dimanche 2 février 2014

Homenaje a José Emilio PACHECO

Homenaje a José Emilio PACHECO
El poeta de lo oscuro

José Emilio Pacheco, premio Cervantes en 2009, ha muerto a los 74 años de un paro cardiorrespiratorio.

El poeta y escritor mexicano José Emilio Pacheco, ganador del premio Cervantes en 2009, ha fallecido este domingo a los 74 años de edad a consecuencia de un paro cardiorrespiratorio. "Con enorme pesar tengo que decirles que mi padre murió hace 20 minutos. Se fue muy tranquilo, se fue en paz, murió en la raya como él hubiera querido", informaba su hija Laura Emilia Pacheco.

"El viernes terminó de escribir su Inventario, que dedicó a su amigo querido Juan Gelman", ha agregado. "Hizo lo que hacia todas las noches. Se acostó a dormir y ya no despertó. Eso es todo", ha apuntado. Por último, Laura Emilia Pacheco ha indicado que la capilla ardiente será abierta a las 12.00 horas (hora local) en la sede de El Colegio Nacional. "Ahí va estar abierto para quien quiera. Él tenia mucha gente que lo quería y sus lectores", ha apostillado. Pacheco se encontraba ingresado el sábado en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, tras lo que se informó de que había sufrido una caída.

Además de poeta de 14 libros, Pacheco era novelista, cuentista, ensayista(los -istas los cumple todos), traductor de grandes de la literaura anglosajona como Beckett o Eliot e hiperactivo militante de las brigadas periodística, editorial y académica. Entre sus obras más aplaudidas se encuentra Las batallas en el desierto, que ha sido adaptada al cine, El principio del placer, El viento distante y Morirás lejos. Además, entre su obra poética destacan Los elementos de la noche, Irás y no volverás y No me preguntes cómo pasa el tiempo.

En sus poemas late cierta tensión de fondo entre el compromiso político, la responsabilidad cívica, y la tensión poética. "Sólo puedo escribir sobre lo que me afecta y me preocupa. No me digo: Voy a hacer unos versos en que se manifieste mi responsabilidad cívica. Es algo menos voluntario de lo que suponemos", comentaba el poeta en una entrevista concedida a El Cultural.

Pacheco nació en Ciudad de México en 1939. Estudió en la Universidad Autónoma de México. Inició sus actividades literarias en la revista Medio Siglo. Ha trabajado como director y editor de colecciones bibliográficas y diversas publicaciones y suplementos culturales. Dirigió con Carlos Monsiváis el suplemento de la Revista de la Universidad de México y en La Cultura en México. Fue director de la Biblioteca del Estudiante Universitario y profesor en varias universidades de los Estados Unidos, Canadá e Inglaterra.

Pertenece a la generación de los años cincuenta, de la que forman parte también Carlos Monsiváis, Eduardo Lizalde, Sergio Pitol, Juan Vicente Melo, Vicente Leñero, Juan García Ponte y Salvador Elizondo. Forma parte del grupo de investigadores del Centro de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia y es un especialista de la Literatura Mexicana del siglo XIX. Entre sus investigaciones cabe destacar En torno a la cultura nacional y Belleza y poesía en el arte popular mexicano. Es miembro del Colegio Nacional (México) y profesor distinguido en el Departamento de Español de la Universidad de Maryland.

Aparte del Premio Cervantes, Pacheco había recibido el Premio Nacional de Periodismo por Divulgación Cultural (1980), el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso (2001), el Premio Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo (2003) y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2009). El jurado del premio Cervantes destacó al mexicano por ser "un poeta excepcional de la vida cotidiana", por su "capacidad de crear un mundo propio" y por "el distanciamiento irónico de la realidad" que hay en su obra.

El presidente de México, Enrique Peña Nieto, ha lamentado el fallecimiento del escritor a Twitter. "Ha fallecido un gran representante de nuestra literatura. México extrañará al gran escritor José Emilio Pacheco. Descanse en paz", ha dicho. "A su familia y a todos los amigos de Don José Emilio Pacheco, mis más sentidas condolencias", ha añadido el mandatario.

