vendredi 22 août 2014

Julio LLAMAZARES/ Escritores ocultos

OPINIÓN
Escritores ocultos
Por Julio LLAMAZARES

'Una habitación en Europa' es un conjunto de diarios de Avelino Fierro escritos entre 2010 y 2012

La amistad me ha permitido conocer uno de los libros más hermosos de cuantos se han publicado este año en nuestro país (mi amistad con el autor no condiciona mi juicio). Una habitación en Europa es un conjunto de diarios publicado por una editorial provincial, Eolas Ediciones, y firmado por Avelino Fierro, de profesión fiscal y de vocación escritor, dibujante y lector. “El diario de un lector agradecido” define él mismo su libro, un conjunto de diarios escritos entre el año 2010 y el 2012 cuya finura y delicadeza emparenta a su autor con los grandes escritores de dietarios españoles: Josep Pla,César González-RuanoJulio Camba (con el que Avelino Fierro comparte la definición que de él dio el escritor ampurdanés: “Tenía un horario incierto y su vanidad fue nula”), Ramón Gaya,GimferrerFrancisco UmbralTrapielloAzúa o Sánchez-Ostiz, y cuya profusión de citas, ninguna de ellas aleatoria o injustificada, destinada a la autocomplacencia del escritor o al épatage del lector como a menudo sucede, sino producto de su función fecundadora del texto, de su capacidad sintetizadora de ideas y pensamientos o de su potencialidad metafórica o iluminadora sin más, delatan a una persona que lo ha leído y lo ha digerido todo (las dos cosas son precisas para que se sedimente el humus de lectura), todo con el aprovechamiento de los verdaderos sabios, esos que hacen de su sabiduría un arte y no una escalera hacia la presunción misántropa.

Que un desconocido fiscal de provincias que publica su primer libro a los 58 años cite en él a poetas desconocidos para un lector avezado (también a los conocidos), a los filósofos europeos y universales menos trillados (también a los más famosos), a pintores, músicos y escritores nada habituales (también a los habituales) y que sus citas aparezcan enhebradas por una prosa transparente, conmovedora y bella a la vez, que intercala la descripción y la reflexión, el análisis y la imaginación, la observación de la realidad y las fantasías del sueño, hace pensar en la cantidad de horas de lectura, de trabajo silencioso y ajeno a las alharacas a las que tan acostumbrados estamos los escritores que gozamos del apoyo editorial (y de la proyección y la promoción que este nos supone) y en la cantidad de autores que, como Avelino Fierro, viven su vocación literaria en el anonimato más absoluto, sin la esperanza siquiera de ver sus obras publicadas, salvo merced a un golpe de suerte como el que a Avelino Fierro le ha sorprendido de pronto, en forma de una editorial pequeña que, de la misma forma que él, lucha por hacerse ver y que conoció su obra casi por casualidad: en la página de Internet en la que, por insistencia de su directora, también amiga del escritor oculto, este fue publicando su diario por entregas a medida que lo iba escribiendo.

¡Cuántos autores así no ha conocido uno en su deambular de escritor viajero (no diré nombres porque se me olvidarían muchos, lo cual aumentaría la injusticia de su desconocimiento) y cuántos no merecerían la atención de todos esos lectores que, como ellos, viven también su pasión en el anonimato de los datos estadísticos, esos que dan las editoriales para tratar de definir un mercado cada vez más misterioso e inaprehensible, con más justicia que muchos de los que disfrutamos del favor editorial y de la prensa, en algunos, bastantes casos (tampoco aquí diré nombres, cada uno que los piense por su cuenta), sin ni siquiera saber qué es la literatura!

Una habitación en Europa. Avelino Fierro. Eolas Ediciones. León, 2014.

***
PRIMERAS PÁGINAS:
Una habitación en Europa
Por Avelino Fierro

“Ave, acaba de mandar un correo Cecilia.
Dice que no localiza a Konrad y que lo de
conseguir alojamiento para Javi en Múnich
va a ser complicado”.

Ahi, donde deberia ir una frase que resumiera toda una vida de lector o todas las aspiraciones de un incipiente escritor, aparecen esas palabras tan humildes, adormecidas e insignificantes, que necesitan explicarse. Las citas de los maestros, al inicio de un libro, dicen mucho de lo que luego nos vamos a encontrar, y antes de esa frase tan simple yo habia elegido muchas, todas muy hermosas y sugerentes para que, ya desde el inicio, un aire cosmopolita y refinado inundase estos escritos.

