dimanche 19 janvier 2014

Homenaje a Juan GELMAN

Fallece Juan Gelman
Por ELCULTURAL.es 

El poeta argentino Juan Gelman, ganador del premio Cervantes en 2007 y autor de más de una treintena de libros, ha fallecido este martes a los 83 años.

El poeta argentino Juan Gelman, ganador del premio Cervantes en 2007 y autor de más de una treintena de libros, ha fallecido este martes a los 83 años de edad en Ciudad de México, donde residía desde 1976, tras exiliarse de su país de origen a causa de la dictadura militar. "Murió tranquilo, en su casa, rodeado de su familia (...), de una enfermedad que se llama síndrome de mielodisplasia" (disfunción de la médula ósea), dijo una fuente de la familia que prefirió mantener en reserva su identidad.

Gelman pasa a la historia como uno de los grandes referentes de la lengua del pasado y el presente siglo. Renovador del lenguaje, el poeta argentino fue un mago que recreaba y construía neologismos de toda suerte, un amante de la palabra como instrumento no sólo comunicativo, sino objeto de belleza en sí misma. Pero además su producción estuvo caracterizada por un fuerte compromiso ante la injusticia. Julio Cortazar escribió que "lo más admirable en su poesía es su casi impensable ternura allí donde más se justificaría el paroxismo del rechazo y la denuncia, su invocación de tantas sombras desde una voz que sosiega y arrulla, una permanente caricia de palabras sobre tumbas ignotas".

El poeta argentino, que nació en Buenos Aires el 3 de mayo de 1930 en el seno de una familia judía de emigrantes ucranianos, comenzó a interesarse por la poesia desde pequeño gracias a los versos de Pushkin que recitaba su hermano y que, de manera precoz, trataría de imitar para conquistar a las chicas del barrio bonaerense de Villa Crespo.

En 1955, Juan formó parte de un grupo de poetas que se denominaron “El pan duro” y en 1956 publicó ya su primer libro de poemas Violín y otras cuestiones y comenzó a ser conocido por Latinoamérica con obras como El juego en el que andamos, Velorio del solo o Gotán. Ejerció el periodismo que practica todavía hoy en Página 12 y que reunió en dos volúmenes. En 1967 entró en las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) que, en 1974, se fundirían con Montoneros.

La dictadura militar de Videla obligó al escritor a exiliarse en Roma, Madrid, Managua, París, Nueva York y México, alternando su actividad política contra el régimen con trabajos para la UNESCO. Durante su ausencia de Argentina llegó a estar condenado a muerte por la dictadura de su país y sufrió de cerca el drama de los "desaparecidos" cuando su hijo y su nuera pasaron a formar parte de esta dolorosa lista, tal y como recogen los diario argentinos en el día de su fallecimiento.

En el exilio publicó, por ejemplo, Hechos y relaciones o Si dulcemente, parte de una etapa reflejo del clima de derrota y pérdida sufrido por el autor. Otro aspecto curioso de la obra de Gelman es la presentación de su propia poesía como traducción, en algunas ocasiones. Atribuía sus versos a poetas apócrifos, como quedó de manifiesto en Traducciones III: los poemas de Sydney West. En su extensa carrera ha sido galardonado con el Premio Nacional de Poesía, el premio Cervantes, el premio Pablo Neruda y el premio Reina Sofía de Poesía.

En 1988 logró regresar por primera vez a Argentina y en el año 2000, tras años de incesante búsqueda, consiguió hallar e identificar en Uruguay a su nieta Macarena. Su hijo, Marcelo Gelman, y su nuera, María Claudia García, habían desaparecido unos meses antes de que esta pudiera dar a luz. Macarena había nacido en cautiverio y pocos meses después fue trasladada ilegalmente a Uruguay. Gracias a una investigación impulsada por organizaciones de derechos humanos pudo recuperar su identidad.

Al recibir el premio Cervantes, el escritor argentino dijo que "la poesía es como una doncella tierna y de poca edad y en todo extremo hermosa", parafraseando a don Quijote. Allí recordó también que el poeta "no escribe para vivir, sino que vive para escribir".

El entonces presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, transmitió en aquella fecha su felicitación a Gelman y dijo que se trataba de "un merecido reconocimiento a su obra literaria, que trasciende fronteras e idiomas, que ha sabido hablar al corazón y a la inteligencia de los hombres en la justicia y de la verdad".

