dimanche 17 novembre 2013

Muere la escritora Doris LESSING

Muere la escritora Doris Lessing

La ganadora del Premio Nobel en 2007 fallece a los 94 años

La escritora Doris Lessing ha fallecido a los 94 años. Recibió el Nobel de Literatura en 2007 por una obr que "supo capturar lo esencial y la épica de la experiencia femenina, que con escepticismo, fuego y poder visionario ha sometido a una civilización dividida al escrutinio”. Una narradora, poeta, ensayista e intelectual comprometida con la vida y la literatura en una búsqueda encadenada a través de una obra con una estética que bien podría ser clásica o de fragmentación posmoderna.

Autora de más de medio centenar de libros, Lessing, nacida en 1919 en Kermanshah, Persia (actual Irán), practicó casi todos los géneros literarios, desde los 15 años. Es conocida por El cuaderno dorado(1962), obra cumbre de la literatura feminista y de la narrativa fragmentaria postmoderna. Lessing fue galardonada con numerosos premios, entre ellos el Nobel de Literatura en 2007 y el Príncipe de Asturias (2001).

África, Inglaterra, la mujer, las dudas existenciales y las contradicciones del ser humano tienen un papel esencial en su escritura. Calificada como una escritora feminista y militante de izquierdas, Lessing trascendió las etiquetas al hacer visible temas y problemáticas que tocan a todos los individuos al margen de géneros, ideologías y lugares.

Nació en Irán en 1919, cuando todavía era Persia y bajo el nombre de Doris May Tayler. Pasó su infancia y juventud en Rhodesia (ahora Zimbabue). Allí empezó a leer libros que su madre le compraba por catálogo. Se independizó a los 15 años y empezó a publicar cuentos en revistas sudafricanas. A los 31 años se fue a Londres, con su tercer hijo y su primera novela. Dejó atrás dos ex maridos y dos hijos. Autora de libros como Instrucciones para un descenso al infierno, Memorias de una superviviente, Canta la hierba oLa buena terrorista, es una apasionada luchadora por la libertad, comprometida con las causas del Tercer Mundo. Militó en el partido comunista británico, pero lo dejó decepcionada por el estalinismo.

Bibliografía

Canta la hierba, 1950
Éste era el país del Viejo Jefe, 1951
Martha Quest, 1952
Cinco novelas cortas, 1953
Un casamiento convencional, 1954
La costumbre de amar, 1957
Al final de la tormenta, 1958
Catorce poemas, 1959
En busca de un inglés, 1961
El cuaderno dorado, 1962
Un hombre y dos mujeres, 1963
Cuentos africanos, 1965
Cerco de tierra, 1965
Gatos muy distinguidos, 1967
La ciudad de las cuatro puertas, 1969
Instrucciones para un viaje al infierno, 1971
Historia de un hombre no casado, 1972
Memorias de una superviviente, 1974
A small personal voice, 1974
Shikasta, 1979
Los matrimonios entre las zonas tres, cuatro y cinco, 1980
Diario de una buena vecina, 1983
Si la vejez pudiera, 1984 (con el pseudónimo de Jane Somers)
Los diarios de Jane Somers, 1984 (con el pseudónimo de Jane Somers)
La buena terrorista, 1985
El viento se llevará nuestras palabras, 1987
El quinto hijo, 1988
Historias de Londres, 1992
Risa africana, 1992
Dentro de mí, 1994
De nuevo el amor, 1996
Un paseo por la sombra, 1997
Mara y Dann, 1999
Ben en el mundo, 2000
El día en que murió Stalin: la mujer, 2001
El sueño más dulce, 2002
Las abuelas, 2003
Historia del general Dann y de la hija de Mara, de Griot y del perro de las nieves, 2006
La grieta, 2007
Made in England, 2008

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Doris Lessing, "encantada pero no sorprendida" con el Premio Nobel de Literatura
Por Brenda OTERO

La escritora británica se alza con el galardón por su capacidad para retratar la "épica de la experiencia femenina"

"Me acabo de enterar ahora mismo. Había llevado a mi hijo al hospital y no me enteré hasta que vi a los fotógrafos. Al principio pensé que estaban grabando en la calle algún culebrón", ha confesado a este periódico Doris Lessing, escritora británica de origen iraní, poco después de saberse que se había alzado con el Premio Nobel de Literatura 2007. Vestida con falda vaquera y chaleco guateado y un vaso de agua en la mano, la escritora británica ha salido a recibir a la prensa y curiosos en la puerta de su casa en West Hampstead, al noroeste de Londres. "Estoy encantada. Pero no sorprendida. Llevo escuchándolo unos 40 años y no te puedes sorprender año tras año", ha dicho en referencia a las veces que había sido nombrada como potencial ganadora.

