dimanche 8 septembre 2013

Verónica CHIARAVALLI/ Ricardo PIGLIA y Rodolfo WALSH

Final abierto
Ricardo Piglia y Rodolfo Walsh
Por Verónica CHIARAVALLI

Ninguno de los dos era entonces lo que llegarían a ser luego, lo que son hoy: uno de los autores más destacados de la literatura argentina -la autoridad crítica que desde mañana reflexionará sobre la obra de Borges en un ciclo de Canal 7- y el periodista legendario que se encamina al mito.

En 1970, Ricardo Piglia entrevistó a Rodolfo Walsh sobre su cuento "Un oscuro día de justicia". La entrevista fue rescatada en un valioso librito publicado por Ediciones de la Flor en 2006, junto con el relato mencionado y "Zugzwang". Para esa edición, Piglia escribió una nota al pie de la entrevista, en la que situaba en su contexto histórico el diálogo con Walsh, subrayaba el germen de algunas preocupaciones del escritor en relación con la literatura y emparentaba narrativamente a Walsh con Borges, debido al interés de ambos por el policial, que exige un lector atento y sensible a "la reconstrucción de la historia ausente".

En aquel encuentro de 1970, que lleva las marcas propias de su tiempo, se puede ver hoy un gesto anticipatorio. Walsh señala que el prestigio de la novela, fuerte todavía a mediados del siglo XX, es un resabio de la cultura burguesa decimonónica y que, seguramente, en un futuro cercano "un nuevo tipo de sociedad y nuevas formas de producción exijan un nuevo tipo de arte más documental, mucho más atenido a lo que es mostrable". El tiempo parece haberle dado, en parte, la razón, a juzgar por el desplazamiento en América Latina de los prestigios de la novela tradicional hacia formas narrativas que combinan la ficción con el documento, el testimonio y el dato biográfico, textos que van desde la "novela verídica" hasta la "crónica".

En la entrevista, Walsh no habla de crónica sino de denuncia. "Cuando apareció el libro de Rosendo, un periodista me preguntó por qué no había hecho una novela con eso, que era un tema formidable para una novela. Lo que evidentemente escondía la noción es que una novela con ese tema es mejor o es una categoría superior a la de una denuncia con ese tema."

El propio escritor se consideraba preso del prejuicio que coronaba la novela como la forma suprema de la literatura: "De ahí que viva ambicionando tener el tiempo para escribir una novela a la que indudablemente parto del presupuesto de que hay que dedicarle más tiempo, más atención y más cuidado que a la denuncia periodística que vos escribís al correr de la máquina".

Pero, más allá de los géneros, tenía una certeza peculiar acerca de la finalidad de la escritura: "Podés usar la máquina de escribir para producir resultados tangibles [...]. Con cada máquina de escribir y un papel podés mover a la gente en grado incalculable. No tengo la menor duda".


Articulo: http://www.lanacion.com.ar 06/09/2013