dimanche 16 février 2014

Patricio TAPIA/ Las musas desoladas de Philip LARKIN

PUBLICACIONES|Acercamientos al poeta inglés:
Las musas desoladas de Philip LARKIN
Por Patricio TAPIA

Una presencia fundamental en la poesía anglosajona, de Larkin (1922-1985) hay una reciente edición completa y definitiva de sus poemas en inglés, a la que se une la aparición de una antología de su obra, “Decepciones”, hecha en Chile y publicada en Ediciones Universidad de Valparaíso.

No parece poeta. Alto, calvo, impecablemente vestido de traje. Tímido y melancólico, guarda vestigios de tartamudez y está cada vez más sordo. Es bibliotecario, y a esa labor burocrática ha dedicado su vida. No da recitales ni hace vida “literaria”. Le gusta descolocar a sus entrevistadores respecto de lo que un poeta debería pensar o profesar. “Siempre he sido de derecha. Es difícil decir por qué”, le dice a uno; le responde a otro que terminar un poema es como “poner un huevo”.

Pero es el poeta más famoso y querido de Inglaterra. No deja de ser curioso considerado que su poesía se ocupa de momentos monótonos, de lo prosaico y lo vulgar, una poesía que se basa en la experiencia de una vida sin grandes sucesos.
Considerando también su amargura, su tono, su objetividad que no ahorra ningún detalle, por triste o desagradable que sea. Alguna vez dijo que el escribir sobre la infelicidad era quizá la fuente de su popularidad: “La privación es para mí, lo que narcisos eran para Wordsworth”.

Reputaciones

“Deberia pensar – le dice el adolescente Larkin en una carta a su amigo J.B. Sutton, en 1940 – que poesía y sexo están muy estrechamente conectados”. Sus versos más recordados parecen darle la razón: la declaración de que las relaciones sexuales comenzaron en 1963 – agrega Larkin que algo tarde para él – y, el comienzo de “This Be The Verse”.

La obra de Larkin era escasa. En cuando a publicar, fue de una estricta frugalidad. Cuatro delgadísimos volúmenes, separados por décadas: The North Ship (1945), The Less Deceived (1955), The Whitsun Weddings (1964)  y High Windows (1974). Su reputacion descansaba en los últimos tres. Al morir, 11 años después de su último libro, es considerado el poeta inglés más importante de la segunda mitad del siglo XX. Su amigo y uno de sus albaceas, Anthony Thwaite, publico sus Collected Poems, en 1988.

Con esos libros, y sus escasas entrevistas, Larkin había creado su personaje: alguien que no lee poesía foránea y no le gusta lo extranjero, alguien que desconfía de la academia, de los mitos y la tradición, alguien aburrido, pesimista y agnóstico. Pero no sería sino con la publicación de un volumen de cartas escogidas (editado por Thwaite, en 1992) y la biografía escrita por Andrew Motion (en 1993) que la imagen de Larkin se amplio: a la de un reaccionario, racista, misógino, alcoholico; un amante no muy considerado con sus mujeres, sudando sus terrores hasta el final, casi un monstruo. Sus diarios fueron quemados tras su muerte, por petición suya. Al morir Monica Jones, su amante más duradera, en 2001, nuevas cartas (publicadas en 2010) mostraron un lado menos pavoroso.

Nacido en Coventry, en 1922, fue el menor de dos hijos. Fue un niño timido y triste. Estudio en Oxford y siguió siendo triste hasta que conoció a Kingsley Amis (el padre del escritor Martin Amis). Larkin comenzó como novelista y había escrito dos novelas cuando tenía 25 años. El éxito de la primera novela de Amis, La fortuna de Jim (1954), parece haberlo disuadido de sus ambiciones narrativas. Llego a ser bibliotecario casi por accidente: de Shropshire a Belfast, finalmente Hull, una ciudad situada en el noreste de Inglaterra, a cuya lejanía de Londres hay que agregar la complejidad ferroviaria de acceso. Se sentía desafortunado en el amor, también en el juego, y en todo. Sin embargo, tuvo varias amantes, algunas de manera simultánea.