Tras conocer el fallecimiento de José Emilio Pacheco, el ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, ha comunicado sus condolencias a la familia del poeta. “Hemos perdido a una figura central, referente ineludible de la literatura en español. ‘La lengua en la que nací constituye mi única riqueza', nos dijo Pacheco al recoger el Premio Cervantes 2009. Con estas palabras,el poeta mostraba su humildad, al mismo tiempo que homenajeaba a la lengua con la que nos hizo y nos seguirá haciendo disfrutar, compartiendo su riqueza a través de sus verso”, ha indicado el Ministro. 

Poemas de José Emilio Pacheco
Concordancias: Las personas del verbo

Una vez

Y por breve tiempo
Hace mucho tiempo
Tú y yo
Fuimos de pronto hasta muy adentro
Nosotros.

«Nosotros dos» podía yo decir
En las horas voraces que fueron nuestras.

Desde hace tiempo
Si hablo de ti
Sólo puedo emplear
La tercera persona: Ella.

El yo empobrecido se hunde
Entre las concordancias de la Nada.


Fluir

Corre bajo los puentes.
No regresa.

Su vuelo horizontal
Arrasa el tiempo.

Para nosotros
Esa eterna huida
Lo dice todo.

El agua no lo sabe
Y no le importa.

Se limita a fluir
Y a despedirse.


Un puñado de polvo

Todos quisimos la corona del rey
Nadie pudo encontrarla entre el fragor de la guerra.

En esa busca nos entrematamos.
Por sanguinarios les dimos asco a las fieras.

Siglos después, cuando encontré la corona,
Vi que era sólo un puñado de polvo.


Lupus

En la noche del mundo el gran temor
A su ferocidad siempre al acecho.

Hace temblar con su brutal aullido.
Deja huellas de sangre entre la nieve
Y en los barrancos pilas de cadáveres.

Nos ha vencido en todas las batallas.
Levantó las murallas que nos cercan.
Nos oprime con cepos y cadenas.

Un día el monstruo pasó ante nuestros ojos,
Receloso y amargo entre las ruinas.

Era el lobo del hombre.


Ver la luz

¿Qué se verá originalmente en el útero?
Acaso nada resulte claro.
Somos como otros peces que han nacido del agua,
Totalidad de su visión.

Para hablar del nacer
decimos siempre:
«Vio la luz» o bien: «abrió los ojos».
Somos sujeto y objeto
De esa luz que dibuja la realidad
Y nos obliga a inventarla.

Y por ello al final todo se apaga.
Entre la sombra sólo queda espacio
Para los cirios funerales:
última luz que siempre abre camino
A las tinieblas del origen.


College Park, Maryland

Esas frondas también dicen adiós.
Las estremece un viento que llega ileso
Desde el pasado en este mismo instante.

***
José Emilio Pacheco, fin y principio
Por Antonio RIVERO TARAVILLO
27/01/2014 

Vivía en una casa abarrotada de libros, a los que, ávida hiedra de tinta, iba entregando cada centímetro. Así era su hogar en el barrio de La Condesa, muy cerca de la que fue residencia de Alfonso Reyes (hoy Capilla Alfonsina) y también de donde vivió hasta hace un par de semanas su amigo Juan Gelman, a quien ha dedicado su último artículo justo antes de irse él también desde aquella colonia al “otro barrio”. 

José Emilio Pacheco ha muerto esta madrugada en la Ciudad de México, pero sus obras -novelas, ensayos y sobre todo su poesía- están disponibles -o aventuro que a punto de agotarse- en las vecinas librerías de El Péndulo y la más impresionante de todas las de aquella megalópolis, la Rosario Castellanos del Fondo de Cultura Económica. Y se van a seguir vendiendo y, sobre todo, leyendo durante mucho tiempo, pues habita en ellos una riqueza extraordinaria.