Con una vitalidad extraordinaria para sus 87 años, la novelista ha tenido tiempo de regañar a la prensa y mantener su fama de mujer sin pelos en la lengua. "¿Cómo voy a estar celebrando con champán? No me ha dado ni tiempo a comprarlo. Ustedes, en lugar de venir aquí y hacer tantas preguntas, deberían haber traído una botella. A cierto punto, tendré que ponerme a brindar", ha contestado cuando se le ha preguntado cómo estaba celebrando su premio. Lessing ha revelado que "un mensajero" relacionado con los Nobel la avisó de que nunca ganaría el premio: "Me dijo que no les gustaba y que nunca lo conseguiría. Deben haber cambiado de opinión". "Yo creo que me lo han dado porque ya estoy muy mayor", ha subrayado refiriéndose a los organizadores del premio.

Nacida en 1919 en Kermanshah, Persia (actual Irán), es conocida por El cuaderno dorado (1962), obra cumbre de la literatura feminista y de la narrativa fragmentaria postmoderna. "He ganado muchos premios, en toda Europa", ha confesado, pero "éste es el premio más glamouroso, porque todo el mundo lo conoce, pero esto no quiere decir que sea el mejor". En el anuncio del galardón, la Academia Sueca ha descrito a Lessing como la autora capaz de retratar "la épica de la experiencia femenina", al tiempo que ha destacado el "escepticismo y fuerza visionaria con la que ha examinado una civilización dividada".

"No sé a lo que se refieren con eso, los hombres y las mujeres no son tan diferentes", ha dicho ceñuda. Para Lessing, lo que más ilusión le ha hecho de haber ganado el Nobel es que Gabriel García Márquez la hubiese telefoneado personalmente para felicitarla. "Para mí es algo maravilloso, porque se trata de un escritor magnífico al que admiro profundamente", ha revelado con una enorme sonrisa. Acto seguido, ha entrado en su casa para seguir recibiendo llamadas, sin olvidarse de despedirse haciendo un brindis alzando su vaso de agua. "Es ginebra", ha bromeado.

Nacida Doris May Taylor, creció en el seno familiar de un antiguo oficial del ejército británico que sirvió durante la I Guerra Mundial y una enfermera. En 1925 la familia se trasladó al sur de Rhodesia (actual Zimbabue). Lessing contó aquellos años de infancia en una granja en la primera parte de su autobiografía, Bajo mi piel (1994). Tras asistir a una escuela de chicas en Salisbury (Reino Unido), Lessing abandonó la escuela a los 14 años y empezó a trabajar en diversos empleos, desde niñera, telefonista, oficinista estenógrafa y periodista, e incluso publicó relatos breves.

En 1939 se casó con Frank Charles Wisdom, con quien tuvo un hijo, John, y una hija, Jean. Se divorciaron en 1943. Dos años después se casó con Gottfried Lessing, un inmigrante judío-alemán a quien había conocido en un grupo marxista comprometido con la cuestión racial. Poco después se relación con el partido laborista de Rhodesia. Tras tener un hijo con Lessing, Peter, la pareja se divorció en 1949. Fue entonces cuando la novelista se trasladó con su hijo a Londres, donde fijó su carrera como escritora. Lessing militó en el Partido Comunista Británico entre 1952 y 1956, y participó en las campañas contra las armas nucleares. Su crítica al régimen surafricano le costó la prohibición de entrar al país entre 1956 y 1995. Tras una breve visita a Rhodesia en 1956, también se le vetó la entrada en este país por la misma razón. Durante los últimos 25 años, Lessing ha vivido en la misma calle de pintorescas casas de ladrillo. Y siempre ha tomado parte activa en la vida del barrio.

En ocasiones se sienta a escribir en uno de los cafés de la zona, donde ambientó uno de sus cuentos de su obra London Observed, ha colaborado con la biblioteca y es cliente de West End Lane Books, la librería del barrio. "Es una mujer con mucho carisma. En ocasiones venía a leer a la librería, que se llenaba hasta los topes. Y también formaba parte de un club literario: hasta comentó con los otros miembros fragmentos de El Cuaderno Dorado", explica Jane May, empleada de la librería. En West End Lana Books también encarga la escritora sus lecturas y aunque en el establecimiento son reticentes a desvelar los títulos de sus lecturas para mantener la intimidad de su cliente, sí confirman que Lessing "lee mucho y muy variado. Es muy prolífica en sus lecturas y siempre está a la última. Lee obras de nuevos escritores europeos y gran cantidad de libros de no ficción".

Frida Kitchen, una de las vecinas que vive en la zona desde hace 30 años, se ha acercado a la casa de la escritora para dejarle personalmente en el buzón una tarjeta de felicitación: "Me alegro mucho por ella. Se lo merece. Es una dama excelente, y trabaja muy duro". En cambio, su vecina adolescente de la casa contigua, Chei Auguste, no se había enterado de la noticia. "¿Qué mi vecina Doris ha ganado qué? ¿Y qué premio es ese?, ha dicho sorprendida al salir a la calle. "Es una mujer encantadora, pero muy callada. Cada Navidades nos manda una felicitación. Tiene varios gatos y la veo cada mañana en el jardín dando de comer a los pájaros".