Según Zapatero, vida y obra de Gelman "son símbolos de la resistencia de la palabra frente al horror, símbolos de esperanza", demostrando que "sí hay poesía después de la barbarie". "Su palabra, que es palabra de muchos, abre espacios para entender lo incomprensible, para darle sentido al dolor, para seguir viviendo con la esperanza y la capacidad de amar intacta, para sentirnos uno y muchos en torno a ella", sentenció. 

En 2012, Seix Barral editó su Poesía reunida. De aquel volumen hemos seleccionado estos cuatro poemas.

Violín
EPITAFIO

Un pájaro vivía en mí.
Una flor viajaba en mi sangre.
Mi corazón era un violín.

Quise o no quise. Pero a veces
me quisieron. También a mí
me alegraban la primavera,
las manos juntas, lo feliz.

¡Digo que el hombre debe serlo!

(Aquí yace un pájaro.
Una flor.
Un violín.)

El crepúsculo atraca al triste y solo
violín de mi corazón.

El crepúsculo instala muchachas melancólicas
en el balcón.

El crepúsculo toca en las esquinas
una música gris.

Y llora largamente,
blandamente.
(¿No lo oís?)


EL CABALLO DE LA CALESITA

Trajín, ciudad y tarde buenos aires.
Aire de plaza, ruido de tranvía.
(Galopando una música de tango
gira el caballo de la calesita.)

Los hombres van y vienen. Una vieja
vende manzanas en aquella esquina.
(Corazón de madera, ojo pintado,
gira el caballo de la calesita.)

Un grave industrial hace negocios.
Un vago duerme junto a la banquina.
(Transitado de risas y de niños
gira el caballo de la calesita.)

Una pareja se ama. Un angustiado
compra cianuro, escribe y se suicida.
(Ha muerto un ruiseñor. Pero no llores,
gira, caballo de la calesita.)

Os contaré una historia maravillosa y cierta.
Una tarde (el crepúsculo lentamente caía)
se me llenó la boca de soledad. Desierta
era mi sangre. Mi alma ni un pájaro tenía.

Caminaba. A lo lejos se oían los violines
que el crepúsculo toca para verme más triste.
Mi alma se vestía de lentos adoquines.
(Mi alma en la soledad no se desviste.)

Iba sin una luz, sin una rosa.
Sin un poco de mar, sin un amigo.
Me vio el caballo de la calesita.
Me vio tan solo que se fue conmigo.

Y ahora en mi corazón y desde entonces,
transitado de niños y de risas,
prisionero en mi música voltea,
gira el caballo de la calesita.

(Tiene el ojo pintado.
Su corazón es de madera limpia.)


CREPÚSCULO DISTINTO

Ha caído el crepúsculo sobre la esquina
donde suelo esperarme con un violín.
(Una muchacha, sola de sonatina,
es en el aire una música gris.)

Pasan los infaltables pájaros tristes
que el crepúsculo inventa para que a mí…
(Y esa muchacha siempre sola en su música…
Y yo siempre esperándome con un violín…)

Pasan los niños, traen sobre la punta
de su alegría risas de ta te ti.
(Pienso que esa muchacha, sola en su música…
Pienso que en el crepúsculo, juan, mi violín…)

Pasan los hombres, luchan por su estatura,
por un pan milagroso de porvenir.
(¡Pero, muchacha sola, deja tu música!
¡Pero, juan que me esperas, deja el violín!)

La vida es roja como la buena sangre.
Dura y alegre, nunca viste de gris.
Ven, muchacha, he llegado. Caminaremos.
(Deja atrás esa música triste.
Con mi juan, el del triste violín.)

Niño, tus cuatro letras de ternura
viven en mí.

Niño, seguramente naces cuando
el mar dice que sí.

Niño, te digo, voy por las orillas
de un alegre violín.

Llevo tus cuatro letras de ternura.
Viven en mí.

Tócame la mejilla por si encuentras
una humedad antigua y olvidada.
Es del tiempo en que quise ser caballo
para no ser fantasma.

Tócame la mejilla. Vamos, anda…


ORACIÓN DE UN DESOCUPADO

Padre,
desde los cielos bájate, he olvidado
las oraciones que me enseñó la abuela,
pobrecita, ella reposa ahora,
no tiene que lavar, limpiar, no tiene
que preocuparse andando el día por la ropa,
no tiene que velar la noche, pena y pena,
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.

Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido,
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay,
bájate un poco, contempla
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío,
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre
cavándome la carne,
este dormir así,
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido,
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
tócame el alma, mírame
el corazón,
yo no robé, no asesiné, fui niño
y en cambio me golpean y golpean,
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
si estás, que busco
resignación en mí y no tengo y voy
a agarrarme la rabia y a afilarla
para pegar y voy
a gritar a sangre en cuello
porque no puedo más, tengo riñones
y soy un hombre,
bájate, ¿qué han hecho
de tu criatura, Padre?
¿Un animal furioso
que mastica la piedra de la calle?

Articulo: http://www.elcultural.es 15/01/2014

***
Amor correspondido
Juan Gelman: el poeta del lenguaje sin fronteras
Por Violeta Gorodischer 

Su pasión por la poesía lo llevó a concebir una obra prolífica y siempre cambiante, cuyos temas fueron desde las problemáticas sociales y políticas hasta las condiciones y posibilidades de la escritura poética en sí misma, pasando por la intimidad de las situaciones y los afectos cotidianos; un legado que enriquece la literatura argentina

El relato fundacional lo muestra a la edad de cinco años, mudo y deslumbrado mientras Boris, su hermano mayor, recitaba versos de Pushkin en ruso. Y lo reubica apenas un tiempo después, a los nueve, garabateando poemas de Almafuerte para conquistar a una vecinita de Villa Crespo, su barrio natal. De ahí al Colegio Nacional de Buenos Aires, una breve permanencia en la carrera de Química y el amor por siempre correspondido con las letras, no hay más que un paso, y cientos de artículos escritos sobre el tema. Lo cierto es que, superado el pintoresco color del retrato, nos quedan los datos: Juan Gelman, el gran poeta argentino ganador del Cervantes, acaba de irse para siempre, dejando un legado que ya está inscripto en la historia de la literatura argentina.

Los años 50 lo encontraron orbitando en torno al Partido Comunista y a un grupo de poetas, integrado por Juana Bignozzi, Héctor Negro, Hugo Di Taranto y Mario Navalesi, entre otros, con quienes formaría el colectivo Pan Duro. Todos ellos, de una u otra manera, se relacionaron con José Portogalo y especialmente con Raúl González Tuñón, una suerte de padrino artístico que les inculcó el germen de la poesía como forma de compromiso social. Fue el célebre poeta, sin ir más lejos, quien prologó Violín y otras cuestiones (1956), primer libro de Gelman en el que el autor no sólo mostraría ese "contenido principalmente social" tan grato a los ojos de González Tuñón sino que dejaría en claro el camino por seguir: una escritura joven, fresca y dispuesta a renovar los rígidos cánones de la poesía latinoamericana. Querían hacer política con aires de tango, sí, pero también querían romper con la estética impuesta hasta entonces por Pablo Neruda. De ahí el lenguaje coloquial, los temas cotidianos -el hijo, el padre, la cocina, los oficios-, la irreverencia ante la sintaxis estricta, la libertad para usar diminutivos, torcer verbos, inventar sustantivos... Todo eso que comenzó a hacer Gelman en aquel primer libro y que mantuvo en los que siguieron después, como El juego en que andamos (1959) o Gotán (1962), que sólo desde el título (tango al vesre, en clave más que aporteñada), mostraba picardía ante una tradición que retomaba y horadaba a la vez. ¿Su hallazgo? Poner en un mismo nivel el lunfardo, las letras de tango, los insultos y los neologismos. Había, claro, un marco de contención: en la Argentina y en toda América Latina nacía la nueva poesía hispanoamericana; vibraba en el aire la efervescencia, la posibilidad de bajar los poemas del pedestal inalcanzable para cambiar los "grandes temas" por los asuntos mundanos. A lo Benedetti, a lo Nicanor Parra, a lo Cardenal, a lo Cisneros. Inscripto en esa ola de renovación fuerte, Gelman se animó a subir la apuesta en Cólera Buey (1965), donde extremó la experimentación lingüística oponiéndose a la morfología clásica ("es buena y bella como el mar/ es oscura anterior rostros de mi silencio" decía en "Así es así es"), y dio un giro completo en Traducciones III. Los Poemas de Sidney West (1969), una suerte de juego delirante en el que, tras inventar a un poeta estadounidense llamado, justamente, Sidney West, "tradujo" sus supuestos poemas con un desparpajo capaz de intercalar humor, ficción y pequeñas historias de gente simple, oriunda de imaginarios pueblos norteamericanos.

