vendredi 18 avril 2014

Homenaje a Gabriel GARCÍA MÁRQUEZ (1)

Gabriel GARCÍA MÁRQUEZ, morir contando
Por Daniel ARJONA 

Muchos años después, frente al pelotón de recuerdos de su memoria, Gabriel García Márquez había de recordar aquella tarde remota en que su abuelo lo llevó a conocer el hielo. Corría el año 2002 y el pelotón de recuerdos indultaba finalmente unas memorias tituladas Vivir para contarla (Mondadori). 

En sus páginas, el nobel colombiano confesaba que el niño sorprendido por el tacto frío de aquella extraña materia en el inolvidable comienzo de Cien años de soledadera el trasunto del propio Gabo, acompañado no por su padre sino por su abuelo, el coronel Nicolás Ricardo Márquez, al almacén de la United Fruit Company de Aracataca, en el Caribe colombiano. Vida y Literatura habían vuelto a hacer de las suyas. García Márquez ha muerto este jueves en Ciudad de México a los 87 años de edad.

Nicolás Ricardo Márquez y Tranquilina Iguarán criaron a su nieto durante los primeros años de su vida y sus arrasadoras personalidades marcarían su vida y obra. El coronel, con sus dotes narrativas, sus irrenunciables posiciones políticas y su desbordante vitalidad, y la abuela Mina, con su natural imbricación de lo extraordinario en la realidad cotidiana en el sinfín de innumerables historias que desmadejaba. La hija de ambos, Luisa Santiaga Márquez, había parido a Gabriel el 6 de marzo de 1927, tras acabar por sucumbir al inclemente galanteo al que Gabriel Eligio García, telegrafista de Aracataca, le sometió.Poco después del alumbramiento, el joven matrimonio tuvo que partir a Barranquilla dejando a su retoño al cuidado de los abuelos. Sus padres no podían alimentarlo.

A los ocho años, tras la muerte del coronel y la ceguera de su abuela, García Márquez marcha a Sucre con sus padres. Estudia secundaria en los jesuitas de San José y en 1947 inicia Derecho en la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá. Pero las Leyes no resistieron una impetuosa pasión por contar a la manera de la abuela Mina, urdiendo materiales fantásticos y reales.Los estudios languidecen, los cuentos se multiplican, se prodigan los primeros pinitos periodísticos, el disimulo no resiste y en 1950 se descubre el pastel. García Márquez abandona la carrera y marcha a Barranquilla como columnista y plumilla sustituto de El Heraldo. Su primer cuento, La tercera resignación, se dejó leer en 1947 en El Espectador de Bogotá.

Aquellos fueron años de penurias, eternos, en los que García Márquez se fajó en todo tipo de empleos miserables, empeñó sus manuscritos y, en alguna ocasión, tuvo que pedir fiado al dueño del prostíbulo donde malvivía. En 1948 lo encontramos de nuevo en la capital. Los disturbios del Bogotazo hacen saltar las costuras del país y reducen a cenizas la pensión en la que duerme un estudiante ya incompleto, que nunca colgaría título alguno en el salón sin por ello dejar de recibir doctorados honoris causa de las mejores universidades del planeta. Nos hallamos a tres pasos de la fama, del acmé. Faltan una mujer, Mercedes Barcha, amor de la niñez con quien Gabo se casa en 1958, una mudanza, a México, en 1961 y una novela, y no cualquiera: la novela más influyente del último medio siglo. 1967 es el año cero de una nueva era literaria: nos esperan Cien años de soledad...

Nadie había hipnotizado así a sus lectores, cartografiado un mundo tan antiguo en el que las cosas aún no tenían nombre y para nombrarlas había que señalarlas con el dedo, poblado de gitanos que conservan un pedazo de hielo en la inacabable selva sólo para convertir en escritores a niños perdidos, de pueblos extraños con nombre de árbol, de bellas tan bellas que levitan, de trenes cargados de cadáveres, de lluvia infinita... En tres años las copias sumaban tres millones. En 1982, el premio Nobel. Y el boom, esa extraordinaria serie de coincidencias que puso a Latinoamérica al frente de la literatura mundial, ya no era pasión sino mitología.