En sus últimos años, idos otros y él siempre creciendo, era el mayor poeta de nuestra lengua. Este juicio sopesado y en absoluto dictado por la prisa o la circunstancia luctuosa, se basa en una combinación cuyos elementos podríamos señalar: hondura, ironía, reflexión, más una clara distinción entre verso y prosa (a diferencia de otros, él cuidaba mucho la forma y la prosodia), aunque ambas puedan servir a una misma señora, la poesía. Pacheco tiene excelente poemas en prosa, como los que se asomaban a su inicial Los elementos de la noche (1963) o copan su último libro, La edad de las tinieblas (2009). También se caracteriza su lírica por tornarse épica: la arrastra una preocupación constante por la historia y las circunstancias de su patria, que ha cristalizado en su poema más leído (Alta traición) y la estremecedora secuencia dantesca sobre el seísmo de México del año 85, Miro la tierra, o las ácidas imágenes de esa urbe monstruosa: “La ciudad en estos años creció tanto / que ya no es mi ciudad”.

A lo anterior se une algo fundamental para un poeta, un manantial que acrecentó el río de Cernuda (a quien conoció y estudió ejemplarmente) como el suyo propio: la traducción, que es un ejercicio que pone al límite la capacidad expresiva y descubre territorios y afinidades. Justo este mes de enero la revista Letras Libres ha publicado su versión anotada de East Coker, segunda parte de los Cuatro Cuartetos de T. S. Eliot. “La tarea de la traducción se ha hecho inseparable de mi propio trabajo en verso”, ha escrito Pacheco. El texto metafísico eliotiano se cierra con este eneasílabo que puede aplicarse a sí mismo el mexicano, sobre el cual estos días se escribirán tantas páginas como si hubiera vuelto a ganar el Cervantes: “En mi fin está mi principio”. Más de cincuenta años de creación y catorce títulos se apiñan entre las tapas de Tarde o temprano, la recopilación de sus poemas. La poesía se codea con la paradoja: la muerte del hombre hará que muchos se acerquen a leerlo por vez primera o enésima. 

***
Las batallas en el desierto
De José Emilio Pacheco
Tusquets. Barcelona, 2010. 160 páginas, 10 euros
Por Ernesto CALABUIG 
23/04/2010 

Se edita en el mejor de los momentos esta novela corta de José Emilio Pacheco (Ciudad de México, 1939), pues Las batallas en el desierto -obra que apareció por vez primera en el año 1981- da la medida del talento en prosa de un autor al que suele citarse sólo como poeta, por mucho que los críticos lleven más de veinte años lanzando calificativos como “magistral” o “pequeña obra maestra” al paso luminoso de esta narración. 

Mediante doce capítulos breves, Las batallas en el desierto toma la forma de una gran evocación de los años de la infancia, la del protagonista, Carlos, niño de barriada pobre, en la Ciudad de México del tiempo que siguió a la Segunda Guerra Mundial: años de grandes carencias y privaciones bajo la presidencia de Miguel Alemán, vendedor de humo de una idea de progreso y bienestar social que chocaba de frente con las condiciones reales de vida. 

La prodigiosa memoria de José Emilio Pacheco, el lujo de detalles acerca de aquel mundo aún radiado y no televisado, trasciende la historia personal de este grupo de escolares que juegan a la guerra árabe-israelí en un solar de tierra roja, para darnos el color y el sabor de toda una época y de una población asfixiada entre guerras cristeras y mundiales. Una sociedad acostumbrada al enriquecimiento ilícito de sus gobernantes y a los excesos de un presidente que “inauguraba enormes monumentos inconclusos a sí mismo”. El lector asiste a la relación del protagonista con los otros compañeros mientras se configura el retrato de un niño inteligente y comprensivo, capaz de detectar por igual las farsas de la psiquiatría infantil (divertido cap. 9) y las inconsistencias y manejos de un clero obsesionado por las ideas de maldad y pecado. Conmueve tanto la pobreza extrema del niño Rosales como la desgraciada vida del más rico, pero desvalido y fantasioso, Jim. 

Lejos de conformar un relato deprimente, Las batallas en el desierto rezuma, desde el inicio, encanto y gracia, con la misma ingenuidad con que su protagonista es capaz de devorar la novedosos sándwiches llamados “platos voladores” que prepara su “enamorada” Mariana, la fascinante madre de Jim. Poeta y narrador, José Emilio Pacheco resulta cristalino y auténtico. Deja fluir su prosa limpia, despojada, la elegante sobriedad de su escritura y hace crecer y explotar un gran final de golpe seco, que coloca al protagonista y a los lectores en el terreno mismo de la fantasmagoría y la región de la desemejanza .