LA OPACIDAD DEL LENGUAJE

Pronto el brillo se volvería opaco, aunque no menos intenso. Fueron los años oscuros. La etapa de su militancia en Montoneros, el exilio forzado, la desaparición del hijo, la nuera y el bebé que ambos esperaban. Corría 1973 cuando Juan Gelman publicó Relaciones, su octavo libro. Lejos del tono risueño de años anteriores, se imponían ahora las preguntas, tal vez un incentivo a la reflexión abierta, tal vez una forma de evadir la falta de respuestas propias. Frases más cortas, fragmentadas, palabras casi balbuceadas que, aunque en otro nivel, continuaban socavando el lenguaje de todas las maneras posibles. Como las barras utilizadas para señalar ritmos y significados, un recurso innovador que a partir de entonces volvería una y otra vez, con el paso de los años.

Tanto en Relaciones como en Hechos (1980), el poeta escribió sobre la dictadura, la derrota, el exilio y la muerte. Hay, en esos versos, una pena profunda. Hay desgarramiento. Habla el contexto histórico, el sentimiento, la pérdida. Aun así, y en palabras del propio Gelman, sería un reduccionismo calificar su poesía de "política". ¿Por qué no pensar, en cambio, que fue la fricción del lenguaje, la fuerza experimental corrosiva, la que operó en ese sentido? Como Paul Celan al escribir en lengua alemana, tratando de responder el famoso interrogante de Theodor Adorno: "¿Cómo escribir después de Auschwitz?" Ahí estaba Gelman, apelando al habla cotidiana, retorciendo el lenguaje hasta exprimirlo cual trapo húmedo. Igual que su admirado César Vallejo, lo que él buscó fue desencuadrar la sintaxis. Porque mientras que en Notas o Carta Abierta, aludía directamente al hijo desaparecido indagando de lleno (y de frente) en las formas más genuinas de dolor, en Citas y Comentarios (1982) fue un tanto más críptico y construyó sus poemas sobre la base de frases ajenas: poetas del Siglo de Oro Español, místicos como Santa Teresa o San Juan, tangueros como Homero Manzi y Alfredo Le Pera o poetas malditos, como Baudelaire. Y en Dibaxu, publicado más tarde pero escrito en esa misma época, decidió apelar al sefaradí. Eran, todos esos movimientos, formas concretas de intervención. Una toma de postura. "No me afecta ni en un sentido ni en otro que digan que mi poesía es política. Lo que me importa es mi trabajo como poeta, no me preocupa lo que digan los demás. Pero francamente lo único que influye es la lectura de la poesía, y el trabajo de escribirla", declaraba Gelman en una entrevista en el diario Página/12. Por eso utilizó diminutivos como si su voz se aniñara; retomó el sefaradí para construirse a sí mismo extranjero; tergiversó la conjugación habitual hasta crear una nueva, pisoteó la normativa. Fue un rebelde de la lengua, del orden establecido en sus múltiples niveles. Bien señaló el crítico Daniel Dalmaroni: Juan Gelman dibujó un derrotero que fue una suerte de devenir constante, de subjetividades erosionadas; niño, migrante, evasor perpetuo del Estado. Su poesía operó en torno a la identidad, mejor dicho, a las identidades, pero lo hizo para horadarlas. Las mezclaba, las transformaba y las escupía. "Como si buscar el sustrato hubiera sido mi obsesión. Como si la soledad extrema del exilio me empujara a buscar raíces en la lengua, las más profundas y exiliadas de las lenguas -dijo alguna vez el propio poeta-. Yo tampoco me lo explico".

UNA DESOLACIÓN COMBATIVA

Aunque en 1988 regresó al país, decidió finalmente radicarse en México. Y allí, atravesado por la nostalgia, la tristeza y los fantasmas del pasado, escribió Anunciaciones, Interrupciones, Interrupciones II (los tres de 1988). Las exclamaciones desplazaron las series de preguntas; la desolación combativa se impuso como tema, la escritura se fue volviendo, toda ella, grieta. Carta a mi madre, daría lugar a uno de sus poemas más desgarradores; tal vez lo más conmovedor que haya escrito junto con la Carta Abierta. Imposibilitado de volver al país para ver morir a quien le había dado la vida, Gelman no tuvo salida ni consuelo. Echó mano a los versos en una mezcla de catarsis y experimentación formal: "vos/ que contuviste tu muerte tanto tiempo/ ¿por qué no me esperaste un poco más?/ ¿temías por mi vida?/ ¿me habrás cuidado de ese modo?/ ¿jamás crecí para tu ser?/ ¿alguna parte de tu cuerpo siguió vivida de mi infancia?/ ¿por eso me expulsaste de tu morir?/ ¿como antes de vos?/ ¿por mi carta?/ ¿intuiste?"