En 1965 García Márquez había conocido en persona a una avispada agente literaria barcelonesa de paso por México que ya gestionaba sus intereses desde 1961. Carmen Ballcels, genial focalizadora del boom, le cae tan bien al escritor que después de tres días memorables de agasajos estampa su firma en un contrato autorizándola a representarlo en todos los idiomas durante ciento cincuenta años. Poco después, el escritor se encerraría en casa a lo largo de 18 meses de escritura compulsiva -en los que su familia acumularía una deuda de 10.000 dólares- mientras para terminar Cien años de soledad. 

García Márquez, Vargas Llosa, Cabrera Infante, Fuentes, Cortázar… y Ballcels como maestra de la gran ceremonia. ¿De dónde habían salido aquellos genios? ¿Cómo un subcontinente que no había manifestado señales de vida literaria anteriormente -más allá de esas excepciones llamadas Borges o Rulfo- generaba de pronto semejante aluvión de obras maestras? Cien años de soledad, La casa verde, Tres tristes tigres, La muerte de Artemio Cruz, Rayuela... Ellos fueron la primera ola del boom, una excepcional generación literaria expuesta a la cruda agitación de la política del momento, con la revolución cubana como referencia inexcusable (y postrer decepción), y enlazada por firmes relaciones de amistad, como la que unió a García Márquez y Vargas Llosa, que años después, en Barcelona, saltaría en mil pedazos.

Y el mundo, sin perder a un excepcional periodista, el que deslumbra, por ejemplo, en Relatos de un náufrago o en Noticia de un secuestro, ganó a uno de sus más grandes escritores, el de Crónica de una muerte anunciada, El amor en los tiempos del cólera o Del amor y otros demonios. Menuda suerte. Por cierto que el cine compitió durante un tiempo con las letras por el corazón de aquel Gabo que en 1964 anduvo a punto de dejarlo todo por el séptimo arte. En la adaptación que él mismo realizaría de su relato En este pueblo no hay ladrones, Luis Buñuel encarna a un cura apocalíptico y Juan Rulfo y Carlos Monsiváis juegan al dominó. Y vemos al propio García Márquez, en un documental posterior, a la entrada de un cine del DF cobrando las entradas de los primeros pases. Cuando poco después se vio incapaz de soportar la presión del trabajo de guionista, Carlos Fuentes le animó diciéndole que no se preocupara porque, a fin de cuentas, la relación de ambos con el cine no había tenido más propósito que financiar indirectamente sus novelas.

Personaje público y creador no dejarían ya de perseguirse. Queda, por ejemplo, la duda acerca de si su posicionamiento en una izquierda amiga de tiranos como Fidel Castro emborrona los márgenes de su biografía. Y queda el brete en el que puso a las generaciones literarias futuras. Una decidida reacción realista frente a la exuberancia tropical de García Márquez y sus deudos impera ya desde hace años. Demasiado grande demasiado fuerte, una cena en exceso copiosa y saturada de especias. Demasiado imitado. Toda una ansiosa influencia para nuevos escritores.

La enfermedad no esperó cien años. Ya temprano, en 1999, irrumpió el cáncer linfático. En los últimos años, el Alzheimer le impidió reconocer los nombres de los amigos muertos, como Carlos Fuentes. El pelotón de recuerdos de su memoria fue perdiendo efectivos, historias, rifles, no quedó nada que contar. Gabo se adentró hoy en la última sombra pero sus libros le permitirán burlar a la muerte de nuevo, una y otra vez, como la esquivaba el coronel Aureliano Buendía, cada vez que alguien los lea. 

***
Bibliografía esencial de Gabriel García Márquez
Por Alberto GORDO

Diez novelas y un sinfín de cuentos, reportajes y artículos literarios componen la obra de un escritor clave en la historia universal de la literatura.