***
Tarde o temprano (Poemas 1958-2009)
De José Emilio Pacheco
Tusquets. Barcelona, 2010. 840 páginas, 28 euros
Por Ainhoa SÁENZ DE ZAITEGUI 
23/04/2010

El visceral inconformismo del poeta le canoniza como un clásico. Tusquets publica las dos últimas novedades editoriales del premio Cervantes, la antología Tarde o temprano (Poemas 1958-2009) y la novela recuperada Las batallas en el desierto.

Deberíamos odiarlo, pero no podemos. Y deberíamos, porque José Emilio Pacheco (Ciudad de México, 1939) es una de esas personas que nos hacen sentirnos a todos unos vagos sin talento. Pero no podemos, porque Pacheco es un excelente poeta. Y a ésos se los ama, siempre.

Pacheco lleva buena parte de sus casi 71 años enseñándonos lo que ocurre cuando el ser humano decide practicar la inspiración al mismo tiempo que la transpiración. Nadie que no haya nacido con ello (que diría el eslogan) es capaz de versos como “Ya devorado por la tarde el tigre/ se hunde en sus manchas, sus feroces marcas,/ legión perpetua que lo asedia, hierba,/ hojarasca, prisión/ que lo hace tigre”. Pero tampoco resulta verosímil que un escritor dicte a la literatura el par “Hoy rompo este dolor en que se yergue/ la realidad carnívora e intacta” sin haber medido obsesivo-compulsivamente sus palabras y sus pausas y los ritmos de su poesía y de su corazón. No tienen ustedes que fiarse de nuestras dudosas opiniones: además de poeta de 14 libros, Pacheco es novelista, cuentista, ensayista (los -istas los cumple todos), traductor de monstruos (Beckett, Eliot) e hiper- activo militante de las brigadas periodística, editorial y académica. Por decirlo en términos simples, Pacheco hace cosas. 

Y algunas de las mejores que ha hecho nos contemplan desde las 840 páginas de Tarde o temprano (Poemas 1958-2009), medio siglo y un año de pura Mexicopoesía. Significativamente, si 1963 abre la veda con Los elementos de la noche, el cazador no acaba de descargar el arma hasta hace apenas unos meses con La edad de las tinieblas. Noche y tinieblas: Pacheco es un poeta oscuro. A veces lo es con timidez, en silencio: “De noche los ratones poseen/ tus orgullosas propiedades./ Los mosquitos lancean el cuerpo que amas./ Las cucarachas burlan tus medidas higiénicas./ Malos sueños afrentan tu respetabilidad./ Bajan los gatos a orinar tu soberbia”. Es lo que convencionalmente se conoce como el Pacheco de lo cotidiano. 

Pero momentos hay en que el hombre levanta la vista del suelo y la vuelve hacia lo alto o hacia sí mismo, y en ambas direcciones sus ojos se tropiezan con un Apocalipsis que, de hecho, comenzó allá por el Big Bang: “ciudades vencidas”, “tierra calcinada”, carroña de carroñeros, lluvia y relámpago, valles últimos, palabras rotas. Sólo un depredador de la verdad puede acumular tanto horror en 13 versos sin sonar tremendista ni hiperbólico, sino honesto. Lo es con la realidad que padecemos: de ahí que ironice sobre ese homicidio glorificado que hemos dado en llamar guerra (“Es una inmensa dicha hacer fuego./ Desde luego lo siento por los caídos”). 