La obra de Lessing es amplia y aborda una gran variedad de asuntos, desde la cuestión de la identidad en culturas ajenas o la definición de salud mental y locura. Su escritura ha basculado entre la crítica social de sus primeros textos, considerados comunistas, como The grass is singing, las investigaciones psicológicas, como El cuaderno dorado, y la incursión en la ciencia ficción, como en la serie Canopus.

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La escritora británica Doris Lessing recibe el Príncipe de Asturias de las Letras

El jurado la considera "una de las más indiscutibles figuras de la literatura universal" y reconoce su "apasionada" lucha por la libertad.

En el fallo del jurado, hecho público a mediodía de hoy por su presidente, Víctor García de la Concha, director de la Real Academia, se indica que la obra de Lessing es el resultado de "una vida dedicada a la narrativa", y se alude a la galardonada como "una apasionada luchadora por la libertad, que no ha escatimado esfuerzos en su compromiso con las causas del Tercer Mundo, desde la literatura y desde la experiencia personal de una biografía azarosa".

Los miembros del jurado han acordado por mayoría conceder el premio a Lessing por considerarla creadora de "un imaginativo mundo cotidiano" en el que sus personajes, "hijos de la sociedad contemporánea, ofrecen un fiel reflejo moral del siglo XX" y en el que tienen "especial relieve" las mujeres que protagonizan sus relatos.

La candidatura de Doris Lessing había sido propuesta por la Fundación Internacional Yehudi Menuhin.

De las 36 propuestas presentadas, el jurado eligió a Doris Lessing entre las candidaturas de la estadounidense Susan Sontag, la poetisa portuguesa Sofía de Mello, el peruano Alfredo Bryce Echenique y los españoles Alonso Zamora Vicente, Juan Marsé y Ana María Matute, que habían llegado a las últimas votaciones junto a la escritora británica.

La ganadora nació el 22 de octubre de 1919 en la localidad persa de Kermanshash (actual Irán), donde su padre estaba destinado como oficial del Ejército británico, y es autora de una importante obra narrativa entre la que destaca El cuaderno dorado, que publicó en 1962 y está considerada como una de las figuras clave de la literatura británica de la segunda mitad del siglo XX.
"Un duro trabajo literario"

Al conocer la noticia, la escritora ha afirmado estar "muy contenta" por haber recibido el galardón y se ha mostrado "muy orgullosa" por un premio, que, ha afirmado en tono de humor, se le ha concedido por "vivir tantos años".

La escritora ha subrayado que considera el galardón como el reconocimiento a su "duro trabajo" literario.

"Desde muy temprana edad, me gustaba leer y toda mi vida he tenido una gran afición a la literatura", ha señalado la autora. "Siempre me ha gustado España", ha añadido.

El jurado ha estado presidido por el director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, y lo componen además el académico y periodista Luis María Ansón; el rector de la Universidad de Santiago de Compostela, Darío Villanueva; el director general del Libro, Archivos y Bibliotecas, Fernando de Lanzas, y el ex director del Instituto Cervantes Fernando Rodríguez Lafuente, entre otros.

En las últimas ediciones, el Premio de las Letras recayó, entre otros, en Gunter Grass, Francisco Ayala, Alvaro Mutis, Francisco Umbral, Carlos Bousoño, Carlos Fuentes, Claudio Rodríguez, Francisco Nieva y Augusto Monterroso.

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ENTREVISTA:DORIS LESSING
"La guerra y la memoria no acaban nunca"
Por Juan CRUZ 
21/10/2007

Doris Lessing está enfadada. Hace una semana ganó el Nobel de Literatura, el pasado viernes fue su 88º cumpleaños, pero está enfadada. Acaba de terminar un libro sobre la guerra y sus padres, y esa memoria que se le ha avivado escribiendo le llena de ira, de coraje.

Aquí, en una entrevista exclusiva con EL PAÍS, cuenta por qué en esta casa confortable, abigarrada, de clase media alta pero modesta, en la que vive Doris Lessing en el noroeste de Londres, se nota que su inquilina es la última premio Nobel de Literatura porque aún quedan en los rincones algunas flores de las que fue recibiendo desde el jueves 11 de octubre, cuando la Academia Sueca se las vio y se las deseó para poder comunicarle la noticia del galardón. Estuvimos con ella el jueves último, en la víspera de su 88º cumpleaños. Tenía catarro, estaba preocupada por el malhumor de su gato y nos contó que acababa de terminar un libro sobre la guerra y sus padres, "un libro lleno de rabia y de coraje".

Cuando se supo que la autora de El cuaderno dorado y Canta la hierbaera premio Nobel de Literatura, Doris Lessing estaba en el hospital con su hijo inválido, al que cuida. A ella no le sorprendió el premio, del que se venía hablando desde hacía décadas. Han aumentado las llamadas y las entrevistas, y ella acoge este interés súbito con la indiferencia con que asiste a su propia fama; sabe que esa popularidad es volátil.