Todos sus poemas

El poema “At Grass” se ocupa de caballos de carrera. “La explosión” concluye con las viudas de unos mineros muertos en un accidente, imaginando su reunión celestial. Otros poemas famosos son “Old Fools”, una amarga descripción de la senilidad, o “Church Going”, en que se pregunta por qué va a una iglesia antigua y qué pasara con ellas. O “This Be The Verse”, que parece una personificación del “tío gritando groserías” en una estación en “The Whitsun Weddings”.

Larkin ofrece un retrato sombrío de la Inglaterra de posguerra, de pequeñas esperanzas, de extensiones urbanas, zonas yermas y una visión no menos yerma de las personas. En el mundo de Larkin, a menudo uno se despierta a las 4 de la mañana, con temor y temblor. La felicidad no es posible, tampoco el amor, porque todos moriremos, todos llegaremos a “esa anestesia de la que nadie se recupera”. Hay que agregar, claro, su humor de todos los sabores (especialmente acido) y de todos los colores (especialmente negro), así como su astringente sentido del absurdo.

En un artículo sobre Thomas Hardy, Larkin dice que él le enseñó a sentir más que a escribir. Dice algo que podría aplicársele a su propia obra: Hardy no es un poeta trascendente, no es Yeats, ni Eliot; “sus temas son los hombres, las vidas de los hombres, el tiempo y el paso del tiempo, el amor y el apagarse del amor”.

La apreciación de su poesía la amplio Thwaite, quien, en realidad publico dos tomos separados de sus Collected Poems, en 1988 y en 2003: en el primero ordeno los poemas en orden cronológico de su terminación sin importar si fueron o no publicados (agregando 83 poemas no recogidos en volumen). En la recopilación de 2003 restauro el orden dado por Larkin a sus poemas y eliminando varios de los que había entregado antes.

¿Qué publicar? ¿Cuál es la línea divisoria? ¿Estar en un libro o en su calidad? En la primera recopilación de Thwaite, The North Ship figuraba entre los poemas juveniles. Pero el magnífico poema “Aubade” no fue publicado en libro, sino en un semanario, el “TLS”, en 1977.

The Complete Poems, en la edición de Archie Burnett, soluciona toda duda. Hay que publicar todo. Burnett divide el libro en dos mitades: los “poemas” y su “comentario”, mas unos pocos apéndices. De las más de 700 páginas, menos de cien contienen los cuatro libros que Larkin público en vida. Le siguen casi 300 páginas de poemas publicados pero no reunidos en libro, poemas no publicados, incluyendo cada despojo de verso que haya escrito, salvados de cartas, postales o tarjetas de navidad: “No power cuts here-/Lots of good cheer!” (posible versión: “Aquí no hay cortes de luz/Montones de ¡salud!). Algunos son payasadas “Walt Whitman/Was certainly no titman” (“A Walt Whitman, el poeta/ por cierto no le gustaban las tetas”). En tales notas Larkin se muestra chismoso, frecuentemente obsceno, a veces furibundo, no muy “políticamente correcto”, bromista. Al vivir tan lejos, aislado, los chistes de bar pasaron a la posteridad en su correspondencia. Probablemente deban publicarse como tal y no como poesía.

Pero no todo es de este tipo. Hay sorpresas como una pequeña oda a Hart Crane o el soneto “And Now the Leaves Suddenly Lose Strength”, uno más, y muy logrado, de los poemas sobre la muerte. O un poema en borrador como “Holiday”, de los años 60 que arroja mucha luz sobre su poesía madura. Ocupando más espacio que los versos, las anotaciones de Burnett entregan un comentario de los poemas, el contexto histórico, personas y lugares, ecos y alusiones. Su erudición es exhaustiva y a veces extenuante. Como el narrador del poema “Mr. Bleaney” no soporta el parloteo de la radio, Burnett cuenta las veces en que Larkin se queja de lo mismo en sus cartas, por ejemplo.

Claro que la visión de todo lo que escribió permite ver, en los poemas juveniles de Larkin, la lucha por alcanzar su voz propia, adoptando diversas formas, aunque sin mucho con qué llenarlas mostrando la influencia de Yeats, Auden y Eliot, preocupado más de lo que pasaba “dentro” suyo –no mucho- más que de lo que sucedía a su alrededor. Desde The Less Deceived en adelante, Larkin registra no solo lo que ocurre en su alma, sino en la Inglaterra de posguerra, como un maestro de la observación.