Ficciones de espanto

Pero no es menos veraz al reescribir las ficciones de espanto que inventamos para sobrevivir a la vida. Si Homero imaginó a una hechicera romántica que convertía hombres en ganado, Pacheco acerca el oído a sus hocicos y escucha: “Disfruta, Circe, la pasión de tus cerdos./ Paga en amor la humillación de tus cerdos”. Se trata de cambiar de postura, ceder el micrófono, considerar otra posibilidad. Esto, y no la técnica, canoniza al mexicano como un clásico: su visceral inconformismo. Pacheco no se está quieto no porque esté mal donde está, sino porque se pregunta cómo se estará en otro sitio. El poeta desea cosas sencillas: sentir, saber, seguir deseando sentir y saber. Después de todo, la muerte bien podría definirse como una limitación de la voluntad. O lo que es lo mismo, pero mucho mejor expresado: “Sólo en el confinamiento entendemos/ que vivir es tener espacio”. Y mientras otros cantan el poder absoluto de la muerte sobre las criaturas vivas, el mexicano la desposee de su leyenda y la vuelve perecedera, humana, paradójicamente mortal. Porque todas las cosas de este mundo, muerte incluida, “perduran matando, como nosotros”. 

Con Eduardo Lizalde, Pacheco comparte generación (la de los 50) e instinto de fiera noble: su poesía nos acecha, nos amenaza, y nosotros nos dejamos querer. Premio Cervantes que al propio Cervantes hubiera entusiasmado, el tigre de Ciudad de México nos inflige dolor y el castigo de recordarnos nuestra humanidad sin redención. Pero, en su infinita crueldad, el animal sigue siendo igual de bello. Los lectores somos confiados, buenas personas. Abramos el libro por una página cualquiera: también ahí habita la bestia. Consintamos en rendirnos al pánico de que los poetas nos muestren quiénes somos, y que eso no es necesariamente lo que esperábamos. Que empiece la cacería. 

Amor punible 

Por los tiempos de la poliomielitis y la fundación del Estado de Israel, en un país en blanco y negro donde es tarea primordial de un gobernante enriquecerse; donde el orgullo de clase fomenta el menosprecio del trabajo manual; donde el mismo estamento religioso que condena la masturbación bendice la pobreza; donde constituye un signo de categoría social el que un padre de familia fecunde amantes de extracción social humilde y los hijos haraganes violen a las criadas; donde los escolares imitan las guerras del mundo en el patio del colegio; en dicho país, pongamos México, sucede un escándalo indebido. Un niño se fascina con una mujer hermosa, madre de un compañero; escapa de la escuela y le participa su obsesión. 

José Emilio Pacheco, autor de esa fábula que acaba mal, escribe: “El amor es una enfermedad en un mundo en que lo único natural es el odio”. Fernando Aramburu.

***
José Emilio PACHECO:
"Es una lástima que el Premio Cervantes no se lo entreguen a una persona de 30 años que podría aprovecharlo mejor"
Por Nuria AZANCOT 
20/04/2010 

El Rey entregará al escritor mexicano este viernes el Premio Cervantes en Alcalá de Henares.

Autor de culto para los amantes de la poesía hispanoamericana del siglo XX, un José Emilio Pacheco (1939) algo achacoso llega a Madrid agobiado por la temible agenda que conlleva venir a recoger el Premio Cervantes. Martes, encuentro con la ministra ante la prensa; miércoles, depósito de legado en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes; jueves, comida con los Reyes y el mundo de la cultura y por fin, el viernes, recogida del premio en Alcalá de Henares. Entre medias, cientos de entrevistas, actos públicos y ruedas de prensa...

En la conversación mantenida hoy con González-Sinde, el poeta no quiso desvelar los secretos de su discurso porque "si se lo cuento ahora, ya no tendría interés". De lo que sí habló es de su vocación por la poesía: "Hay una palabra que se ha perdido por completo y que ya nadie usa: 'vocación' y eso se suma al gusto por escribir. El gusto o la vocación por la poesía, es igual que con la música; se tiene o no se tiene". Y José Emilio Pacheco la tiene, para él escribir poesía es "muy divertido porque casi siempre sale mal, y de 50.000 intentos, sólo uno sale bien". Y hablando de cifras, mucho se teme el poeta que los 125.000 euros con que está dotado el premio los acabe invirtiendo en "clínicas y hospitales" porque es lo que considera su "porvenir más inmediato". "Es una lástima que el Premio Cervantes no se lo entreguen a una persona de 30 años que podría aprovecharlo mejor", concluyó. 