La casa es un remanso de paz; en todas partes tiene libros, y ahora lee mucho sobre la Guerra Civil española, un episodio que llenó de rabia y de interés a su generación. Habla de esa contienda con "la misma rabia" con que habla de las guerras que sufrieron sus padres, sobre cuya experiencia acaba de escribir un libro. Nosotros le llevamos champán y un cuaderno, y le hicimos preguntas que ella respondió a veces con pasión, como si por dentro se le estuviera removiendo, siempre, el fantasma de las guerras que ella sufrió con otros. El gato se fue misteriosamente de nuestro alcance, ella se sentó casi en el suelo, al lado de un libro de Yeats que estaba leyendo; luego se dejó fotografiar en la paz de la luz que entraba por los ventanales, y todo lo hizo en el piso de arriba de su casa. A la entrada, cuando nos íbamos y reapareció el gato que adora, el suelo de la puerta de entrada estaba repleto de correspondencia, que ha aumentado con esta fama redoblada que le ha traído el Nobel. Pero nada más llegar nos lo dijo: "Primero fue el Príncipe de Asturias". Ahora está segura de que sus editores (Lumen, en España) la pasearán otra vez, y aunque ya no está para trotes, no sería extraño que la viéramos recorrer cualquier sitio de este país cuya historia ("y cuyas heridas") siempre están en su memoria.

Pregunta. ¿Cómo está usted ahora, después del ajetreo del Nobel?
Respuesta. ¿Me lo pregunta en serio? Pues tengo tos, una ligera diarrea y cistitis. Pero, aparte de eso, estoy muy bien, gracias. Lo que tengo es por culpa del estrés. El estrés del Nobel, esto es muy estresante. Suena el timbre de la puerta, vienen ustedes a verme, el teléfono no deja de sonar, y así todo el día. Y el gato está molesto, ¿no lo ve?

P. Pero este Nobel es una buena noticia, aunque no sea una sorpresa...
R. Sí, está muy bien. Ahora tengo muchos premios, éste, el de Asturias, y todo eso está muy bien.

P. Rosa Montero, la escritora española que le entrevistó para El País Semanal hace nueve años, escribió en nuestro periódico que le parecía una explicación "errónea e injusta" la nota con la que la Academia Sueca explicó la razón por la que la premiaban...
R. ¡Y estoy de acuerdo con ella! Eso de "la épica femenina" no me gusta mucho, eso de poner a hombres y mujeres en campos distintos no me parece lo más adecuado... Así es como yo lo veo, pero es evidente que a la gente le gustan las etiquetas: hombres, mujeres, el bien, el mal...

P. El Nobel le da más lectores. Y si usted fuera su propia lectora, ¿por qué le hubiera dado este galardón?
R. He escrito muchos libros, en una gran variedad de géneros y sobre un montón de temas diferentes, y hay mucha gente que me sigue leyendo, por una razón o por otra. ¿Por qué lo hacen? Pues porque algo tendré. ¡Ja, ja, ja!

P. Y aumenta la cantidad de gente que va a seguir leyéndola, y el interés de la prensa. Y ya que hablamos de eso, usted siempre ha prevenido contra las perversiones de los medios: el periodismo, la televisión, todo lo que nos rodea...
R. Y sigo alertando. De todos modos, los medios de comunicación de masas y el periodismo son dos temas distintos, y me refiero a Inglaterra, no a España. En este país tenemos algunos de los peores periodistas del mundo, pero al mismo tiempo también algunos de los mejores. No sé nada del periodismo en España. Y ha venido Internet, que ha introducido un nuevo tipo de civilización cuyo significado ni siquiera hemos llegado a comprender todavía. Y la televisión, fíjese en la televisión, ha cambiado por completo la cabeza de todo el mundo, y tampoco la hemos comprendido, francamente.

P. Dice usted en uno de sus libros de memorias que la televisión interrumpió la conversación, rompió la alegría, o al menos la convivencia familiar...
R. No dije que fuera alegre precisamente esa convivencia, pero desde luego la vida familiar era distinta antes de que llegara la televisión. Yo vi llegar la televisión a una casa donde solía escucharse la radio, donde la gente solía sentarse todas las noches, a hablar, a comer, y a comer muy bien, por cierto... Estoy hablando de una cultura distinta a la que vino luego; la televisión interrumpió esa cultura. Fue el final de la conversación, de la jovialidad de la convivencia, terminó aquello de sentarnos a comer todos juntos... Aunque es cierto que muchas de las canciones que cantábamos eran muy aburridas, si es verdad que también se acabó aquello de cantar en familia, alrededor de un piano... Todo el mundo alrededor de una mesa, un perro ladrando en una esquina, una comida maravillosa (¡porque no todos los ingleses son malos cocineros!)... Todo eso se fue cuando llegó la televisión, y yo tengo el recuerdo del día en que eso ocurrió.

P. ¿Y en qué cultura estamos ahora?
R. Estamos en el final de la vida familiar tal como la conocíamos. Como sabe, muchas mujeres trabajan, cuando llegan a casa están agotadas, traen a casa comida preparada, cosa que es nueva en Inglaterra; no se lee a los niños porque estamos demasiado cansados... Todo esto es nuevo.

