dimanche 29 septembre 2013

Verónica CHIARAVALLI/ Toni PUIG, el gurú de la "cultura colaborativa"

Final abierto
Toni Puig, el gurú de la "cultura colaborativa"
Por Verónica Chiaravalli

Histriónico, arbitrario, provocativo. Toni Puig, el especialista catalán en gestión cultural y marketing urbano, impulsor del concepto "marca ciudad" que tanto contribuyó a la promoción internacional de Barcelona, acaba de ofrecer en Buenos Aires una serie de seminarios destinados a funcionarios, pero también a gente inquieta, con proyectos y ganas de realizarlos.

El viernes pasado, en el Centro Cultural Recoleta, habló para directores de centros culturales (grandes y pequeños), galeristas y otros emprendedores. El tema: "Cultura colaborativa: nueva agenda para las ciudades". Es decir, lo que Puig considera que nos depara el futuro. Entre sus virtudes como orador se cuentan la simpatía, el optimismo y una vitalidad contagiosa capaz de motivar al más escéptico ("¡Practiquemos lo que decimos! -arenga-. Buenos Aires es la ciudad de las ideas aplazadas").

Comenzó por hilar sucintamente unos pocos momentos de ruptura en la historia de la vida cultural. Después de la Ilustración, considera que la primera modernización de la cultura se produjo en los años 80 del siglo XX. "La impulsaron los gobiernos, su protagonista fue el gestor cultural y sus epicentros, París (en cuanto a artes y espectáculos) y Nueva York (centrada en la esponsorización cultural)". Ese período terminó en 2008. "Hasta ese momento lo hicimos bien, pero entonces nos perdimos. En 2013 podemos empezar a saber por dónde va la cultura de la ciudad". En ese sentido, Puig afirma que la segunda modernización la impulsará el sector civil emprendedor y durará hasta 2030.

El cambio que Puig postula como imperioso va en dirección a lo que llama "cultura colaborativa": actividades que se desarrollan con el aporte generoso de todos los involucrados, que no dependen de subsidios ni son orientadas desde el Estado, y que no dan la espalda a los problemas políticos, sociales, económicos y ecológicos que afectan a la sociedad. Lo que seguimos dando por bueno hoy, afirma, es lo que funcionó en el siglo XX, un modelo centrado en el Estado como agente impulsor de la cultura y cuyo lema sería "compra tu entrada". A ese modelo "estancado y decreciente" opone otro centrado en "lo civil plural", representado por el lema "trae tu silla". "Esto es lo mismo que decir: aporta, comparte. Si no tienes nada que compartir, quédate en casa".

El centro mundial de esa propuesta todavía utópica para la mayoría de las ciudades es Berlín. "Allí lo interesante es lo que está fuera de circuito, el mestizaje. La próxima ciudad central será Hong Kong. ¿Cuál será la Berlín de América Latina: Buenos Aires, Montevideo, Lima?" Como buen gurú, Puig tiene la receta para ayudar a que su querida Buenos Aires se ubique a la vanguardia de los nuevos tiempos. Pero eso será tema de otra columna.

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Final abierto
Ciudades contra la vida estúpida
Por Verónica Chiaravalli 

La semana pasada se comentaron aquí algunas consideraciones sobre el futuro de la gestión cultural que Toni Puig compartió con su público en su reciente visita al país.

En esta oportunidad, se apuntan algunos consejos que dejó para que la ciudad ponga en práctica. Dice que siente predilección por Buenos Aires, que quiere que le vaya bien y, en definitiva, que no se caiga del nuevo mapa mundial conformado por las ciudades que se impongan como poderosos centros de irradiación de la cultura. ¿Qué debería pasar en Buenos Aires para transformar las cosas positivamente? La respuesta es múltiple. Por un lado, Buenos Aires debería combinar equilibradamente lo "antiguo y frágil" con lo "nuevo y antifrágil". Como antiguo y frágil, Puig menciona los grandes teatros y museos. Recomienda gestionarlos bien y programarlos con excelencia. De lo nuevo y antifrágil, las formas más flexibles y experimentales de creación cultural, que hay que promover y desarrollar. También, cultivar "lo improbable y lo inapropiado". "Las ciudades cambian, y emocionan, cuando empiezan a usar espacios inapropiados. No construyan más: recuperen grandes estructuras vacías, espacios en desuso y háganlo bien." Y entre las recomendaciones más generales:

Denunciar. "Los que toman la calle no van contra los gobiernos, quieren otra democracia. Problemas como el cambio climático, el mal funcionamiento de los sistemas financieros, la corrupción política, las desigualdades, los totalitarismos, las agresiones a los derechos humanos. Nosotros, la gente de la cultura, no hemos denunciado nada de todo esto, no hemos estado a la altura. El equipo para la cultura que no se comprometa y no asuma un reto cívico como propio no sirve."

Movilizarse y encarar acciones conjuntas. Un trimestre al año los centros culturales de Buenos Aires deberían ponerse de acuerdo para movilizarse sobre una temática que les importe en la ciudad. "Todo espacio para la cultura que no colabore con otro es una secta narcisista e inútil."

Interrelacionarse. "No quiero público sino asociados. El público paga su entrada, me consume y se va. Quiero asociados entusiastas, presenciales y en la Red. Hay que estar en la Red no para informar sino para seducir."

Proponer conocimiento. "La gente tiene que saber que en un centro cultural debe esforzarse. Todo lo fácil conduce a la pasividad. Hay que pensar. Si no salgo con una idea nueva de un centro cultural, he perdido el tiempo. Pero que algo te haga pensar no significa que sea aburrido."

Tener visiones de futuro. Es decir: más riesgo, menos miedo, "más opciones improbables y menos repetición de aquellas programaciones con las que nos ha ido bien. Dar lugar a los nuevos autores".

Para todo esto, dice Puig, se necesita tanto dinero como para la salud y la educación. "Pero a la diversión no hay que darle ni un peso. El que quiera divertirse, pues que se compre un mico y lo vista." Y sobre el final, un consejo que vale oro: "Hagamos ciudades contra la vida estúpida".


Articulo: http://www.lanacion.com.ar 13/09/2013

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