En la década de 1990 llegarían otros tres libros: Salarios del impío (1993), Dibaxu (1994) e Incompletamente (1997), un grupo de sonetos en los que el lenguaje era, ya, incapaz de completarse a sí mismo. De ahí que el soneto sea, para Gelman, la forma poética de lo incompleto. Es lo que queda, lo que hay donde ya no hay prácticamente nada. Herméticos, casi místicos, admiten, incluso, preguntas metafísicas.

Y están, claro, sus libros del siglo XXI, lo último que nos dejó. Valer la pena (2001) y País que fue y será (2004), premiado en la Feria del Libro de Buenos Aires de ese mismo año, son acaso huellas potentes de la etapa en la que el poeta se reencontraba con su nieta Macarena y dejaba plasmado ese reencuentro en palabras: "Ella llora con una rueda en la garganta/ que gira contra el deseo y con restos de oscuras órdenes/ Hay que envolverte ahora/ con la luz que seas", escribió en "Ruedas", poema incluido en Valer la pena.

Mundar (2007), más cercano en el tiempo, continuó de alguna forma este período de reconstrucción, de paz, de aceptación dolorosa y triste, de fantasmas siempre rondando cerca. Lo publicó el mismo año en que le dieron el Premio Cervantes, coronación de una trayectoria en la que ya había recibido otras distinciones, como el premio Rulfo (2000) o el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2005). Consecuente con el resto de su obra, Gelman mantuvo el riesgo lingüístico, apostando a lo coloquial e inventando incluso el verbo que da título al libro, mundar, como si fuera una forma de "hacer el mundo". No casualmente el mexicano Carlos Monsiváis escribía que "la obra de Juan Gelman es un ir y venir entre las atmósferas de todos los días y la reflexión sobre la escritura poética".

El año pasado vino a Buenos Aires a presentar, en la Biblioteca Nacional, Hoy, su último libro, escrito al conocer la condena de los asesinos de su hijo. La obra es una suerte de repaso por el presente de la Argentina. En definitiva, una vuelta a los temas que lo marcaron durante toda su vida.

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Una noche en Montevideo
Por Henry Segura 

En 1988 Gelman llegó a Montevideo para participar de un encuentro político-cultural. Como forma de bienvenida, para la primera noche se organizó un asado, con un pequeño grupo de conocidos. Confieso que llegué a casa del amigo-organizador pensando que me encontraría con un individuo marcado por el drama del sufrimiento personal. Felizmente, me equivoqué.

Gelman fue el gran animador y sus cuentos fueron apareciendo casi en competencia desenfrenada con Washington Benavides. Eran relatos de fogón y vino. Para los demás era imposible participar o porque no se estaba a la altura de los duelistas o porque se corría el riesgo de quebrar semejante clima.

Es cierto que a un creador se lo conoce fundamentalmente por su obra. Pero Gelman sentía que la suya no era lo que importaba porque más allá de ella estaba "la" poesía que lo alimentó siempre y a la que siempre recordó cuando se lo premiaba. Como cuando recibió el Cervantes en 2007: "Se premia a la poesía entonces -dijo- 'que es como una doncella tierna y de poca edad y en todo extremo hermosa' para don Quijote, doncella que, dice Cervantes en Viaje del Parnaso, 'puede pintar en la mitad del día/ la noche, y en la noche más escura/ el alba bella que las perlas cría/ [...] Es de ingenio tan vivo y admirable/ que a veces toca en puntos que suspenden,/ por tener no se qué de inescrutable'".

En aquella noche del 1988, el poeta-cuentista (o palabrero, al decir de Paco Espínola) contuvo a las otras dimensiones del hombre que había perdido unas cuantas batallas y trataba de ganar una esencial, la de encontrar a su nieta. Atrincherado en las palabras, su vitalidad fue un regalo excepcional porque tenía toda una lección de vida.