P. Usted trajo aquí a su hijo en 1949 y le enseñó este país. ¿Cómo era?
R. Mi hijo tenía dos años y medio, y no creo que él recuerde gran cosa de lo que vio. Lo que yo encontré cuando llegué fue un país devastado por la guerra; no era como ahora, tan alegre y colorido. Era muy oscuro, lleno de edificios agrietados, de lugares donde habían caído bombas; había manzanas enteras totalmente derruidas, era desolador. Y era muy duro, muy duro, no había suficiente para comer, hacía frío. Todo ha cambiado mucho.

P. A mejor.
R. Sí, desde luego.

P. ¿Y ahora cómo ve Inglaterra?
R. Nunca volvió a ser así, en mi experiencia. La gente tiene tanto dinero... Vas a Leicester Square y la plaza está repleta de gente. Es medianoche, o casi de madrugada, y sigue habiendo jóvenes queriendo divertirse. Esto es nuevo en este país. No creo que dure... Hmmmm, veremos. Reconozco que hay bolsas de pobreza, pero en general la gente tiene dinero, y está cómoda, y no tiene miedo. Y eso solía pasar, la gente tenía miedo: a perder el empleo, a caer enfermo... Este tipo de sociedad tan confiada en la que vivimos ahora debe de ser única en la historia. ¿Cuándo ha pasado esto antes?

P. La historia ha hecho de Inglaterra un país mejor. Pero los países donde usted nació y vivió (Persia, luego Irán, Rodesia, ahora Zimbabue) viven situaciones difíciles, a veces catastróficas... Como Afganistán, país al que dedicó mucha atención.
R. La relación con Zimbabue es especial. Allí crecí, me hice, sé mucho sobre el país. Es distinto que con Afganistán. Creo que fue un error (de los soviéticos) invadirlo. Pienso que Irán es un desastre, y con respecto a Oriente Próximo, espero que todos estén muy asustados, porque es para estarlo. Pero de todo eso no se puede hablar en un solo aliento; son todos casos muy diferentes.

P. Vayamos a Zimbabue. ¿Cómo les ha ido, desde la liberación?
R. Pues les ha ido muy mal, como sabe. En estos momentos, la gente se muere de hambre, y éste era un país que daba de comer a toda la zona, había cultivos de todo tipo... Y ahora mismo tengo una amiga que me llama y me dice: "Llevamos una semana sin agua, cuatro días sin electricidad, hay falta de comida en las tiendas, no hay pan, no hay patatas". Esta gente está pasando hambre. Puedo contarle una pequeña historia que podría ilustrar lo que ocurre. La gente está escapando a Suráfrica, y cuando llegan a la frontera les cogen y les deportan. Los surafricanos les están esperando, y los que huyen de Zimbabue les dicen: "Por favor, antes de devolvernos a nuestro país dennos algo de pan". Un detalle horroroso, ¿verdad? Y hay otra historia: los soldados de Mugabe se están escapando porque no les pagan. Miles de esos soldados bajan hacia Suráfrica, y la tragedia es que allí les esperan reclutadores que les llevan a sus propias guerras. Y puede que de pronto se encuentren en Afganistán, o en Irak, o donde sea... ¡Esta pobre gente de Zimbabue, qué tragedia!

P. Eso que cuenta recuerda la emigración africana a Europa, y cómo los deportan desde aquí.
R. Es una tragedia de nuestro tiempo, sí, pero la gente escapa de África por una pobreza generalizada, por una vida muy dura; pero la de Zimbabue es una crisis creada por un solo hombre.

P. Robert Mugabe.
R. Sí. Es un hombre muy malo. Un asesino. En fin, podría seguir, pero lo que quiero decir ahora es esto: esa gente que se va de Zimbabue busca pan, no tiene trabajo. Sus perspectivas son nulas.

P. ¿Usted esperaba que Robert Mugabe fuera así?
R. No. Nadie lo esperaba. Cuando llegó al poder, al principio, la gente decía de él que era un hombre inteligente, tenía buenos asesores. Pero enseguida se produjo una matanza, con él en el poder. Y luego se asoció con los peores dictadores del mundo, como el de Birmania, porque le gustan mucho los dictadores.

P. Es como una maldición sobre África. ¿Ve usted, como creadora de símbolos, alguna metáfora en ese desastre continuo?
R. Hay muchos países distintos en África, no se puede tomar el continente como si fuera una unidad. Pero sí, es cierto, lo que se vive en África es desalentador.

P. Volvamos a Irán, donde nació.
R. ¡No, por favor! Odio Irán, odio al Gobierno iraní, es un Gobierno malvado y cruel. Fíjese en lo que le pasó al presidente en Nueva York, le llamaron malvado y cruel en la Universidad de Columbia. ¡Maravilloso! ¡Más tenían que haberle dicho! Nadie le critica, por el petróleo; por eso nuestro encantador Gobierno británico le dora la píldora al de Irán: por el petróleo.