Cuando me puse a la tarea aparecieron rapidamente dos de ellas: “Mais les livres ne contiennent pas la vie; ils n’en contiennent que la cendre”, de Marguerite Yourcenar, y “A city becomes a world when one loves one of its inhabitants”, de Lawrence Durrell, que yo habia copiado al verlas citadas en un libro de poesia. La segunda frase siempre me traia al instante otra del mismo autor: las palabras de Pursewarden a Melissa en Mountolive, el tercer tomo de su Cuarteto, “Comment vous defendez-vous contre la solitude?”, y la respuesta de esta: “Monsieur, je suis devenue la solitude meme”. Cualquiera de las dos podria ser una cita adecuada para hablar de vida y escritura, al fin y al cabo, tan solitarias.

(Anoto aqui una hermosa casualidad. Siempre volvemos a lo vivido o leido. Hago un alto en la redaccion porque llega Libertad del cole, y luego tardo en ponerme de nuevo a escribir. Me distraje con algunas cosas. Cuando hojeaba el último numero de Clarín, el 100, vi que traia un articulo sobre el centenario de Lawrence Durrell que comenzaba asi: “Volver a Durrell, como si la memoria aun navegase por las aguas del Mar Muerto, por el mundo abigarrado de calles donde los viandantes muestran los encantos de la ciudad de Alejandria, volver a los lugares amados por Justine, Balthazar, Melissa o Nessim. La mirada de cada uno de ellos aun hiere en la retina nostalgica de aquellos que leimos con voracidad El Cuarteto de Alejandría”. Yo soy uno de esos nostalgicos. Cuando lo lei ya no era un adolescente –tendria 25 o 26 años–, pero volvi a tener esos ojos “cargados y nimbados de sombras del que ha pasado parte de la noche entregado a su vicio delicado y exigente”. Creo, con Harold Bloom, que solo la lectura atenta y constante proporciona y desarrolla una personalidad autonoma; creo, con Samuel Johnson, que la literatura nos hace capaces de gozar mejor de la vida, o de soportarla mejor; creo, con Nietzsche, que solo esteticamente hay una justificación del mundo).

Hace no mucho aparecio otra cita que me gusta, de Rafael Sanchez Ferlosio, que Jon Juaristi pone al inicio de su libro Tiempo desapacible: “Retraete atras a la noche, / tu patria y tu cuna, / aunque el alba de antano / no vuelva nunca”. Habia otras que tenian que ver con el paso del tiempo, el amor, y variadas melancolias. Cortas, como el hilillo de la fuente; largas, como un caudaloso rio. Todas sabias y rumorosas. Los clasicos, Quevedo, Cernuda, Machado y su Mairena, Baroja y un Bergamin ocurrente y ripioso. Tambien Borges es un filon en su prosa y en sus poemas. Veamos una cualquiera tomada de El libro de arena: “Repetidas veces me dije que no hay otro enigma que el tiempo, esa infinita urdimbre del ayer, del hoy, del porvenir, del siempre y del nunca”.

Otro dia unos viejos versos me hicieron agradecidas senas y los anote sin remedio: “Il pleure dans mon coeur / comme il pleut sur la ville; / quelle est cette langueur / qui penetre mon coeur?”.

Y eso, como no, me llevo de la V de Verlaine a buscar algo en la B, de Biedma. Y aquello, por conocido, querido, y quizá y extranamente, poco espigado, fue un tremendo barullo. No pude elegir verso alguno sobre otros. Tambien escudrine en un parrafo que esta en los ensayos de El pie de la letra, donde se habla de las lecturas de la infancia y que titula “De mi antiguo comercio con los heroes”, pero era demasiado largo. Aunque las palabras finales siempre me gustaron: “El hombre se venga de sus suenos corrompiendolos”.

En otra ocasion, una tarde cualquiera, quiza despues de leer a Steiner y de haberme tomado una dosis excesiva de benzodiacepinas, di con la frase siguiente de Gaya, que me parecio muy adecuada al sentirme yo euforico en esos momentos, casi un primus inter pares: “Las obras vivas, vivas de verdad, no corresponden a una epoca determinada, son unicamente. Fidias, Miguel Angel, Tiziano, Rembrandt, Velazquez, Cervantes, Shakespeare, Mozart, Tolstoi, Galdos, Juan Ramon Jimenez no son sino fragmentos de un solo y unico espiritu… permanente. Son como distintos estados de ánimo del espiritu, y basta”. Lo dice Gaya, al preguntarle por Caravaggio, en una entrevista de 1992.

Tambien se encuentra mucho material en Brodsky (me gustan los cuatro versos finales de “Invierno en Yalta”). Y en Pla. Tiene una frase cortita sobre Camba que a mi me gustaría merecer (!Dios, que presuncion!) como escritor: “Tenia un horario incierto. Su vanidad fue nula”.