Henry Segura es editor de Espectáculos en el diario El País, de Montevideo

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El poeta de los ojos tristes
Por Juan Cruz 

Juan Gelman, el poeta de los ojos tristes, era capaz de arrancarse de madrugada a rasguear la guitarra; en tiempos en que su pesadilla era más grande, pues buscaba con ahínco pero sin esperanza a su nieta secuestrada en 1976 por los golpistas de Videla, la poesía y esos instantes de la noche lo devolvían a la vida, como si se la prestaran. 

Esa larga historia que lo convirtió en huérfano de su hijo y en abuelo en perpetuo estado de incertidumbre lo llenó de pena, y "la pena -dijo una vez con su enorme capacidad para la melancolía y el sarcasmo- es un territorio muy amplio, probablemente argentino". Él nunca se quitó de veras la pena.

Cuando en 2000 apareció la nieta, una joven que había vivido hasta entonces con un matrimonio al que se la entregaron los militares, se alivió la pesadumbre pero mantuvo su rastro. Fue mucho pesar, él lo llevó con la dignidad personal de un combatiente. A veces, cuando recitaba en público y aún existía esa sombra en su vida, cada verso era un esfuerzo y una rasgadura, como si llorara en voz baja. Por eso asombraba en esos instantes en que le robaba a alguien la guitarra que riera y cantara como si fuera otro.

Esa búsqueda de la nieta fue la razón mayor de su tristeza, pero nunca fue un hombre vencido. Ahora, consciente de la enfermedad que acabó con su vida, tuvo energía aún para desear a sus amigos un año menos difícil. Volvió del hospital, donde entró y salió desde el último noviembre, porque quiso que fuera en su casa donde dijera adiós a todo esto.

Nació en la Argentina en 1930. El golpe de Estado de Videla lo condujo al exilio en México, de donde jamás quiso volver a su país. Su nuera esperaba una criatura cuando la secuestraron; de ella y del hijo de Gelman no se supo nunca más; el poeta estaba seguro de que la criatura vivía en alguna parte. La movilización mundial a favor de su lucha por encontrarla chocó durante años contra la inepcia del Vaticano, al que acudió, y de los gobiernos uruguayo y argentino, pero contó con el apoyo de escritores, periodistas y activistas. Sus amigos José Saramago y Eduardo Galeano presidieron una campaña mundial a favor de la búsqueda de la nieta; esa campaña se intensificó cuando por fin hubo noticias que daban fe de que la muchacha existía, y en 2000 al fin se produjo ese encuentro. Macarena Gelman tiene ahora 35 años y vive en Uruguay. Esa noche del reencuentro su amigo Mario Benedetti dijo: "Hablé con Juan y está de lo más feliz".

Esa noticia fue para él la emoción más grande de su vida. Su poesía, irónica y secreta, escrita desde la melancolía, vivió momentos más claros; pero él siguió siendo el poeta de los ojos tristes que a veces ocultaba la risa tras el bigote poblado. Alto, desgarbado, Gelman caminaba dejando atrás, siempre, la estela del humo de su cigarrillo. Su voz tenía la cadencia del silencio; podía recitar ante miles, pero jamás levantó la voz. Últimamente había adelgazado mucho, de modo que cuando se desplazaba parecía que iba a volar tras el humo.

En el último mes de abril, cuando publicó su libro Hoy, de prosa poética, como muchos de los suyos, explicó aquí qué sintió cuando fue condenado uno de aquellos verdugos de su hijo. "Entre los culpables del asesinato de mi hijo había un general que fue condenado a prisión perpetua. Pero cuando dictaron la sentencia yo no sentí nada. Ni odio, ni alegría. Y me pregunté por qué, y eso me llevó a escribir, para preguntarme qué había pasado." En esa conversación, Gelman resumió su disgusto con el papa Francisco, a quien había acudido cuando éste era el obispo Bergoglio en busca de ayuda para encontrar a su hijo. El obispo le dijo que no podía hacer nada, "pero ante la justicia declaró otra cosa, que había hecho gestiones sin éxito".

Esa larga lucha (35 años buscando rastros de la vida de los suyos) no sólo lo marcó como persona, sino que llenó de amargura y sarcasmo su escritura. Él tenía, decía, "la confianza lastimada". También con respecto al porvenir del mundo. Ese hombre está en sus versos.