Algunos poemas en Chile

Larkin ha sido publicado en castellano, con suerte irregular en las versiones. Incluso en Chile se han traducido algunos poemas: uno por David Turkeltaub en su libro La guerra de los poemas de amor (1985); otros cuantos en This be The Verse (2003), la antología de poesía inglesa hecha por Diana Dunkelberger, Marcelo Rioseco y Armando Roa Vial.

Ahora, por primera vez aparece una antología de poemas exclusivamente dedicada a Larkin: Decepciones. Es una selección de 40 poemas. Los traductores son Bruno Cuneo, Cristobal Joannon y Enrique Winter. Han recuperado la traducción de Turkeltaub de “Si, mi amada” e invitaron a Adriana Valdés (quien tradujo tres poemas) y Antonio Cussen (quien tradujo otro). En el libro se agregan la entrevista de Larkin para “The Paris Review” –que ciertamente no es la única “oficial” como afirman los traductores (en Required Writings, libro de piezas diversas que recopilo el propio Larkin aparece también la entrevista que dio a “The Observer”) – y un ensayo de Seamus Heaney, quien tuvo una continua atención en Larkin. En cada uno de sus libros de ensayos hay uno dedicado a él (aquí se recoge uno de 1982).

La selección es representativa, aunque –cosa de gustos- tal vez podrían haberse reemplazado algunos poemas de The North Ship por otros que se excluyeron, como “Show Saturday”, o el del solitario y soltero Mr. Bleaney, “Ambulances”, “Toads Revisited” (ya que tradujeron “Toads”) o “Cut Grass”, un pequeño poema que roza la perfección.

Algunos de los poemas traducidos son de los más célebres de Larkin. En 1955, él es nombrado director de la biblioteca de la Universidad de Hull. En 1961 escribe “Here” dedicado al viaje a esa ciudad, en la que residirá hasta su muerte. Los campos solitarios para llegar a Hull, una ciudad de segunda y sus suburbios de tercera. “The Whitsun Weedings” narra el trayecto inverso, de Hull a Londres.

En “If, My Darling” advierte a su amada (entonces Ruth Bowman) sobre lo que contiene su mente. Hay una invitación a entrar en su cabeza y ver lo que no hay en ella – un mobiliario ya anejo -, sino materias más escabrosas.

Por su parte, “Deceptions” (escrito en 1950) es un poema anómalo en Larkin pues viene encabezado y motivado por una cita. Aquí, Larkin no se lamenta por sí mismo, sino por otra persona, anónima. La protagonista de “Deceptions” es una muchacha empujada a la prostitución en el Londres victoriano, que es violada. Y – lo que ha sido muy discutido – el poeta también piensa en el violador, porque este, al igual que la muchacha, está sumido en la indefensión y la tristeza.

En “Toads”, Larkin crea el símbolo de un sapo para el “trabajo”, un sapo que esta encima de él y se apropia de su vida para pagar las cuentas. Es un poema más bien cómico escrito a los 32 anos, en 1954, poco antes de que fuera aceptado como bibliotecario en Hull (a Larkin le preocupo que quienes le entrevistaban para el puesto pudieran haberlo leído y pensaran que no tenia buena disposición laboral).
“The Old Fools” es un poema largo (48 versos), de 1973. No es un poema sobre el terror a la vejez, sino sobre el terror que ella no aterrorice a quien la alcanza. Escrito cuando Larkin tenía 51 años, no es un poema quejumbroso como “Sad Steps”, sino una intuición. “Aubade”, de 1977, su último poema “importante”, trata un tema: la muerte; no la vejez y sus deterioros, solo la muerte.

Versiones

Cavafis pedía a sus traductores la más escrupulosa fidelidad al original, respetando incluso el orden de las palabras. Tal vez es demasiado pedir. Los traductores de Larkin optaron por la fidelidad al sentido, por lo que no traducen con rima los versos rimados de Larkin. Sus opciones suelen ser validas, aunque hay algunos errores. En “If, My Darling”, “tantalus” es un mueble, no un “tántalo” y la mujer “se taparía los oídos”, no “pararía la oreja”. En la cita de “Deceptions”, ella es “deshonrada” y llora “como una niña a la que van a matar”, no para que la maten.

