vendredi 18 avril 2014

Miguel A. SIRGADO/ Wendy GUERRA habla sobre el ‘in-xilio’

Wendy GUERRA habla sobre el ‘in-xilio’
Por Miguel A. SIRGADO

A finales del 2013 la editorial Anagrama publicó Negra, la cuarta novela de la escritora y actriz cubana Wendy Guerra (La Habana, Cuba, 1970). La obra narrativa de Guerra ha sido considerada por algunos críticos entre las mejores de la actual narrativa latinoamericana y como tal, ha sido traducida a más de una docena de idiomas. 

En Cuba –el lugar donde reside y en el que nunca le habían publicado a pesar de haber ganado el premio Bruguera en el 2006 y haber sido nombrada Chevalier de l’Ordre des Arts et des Lettres de la república francesa– acaba de publicar su novela Posar desnuda en La Habana. Diario Apócrifo de Anais, basado en la vida de la escritora Anais Nin.

En múltiples ocasiones la autora ha confesado que a través de los contextos y las tramas de sus libros trata de acercarse a ciertos prejuicios y tabúes de su realidad: el éxodo de cubanos de su generación, el racismo, la bisexualidad, la ausencia de mujeres en las esferas del poder en Cuba, entre otros. Temas que, por demás, han permanecido silenciados en la escritura actual cubana dentro de la isla.

La trama narrativa de Negra se desarrolla entre Cuba y Francia, pasando por otros lugares como Cataluña, y abre una grieta a través de la que se observa el ángulo desde el que la autora explica lo que sucede con un segmento de la población negra en Cuba, al que, tanto antes como después de la Revolución, le ha costado mucho integrarse, sobre todo por motivos socioeconómicos.

¿Por qué escribes desde Cuba, un lugar en el que no se publican y al que no llegan tus libros?
Alguien tenía que quedarse a contar sobre el in-xilio. Alguien, junto a 11 millones de dramas, una mujer menuda, vestida de negro, una mujer que ríe y llora bajo la lluvia, espera que escampe en el trópico, bajo la espesa densidad del diluvio, saturada de esa poética y eterna maestría que nos legaron los grandes escritores cubanos, vivos y muertos. Alguien espera que amaine, bajo quinquenios de silencio, alguien que guarda la memoria de los suyos y a su manera la delira o la transforma. Yo soy uno de esos “alguien” que resiste en la isla, con la percepción de asentar, ficcionar y sobrevivir a sus páginas, en su orilla de siempre, yo soy simplemente la autora que se quedó en el mismo espacio urbano para contar lo que pasa en su interior, la primera persona de una vida colectiva entre ruinas, silencio y miedo, alegrías, deseo y profundas e incomprensibles asfixias y espasmos.

Cuba ha sido para mí ese lugar al que volver y del que nunca partir definitivamente, yo no me quiero ir a vivir a otra parte, es mi derecho quedarme, no lo soportaría. Mi alma no soportaría un exilio aunque el in-xilio no ha sido fácil, pero he sobrevivido y de eso habla mi literatura, de resistencia. Aquí estoy, a pesar de Cuba, a pesar de mi diatriba cubana, a pesar de mí misma. Los libros más duros desde el punto de vista del telón de fondo social no se publicarán por el momento en la isla, el libro de Anaïs Nin ha salido porque ocurre en 1922 y trata asuntos aparentemente ajenos a los que nos competen hoy, pero yo tengo la paciencia asiática, la fuerza africana y el temple de una catalana. No voy a dejar mi lugar en Cuba, no quiero, no voy a soportar estar fuera de mi propia sombra. Me moriría, lo se.
¿Por qué Negra? (el libro, el personaje)
El libro posee una poderosa “trampa de mono” (especie de güira africana que contiene su señuelo de comida) que te atrapa en su desenlace sin poder sacar la mano de la narración interior. ¿Quién cuenta verdaderamente esta historia? Lo sabremos al final. Tiene la estructura de una fábula africana, circular y dúctil en su estructura, con un lenguaje palpablemente percutivo –en 6 por 8– y la necesidad de contar y manifestar recetas de una cultura que nos integra. Refranes y cánticos que contiene la Regla de Ocha. Para mí era sustancial recrear el mundo de una cubana nacida en el 1978, tras varias generaciones de hacinamiento social y contradicciones morales, divergencias entre las posturas aparentemente integradas en nuestra sociedad pero muy segregadas en la intimidad de esa colectividad. Para mí era emergente dibujar ese mundo con sus claroscuros, sin juzgar, sin prejuicios, sin una opinión final sobre el proceso que iniciaba durante la investigación. Era la novela que quería escribir a los 40 años, me sentía parte de ese remolino mestizo que me tiraba del fondo a la superficie y que me apremiaba escribir y compartir con mis lectores en 13 lenguas.