P. Como Putin.
R. Por lo mismo, porque quiere quedarse con el petróleo. ¡Y usted espera que los Gobiernos sean morales! No lo son, ninguno de ellos lo es. Son bochornosos, nos avergüenzan.

P. ¿Irá Estados Unidos a la guerra contra Irán por el tema de la energía nuclear?
R. No soy profeta. Si yo estuviera en Irán pensaría: ¿por qué no vamos a usar energía nuclear con propósitos pacíficos? Pero ni por un momento pienso que esos propósitos sean pacíficos, pero eso no lo podemos probar. Estamos en un maldito embrollo. Y Oriente Próximo es un desastre, todos los sabemos, y no sé quién puede solucionarlo.

P. Afganistán. Usted fue, denunció lo que pasaba allí. ¿Lo ve como una consecuencia de los atentados del 11-S?
R. Lo veo como una consecuencia de la invasión rusa de Afganistán. El 11-S no puede ser tan importante como aquello. Lo que vi en Agfanistán fueron las consecuencias de la invasión soviética, que resultó un desastre. Pude hablar y ver tanto a mujeres como a soldados. La mayor parte de los periodistas no vieron nunca a las mujeres, así que puedo decirle que la invasión soviética de Afganistán fue uno de los grandes crímenes de nuestro tiempo. Y quizá habría que recordarlo: Gran Bretaña fue derrotada tres veces por los afganos en el siglo XIX. En España, la gente no tiene por qué saberlo, pero nosotros debemos saberlo y recordarlo. ¿Qué estamos haciendo ahí? Nos han derrotado tres veces. Es una locura. Somos una gente loca. Volvemos a Afganistán, oh, debemos ocuparnos. Una broma, pero no una broma graciosa.

P. Usted estuvo con las mujeres...
R. Las condiciones de las mujeres eran horribles. Los guerrilleros estaban agotados, no llevaban zapatos, luchaban en la nieve. Fue una guerra terrible, terrible. Y los rusos, ¿sabe?, no son muy buenos. No sé cómo serían en la II Guerra Mundial, pero sé que en Afganistán fueron terribles. Los oficiales trataban tan mal a los soldados que bebían líquido de frenos en lugar de alcohol, vendían sus propias armas para conseguir drogas. No sé cómo serán ahora los soldados rusos, pero fueron muy muy malos en Afganistán.

P. El 11-S, el 11-M, los atentados de Londres, nosotros seguimos sufriendo a ETA. Usted ha escrito mucho sobre terrorismo.
R. Y aquí tuvimos el IRA. ¿Sabe lo que la gente olvida? Que el IRA atentó con bombas contra nuestro Gobierno; que mató a varias personas mientras se celebraba una convención conservadora, en la que estaba la primera ministra, Margaret Thatcher. La gente se olvida. El 11-S fue terrible, pero si se repasa la historia del IRA, lo de los americanos no resulta tan terrible. Cualquier americano pensará que estoy loca. Murieron muchas personas, cayeron dos edificios prestigiosos, pero no fue tan terrible ni tan extraordinario como ellos creen; son gente muy ingenua, o fingen que lo son.

P. Nosotros somos muy sensibles en España ante esta nueva guerra del terror. En la respuesta norteamericana hubo una foto famosa: Bush, Aznar, Blair...
R. Siempre odié a Tony Blair, desde el principio. Muchos de nosotros odiábamos a Tony Blair, creo que ha sido un desastre para Gran Bretaña, y lo hemos padecido muchos años. Lo dije desde que fue elegido: éste es un pequeño showman que nos va a meter en problemas, y nos metió. En cuanto a Bush, es una calamidad mundial, todo el mundo está harto de este hombre. O bien es un estúpido, o bien es muy listo, aunque hay que pensar que es miembro de una clase social que se beneficia mucho con las guerras, nos olvidamos de que una guerra beneficia a muchas personas. ¿Sabe? Acabo de terminar un libro sobre la guerra. No pretendía que lo fuera, pero es un libro contra las guerras. Me asombra cómo olvidamos la influencia enorme que las guerras tienen; están ahí siempre, como su memoria... Ustedes deberían saberlo. Su guerra civil fue tan terrible. En la I Guerra Mundial, Europa decidió dispararse a sí misma. La II Guerra Mundial fue otra historia. ¡Y éstas son nuestras guerras! Somos mucho más brutales, más crueles. Nos gusta olvidarlo, pero no se puede olvidar. He estado leyendo novelas recientes de escritores suyos sobre la Guerra Civil española. Para la gente de mi generación, la Guerra Civil fue tan importante. Fue tan desgarradora, tan difícil, tan imposible de entender el comportamiento de nuestros Gobiernos... Quizá ustedes lo hayan olvidado, pero Gran Bretaña y Francia tuvieron un comportamiento deplorable, permitieron que Hitler y Mussolini ayudaran a Franco porque en España había un Gobierno de izquierdas. Yo me encontraba con gente que lloraba de rabia y de vergüenza por nuestros Gobiernos.