Ganó los principales premios de la literatura en español: el Rulfo, el Reina Sofía de poesía, el Cervantes (en 2007). Para él, la poesía era "una forma de resistencia", pero ese compromiso civil no alteró su manera de ser poeta. ¿Hermético?, se preguntaba. "No, lo que hago es respetar al lector, obligarlo a que lea por dentro". En el Ateneo de Madrid, en uno de sus tumultuosos recitales, siete años después del hallazgo de la nieta, leyó su poema padre de entonces como si fueran a temblar sus manos, sus ojos, él entero:

Así que has vuelto
como si hubiera pasado nada
como si el campo de concentración no
como si hace veintitrés años
que no escucho tu voz ni te veo
han vuelto el oso verde tú
sobre todo larguísimo y yo
padre de entonces
hemos vuelto a tu hijar incesante
en estos hierros que nunca terminan¿
Ya nunca cesarán?
ya nunca cesarás de cesar
vuelves y vuelves
y te tengo que explicar que estás muerto.

La ovación compungida de la gente fue la confirmación de que el público y el poeta se leyeron por dentro.

Esa historia fue su vida: el hijo muerto, la hija muerta, la nieta en un paradero sobre el que él arañaba. Todo eso seguía vivo en su mirada, por tanto en esos versos, padre de entonces. Fue comunista, periodista y resistente, la sombra de esa historia no le permitió jamás olvidar esa militancia contra el olvido.

Fue un resistente comprometido también con los cambios habidos en su país para revertir los efectos de la ley de punto final que había proclamado el presidente Alfonsín. Esa "impunidad espantosa" fue anulada por el presidente Kirchner y dio paso a las condenas de los represores, entre ellos los represores de la familia de Gelman. Y desde ese punto de vista defendió en España al juez Garzón cuando éste trató de perseguir el franquismo y restituir la dignidad de los perseguidos durante la dictadura. "No entiendo -dijo entonces- el castigo a Garzón por rastrear la memoria."

Un día le pregunté quién era. Y él dijo:
-Quién sabe. Yo, no.

***
Final abierto
Gelman, la persistencia de una voz
Por Verónica Chiaravalli

"Creo que el único tema verdadero de la poesía es la poesía misma. Odio ese término que inventaron los franceses: 'la poesía comprometida'. Yo creo en la poesía casada. Casada con la poesía." En 1997 Juan Gelman recibía el Premio Nacional de Poesía y, en una de sus visitas a Buenos Aires, hacía ésta y otras reflexiones durante una entrevista con el Suplemento Cultura de La Nacion.

Había muchas cosas que todavía no habían ocurrido, en la vida de Gelman y en la vida del país. El autor de Cólera buey persistía entonces en la búsqueda de su nieta desaparecida y no había recibido aún el Premio Cervantes, que cristalizó sin fisuras su prestigio literario internacional. En cuanto a la Argentina, no se había producido ni el debate profundo ni la reivindicación oficial de las políticas de la izquierda revolucionaria de los años setenta. Algunas de aquellas reflexiones de Gelman resuenan hoy con un valor testimonial acrecentado por el paso de los años, por eso resulta significativo recordarlas.

Gelman había publicado su primer poema a los once años: "Era un poema de amor imposible, por supuesto. Se publicó en una revista que se llamaba Rojo y Negro y que yo compraba porque allí salían cuentos del Oeste y de detectives. Tenía además dos secciones: la filatélica, donde se establecían canjes, y Los Espontáneos, donde se publicaba cualquier cosa, entre otras, mi poema". Y consideraba Carta a mi madre su libro más autobiográfico. "Hay poetas que logran establecer una distancia muy grande entre la vivencia y la imaginación, pero lo que a mí siempre me ha preocupado es la posibilidad de cercanía entre estos dos elementos." Por otra parte, no acordaba con quienes opinaban que los temas sociales o políticos constituían la veta principal de poesía; éstos le parecían sólo un aspecto entre tantos otros de su escritura.

Tampoco solía hablar de su participación en Montoneros, pero en aquella oportunidad hizo afirmaciones que despertaron polémica. Dijo que discrepaba con el grupo sobre el uso de la violencia, pero que "no tenía poder de decisión". "Los montoneros habían creado una fachada que se llamaba Consejo Superior del Movimiento Peronista Montonero. Yo estuve ahí como secretario de Prensa para Europa. Pero, aparte de que ese cargo dentro del Consejo tampoco era determinante, el control efectivo de ese organismo lo tenía la organización propiamente dicha. Y yo nunca estuve en la conducción de la organización propiamente dicha ni tuve grados superiores. Yo me equivoqué, como tantos otros. Pero tampoco siento culpa por eso. Creo que la culpa puede ser un sentimiento cómodo: más bien hay que sentirse responsable en la medida en que a uno le tocó ser responsable."