¿Por qué una “heroína trágica” como protagonista: alguna relación con tu propio destino?
La composición estructural de esta novela refiere aquel camino de la llamada dramaturgia clásica en el que, a los 10 minutos de trama, el protagonista habla con el oráculo y al ser consultado éste le refiere un camino del cual, el héroe, resuelve escapar. Nirvana del Risco desea irse del círculo que dibuja su oráculo africano y nunca llega a la estera. Es así como la protagonista decide bajar los estigmas y escapar en el plano de la autodeterminación.

¿Debe una mujer cubana, muy pero muy bella, negra como la noche, hija de practicantes convencidos (casi fanáticos) profesar o no profesar la misma religión que sus padres y abuelos? ¿Debe o no seguir el estigma político de cuatro generaciones? ¿Debe Nina vivir con un europeo porque todo apunta que esa es la única solución a su fatalismo geográfico y estético, el de ser una mujer con cánones de belleza diferentes, a la que hiere constantemente en gestos y actitudes el profundo racismo insular? En Nina se acumulan todas estas respuestas y muchísimas preguntas que muchas cubanas y cubanos tenemos. En sus respuestas está la problemática escrita sobre la piel de un país que se piensa blanco y suena, como sus tambores de fundamento, líricamente mestizo.
¿Cuéntanos sobre el proceso y la experiencia de escribir una novela que aborda cuestiones de la cultura afrocubana desde una perspectiva “blanca”?
Ha sido un viaje a una isla que yo no conocía a pesar de que la escuchaba, la olía, la sentía del otro lado de mi calle. Entenderme en esta isla me ha hecho mucho mejor ser humano, un ser mucho más consciente de lo que me rodea y de la profundidad del drama. Esta novela es un melodrama real. Untar, tragar, sentir todos estos rituales a flor de piel es parte del proceso de escritura y parte de mi orden interior para seguir lidiando con un país que ya expresa abiertamente sus códigos afrocubanos en el diario acontecer. Un país que hoy intenta resolver sus dolores con bárbaras y mágicas recetas que llevan sangre, plumas, aromas delicados, perfume y veneno o rezos, patikíes, medicina para el alma. Probar, andar descalza sobre estas pócimas y estas endémicas soluciones me acercan mucho más al país real, no al soñado, no al imaginado, no al idílico edulcorado, reconocible país culto y supuestamente blanco, hay otra milenaria cultura con códices diferentes que nos abarca, posee, encarna y debemos asumirlo hasta reconocernos. Esto es una evidente, tangente realidad. Este también es mi país y de este viaje vengo llena de dolores, rituales, miedos, furores, alegrías, utopías y accidentes sentimentales.

¿Es Negra en alguna medida un termómetro de la sociedad cubana actual?
Siempre tengo mucho cuidado al catalogar o etiquetar a toda una sociedad. Viviendo en Cuba te das cuenta que cada día afloran asuntos antes vedados, silenciados. Desde la crónica roja hasta el espiritismo, desde la bisexualidad hasta el maltrato doméstico, desde los presos políticos, hasta las casas ilegales de juego. Hay una Cuba secreta que destila y fluye por debajo de la política, por debajo de las informaciones oficiales, por debajo de nuestras conciencias cotidianas. Hay otras Cuba de las que poco se habla en voz alta y esta es una de las que he decidido subirle el volumen, ponerle voz y desnudarla a pleno sol. Esta novela trata de una de las tantas Cuba que podemos contar, y que te preguntas, por qué no se ha hablado de esto antes dentro de la ficción y por qué nadie se ha atrevido a editar recetas como estas (cortesía del archivo de la gran Natalia Bolívar) en esa complicidad con lo secreto radica la clave de mi ruta.

¿Proyectos futuros?
Estoy escribiendo una novela corta sobre el miedo y las neurosis que destilan esos miedos; las aprensiones que hoy tenemos los cubanos criados en la revolución, entre ellos el delirio de persecución, el pánico a los micrófonos y la sensación de que nos espían de allá o de acá. ¿El marido o el jefe, la hermana o la cuñada nos espía? Ese es el punto.

Terminamos con éxito el paso de Todos se van al cine, gracias al trabajo del excelente director colombiano Sergio Cabrera, quien, a pesar de que no le facilitaron los permisos pertinentes para rodar en Cuba, recreó todos los escenarios en la costa colombiana.

¿Anhelos inmediatos?
Mi anhelo es poder hacer en Cuba una editorial alternativa que rompa el silencio editorial en un país donde la gente sí lee y sí le importa la literatura, recordemos que la internet no ha llegado a los hogares cubanos y los hábitos de lectura aún son parte de la rutina del cubano. Mi anhelo es editar a quienes no tienen voz. Mi anhelo inmediato es regresar lo que la vida me ha regalado, la posibilidad de elegir qué escribir y dónde publicarlo.


Articulo: http://www.elnuevoherald.com 17/04/2014

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