No es error, sino una opción (discutible), el dar “chilenidad” a su versión. En “Las bodas de Pentecostés” convierten “aburrido” en “forme” y “matrimonios” en “casorios”. En otros poemas, las “sardinas” se transforman en “jurel” y los niños en “regalones”, un “tipo decente” en “buena tela”. El sapo no se pone encima de la vida, sino como un “okupa”. Y los viejos, claro, no son “tontos” (fools), sino “lesos” o, en otro poema, “giles”.


Larkin fue un oficinista gris que vivió una infancia aburrida, rechazo la vida en pareja y los hijos. “La vida es aburrimiento primero, miedo después” (“Live is first boredom, then fear”), escribió en el poema “Dockery and Son”. Es sorprendente que de tan poco haya logrado extraer poemas de tal intensidad franqueza y emoción, momentos de perfección en una vida, como la de todos, imperfecta y desconcertada.

Articulo: http://www.emol.com/ 05/02/2014

***
Algunos poemas de Philip Larkin
Por Bruno Cuneo y Cristóbal Joannon

La existencia de un mamotreto biográfico escrito sobre Philip Larkin (1922-1985) no significa necesariamente que su vida haya sido interesante. Esta idea suele repetirse en las presentaciones sobre el poeta inglés y es bueno recordar aquí esto y lo otro. Habría que preguntarse hasta qué punto nos importan las vidas ajenas y hasta qué punto nos importa la poesía en general. 

Su poesía nos importa y por eso la hemos traducido, demorándonos sin duda demasiado: han sido largas conversaciones -largas argumentaciones- sobre el uso de una determinada expresión, el significado de un verbo, la inconveniencia de cierto adjetivo. Larkin nació en Coventry, estudió en Oxford, publicó pocos libros de poesía, un par de novelas, ensayos y artículos, escribió sobre jazz en un diario y una de sus últimas ocupaciones consistió en tomarse un vaso de ginebra en la mañana. Cuando lo reprendían por esta poco saludable costumbre contestaba que todo hombre debía tener un motivo por el cual levantarse de la cama. Fue bibliotecario en la Universidad de Hull, no sé casó y al parecer la felicidad no fue un asunto relevante para él. Lamentó que su juventud no haya coincidido con la alegre propagación de los anticonceptivos. Su poesía es realista (hemos de suponer que la realidad es aquella cosa opaca que nos rodea) y desengañada (lo que viene a ser lo mismo). Por estas propiedades estéticas le preguntaron -como si fuesen algo intrínsecamente cuestionable-, y él preguntó de vuelta si acaso los poetas se dedicaban los fines de semana a cazar dragones. Su poesía trabaja (es una metáfora) la fría belleza de la descripción minuciosa y es formalista. Sus rimas están vivas. Corregía mucho; no figuran en sus libros lo que un crítico llamaría poemas perdidos . ¿Amaba Larkin a la humanidad? No mucho. Con la Dama de Hierro mantuvo una afinidad política; eso ha generado polémica. Es probable que no haya sido un buen hombre; hemos de creer que su misión en este mundo no era ésa. Philip Larkin usaba anteojos de marco grueso, lo que dice mucho de cualquier persona. Una frase pomposa para terminar: su poesía se leerá mientras exista la lengua inglesa.

EL BARCO DEL NORTE XVI

A la una la botella está vacía;
a las dos, el libro fue cerrado;
a las tres, los amantes yacen separados,
ya realizado el comercio del amor.
Y ahora las luminosas manecillas del reloj
indican que son más de las cuatro,
esa hora nocturna en que los vientos vagabundos
sacuden la oscuridad.

Y me muero de ganas por dormir;
tanto que apenas puedo creer
que el río silencioso que sale de la cueva
no sea poderoso ni profundo;
sólo una imagen elegida para presumir.
Me acuesto y espero la llegada de la mañana y de los pájaros,
los primeros pasos bajando por las calles todavía sin barrer,
las voces de las niñas abrigadas con bufandas.


XIX (la hermana fea)

Subiré los treinta peldaños hasta mi pieza
y me acostaré en mi cama;
dejaré que la música, el violín, la trompeta y el tambor
lentamente duerman mi cabeza.
Ya que en la juventud no fui embrujada
ni conducida hacia el amor,
escucharé a los árboles en su amable silencio,
al viento que se agita.


