samedi 21 décembre 2013

Valerie MILES/ Roberto BOLAÑO en Buenos Aires

Roberto Bolaño en Buenos Aires
Por Valerie MILES

Exposición. Después de haber sido exhibidos en Barcelona, se podrán ver en el Centro Cultural Recoleta, los cuadernos, diarios, manuscritos, cartas y dibujos que constituyen el archivo del escritor chileno, y otros objetos personales.

Carolina López (viuda de Roberto Bolaño) ha organizado y protegido los abundantes materiales que integran el archivo de Roberto Bolaño (cuadernos, diarios, manuscritos, cartas, dibujos y recortes de prensa) respetando escrupulosamente su ordenamiento. Así, la exposición ofrece una mirada a un empeño que los herederos de Roberto Bolaño han puesto generosamente a disposición del público. Cuando Carolina López me invitó a compartir el proceso de lecturas de esos materiales, hace ya varios años, quedé impresionada por la amplitud de los trabajos de Bolaño durante los años que residió en Barcelona y Gerona, no sólo porque constituyen la génesis de su universo narrativo, sino también por la minuciosidad y determinación con que esculpía su propuesta expresiva: profundamente innovadora pero en diálogo con una tradición, con la aspiración de continuarla modificándola. A partir de un cuidadoso proceso de análisis de los documentos desde 2008, de sus primeros manuscritos y cuadernos empezó a discernirse una cronología creativa. Bolaño escribió disciplinadamente durante casi veinte años sin publicar apenas, y por medio de su método de reciclaje continuo, el sotobosque creció haciéndose cada vez más rico y denso. Esta cronología creativa articula la estructura de la exposición. Empezamos a trabajar con Juan Insúa y el equipo del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona en el otoño de 2012 para organizar la exposición pública que ofrece una idea cabal de lo mucho que ya había escrito Bolaño antes de su vida de autor publicado.
"Soy inmensamente feliz" es una frase que asoma a menudo en los cuadernos de Bolaño, y revela la que puede ser una de sus mayores paradojas íntimas. El escritor, cuya exploración de la violencia y el mal se adentra en los escondrijos más oscuros de la mente humana, era una persona muy dichosa. En sus diarios se percibe que el abismo está a un paso, sobre todo durante los años de Barcelona y los primeros de Gerona: "Comprométete, Roberto, con tu pobreza de espanto y con la pobreza de espanto que solidariamente te rodea. Estás en la parte más blanca de la ola. Comprométete, Roberto, a mirar". ("Diario de Vida. Poemas Cortos III", 1980).

Uno de los documentos más destacados de la exposición es el manuscrito original, en tres cuadernos, de la novela aún inédita El espíritu de la ciencia ficción , escrita en 1984. Que estos documentos aún perduren de puño y letra de Bolaño es una suerte. Además de dejar constancia de su autoría, los cuadernos ofrecen claves sobre el escritor y su contexto. Lo escrito de la mano del propio autor -en el caso de Bolaño, en su meticulosa caligrafía- tiene algo orgánico, conserva su aura o por lo menos da rienda suelta a la imaginación del espectador.

Durante un tiempo sus cuadernos son encantadores y frescos, pero en 1978 se hacen oscuros y desesperados, y aparece el Jorobadito. Bolaño se aísla en Gerona y empieza a aplicar algunas ideas sobre la fragmentación y las nociones del tiempo. Por ello son tan relevantes sus primeras notas, documentos y materiales inéditos. Allí están los relatos y fragmentos que se convirtieron en secciones de otros relatos y después en novelas, y secciones de novelas repartidas en otras con nombres nuevos o nombres apenas alterados, pero refundidos con otros textos. Bolaño no abandonaba sus descartes, sino que los volvía a meter en el guiso, ese proyecto en evolución constante de un universo multidimensional que gira como un gran caleidoscopio de símbolos y metáforas y temas y significados. Los signos y señales son misteriosos, porque pertenecen a cada individuo, y cada lector aporta una experiencia distinta del acto interpretativo. Así lo explica Bolaño en sus notas sobre Los sinsabores del verdadero policía : "El policía es el lector, que busca en vano ordenar esta novela endemoniada". Bolaño apuntaba a menudo notas dirigidas a sí mismo, a veces en mitad de una narración, a fin de guiarse a través de un pasaje difícil, o para cambiar el ángulo desde donde desarrollar el relato o para darse ánimos, explicarse sus intenciones en medio de una trama, creando un tercer "yo" al modo de Calvino.

Da la impresión de que Bolaño dejó deliberadamente algunas claves diseminadas a lo largo de sus cuadernos, por si algún arqueólogo literario llegara a excavar en ellos y algún aprendiz de sabueso fuera tras el rastro del curtido detective que, como un fantasmagórico visitante del futuro, mueve con suma travesura la pieza del tablero más allá del tiempo. De pronto una frase salta de la página para generar un momento de admiración o asombro o grandes carcajadas. En el cuaderno que contiene "DF, La paloma, Tobruk" (1983), por ejemplo:

Abre un cajón del estante de los libros. Está lleno de papeles manuscritos. Toma uno al azar: '"¡a veces soy inmensamente feliz!". La letra es pequeña. Bebe un sorbo de cerveza y sigue leyendo otros apuntes (no viene al caso decirlo en este momento, pero ella no siente estar violando nada al leer esas especies de notas, diario de vida o lo que fuera sea). Lo importante, lo verdaderamente importante quiero decir, es que la cerveza se entibia, aparece la luna en lo alto del callejón tan sólo por unos instantes.

En estos materiales de gestación se configura una cosmografía creativa y se nos ofrece un viaje hacia el origen de sus obsesiones más allá de lo obvio, o lo que mencionan a menudo críticos y estudiosos. Tenemos ya un juego de llaves que da acceso a los más secretos indicios, incluso a aquellos que no estaban ni siquiera claros para el propio escritor. El centro oculto de sus ficciones. En la novela inédita que escribió en 1984, El espíritu de la ciencia ficción , su álter ego, Remo, le dice a su compañero que su tema "es una investigación que conduce al protagonista a través de un infierno de espejos y que acaba en la fusión de imágenes gemelas".

Sus cuadernos manuscritos ilustran un perfeccionismo y una obsesiva atención al detalle que desmienten las hipótesis de que su prosa magnética es el resultado de técnicas de estilo libre o escritura automática. La absoluta legibilidad de su estilo narrativo puede parecer una feliz improvisación, pero sus cuadernos demuestran lo contrario: era un quisquilloso cazador de la mot juste y armaba sus estructuras con sumo cuidado. Observamos cómo invocaba a las musas o a los demonios y saltaba al abismo, el outsider por antonomasia, testigo de su tiempo, voz de su generación. Bolaño dijo una vez que la gran literatura es "una cuestión de videncia. Es decir, por un lado es una lectura lúcida y exhaustiva del árbol canónico y por otro lado es una bomba de relojería. Un testimonio que explota en las manos de los lectores y que se proyecta hacia el futuro".

[Traducción de Marta Hernández Pibernat]
Del 19 de diciembre al 16 de febrero, en el Centro Cultural Recoleta (Junín 1930). Salas J y C. Entrada libre y gratuita.

Articulo: http://www.lanacion.com.ar  13/12/2013