaje que la biografía canónica escrita por el historiador de derechas Gonzalo Vial. Respecto de los Pinochet, la periodista Alejandra Matus anuncia para octubre Doña Lucía, biografía no autorizada de la mujer del dictador. Ninguna bibliografía sobre Pinochet puede omitir la monumental investigación Yo, Augusto (2003), de Ernesto Ekaizer, corresponsal de EL PAÍS en Londres cuando el dictador chileno fue detenido a causa de un requerimiento del juez español Baltazar Garzón.

ALLENDE

En estos días aparece Allende. La biografía, de Mario Amorós, un texto de más de 700 páginas que aspira a circunscribir a un personaje inagotable, un político de raza del viejo Chile republicano, tipo humano que se ha extinguido por el doble flujo de la transición pactada y el paso desde la rica y elaborada retórica del discurso —Allende fue un maestro— a la cuña televisiva. Pero su más próxima y brillante biografía la escribió Eduardo Labarca, que por razones familiares conoció a Allende desde muy niño. Su particularidad está explícita en el título: Salvador Allende, biografía sentimental (2008), puesto que desde ahí, desde su compleja historia emocional, Labarca traza una línea que explica muy bien la identidad de Allende, más allá de los avatares que lo situaron como presidente de Chile al cuarto intento.

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De ensayo y poesía

Tratándose de Chile, no hay que extrañarse de que la poesía presente una riquísima veta de reflexión y trabajo de la memoria respecto del golpe y la dictadura. José Ángel Cuevas es uno de los poetas que ha tomado esa línea desde sus recuerdos del golpe hasta el deslavado presente de la política. 

Rodrigo Lira, que se suicidó en 1981, a los 32 años, dejó atrás una colección de poemas entre los que destaca 4 trescientos sesenta y cincos y un trescientos sesenta y seis de onces, críptico título que captura de manera magistral los cinco primeros años -sin ninguna referencia concreta- de la dictadura militar. Juan Luis Martínez incluyó enLa nueva novela un poema que podría emparentarse con Casa tomada, el cuento de Julio Cortázar, pero que en realidad es una muy sutil y sobria manera de referirse a los detenidos desaparecidos. En este ámbito el libro cumbre es, sin duda, Canto a mi amor desaparecido, deRaúl Zurita, un poemario donde la fuerza épica de la poesía del autor alcanza sus máximas cumbres en la evocación y lamento por esos cuerpos torturados y asesinados condenados además a perderse en el fondo del mar o en tumbas ignotas donde se les niega a sus cercanos hasta el consuelo del recuerdo y el homenaje. Enrique Lihn y Diego Maquieira son otros poetas que desde la ironía o el esperpento, en libros como París, situación irregular o La Tirana, retrataron magistralmente la sofocante atmósfera del Chile de la dictadura. Y Parra. El Parra de los Sermones del Cristo del Elqui yHojas de Parra, poeta imperecedero que siempre ha logrado adelantarse a su tiempo con una mirada tan irrepetible como inolvidable.

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40 años del golpe de Chile: 
La intimidad en medio del conflicto político y bélico
Por Rodrigo CEA

Carla Guelfenbein novela en 'Nadar desnudas' la historia de un triángulo amoroso durante los últimos meses de gobierno de Salvador Allende y los primeros de la dictadura de Pinochet

En septiembre de 1973, Carla Guelfenbein tenía 14 años cuando vivió el golpe militar de Augusto Pinochet. Hoy, 40 años más tarde, una mañana fría y gris de comienzos de septiembre en Santiago de Chile, la escritora recuerda aquel momento como “la muerte de un sueño” que significó un cambio radical en su vida.

Hija de padres socialistas –un arquitecto que trabajó en el gobierno de Salvador Allende desarrollando balnearios populares y una profesora universitaria de filosofía que pasó dos semanas detenida por militares–, Guelfenbein partió con ellos y sus dos hermanos a Londres en 1977, donde estudió Biología en la Universidad de Essex y luego Diseño en St. Martin’s School of Art. Diez años más tarde, en 1987, volvió a Chile: un país en el que ya no encajaba. Ese regreso, dice la escritora "ha sido el impacto más grande de no-pertenencia que he vivido y ese tema, el de la no-pertenencia, atraviesa todas mis historias".

Después de trabajar como editora de arte y moda en revistas como Elle, fue hace diez años cuando decidió que era tiempo de aplicar lo que había aprendido en talleres literarios y convertirse en escritora. Así, renunció a su trabajo y tardó tres años en terminar El revés del alma. Fue entonces que su vida sufrió otro cambió radical. “A los 42 años empecé una etapa completamente nueva en mi vida”, dice Guelfenbein, quien –elogiada por J. M. Coetzee– a la fecha ha sido traducida a 16 idiomas en 17 países.

