samedi 28 juin 2014

Luz GÓMEZ GARCÍA/La tierra donde nació la poesía

LIBROS
La tierra donde nació la poesía
Por Luz GÓMEZ GARCÍA 

Los escritores formados cuando se derrumbaba Irak han hecho materia narrativa del pánico y la frustración.

Quizá sea una narrativa segura de sí misma lo mejor que, de momento, ha nacido de las cenizas del Irak contemporáneo. No es poco, sobre todo si se tiene en cuenta que los iraquíes presumen de vivir en la tierra donde nació la poesía (nada menos que el poema de Gilgamesh) y que, al margen de mitos patrióticos, la devastación última se superpone a dos previas: la de la guerra contra Irán de los años ochenta y la de la guerra del Golfo y el embargo internacional de los noventa. Pero tras la guerra de 2003 y la consiguiente ocupación de Estados Unidos y sus aliados, la violencia ha superado cualquier límite objetivable, hasta el punto de que el menor atisbo de distensión (como una nueva Constitución, la celebración de elecciones o la retirada estadounidense) acaba por alimentar el marasmo. Justamente del pánico y la frustración cotidiana que la violencia inocula en el individuo ha hecho materia narrativa la generación de escritores que se formó mientras se derrumbaba el futuro de Irak, un país que, antes de tanta guerra, tenía una tasa de analfabetismo menor que la española.

Frankinshtain fi Bagdad (Frankenstein en Bagdad), la excelente novela de Ahmed Saadawi (1973), surge de un golpe de inspiración de gran plasticidad: Hadi Attag, un chamarilero parlanchín, va recogiendo por las callejuelas y descampados trozos de cadáveres con los que componer un cadáver completo, el protagonista de la novela. Estamos en 2005, en plena oleada de atentados terroristas en Bagdad. Cada trozo de cadáver es como un trozo de Irak. La novela empieza cuando el chamarilero encuentra una nariz y completa el cadáver, que por fin puede ser enterrado para que todos sus trozos descansen en paz. Pero por azar el cuerpo cobra vida e inicia su propio ajuste de cuentas.
Sinan Antoon fija para la historia literaria un cuadro de costumbres de los cristianos de Bagdad en el siglo XX.

Frankenstein en Bagdad en realidad debería titularse Como-se-llame en Bagdad, tal y como se insinúa en la propia novela. Porque el oscuro personaje que recorre el histórico barrio de Al Batawiyin y al que sus vecinos se refieren como “Como-se-llame” reúne en sí todas las identidades previsibles teniendo en cuenta su origen. Saadawi registra con destreza de documentalista caracteres, lugares y situaciones recurriendo por igual a cierta distancia expositiva y a una implicación personal que mezcla el sarcasmo y la ternura. No es ajeno a este logro su dominio de una lengua árabe que sale de dentro, no impostada hacia el cultismo ni de falsete oral, un problema muy frecuente en la nueva literatura árabe. Saadawi escribe en el árabe de una generación que se formó aún en unas escuelas y universidades modélicas para el resto del mundo árabe.

Sinan Antoon (1967) es otra voz propia de esta nueva narrativa iraquí. Se licenció en Filología Inglesa en Bagdad, aunque a comienzos de los noventa se instaló en Nueva York, donde es profesor universitario y desde donde prosigue su relación umbilical con la literatura árabe. Si bien se define como poeta (ligado a una rica y desconocida tradición que tiene sus referentes modernos en Badr Shakir al Sayyab, Saadi Yousef y Sargon Boulus), su novela Fragmentos de Bagdad quedó finalista del Booker árabe en 2013 y ha sido recientemente publicada en español en la nueva colección Turner Kitab, dedicada a la última narrativa árabe.

La novela de Antoon, muy bien traducida por María Luz Comendador, fija para la historia literaria un cuadro de costumbres de los cristianos de Bagdad en el siglo XX. La conciencia de que la comunidad está a punto de desaparecer se adueña del relato, que insiste en el radical carácter árabe del cristianismo iraquí. Dos personajes, Yúsuf y Maha, encarnan el pasado y el futuro, mientras que su mutua incomprensión es el presente de una sociedad a la deriva. La solución personal del exilio se convierte en un suicidio colectivo, a la vez que quedarse tampoco garantiza la supervivencia. Aunque narrado todo ello en clave comunitaria cristiana (el título original es Ave María), la novela de Antoon muestra el esplendor de un Irak desaparecido: culto, dinámico, sin preocupaciones confesionales. El rodillo de la historia imperial pasó por encima de él. Y hoy hasta para investigar este pasado reciente hay que acudir a las universidades norteamericanas, que han comprado a muy buen precio los archivos y bibliotecas iraquíes.