Antes de su injusto silencio -¿qué hay más injusto para un narrador, para un contador de historias que estar condenado a callar?-, Gabriel García Márquez tuvo tiempo de legar una obra inmensa, frondosa, de la que, por su uniforme genialidad, el hecho de ir espigando obras importantes resulta, en cierto modo, una tarea ociosa.

Y eso porque sus textos, todos sus libros, del primero al último, sirven igualmente para rastrear, para darse perfecta cuenta del enorme legado de un escritor sin igual en la literatura hispana, capaz, en un raro caso, de tener más lectores que nadie y generar a la vez más tesis doctorales que ningún otro.

El autor de Cien años de soledad deja tras de sí otras nueve novelas, diez en total, y un sinfín de cuentos, reportajes y artículos. Desde La hojarasca de 1955 hasta Memoria de mis putas tristes, de 2004, medió una fuerza creadora inagotable e indiscutible, una labor de carpintero genial de la literatura que dio como resultado la revolución de un aire venido de lejos, de un pasado fascinante y remoto, increíblemente maleable bajo el poderosísimo vuelo de su muñeca. 

Aquí van, si no todas, sí la mayoría de sus obras accesibles hoy; algunas, las más importantes, comentadas levemente para la ocasión:

Novelas

- La hojarasca. 1955. Resulta una suerte de reescritura juvenil de Mientras agonizo, de Faulkner, una tentativa literaria más para el escritor, para su progreso artístico, escrita, eso sí, por un talentosísimo aprendiz de novelista.

- El coronel no tiene quien le escriba. 1961. El escritor se hace con su voz en esta corta e indispensable novela en la que ya aparece el universo de Macondo, con algunos de sus personajes.

- La mala hora. 1962. Unos pasquines siembran la incertidumbre y el miedo en un pequeño pueblo del Caribe en este cuento largo de transición entre el reportero que fue García Márquez y el autor de Cien años de Soledad. 

- Cien años de soledad. 1967. La obra más famosa de García Márquez y su cartografía esencial de ese territorio mágico, mítico e ilimitado llamado Macondo.

- El otoño del patriarca. 1975. El escritor hace gala aquí de su extraordinaria audacia estilística para narrar, a través de las cataratas de su conciencia, la decadencia de un dictador latinoamericano.

- Crónica de una muerte anunciada. 1981. A medio camino entre la ficción y la historia, García Márquez incurre en una suerte de relato policíaco para contar el asesinato de Santiago Nasar.

- El amor en los tiempos del cólera. 1985. La otra obra maestra de García Márquez, al nivel de Cien años de soledad, es esta sencilla historia de amor -un romance en suspenso- entre Florentino Ariza y Fermina Daza.

- El general en su laberinto. 1989. García Márquez contornea la figura de Bolívar durante su último trance, días antes de morir.

- Del amor y otros demonios. 1994. Hermosa y tardía historia amor de una muchacha -la inolvidable Sierva María de todos los Ángeles- y un sacerdote fatalmente enamorado de ella.

- Memoria de mis putas tristes. 2004. Contada en primera persona, es la historia de un anciano que, ya al final de su vida, en plena desesperanza, se enamora de una muchacha mucho más joven que él. 