El poeta mexicano ya sorprendió en una entrevista concedida a El Cultural con su divertido escepticismo. En ella, reconoce haber encontrado, "por suerte y desde hace muchos años, la mayor generosidad por parte de los poetas españoles", pero tampoco deja de apuntar que "no es culpa de ellos que el público lector de España no me conozca. ¿Cómo me va a conocer si somos tantos en tantos países de la misma lengua?". Con una confesión así, la primera pregunta parece obligada. 

-Si no le conocemos aún, ¿cuál sería su autorretrato? 
-Es imposible trazar un autorretrato sin photoshop verbal. El único autorretrato posible, porque es involuntario, es el que está en los poemas. Los poemas no mienten, yo sí. 

-En sus poemas late cierta tensión de fondo entre el compromiso político, la responsabilidad cívica, y la tensión poética: ¿cómo logra mantener el equilibrio? 
-Sólo puedo escribir sobre lo que me afecta y me preocupa. No me digo: "Voy a hacer unos versos en que se manifieste mi responsabilidad cívica". Es algo menos voluntario de lo que suponemos. 

-Sin duda, pero, ¿cuál debería ser la relación entre la poesía y la realidad/actualidad? 
-No creo en el debe. No impondría a nadie la obligación de escribir poemas "sociales" o lírica abstracta. Me limito a juzgar los resultados. Hay miles de poemas políticos abominables, pero no tantos como pésimos poemas de amor. 

Bajo el tiempo inclemente 

-Fue amigo de Octavio Paz, pero no quiso conocer a Pablo Neruda por timidez. También trató mucho a Luis Cernuda y se carteó con Aleixandre... 
-Sí, tuve una relación de cuarenta años con Paz, a veces, como era inevitable, muy difícil y en otras muy cercana, como sucedió por fortuna en el último año de su vida. Debo mucho a las enseñanza de Paz y aún me sé de memoria partes enteras de Piedra de sol. Pero no sólo fui tímido con Neruda, también con Aleixandre: jamás me atreví a importunarlo en Velintonia, 8, aunque él nos escribió a todos los autores de esa época. Esta función de Aleixandre me parece que no se reconoce como se debe. Otro tanto puedo decir de Max Aub. En cambio, con Cernuda me ocurrió algo siniestro. Por el desorden aludido guardé la única carta suya que me envió en la edición 1958 de La realidad y el deseo. Alguien se llevó de mi casa el ejemplar y la carta. De modo que en laCorrespondencia de Cernuda, tan bien editada por James Valender para la Residencia de Estudiantes, figuran no sus líneas sino las mías, por desgracia. 

Ahora, sin embargo, José Emilio Pacheco prefiere no hablar de los poetas españoles contemporáneos que lee y admira, porque "han sido tantos y durante tantos años los que me han ayudado que su enumeración parecería un intento servil de congraciarse". 

-De todas formas, ¿cómo ve a los poetas de su generación? 
-Los veo a la luz de un epigrama anónimo:"Bajo el tiempo inclemente/ Llegué a los días extraños / De ver vieja a la gente/ Que es de mi edad y mis años." No sé cuál es mi generación: nací el 30 de junio de 1939, muy tarde para ser de la generación de los treinta y muy temprano para formar parte de la generación de los cuarenta. Pero de mis más o menos contemporáneos y amigos puedo afirmar que tienen sin duda las cualidades que yo no poseo. 

-¿Y cuál es su relación con los poetas jóvenes de su país, esos que aprenden en la escuela sus versos? 
-Son tantos que sólo me es posible conocer a unos cuantos, o unas cuantas, porque el número de mujeres es abrumador en la nueva poesía mexicana. Con ellas y ellos mi relación es magnífica ya que no tengo ínfulas de magisterio ni busco crear un discipulado. Cuando alguien me pide consejos respondo que se los doy con mucho gusto, sólo que a cambio de que ellos me aconsejen también, porque en éste ya no tan nuevo siglo las muchachas y los jóvenes son los nativos y nosotros los inmigrantes que llegan de otra época y de otro mundo.