Frankinshtain fi Bagdad. Ahmed Saadawi. Al Kamel. Beirut, 2013. 352 páginas.
Fragmentos de Bagdad. Sinan Antoon. Traducción de María Luz Comendador. Turner. Madrid, 2014. 195 páginas. 19,90 euros.

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LIBROS / ENTREVISTA
“Ni la razón ni la lógica gobiernan nuestras vidas en Irak”

Ahmed Saadawi revive a Frankenstein en Bagdad para transmitir la angustia de sus habitantes.

En el Irak actual, la violencia forma parte de la realidad cotidiana hasta extremos muy difíciles de superar. Tal vez por ello Ahmed Saadawi ha recurrido a la realidad como materia prima para su última novela, Frankenstein en Bagdad,que le ha hecho merecedor del Premio Internacional de Narrativa Árabe de este año. Tanto es así que el presidente del jurado, el crítico saudí Saad al Bazei, ha detectado “un ojo periodístico en la expresión del estado en que viven los iraquíes”. Pero la obra de Saadawi no es en absoluto realista. De su mano, la violencia del Bagdad de 2005 adquiere tintes supranaturales que la convierten en algo tan incontrolable como una tormenta. Su Frankenstein es una metáfora, de Irak y del ser humano.

“Durante la última década, Irak se ha convertido en un tema periodístico central en la mayoría de los medios de comunicación internacionales, debido a la violencia y la rápida sucesión de acontecimientos. Pero la prensa no logra transmitir todo lo que ocurre”, declara el escritor en una entrevista por Internet desde Bagdad, donde reside. “La literatura, y en particular la novela, ofrece una visión del ser humano desde dentro, el ritmo de la vida, sentimientos humanos y reflexiones, inquietudes y sueños, deseos y quimeras. Son cosas que no funcionan en los medios y que éstos suelen obviar”, añade.

Saadawi ha echado la vista atrás y recurrido al monstruo imaginado por la británica Mary Shelley en el siglo XIX para contar el trauma de un país devastado por la guerra. Este nuevo Frankenstein, formado con trozos de víctimas de atentados, se dedicará a vengar a aquellos cuyas partes le han dado vida.

“El Frankenstein bagdadí es una metáfora que nos representa a todos. En primer lugar, es una metáfora de Irak, de nuestro mosaico de comunidades diversas; pero también del ser humano, que está lleno de contradicciones. A menudo, levantamos nuestro dedo acusador contra el exterior sin reparar en que nuestro interior está lleno de oscuridad. No prestamos atención a nuestra responsabilidad en el mal y creemos que siempre somos víctimas”, explica el novelista.

A menudo, levantamos nuestro dedo acusador contra el exterior sin reparar en que nuestro interior está lleno de oscuridad.

El nombre de Saadawi resulta novedoso no sólo para el lector extranjero, sino también para muchos árabes. Es un signo de que los jurados del conocido como Booker árabe, que desde 2008 entrega la Fundación Emirates del Gobierno de Abu Dabi, han roto con una tradición muy arraigada en la zona de fijarse en escritores consagrados y se han abierto a nuevos narradores. Sin embargo, a sus 41 años, el autor iraquí, que además escribe poesía y guiones, tiene una destacada carrera previa. Sus dos novelas anteriores también recibieron buenas críticas: El país hermoso fue seleccionada mejor novela de 2004 por la revista Al Sada de Dubái, y Sueña, juega o muere, publicada cuatro años después, mereció que el Hay Festival británico de 2010 le considerara uno de los mejores escritores árabes menores de 40 años.

“Mi carrera literaria no ha sido fácil. He afrontado muchos obstáculos, pero tal es el caso de la mayoría de los iraquíes. He intentado comunicar y crear lo mejor que he podido, en una ciudad que carece de las condiciones de vida mínimas”, confía sin esconder su satisfacción por el nuevo reconocimiento.
Entre las dificultades, este hombre que escribió su primer cuento a los ocho años recuerda cómo “bajo la dictadura y durante las sanciones”, los autores iraquíes se veían obligados a usar fotocopiadoras para sacar sus libros y entregarlos en mano a sus amigos. Así publicó tres poemarios hasta el año 2000, incluido Aniversario de malas canciones.