Y tantas y tantas otras que no dicen nada y lo dicen todo, que se sostienen, aleteando, con su extrana belleza. Como ese fragmento de la carta que Rilke envia a Clara desde su domicilio en Rue Casette, 29, en Paris, un viernes 11 de octubre de 1907: “...Hoy ha sido magnifico ir a los “quais” del Sena, extensos, ventosos, frios. Todos los ultimos dias grises, medio deshechos, se habian juntado a oriente, entre Notre-Dame y Saint-Germain l’Auxerrois –y ante uno, sobre las Tullerias, hacia el Arco de Triunfo, habia una vastedad luminosa, ligera, como si por alli se saliera fuera del mundo. Un alto alamo en abanico jugaba con las hojas delante de aquel azul que no se posaba en parte alguna, delante de los esbozos incompletos, exagerados, de una vastedad que el santo Dios mantiene ante si sin el menor conocimiento de perspectiva. Desde ayer ya no llueve tan monotonamente. Sopla viento, cambia, y de vez en cuando hay momentos de feliz disipacion. Cuando ayer por primera vez vi de nuevo la pequeña luna alzandose sobre la tarde color madreperla, comprendi que ella habia favorecido el cambio y de el respondia. .Donde estare cuando, crecida, decidida, celebre sus recepciones en el cielo otonal?” [...]

Para un tipo indeciso como yo, aquello era una complicación enorme: no acababa de dar con el autor ni la frase que queria poner al comienzo del libro para advertir al lector de cual seria el aroma, el color, el tono de mis escritos. Pero todo podia ir a peor, y eso sucedio cuando comenzo la búsqueda del titulo. Fueron apareciendo algunos que, al poco tiempo, resbalaban y se perdian por el desague como esa agua mezclada con los tintes para el cabello. Ninguno se fijaba a la piel como un tatuaje.

Llegue a anotar unos ochenta. Me obsesione con ello. Ademas, queriendo dar con la palabra justa, las variantes –algunas absurdas– se iban enhebrando unas a otras, se enganchaban como las cerezas al sacarlas del cesto. Salia de casa a pasear y pensar en ello: “Los pasos quebrados”, “Los pasos contados” (!no, ese ya esta pillado!), “Pasos sin rumbo”, “Pasos en la niebla”, “Un paso de agujas”, “Un cambio de agujas”, “Un cruce de caminos”, “Pasos bajo la luna”,
“Andar con cien ojos”, “Un paso en falso”, “Sin rumbo fijo”, “Caminos sin vuelta”… Si miraba al cielo de la media tarde, podian surgir otros: “El lenguaje de las nubes”, “La inocencia de las nubes”, “El camino de…”, El sendero… La ruta… Por la ruta… “Nubes de evolución nocturna”, “Viendo pasar las nubes”, “Nubes pasajeras”… En otra ocasion me dio por titulos largos y melifluos, melosos, a la italiana, “Ahora esta brillante noche”, “Tambien ahora pienso en ti”, “Una vez un gran amor”, “Este aire espeso del recuerdo”, “Quedate cerca de mi”, “Y vi pasar, sin dolor, el tiempo”. Siempre me gusto “Donde da la vuelta el aire”, pero cai en que lo habia usado Torrente Ballester. Tambien “En tareas de amor y sosiego”, que creo que es de Cernuda. Y ese verso de Claudio Rodriguez, “que yo me ire donde la noche quiera”, que se convirtio en “Donde la noche me lleve”, que casi era definitivo.

Luego, todo volvio a embarullarse (“Las huellas de tus dias”, “Al otro lado de tus suenos”, “Alerta corazon”, “Senderos de niebla”, “Almas de niebla”, “En ramas de niebla”, que es parte de un verso de Blas de Otero, “Otra noche en blanco”, “Ciudad en blanco y negro”), pero aparecio, manteniéndose unas semanas en el primer lugar, “La ciudad sin sombra”, porque los paseos del escritor de estos diarios son de amaneceres o noctivagos, y porque “La ciudad sin nombre” era muy manido o evidente. Llegue a dibujar una portada para aquel titulo. Pero tampoco me convencia.

Convoque una especie de concurso de ideas entre los amigos ofreciendo sacarlos en los creditos del libro y regalarles una caja de botellas de vino. Las parabas por la calle, les daba la tabarra en la taberna y mandaba mensajes por Internet.

