samedi 21 décembre 2013

Juan GONZALEZ/“Al libro de papel le queda un lustro”

IDEAS PROPIAS 
“Al libro de papel le queda un lustro”

El informático jiennense Juan González, creador del ‘e-reader’ Papyre, innova ahora en formatos educativos y está ampliando su mercado en América.

“Quizá tenga un cierto olfato para ver por dónde van a ir las cosas”. Juan González de la Cámara estudió Física Nuclear pero pronto se dio cuenta de que el futuro estaba en la informática y en las nuevas tecnologías. Lo que ocurre es que cuando nació Internet casi iba contracorriente. “Cuando creé mi primera empresa hablar de Internet era como hablarle a la gente de ciencia ficción”, asegura este emprendedor que nació en Torrequebradilla (Jaén) en 1962, creador del Papyre, precursor dentro del libro electrónico en España. Hoy, no solo es el principal proveedor del soporte de libros electrónicos e-reader (ha vendido 500.000 desde su creación hace seis años) sino que su empresa se ha expandido por Sudamérica y ya ha empezado a pisar fuerte en el mercado de los formatos digitales para el mundo educativo.

La conclusión de sus estudios de Física casi coincidió con la irrupción de Internet, lo que le hizo dar un giro en sus planteamientos iniciales. Tras pasar por una empresa de Almería, González trabajó como informático del Registro Mercantil central de Madrid, una experiencia que le sirvió para crear poco después su primera empresa, Axesor, que es hoy la segunda agencia española de informes comerciales.

En 2006 vendió su participación en esta firma y dio el salto en solitario al mundo tecnológico. Fue entonces cuando fundó Grammata, empresa radicada en Granada y que alumbró el nacimiento del Papyre, un dispositivo con capacidad para almacenar hasta 20.000 libros electrónicos. El también llamado e-book, con una pantalla de seis pulgadas, permite la reproducción de contenidos digitales (libros, publicaciones y todo tipo de documentos) en cualquier momento y lugar, con una calidad de lectura como en el formato de papel gracias a la tecnología de tinta electrónica denominada e-ink, que al no emitir luz no cansa la vista.

“Lo de Papyre es por la teoría de las cinco p y los principales soportes de la escritura en la humanidad: piedra, papiro, pergamino, papel y ahora Papyre”, explica el informático jiennense.

¿Y el nombre de Grammata? “Pues porque lo más importante no es el soporte, sino los contenidos, y de ahí el nombre que significa alfabeto”, dice. González todavía recuerda cómo fueron sus inicios: “Al principio la gente me decía que estaba loco y que el papel no iba a desaparecer, pero apenas unos años después me reconocieron que el libro electrónico era lo mejor del mundo”. No obstante, su objetivo inicial no pasaba por el libro electrónico, sino por otro soporte que sustituyera al papel. De hecho, pensó en llamar Pizarrín a su primer lector, quizá porque recordaba al que utilizaban los estudiantes antes de que se popularizasen los cuadernos y los apuntes.

Aunque el montaje se realiza en China, todo el software y la tecnología salen desde la sede granadina de su empresa, donde trabajan medio centenar de personas, junto a otras 25 en sus filiales en Argentina, México y Colombia. Desde que en septiembre de 2007 vendió su primer dispositivo de tinta electrónica, su crecimiento ha sido constante. Tanto que se atreve a mirar de tú a tú a las grandes firmas del sector como Amazon o Sony. De hecho, al contrario que sus competidores, su libro electrónico tiene formatos libres.

“En 2008 pronostiqué en una conferencia que en 10 años quedaría apenas un 10% de papel y ahora mantengo mi apuesta: en apenas cinco años el mercado literario en papel desaparecerá”, aventura González de la Cámara, que añade que ese 10% restante quedará reservado para ediciones especiales. Un cambio tecnológico que se acelera, según este empresario, por el vacío legal existente en el país en el tema de las descargas. “En España no es ilegal bajarse un libro o una película, y eso claro que hace mucho daño a editores y fabricantes”, se lamenta.

Consolidado el libro electrónico, Juan González ha diversificado ahora su negocio en nuevos formatos digitales para el mundo de la educación. Así es como ha patentado una tableta donde el escolar puede encontrar todo lo que necesita, desde el temario a un diccionario o una agenda. “Mi planteamiento es muy distinto al que han seguido las autoridades educativas en el país, que han creado el instrumento pero con contenidos muy pobres”, indica el informático jiennense, muy crítico con el proyecto Escuela 2.0 puesto en marcha en los colegios españoles.

De momento, una veintena de centros privados en el país ya ensayan con la tableta diseñada por este empresario andaluz, al igual que una universidad en Ecuador y una región en Colombia con 250.000 escolares. “Lo que propongo a las autoridades educativas es que por el precio del libro tradicional en papel les facilito el cambio tecnológico, con una tableta con ocho horas de batería y, encima, se sustituye una mochila de 12 kilos por un dispositivo de 600 gramos”, explica González, que mantiene conversaciones con las grandes firmas del sector, como IBM o Intel, para comercializar esta plataforma educativa.

Juan González está convencido de que la digitalización del libro será una de las decisiones más estratégicas que tendrán que tomar los editores más pronto que tarde. Pero para eso cree que es necesario un cambio de mentalidad, sobre todo en las instituciones públicas. “De momento, la crisis no parece que haya mermado en exceso el negocio del libro electrónico. Seguimos creciendo, aunque menos”, señala, para recordar que su primer dispositivo lo vendió a 350 euros y ahora ya se pueden encontrar a poco más de 80 euros.

Trabajo, constancia y visión

“En cualquier sector se puede innovar, claro que es posible, lo que pasa es que desde que se tiene la idea hasta ponerla en práctica hace falta mucho trabajo y esfuerzo”, indica el empresario Juan González de la Cámara. En su tierra empezó a soñar con crear empresas y ahora acude con frecuencia a explicar su experiencia a jóvenes emprendedores. Incluso aconseja que no se desmoralicen cuando el proyecto no sale adelante. “Si te equivocas también se aprende, a mí me pasó con una empresa de firma electrónica”. Eso sí, pide mayor apoyo a los empresarios y que fluya el crédito.


Articulo: http://elpais.com 15/12/2013

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