samedi 22 mars 2014

Gerardo FERNÁNDEZ FE/ A un año de la muerte de Bebo VALDÉS

A un año de la muerte de Bebo VALDÉS
Por Gerardo FERNÁNDEZ FE

Cuenta Javier Estrella, director del Festival de Jazz de Madrid, que en 1997 se le pidió que organizara un concierto homenaje a Guillermo Cabrera Infante, Premio Cervantes, a lo que siguió una llamada a Estocolmo, donde vivía Bebo Valdés. Acertada idea la de reunir a dos hombres que sintetizaron el ser de una nación, dos seres que llevaban décadas bregando lejos de su país.

Con la muerte de Bebo hace exactamente un año, desapareció, según Estrella, “un músico sabio, humilde, que pertenecía a una época regida por la caballerosidad, la elegancia, el respeto”.

Ramón Emilio Valdés nació el 9 de octubre de 1918 en Quivicán, pero todos lo conocían por Bebo, el hombre que pasados los 80 años ganó nueve premios Grammy, ese que entró en la historia por su aportación al jazz latino y a la música popular cubana.

Precursor de las descargas de jazz afrocubano, se le ve en las plazas más concurridas de La Habana de los años 1940, a la par del auge del bebop en Nueva York. En esa época compone su mambo jazzeado La rareza del siglo, un gesto de modernización sonora irremediablemente ligado al apogeo de Dámaso Pérez Prado y Beny Moré.

Diez años estuvo en el cabaret Tropicana, donde acompañó a Rita Montaner, a Celia Cruz y al afamado Nat King Cole, con quien grabó varios temas.

En el 2005, durante el Festival de Jazz de Punta del Este, Bebo rememoraba para el diario La Nación los cambios radicales que se producirían en su vida a partir de 1959: “Una noche se me acercó un tipo con un carnet para preguntarme por qué tocaba esa música, que era un clásico de jazz que yo aboleraba. Le dije que a él no le incumbía y me respondió altanero que él trabajaba en el gobierno para controlarme y respondí que estaba perdiendo el tiempo conmigo, que a mí no me decían qué tenía que tocar”.

En octubre de 1960, Valdés tomaba el avión que lo sacaba del país; con más de 40 años, empezaba una segunda parte de su vida, silenciosa, la del exilio. Y el exilio es dolor, no hay otro modo de describirlo. Cabrera Infante, Nabokov, Brodsky, fueron testigos de ese dolor.

En Estocolmo, adonde llegó con los Lecuona Cuban Boys, una de las más virtuosas manos izquierdas del jazz interpretaría durante 30 años melodías simplonas para complacer a comensales de restaurantes y a huéspedes de hoteles.
La tercera vida de Valdés, la de la vindicación, se inició cuando Paquito D’ Rivera lo llamó en 1994 para grabar el disco Bebo Rides Again. En el año 2000 se concretó su renacimiento cuando el cineasta español Fernando Trueba lo invitó a participar en Calle 54, junto a Tito Puente, Arturo O’Farrill y otros.

Al éxito de esta producción le siguió la realización de El arte del sabor, premio Grammy 2001 al Mejor Album Tropical Tradicional, en el que, junto a Cachao y a Patato Valdés, Bebo hace gala de su savoir faire. Vino luego Lágrimas negras, junto al cantaor Diego “El Cigala”, un empaste entre el piano cubano y el alma gitana, premio Grammy Latino en el 2004.

Recuperado para los anales de la historia de la música del siglo XX, vitoreado en los festivales de jazz del mundo, Valdés se regalaría por sus 90 años el más entrañable de sus legados pianísticos, el disco Juntos para siempre, grabado en el 2008 junto a su propio hijo, Chucho.

De este registro memorable resaltan dos piezas: Tea for Two, compuesto por Vincent Youmans en 1925, uno de los temas con los que tanto gustaba recrearse; y la versión a dos pianos del bolero de Osvaldo Farrés Tres palabras: momentos cumbres en este CD que en el 2009 obtuviera el premio al Mejor Album de Jazz en los Grammy Latinos, e idéntica distinción el año siguiente en la 52 edición de los Grammy Awards. Dos años más tarde Valdés estaría de nuevo al servicio de Trueba en la realización del filme Chico y Rita.

Cuenta el historiador de la música Cristóbal Díaz Ayala que no ha conocido a nadie como Bebo, “con la mirada más triste, cuando se mencionaba a Cuba”.
Apenas un par de notas, mecánicamente copiadas de las agencias internacionales, aparecieron en La Habana al otro día de su deceso en Estocolmo, el 22 de marzo, del 2013, tras el empeoramiento del Alzheimer que le aquejaba.

En su particular semblanza luego de la muerte de su amigo, Trueba ha testimoniado que las últimas melodías que escuchó Cabrera Infante en su cama de hospital en el 2005 fueron las de Valdés.

Como Nabokov en el cementerio de Clarens, en Suiza; como Joseph Brosky en el Cimitero di San Michele, en Venecia, o como el mismo Guillermo en Londres, Bebo descansa ahora en la fría Estocolmo: definitivamente muy lejos.  

Sobre YOU TUBE :
- Bebo Valdés & Javier Colina - Lágrimas Negras

- Sabor A Mi - Bebo Valdés & Chucho Valdés

- Bebo Valdes & Diego El Cigala - Hubo un Lugar/Cuba Linda


Articulo: http://www.elnuevoherald.com 22/03/2014

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