XXIV

Amor, debemos separarnos: que no sea
terrible ni amargo. En el pasado
hubo demasiada luna y autocompasión:
dejemos que esto termine así: nunca antes el sol
atravesó el cielo de manera más intrépida,
nunca antes los corazones tuvieron más ganas
de ser libres, de acabar con mundos y devastar bosques;
tú y yo ya no los llevamos; somos cáscaras que miran
cómo el grano se emplea para un uso diferente.

Hay arrepentimiento, siempre hay arrepentimiento.
Pero es mejor que nuestras vidas se desaten,
como dos barcos llevados por el viento, húmedos de luz,
partiendo del estuario con sus cursos ya fijados,
y que saludándose se distancian, y se pierden de vista a lo lejos.


LOS ARBOLES

Los árboles comienzan a dar sus hojas
como algo que apenas ha sido dicho;
los últimos brotes descansan y se abren,
su verdor es una especie de tormento.

¿Acaso vuelven a nacer mientras nosotros
nos hacemos viejos? No, ellos mueren también.
Su truco de verse nuevos con los años
queda escrito en los anillos del fruto.

Aún sigue la trilla de los castillos derruidos
cada mayo en su maduro espesor.
El año anterior ha muerto, parecieran decir,
empieza otra vez, empieza otra vez.


VENTANAS ALTAS

Cuando veo a una pareja de jóvenes
y adivino que él se la tira y que ella
usa un dispositivo o toma pastillas,
sé que ése es el paraíso
que todo viejo ha soñado a lo largo de su vida.
Gesticulaciones y ataduras dejadas a un lado
como una anticuada segadora,
y cada joven deslizándose por una larga pendiente,
hacia la felicidad. Dudo que si alguien
me hubiese visto hace cuarenta años
habría pensado: esto debe ser la vida;
ya no hay Dios, ni exudaciones en la oscuridad
por el infierno y todo eso, o la necesidad de ocultar
lo que piensas sobre el cura. El y los suyos
se deslizarán por la pendiente como libres
pájaros miserables. Y de inmediato, aún sin palabras,
llega el pensamiento de las ventanas altas:
el sol retenido en los vidrios, y más allá
el aire profundo y azul, que nada muestra
y que no tiene término ni lugar.


DINERO

Es así: periódicamente el dinero me reprocha
por qué lo dejo aquí sin utilizar.
Soy lo que nunca tuviste, el sexo y las cosas buenas.
Tú puedes conseguirlas firmando unos cuantos cheques.
Entonces miro qué hacen los demás con el suyo:
seguramente no lo dejan debajo del colchón.
Ellos ya tienen una casa en la playa, un auto y una mujer:
está claro que el dinero alguna relación guarda con la vida
-en efecto, tienen mucho que ver si lo averiguas:
no puedes postergar la juventud hasta que  jubiles
y por más que deposites tu sueldo, al final
tus ahorros apenas te permitirán pagar una afeitada.
Escucho el canto del dinero. Es como mirar
desde lo alto de un ventanal una ciudad de provincia,
sus barrios, el canal, las iglesias adornadas y locas
bajo el sol de la tarde. Es intensamente triste.


LOS LUGARES, LOS AMADOS

No, nunca he encontrado un lugar
del que pudiera decir
Esta tierra es mía,
Aquí debería quedarme;
Tampoco he conocido a ese alguien especial
Que me exigiera al tiro
Todo lo que es mío
Hasta mi nombre;
Encontrar algo así parece probar
Que no quieres tener que elegir dónde
Echar raíces, o a quien amar;
Les pides que te echen fuera
Irrevocablemente,
De modo que no sea tu culpa
Si la ciudad se vuelve monótona
Y la muchacha una tonta.
Con todo, incluso perdiéndolas
Quedas obligado a actuar
Como si lo que te tranquilizara
De hecho, te destrozara;
Así que será más sabio que dejes
De pensar que aún podrías hallar
Lo que hasta ahora no has llamado
Tu mujer, tu lugar.