P. En España hay un proceso para crear una ley que repare el daño moral de aquella guerra. Y la derecha no la quiere apoyar.
R. Lo sé, tengo muchos amigos españoles. Y hubo una derecha extrema en España a la que el Rey puso fin mientras todo el mundo aplaudía. Fue maravilloso, ¿sabe? Conocí al Principe, y a su madre, que está muy orgullosa de él, cuando recibí el premio que lleva su nombre, en Oviedo.

P. ¿Y cómo sale uno de la guerra?
R. Yo estaba casada con un refugiado alemán y experimenté la guerra a través de él. Los alemanes que eran anti-Hitler estaban en la terrible situación de tener que aplaudir la destrucción de Alemania. Emocionalmente eso era muy difícil para ellos. Así que experimenté la guerra de esa forma contradictoria. La gente no dejaba de hablar de la guerra. O acababan de volver del frente, o habían sufrido los bombardeos, y eso duró hacia finales de los años cincuenta: la guerra, siempre la guerra, una conversación interminable. La guerra y la memoria no acaban nunca.

P. ¿Nos puede contar algo de su libro sobre la guerra?
R. Sobre mis padres y la guerra. Mis padres sufrieron mucho con la I Guerra Mundial, salieron muy dañados. Así que les he dado vida, como si la guerra mundial no hubiera ocurrido. Vidas decentes, corrientes, poco excitantes. Ésa es la primera mitad del libro. La segunda parte es lo que verdaderamente ocurrió, y debo decir que algunas partes son bastante trágicas, horrendas. ¡Porque fue trágico y horrendo! Esa gente era perfectamente normal, corriente, y fueron destrozados por la guerra. Yo esto lo sentía incluso cuando era una niña. Ha sido doloroso de escribir, pero muy agradable dar a mis padres vidas de paz. Mi padre siempre quiso ser un granjero inglés, así que le convertí en granjero inglés. Y a mi madre le he dado todo tipo de cosas interesantes que hacer, porque era una mujer tan sumamente lista.

P. ¿Cómo se siente por dentro, escribiendo de la guerra?
R. Estoy enfadada. Tengo la edad que tengo y sigo enfadada. No se me va, no se me va, siempre está ahí.

P. ¿La literatura no lo cura?
R. No se ha ido. No sé por qué. Siento, como sentía mi padre, ira, ira de que esto sucediera. La II Guerra Mundial había que lucharla, pero la primera guerra fue tan innecesaria...

P. Cuando usted era una niña comía naranjas mientras leía. Y soñaba.
R. Sigo soñando, pero ya no como naranjas. Soy demasiado vieja para comer naranjas. Eso es hacerse vieja: no como de esto, no como de lo otro... Pero sigo leyendo mucho, y soñando.

P. ¿Y recuerda los sueños?
R. Claro. Y entre escritores es lógico que los use.

P. Ahora tiene mucho que celebrar. ¿Qué es lo que más le gusta de lo que le sucede ahora, estas semanas?
R. Yo tengo una situación en mi vida de la que no hablo. Tengo un hijo inválido, al que tengo que cuidar. Así que mi vida no es en absoluto lo que yo esperaba. Y no puedo hablar de ello. Ya no es mi vida, ya no vivo mi vida.

P. ¿Qué va a hacer en su cumpleaños?
R. Nada. Me ocuparé de eso cuando cumpla los 90. ¡Oh, Dios, otra vez el teléfono!

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REPORTAJE: PREMIO NOBEL DE LITERATURA
La mirada radical
Por Carles GELI & José Andrés ROJO
12/10/2007

Los editores hacen colan en Francfort para recuperar viejos derechos sobre obras de la escritora

En la última novela de Doris Lessing, The cleft, un senador romano cuenta la remota historia de una comunidad habitada únicamente por mujeres. El tono es mítico, y de lo que trata al fin es del descubrimiento del otro, del diferente, del hombre. A punto de cumplir 88 años, y tras haber sido una voz profundamente comprometida con África y un referente de las luchas de la mujer en un mundo gobernado por hombres, la escritora británica cuenta de un rincón del lejano pasado y pone en escena un encuentro entre los dos sexos, en un territorio y un tiempo en el que vivían solas las mujeres y no echaban de menos al hombre.

La Academia Sueca ha decidido esta vez premiar la larga obra de esta mujer menuda, combativa, entusiasta, dura y fuerte. Horace Engdahl, secretario permanente de la Academia, resumió los argumentos del jurado, informa Ricardo Moreno, comentando que el Nobel llegaba a Lessing "por su épica narrativa de la experiencia femenina, que con escepticismo, pasión y poder visionario, ha sometido a examen a una civilización desunida". La decisión, dijo, había sido "minuciosamente debatida". El premio, que este año está dotado con algo más de un millón de euros, será entregado en la tradicional ceremonia del 10 de diciembre que conmemora el aniversario de la muerte de su creador, Alfred Nobel.