-Tras varios años de silencio, ahora coinciden en España y México Como la lluvia, La edad de las tinieblas, y Contraelegía, el libro del Premio que editó en la Universidad de Salamanca Francisca Noguerol. ¿A qué se debe esa coincidencia? 
-A no saber planificar una carrera literaria. Trabajé mucho en la década que termina. Para no inflar mi bibliografía no quise publicar cuadernos aislados. Preferí reunirlos en un libro, Como la lluvia, tal vez demasiado extenso y variado e imposible de comentar. Chus Visor en España y Marcelo Uribe, el editor de Era, en México, me hicieron ver que la última sección, los poemas en prosa, formaban un volumen aparte y lo publicamos como La edad de las tinieblas. La antología del Premio tiene un excelente estudio de Paqui Noguerol. Con su inteligencia y su sabiduría me ha enseñado muchas cosas acerca de mí mismo. 

Lo que no ha tenido que aprender, desde luego, es que al escribir un poema sólo pretende eso, porque al terminarlo "él me dirá qué buscaba yo". Y que no hay fórmulas secretas ni "regla general": "Hay unos poemas, muy pocos, que han salido de primera intención tal como están y otros que son producto de incontables versiones" 

Secreto desorden 

-¿Cuál es su rutina de trabajo? ¿Es de verdad tan desorganizado como presume? 
-No presumo: me avergüenzo y sufro mucho por mi desorden. Quisiera ser organizado y metódico pero tuve una reacción neurótica contra la disciplina militar de mi padre. Lo que sí intento es no dejar de trabajar nunca. Ya que es imposible e indeseable hacer poemas todos los días, he hallado un camino intermedio en las versiones poéticas que saldrán el año próximo. Tal vez serán el último libro en la historia que se ha llevado cincuenta años de trabajo. Comencé en la escuela con los epigramas griegos y termino ahora con los haikus japoneses y la versión de los Cuatro Cuartetos de Eliot que publicará Alianza después de 25 años de prometerlos para la semana próxima. 

La angustia de los emails 

-¿Y cómo se lleva con el ordenador, Internet, el e-book y demás inventos? 
-No pretendo ser lo que no soy. Pienso en la décima de Moratín sobre los niños que en Francia hablan el francés con la fluidez y la perfección que nunca alcanzará un anciano en ningún otro lado. El mundo electrónico es para quienes nacieron en él. Empleo con gusto el ordenador. Es la máquina de cantar con la que soñó Antonio Machado porque resulta ideal para ver los poemas que son objetos sonoros pero también visuales. Encuentro muchas cosas valiosas en Internet pero si pasan de tres páginas necesito imprimirlas para leerlas. Respecto de la correspondencia, es un motivo de angustia. En tres meses de ir y venir porque el premio Reina Sofía coincidió con la generosísima celebración de mis 70 años, he acumulado 2.400 correos. ¿A qué horas, con qué fuerzas voy a responderlos? Cada persona espera la contestación a la que tiene derecho y yo no puedo dársela. Es terrible. 

***
José Emilio Pacheco gana el Premio Cervantes 2009
Por ELCULTURAL.es 
30/11/2009 

El jurado lo ha reconocido por ser "un poeta excepcional de la vida cotidiana" y por su "capacidad de crear un mundo propio"

El escritor mexicano José Emilio Pacheco es el nuevo ganador del Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes, correspondiente a 2009. Exigente y comprometido, Pacheco es poeta, ensayista, editor, catedrático en Maryland (EE.UU.), periodista y traductor, además de uno de los mayores hijos literarios de Octavio Paz. La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, ha anunciado el nombre del ganador en torno a las 15:00 horas. Este galardón, que concede anualmente el Ministerio de Cultura, está dotado con 125.000 euros. 

De nuevo se cumple así el acuerdo tácito que rige la concesión de este premio, el más importante de las letras hispanas, según el cual debe recaer alternativamente en un escritor español y en otro de Hispanoamérica. Tras obtener el Cervantes 2008 el escritor catalán Juan Marsé, este año debía ganar un autor del otro lado del Atlántico. Y así ha sido, una vez más. 

El jurado ha reconocido a Pacheco por ser "un poeta excepcional de la vida cotidiana", por su "capacidad de crear un mundo propio" y por "el distanciamiento irónico de la realidad" que hay en su obra. "José Emilio Pacheco se puede definir como el idioma entero", ha asegurado José Antonio Pascual, presidente del jurado, instantes después de que la ministra de Cultura, Ángeles González Sinde, hiciera público el fallo. 