NECESIDADES

Más allá de todo esto, está el deseo de estar solo:
Aunque el cielo se cubra de invitaciones
Aunque sigamos las explícitas instrucciones del sexo
Aunque la familia se fotografíe al pie de la bandera –
Más allá de todo esto, está el deseo de estar solo.
En el fondo de todo, fluye el deseo de olvidar:
A pesar de las tensiones artificiales del calendario,
Del seguro de vida, de los ritos de fertilidad programados,
De la costosa aversión de los ojos a la muerte –
En el fondo de todo, fluye el deseo de olvidar.


DIAS

¿Para qué son los días?
Los días son donde vivimos.
Vienen, nos despiertan
Una y otra vez
Son para que estemos felices en ellos:
¿Dónde podríamos vivir sino en los días?
Ah, contestar esa pregunta
Hace que venga el cura y el doctor
Con sus abrigos largos
Que corran por los campos.


DECEPCIONES

“Por supuesto que estaba drogada, como sería que no recuperé el conocimiento sino hasta el otro día. Me aterraba la idea de descubrir que estaba arruinada y por algunos días nada podía consolarme; y lloraba como una niñita pidiendo que me mataran o me enviaran de vuelta con mi tía”. Mayhew, London labour and the London poor.

Aun a la distancia puedo sentir el dolor
Amargo y punzante como estaca, te hace tragar saliva.
La huella ocasional del sol, la breve y enérgica
Preocupación de las ruedas allá fuera en la calle
Donde el Londres nupcial hace una reverencia para el otro lado,
Y la luz, incontestable, alta y amplia
Prohíbe a las heridas cicatrizar, y saca
A la vergüenza de su escondite. Todo el día, sin apuros,
Tu mente ha permanecido abierta como el cajón de los cuchillos.
Los suburbios, los años, finalmente han terminado por hundirte.
Aunque pudiera, no te consolaría. Qué podría decirte,
Salvo que el sufrimiento es exacto, aunque si
el deseo interviene, ¿podrían volverse erráticas las lecturas?
Porque a ti difícilmente te importaría
Haber estado menos engañada, allá fuera sobre esa cama,
De lo que él lo estaba, tropezando sin aliento con los escalones
Hasta irrumpir en el ático desolado de la satisfacción.


LLEGANDO

En las tardes más largas
La luz, fría y amarilla,
Baña los serenos
Frontis de las casas.
Un zorzal canta
Alrededor de un laurel
En el jardín completamente abandonado,
Su voz fresca y clara
Toma las paredes por sorpresa.
Pronto llegará la primavera.
Pronto llegará la primavera,
Y yo, para quien la infancia
Es un olvidado aburrimiento,
Me siento como un niño
Que llega a una escena
De adultos reconciliándose,
Y no puede entender nada
Como no sea la inusual sonrisa
Y comienza a ser feliz.


ANNUS MIRABILIS

El intercambio sexual comenzó
en mil novecientos sesenta y tres
(un poco tarde para mí)
cuando le levantaron la censura al Chatterley
y los Beatles grabaron su primer Long Play.

Hasta entonces sólo había existido,
Algo así como un regateo,
peleas por un anillo,
un bochorno que empezaba a los dieciséis
y se extendía sobre todo.

Entonces paró de golpe la pelea:
todos sintieron lo mismo
y vivir se transformó para cada uno
en un brillante saltar sobre una pata,
en un juego imposible de perder.

Así que la vida nunca fue mejor
que en mil novecientos sesenta y tres
(un poco tarde para mí):
cuando le levantaron la censura al Chatterley
y los Beatles grabaron su primer Long Play.


XXV

Amanece otra vez
en las calles,
Y de nuevo somos dos desconocidos;
De volver a encontrarnos
¿cómo podré decirte que
la última noche viniste,
de sorpresa, como en un sueño?
Y cómo olvidar
que gastamos el amor de buena gana,
hablando sin parar
como los amigos, como sólo llegarán a serlo
quienes hayan dejado morir la pasión en sus corazones.
Ahora, mientras contemplo el crepúsculo
me pregunto cómo pudo el amor
venir a ponerse en sueños, si las veces que nos vimos
puedo contarlas con los dedos de una mano.


Las siguientes traducciones, con una versión algo más extensa de la introducción precedente, aparecieron en la revista Pensar & poetizar n ° 4.