 “La cultura es capaz de resistir incluso en circunstancias adversas”, asegura.
De hecho, su último triunfo ha sido recibido entre sus colegas como un reconocimiento al aguante de Bagdad, una de las capitales de la cultura árabe más castigada en las últimas décadas por las guerras y las sanciones internacionales. Él, por su parte, espera que sirva para dar a conocer a “una generación joven de novelistas iraquíes” que, afirma, están “al tanto de las novedades culturales del mundo y ofrecen obras atrevidas”.

El atrevimiento de su Frankenstein radica en la muy original mezcla de realidad y ficción. Mezcla que podría emparentar con el realismo mágico y que, como éste, sólo es posible en un escenario vital muy particular, el desquiciado Irak que después de la guerra sigue en guerra.

“Me he apoyado mucho en los elementos fantásticos porque me permiten una gran libertad expresiva y me facilitan crear símbolos y metáforas, además de ofrecer al lector una perspectiva extraordinaria para leer la realidad de una forma nueva”, desvela Saadawi.

Al novelista le interesa lo fantástico y metafísico en la escritura porque lo ve “como una parte fundamental e integral de la realidad” en la que vive. “Ni la razón ni la lógica gobiernan nuestras vidas en Irak, ni en Oriente Próximo en general. Con el clima de violencia que sacude al mundo árabe, muchos piensan que atravesamos un momento de locura, no hay lógica que pueda explicarlo”, manifiesta.

“Por supuesto, la novela no intenta ser un documental, sino que utiliza mucho la realidad como elemento. Pienso que el valor de una novela, además del placer y el atractivo de su lectura, radica en que impulsa al lector a revisar la realidad en la que vive e intentar comprenderla a fondo”, señala.

Los autores iraquíes se veían obligados a usar fotocopiadoras para sacar sus libros que repartían en mano. Asípublicó tres poemarios.

Y la realidad del Irak actual es violenta. Casi 4.500 iraquíes han muerto desde principios de este año en atentados y enfrentamientos armados. Veinticinco al día. Muy significativamente el libro comienza con un atentado suicida.

“La violencia viene siendo parte de la historia moderna de Irak por lo menos desde la caída de la monarquía en 1958, y ha seguido aumentando con la sucesión de golpes de Estado, la guerra entre Irak e Irán, la invasión de Kuwait, con la subsiguiente Operación Tormenta del Desierto…”, recuerda Saadawi, quien precisa que “la invasión estadounidense en 2003 no puso fin a esa situación; al contrario, abrió una nueva época de violencia, con la guerra civil y la expansión del terrorismo, algo que se prolonga hasta el día de hoy”.

En ese contexto, es comprensible que los iraquíes sientan que es imposible salir de ese círculo vicioso. Se ven superados por las circunstancias. Pero ¿qué papel desempeña el sectarismo? El escritor no esquiva el asunto más espinoso que afronta su país en este momento.

“Es obvio que la cultura religiosa y popular no nos ofrece soluciones para acabar con el sectarismo. Tenemos que encontrar una perspectiva moderna y laica. Hay que proteger los derechos religiosos y culturales de todas las confesiones, pero en la vida pública debe imperar la Constitución y las leyes [deben ser iguales] para todos los ciudadanos sin distinción”, manifiesta aun a riesgo de molestar a los islamistas, tanto chiíes como suníes, que hoy monopolizan el debate político (y alientan con ello la violencia).

El escritor se muestra satisfecho de que su novela haya ayudado a muchos lectores árabes a entender cómo han vivido los iraquíes bajo el peso de años de miedo y terror. “En algunos mensajes que me han enviado me cuentan que desconocían lo que estaba ocurriendo en Irak”, asegura.

Ahora confía en que el premio le permita alcanzar a un público más amplio. Junto a los 50.000 dólares (unos 36.500 euros) con que está dotado, el galardón asegura también la traducción al inglés y la difusión internacional. Sin embargo, el proceso puede ser lento. La novela saudí que ganó la edición de 2010, Echar chispas, apenas acaba de publicarse en ese idioma.

¿Resultará atractivo Frankenstein en Bagdad fuera del mundo árabe?

“No lo sé. Aunque la novela versa sobre la realidad local, también plantea una serie de cuestiones humanas y existenciales, y eso interesa mucho en cualquier parte del mundo. Además, ofrece una ventana a través de la cual el lector extranjero puede asomarse a lo que ocurre en Irak, o conocer algo por lo menos”.


Articulo: http://cultura.elpais.com 24/06/2014

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