A la mayor parte del jurado le ha afectado "su condición de poeta excepcional, pero también el que sea un narrador importantísimo", periodista y crítico literario, ha subrayado Pascual, quien recomendó un libro del ganador: Las batallas en el desierto, un cuento "magnífico que tiene que ver con la infancia, la adolescencia y la juventud". 

Juan Gelman, ganador del Cervantes de 2007 y miembro del jurado, se ha mostrado también "muy contento" por los resultados de las votaciones, dado que Pacheco "es una figura intelectual que no se repite mucho en América Latina, porque a sus dotes de poeta une las de narrador, crítico y periodista, todo eso sostenido por una cultura enorme y afinada". 

El ganador ha conocido la noticia del premio en Guadalajara (México), donde estos días recibe un homenaje en la Feria del Libro de esta ciudad. "Está muy contento y emocionado", aseguró la ministra, tras haberse puesto en contacto telefónico con el ganador. 

La elección del ganador "no fue fácil" porque, como reconoció Gelman, había otros candidatos "de primera línea". A la votación final llegaron Pacheco y el también mexicano Fernando del Paso, y estuvieron muy cerca de ganarlo Ana María Matute y Elena Poniatowska, pero este año "tocaba" escritor hispanoamericano, según esa ley no escrita que recomienda alternar el premio entre Hispanoamérica y España, y al final el jurado optó por mayoría por José Emilio Pacheco. 

El galardón, creado en 1975 por el Ministerio de Cultura pretende rendir anualmente testimonio de admiración a la figura de un escritor que, con el conjunto de su obra, haya contribuido a enriquecer el legado literario hispánico. Siguiendo la tradición, el Rey don Juan Carlos hará entrega del galardón el 23 de abril, coincidiendo con la fecha en que se conmemora la muerte de Miguel de Cervantes, en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares.

El jurado, presidido por José Antonio Pascual, representante de la Real Academia Española, estuvo formado por Jaime Labastida, representante de la Academia Mexicana de la Lengua; Luis García Montero, propuesto por la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas; María Agueda Méndez, por la Unión de Universidades de América Latina; Soledad Puértolas, por la directora del Instituto Cervantes; Almudena Grandes, por la ministra de Cultura; Pedro García Cuartango, por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España; Ana Villarreal, por la Federación Latinoamericana de Periodistas; David Gíes, por la Asociación Internacional de Hispanistas; y Juan Gelman, autor galardonado en la edición de 2007. Como secretario ha ejercido Rogelio Blanco, director general del Libro, Archivos y Bibliotecas y como secretaria de actas, Mónica Fernández, subdirectora general de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas.

Escribir y escribir

José Emilio Pacheco, poeta, narrador, ensayista y traductor, nació en Ciudad de México en 1939. Estudió en la Universidad Autónoma de México. Inició sus actividades literarias en la revista Medio Siglo. Ha trabajado como director y editor de colecciones bibliográficas y diversas publicaciones y suplementos culturales. Dirigió con Carlos Monsiváis el suplemento de la Revista de la Universidad de México y en La Cultura en México. Fue director de la Biblioteca del Estudiante Universitario y profesor en varias universidades de los Estados Unidos, Canadá e Inglaterra. 

Pertenece a la generación de los años cincuenta , de la que forman parte también Carlos Monsiváis, Eduardo Lizalde, Sergio Pitol, Juan Vicente Melo, Vicente Leñero, Juan García Ponte y Salvador Elizondo. Forma parte del grupo de investigadores del Centro de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia y es un especialista de la Literatura Mexicana del siglo XIX. Entre sus investigaciones cabe destacar En torno a la cultura nacional yBelleza y poesía en el arte popular mexicano. Ha traducido a autores, como Samuel Beckett, Tennesse Williams, Oscar Wilde, T.S. Elliot y Marcel Schwod. Es miembro del Colegio Nacional (México) y profesor distinguido en el Departamento de Español de la Universidad de Maryland. 


Articulo : http://www.elcultural.es/ 30/01/2014

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