En los últimos años, Gelman siguió interviniendo en los temas de actualidad y, sobre todo, siguió escribiendo, con un espíritu que da la clave de su obra. "Me han dicho que ninguno de mis libros se parece al anterior desde el punto de vista formal. Creo que eso depende de las necesidades del ser humano, que siempre se mueve. Cuando deje de moverme dejaré de escribir."

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Cultura
La familia de Gelman despidió los restos del poeta en México

Su nieta, Macarena, dijo que se trató de una ceremonia íntima y que no saben aún el destino final de las cenizas; se publicará un poemario inédito.

La familia de Juan Gelman despidió ayer los restos del poeta en una ceremonia "íntima y emotiva" realizada en Ciudad de México, donde murió el martes, a los 83 años. "Acaba de terminar una ceremonia muy emotiva. Estamos muy emocionados", dijo a la agencia oficial Télam, desde México, la nieta del poeta y periodista, Macarena Gelman, que llegó a la capital mexicana para despedir los restos de su abuelo.

Hija de Marcelo Gelman y María Claudia García Iruretagoyena y nacida en Montevideo, la nieta del poeta destacó que la familia cremará el cuerpo y que aún "no se decidió" qué hacer con las cenizas.

Macarena, que nació hace 37 años, cuando su madre fue trasladada en el marco del Operativo Cóndor de Buenos Aires a la capital uruguaya, y que encontrada por su abuelo en 2000, agregó que se trató de una ceremonia "íntima" que contó con la presencia de los familiares y amigos más allegados al poeta.

La nieta del escritor afirmó que, si bien "es una tristeza y un dolor enorme" la muerte de su abuelo, también es una "tranquilidad que terminó sus días en paz".

"Llevaba un tiempo conociendo la situación" y "queríamos que no estuviera sufriendo o que sufriera lo menos posible", agregó.

Gelman -con quien Macarena intercambió emails hasta el lunes pasado, un día antes de su muerte, y mantuvo conversaciones telefónicas inclusive hasta el sábado- dedicó sus últimos días a escribir un poemario que rinde homenaje a su amor por su mujer, Mara, y sus amigos.

A la vasta obra del autor Gotán y Cólera buey se sumará próximamente amaramara (SIC), un poemario inédito con 29 poemas ilustrados por el pintor Arturo Rivera, que publicará en unos dos meses el sello La Otra.

Los mensajes de pesar por la muerte del escritor, que en 2007 obtuvo el Premio Cervantes, el más importante de las letras hispanas, continuó ayer. El presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, fue uno de quienes lamentó la muerte de Gelman, una voz "irreemplazable" del "convulso siglo XX".

El jefe del Ejecutivo español expresó su pésame y el de España en un telegrama que envió a la familia de poeta. "Juan Gelman ha dado voz a nuestro convulso siglo XX buscando nuevos moldes estéticos y abriendo nuevos caminos a la expresión poética", escribió Rajoy. El jefe del gobierno calificó a Gelman como "un gran escritor cuya obra e intensa vivencia han contribuido a forjar un ámbito de comunicación" entre España y América latina.

"Argentinos y españoles compartimos con orgullo y emoción el legado y la mirada irreemplazable de Juan Gelman", concluyó Rajoy.

También el gobierno uruguayo expresó ayer su "profunda tristeza" por el fallecimiento de Gelman y afirmó que "se ha ido un ser humano sensible y comprometido con su tiempo y con la vida".

"Con Juan Gelman se ha ido un poeta y un militante, un maestro cuyo paso por la historia nos ha hecho mejores seres humanos; se ha ido un ser humano sensible y comprometido con su tiempo y con la vida", dice el comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores.

El comunicado trasmite también "la admiración y el tributo" del gobierno uruguayo a la memoria de Gelman, además de sus "más sinceras condolencias a sus familiares y seres queridos, así como al gobierno y pueblo argentinos".

En la Argentina, la presidenta Cristina Kirchner decretó tres días de duelo nacional por la muerte de Gelman.

Juan GELMAN sobre AZUL@RTE :


Articulo: http://www.lanacion.com.ar 17/01/2014