Cuentos y relatos

- La tercera resignación. 1947 
- La otra costilla de la muerte. 1948
- Eva está dentro de su gato. 1948
- Amargura para tres sonámbulos. 1949
- Diálogo del espejo. 1949
- Ojos de perro azul. 1950
- La mujer que llegaba a las seis. 1950
- Nabo, el negro que hizo esperar a los ángeles. 1951
- Alguien desordena estas rosas. 1952
- La noche de los alcaravanes. 1953
- Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo. 1955
- El mar del tiempo perdido. 1961
- La siesta del martes. 1962 - Un día de éstos. 1962
- En este pueblo no hay ladrones. 1962
- La prodigiosa tarde de Baltazar. 1962
- La viuda de Montiel. 1962
- Un día después del sábado. 1962
- Rosas artificiales. 1962
- Los funerales de la Mamá Grande. 1962 (DeBolsillo, 2003)
- Un señor muy viejo con unas alas enormes. 1968
- La luz es como el agua. 1968
- El ahogado más hermoso del mundo. 1968
- El último viaje del buque fantasma. 1968
- Blacamán el bueno vendedor de milagros. 1968
- Muerte constante más allá del amor. 1970
- La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada.1972 (DeBolsillo, 2003)
- Ojos de perro azul. 1974 (DeBolsillo, 2003)
- Todos los cuentos. 1974 -1972. 1976
- Doce cuentos peregrinos. 1992 (DeBolsillo, 2003)
-Todos los cuentos (Mondadori, 2012)


Reportajes y memorias

- Relato de un náufrago 1970. Edición en formato libro que recoge el reportaje publicado en 1955.
- Cuando era feliz e indocumentado. 1973
- Chile, el golpe y los gringos. 1974
- De viaje por los países socialistas. 1978
- Obra periodística 1: Textos costeños. 1948-1952 (Mondadori, 1999)
- Obra periodística 2: Entre cachacos. 1954-1955 (Mondadori, 1999)
- Obra periodística 3: De Europa y América. 1955-1960 (Mondadori, 1999)
- Obra periodística 4: Por la libre. 1974-1995 (Mondadori, 1999)
- Viva Sandino. 1982
- El secuestro. 1982
- El olor de la guayaba. 1982 (Mondadori, 1996)
- El asalto: el operativo con el que el FSLN se lanzó al mundo. 1983
- La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile. 1986 (Debolsillo, 2003)
- Noticia de un secuestro. 1996 (Debolsillo, 2003)
- Vivir para contarla. 2002 (Mondadori, 2003)
- Yo no vengo a decir un discurso. 2010 (Mondadori, 2010)


Guiones

- La langosta azul. 1955. Coescrita y realizada con Enrique Grau, Álvaro Cepeda y Nereo López.
- El gallo de oro. Roberto Gavaldón, 1964. Coescrita con Juan Rulfo, Carlos Fuentes y el propio Roberto Gavaldón.
- En este pueblo no hay ladrones. Alberto Isaac, 1965
- Tiempo de morir. Arturo Ripstein. 1966.
 - Juego peligroso (segmento HO). Luis Alcoriza: Arturo Ripstein, 1966.
- Patsy, mi amor. Manuel Michel, 1968
- Presagio. Luis Alcoriza, 1974
- La viuda de Montiel. Miguel Littín, 1979.
- María de mi corazón. Jaime Humberto Hermosillo, 1979
- El año de la peste. Felipe Cazals, 1979
- Eréndira. Ruy Guerra, 1983
- Edipo Alcalde. Jorge Alí Triana. Coescrita con Estela Malagón


Textos teatrales

- Diatriba de amor contra un hombre sentado. 1994 (Mondadori, 2004)


Otros

- Cómo se cuenta un cuento. Taller de guión. (DeBolsillo, 2003)


Adaptaciones al cine y a la televisión

- La mala hora. Bernardo Romero Pereiro, 1977
- Crónica de una muerte anunciada. Francesco Rosi, 1987
- Un señor muy viejo con unas alas enormes. Fernando Birri, 1988
- Milagro en Roma, Lisandro Duque Naranjo, 1988
- Fábula de la bella palomera. Ruy Guerra, 1988
- Cartas del parque. Tomás Gutiérrez Alea, 1988
- El coronel no tiene quien le escriba. Arturo Ripstein, 1999
- Los niños invisibles. Lisandro Duque Naranjo, 2001
- El amor en los tiempos del cólera. Mike Newell, 2006
- Del amor y otros demonios. Hilda Hidalgo, 2010 


Articulo: http://www.elcultural.es 17/04/2014