En el último Hay Festival de Segovia, donde participó en un diálogo y se mostró reacia a hablar de los viejos feminismos, Doris Lessing tenía en el trato directo la dulzura, simpatía y sencillez que sólo otorgan la sabiduría, la experiencia, los largos años de frecuentar una escritura que, sin embargo, fue rotunda y clara y radical a la hora de explorar las vidas de los más desfavorecidos y de implicarse en la lucha por un mundo más justo.

Doris Lessing nació el 22 de octubre de 1919 en la localidad persa de Kermanshash (actual Irán). Allí vivían su padre, que había sido herido en la I Guerra Mundial, y su madre, enfermera. Se trasladaron a Rodesia (hoy Zimbabue) en 1924, donde la escritora pasó su infancia y juventud en una granja (aunque estudió en la capital, Salisbury, hasta los 13 años). Leyó como posesa, se fue de casa a los 15 años y regresó para casarse a los 19. El matrimonio le duró cuatro años. Dejó entonces a su marido y a sus dos hijos y se unió a un grupo de comunistas que lideraba Gottfried Lessing, con quien se casó en 1944. Lo abandonó en 1949 y se fue a Londres con el hijo que tuvo en este segundo matrimonio.

Ahí empezó su carrera literaria (y su militancia comunista, que abandonó en 1956), cargada inicialmente con la pólvora de la crítica a la política racial del lugar de donde venía (fue declarada persona no grata por Rodesia y Suráfrica en 1956) y que fue cambiando, primero para dar cuenta de las inquietudes de la mujer -en obras como Martha Quest(1952), que inicia su serie Los hijos de la violencia, o en su célebre El cuaderno dorado (1962)- para, posteriormente, abarcar preocupaciones diversas -de nuevo la situación de África- o cultivar géneros distintos, como la ciencia-ficción. Otras obras de referencia suyas son En busca de un inglés (1965), La costumbre de amar (1983), Cuentos africanos(1984), La buena terrorista (1987) y El quinto hijo (1989). Su autobiografía tiene dos volúmenes: Dentro de mí (1994) y Un paseo por la sombra (1997). En España fue galardonada con el Premio Internacional de Cataluña (1999) y el Príncipe de Asturias de las Letras (2001).

La Feria Internacional del Libro de Francfort se convirtió ayer, como cada año, en caja de resonancia del premio. Entre los entusiastas estaban las editoras españolas de Lessing, como Silvia Querini, que adquirió hace poco para Lumen su última novela y varios títulos para lanzar una biblioteca de la autora ("fue una escritora que marcó mi juventud"), y Pilar Beltrán, que la publica en catalán en Edicions 62 ("el discurso feminista al que ella contribuyó quizá haya cambiado, pero no la rotundidad con que ella lo expresa"), y también la escritora Carme Riera, que dijo: "Fue un referente para nuestra generación". Un poco más distante se manifestó Umberto Eco, que ayer conversó sobre su último libro (Historia de la fealdad) en la feria y que comentó que es "una buena autora con una gran alma literaria", si bien le extrañó que el premio lo ganara "un autor de lengua inglesa tan poco tiempo después de Harold Pinter", informa Efe.

Mario Vargas Llosa comentó que las feministas habían adoptado El cuaderno dorado como manual cuando es, en realidad, una novela "sobre las ilusiones perdidas de una clase intelectual". En esa línea, José María Guelbenzu explicó en Madrid que considera a Doris Lessing una escritora "de primera línea" que merece el premio "por razones estrictamente literarias", pero lamenta que "se convirtiera en icono de las feministas". Más duro fue Marcel Reich-Rannicki, considerado el Papa de la crítica literaria alemana: "Es una decisión decepcionante. La lengua inglesa tiene escritores más importantes y más significativos como John Updike o Philip Roth".

Pero la verdadera excitación por el Nobel se concentró en una pequeñísima mesa: la L.2. La misteriosa codificación responde a la ubicación, en el área de los agentes literarios, de Daniela Petracco, de la agencia londinense Andrew Nurnberg, que gestiona los derechos de Lessing. Apenas una hora después de hacerse público, tres editores españoles hacían cola para intentar recuperar viejos derechos sobre obras de la autora publicadas hace ya unos años. "Su obra está muy dispersa en España", constató la agente, incapaz de cifrar el número de lenguas a las que está traducida, si bien no cree que esté editada en su país de nacimiento, hoy Irán. "Su mensaje atrae a los lectores generación tras generación, quizá no con grandes ventas, pero sí constantes", comentó Petracco.

MUJERES GALARDONADAS CON EL NOBEL DE LITERATURA

- Selma Lagerlöf (1909). Suecia.
- Grazia Deledda (1926). Italia.
- Sigrid Undset (1928). Noruega.
- Pearl S. Buck (1938). EE UU.
- Gabriela Mistral (1945). Chile.
- Nelly Sachs (1966). Alemania.
- Nadine Gordimer (1991). Suráfrica.
- Toni Morrison (1993). EE UU.
- Wislawa Szymborska (1996). Polonia.
- Elfriede Jelinek. (2004). Austria.
- Doris Lessing (2007). Reino Unido.


Articulo: http://cultura.elpais.com17/11/2013