Tras publicar La mujer de mi vida y El resto es silencio, esta semana la chilena de 54 años lanza  Nadar desnudas (Alfaguara), su cuarta novela, que narra la historia de un triángulo amoroso ambientado en gran parte del relato en el Santiago de Chile de los últimos meses de gobierno de Salvador Allende y los primeros de la dictadura de Augusto Pinochet.

“El golpe de Estado está visto desde una ventana y eso representa metafóricamente mi forma de escribir: no desde el centro, sino desde un costado”, dice mirando ahora la cordillera de los Andes desde una ventana de su piso ubicado en la acomodada comuna de Providencia, el mismo sector que habitan –Sophie, Morgana y Diego– los personajes de su nueva historia. “El libro es una exploración de la naturaleza del amor y hasta dónde puedes puede llegar por la pasión”, explica.

Ella, una de las escritoras que más vende libros en Chile, cuenta que sabía que en algún momento iba a escribir sobre el golpe de Estado, pero que antes se sentía preparada para abordar el tema. Haciendo la distinción entre la Historia con mayúscula y las historias con minúscula de sus personajes, Guelfenbein explica que siempre le ha parecido interesante la intimidad de las personas en medio de los conflictos políticos y bélicos, aunque nunca define una temática antes de empezar una novela: “no digo ‘voy a escribir sobre el amor’ o ‘voy a escribir sobre el compromiso político’. Los personajes tienen que armar su propia historia”.

Por estos días prepara un nuevo libro ambientado en la década del 50 en Chile. Por eso, cuenta, pasa días completos revisando prensa local de la época, ajena a la contingencia de la prensa y sus cuentas en Facebook y Twitter, las que puede pasar una semana sin revisar. De todos modos, que siempre pasa algo que la trae al presente. Como cuando a comienzos de septiembre caminaba por Vallenar –ciudad ubicada 660 kilómetros al norte de Santiago– y una mujer de unos 60 años se le acercó para decirle “yo soy pinochetista, pero me encanta su literatura”.

Guelfenbein usa la anécdota para ilustrar que Chile, a su juicio, aún sigue dividido, razón por la cual tuvo mucho cuidado en no convertirNadar desnudas en “un panfleto político, la literatura es para plantear preguntas, no para dictaminar fórmulas ni de vida ni de pensamiento”. Afortunadamente, dice la escritora, desde el regreso a la democracia en 1990 la literatura chilena poco a poco ha abandonado la idea de que sólo se debían tratar ciertos temas. “Hoy se está escribiendo desde lugares y puntos de vista distintos, dando una imagen mucho más certera de lo que el país es hoy”.

Articulo: http://cultura.elpais.com 11/09/2013

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Springsteen rinde homenaje a Víctor Jara en Chile

El cantante estadounidense Bruce Springsteen rindió homenaje al cantautor chileno Víctor Jara, torturado y asesinado por la dictadura de Augusto Pinochet hace 40 años, en su primer concierto en Chile la noche del jueves.

 "Si eres un músico político, Víctor Jara sigue siendo una gran expresión. Es un honor estar aquí", dijo el "Boss", frente aún repleto auditorio del Movistar Arena de Santiago, en el que fue su debut en Chile.

Springsteen, una leyenda del rock estadounidense conocida por su activismo y compromiso político, recordó el concierto de Amnistía Internacional en Mendoza (Argentina) en 1988, cuando Chile aún se encontraba bajo la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

"Conocimos (en Mendoza) a muchas familias de los desaparecidos y nos mostraron fotografías de sus seres queridos. Fue un momento que se quedó conmigo para siempre", agregó el cantante.

Como homenaje a Jara, Springsteen interpretó al final del concierto de más de tres horas, su conocida canción "Manifiesto", un tema de los más emblemáticos dentro de la Nueva Canción Chilena, un movimiento músico-social que se desarrolló en los años 1960 hasta el comienzo de la década de 1970.

Víctor Jara fue detenido, torturado y acribillado con 44 balazos días después del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 contra el socialista Salvador Allende, que derivó en una dictadura de 17 años, con más de 3.000 muertos y 38.000 torturados.

Esta semana se cumplen 40 años de su muerte, y aún sigue abierto el caso judicial que busca esclarecer las circunstancias y los responsables de su asesinato.


Articulo: http://www.elnuevosiglo.com.co 11/09/2013

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