Encontraron uno bonito, “Nubes de verano”, pero estaba ya registrado por un cineasta y habia que pedirle autorizacion. Agustin propuso, bastante terco, que todo debia girar alrededor de la palabra esquina, o esquinada o esquinazo. Un dia, en que nos habiamos reunido varios en Espinareda de Vega, repare en que todos paseabamos por aquel bosque frondoso y encantado sin mirar a los niscalos o las ardillas, o a los pintureros y chillones arrendajos. Ibamos pensando en el titulo cabizbajos y silenciosos, hasta que uno se paraba en seco o daba un salto y decia las palabras: “!A los cuatro vientos!”, “Ciudad sin sueno”, “A renglon torcido”, “Tantas noches en blanco”, “!Oros y bastos!”, digo “!Copas y oros!”, “!Las cartas oca arriba!”, “Mi vida en tus manos”… Eso duro varios dias. Alguien podia llamarme muy de madrugada por telefono con la mejor intencion, tratando de poner su granito de arena. Alguno repaso el refranero entero porque, decia, aquello era un filon. Cosa de locos.

Todo acabo el dia en que Mar dijo la frase que he anotado al inicio. Javi, el hijo, ira dos anos a Alemania a seguir con sus estudios de musica. Necesitaba encontrar alojamiento. En ese momento habian surgido la cita y el titulo para estos diarios. Todos hemos quedado muy agradecidos por este regalo inesperado. No se si puede decirse que algo de poesía acababa de colarse en ese camino sin salida en el que andábamos metidos, pero si la vida, la vida sin remedio y sin dar un ruido, con los pies descalzos. ! Que descanso! El mundo parecia volver a marchar acompasado.

DIARIO BEFORE LONDON

Este es un diario por encargo; trataremos entre todos (dias y noches, azar y crepusculos, el viento del pasado, risas y desvelos…) de cumplirlo.

A la salida de la exposicion de fotografia la gente se disperso por los bares proximos (la crisis tambien se lleva por delante esos detallitos tan agradables, como los regalos de empresa o el vino espanol de las vernissages). En el Napoles estaban los leteos (leteo: dicese de cualquiera de los componentes de animoso grupo de jovenes escritores y editores de exquisita revista, en la que quien esto escribe ha colaborado en un par de ocasiones). Pague las cervezas y me acerque al grupo de Cecilia Orueta, la fotografa. Cecilia ha sido, durante mucho tiempo, restauradora. Recuerdo haberla sorprendido hace años abrazada a un enorme cristo yacente en el improvisado taller de un bloque de oficinas. Estaba intentando darle la vuelta para decaparle la espalda y la postura en que los encontre nos hizo soltar a los dos una carcajada ostentorea (ostensiblemente uno es victima de los gazapos del infeccioso lenguaje periodistico).

Pero volvamos a lo trascendente. Desde aquel dia Cecilia esta ungida, aunque ella no lo admita, por el soplo divino; en ella se ha depositado la semilla del Supremo Hacedor. Y en lo que hace esta buscando, escudrina en el precedente sagrado.

Aunque, descreida como es y de ascendencia francesa, se lo podemos cambiar sin descomponer el gesto por algo más pagano: la aspiracion a la realidad invisible de Platon o el misterio del élan creador bergsoniano. Tiene claro en pos de que va. Ahora se dedica a la fotografia. Y habiendose dejado durante tanto tiempo la salud subida en los andamios para recomponer enormes retablos barrocos, para elegir los colores, o los barnices o las lacas adecuadas, para inyectar el curalotodo en los poros innumeros de una talla de San Cristobal comida por la carcoma, para aplicar esa gotita de blanco de plomo en la apagada lagrima de la Dolorosa… que secretos va a tener ahora para ella el encuadre o la temperatura del color? El que fue cocinero antes que fraile lo que pasa en la cocina bien lo sabe.

El caso es que anduve el resto de la noche como desmalazado con la historia del diario. Salvo los momentos de obligada atencion en la partida de cartas que se armo en el Cuervo o en aplicarme al cimbreo pelvico con la musica de los sesenta que pincho luego Edu en el Moloko, no pude quitarme de la cabeza que tendria que buscar temas y tono para escribirlo. Podria ser real o imaginario. Podria bucear en los recovecos de lo íntimo o mostrar los externos aconteceres municipales o siderales. Me tranquilizaba algo el que partiera de salida con una buena coartada: mira, me lo han pedido para una revista, que le voy a hacer; ya se que no soy escritor, ni politico, ni rico de familia, pero no voy a dejar al editor –del que todos me dicen que es un tipo estupendo– en la estacada. Repasaba entre los diaristas conocidos y trataba de elegir el modelo. Recordaba a Pla, Ruano, Manent, Gaya, Gaziel… y me entraban sudores frios: era una tarea imposible. No se puede emular a quienes estuvieron tocados de alguna manera por la Gracia.

De esos otros diarios, abundantes entre los jovenes escritores, en los que se quiere vivir como Verlaine, pero sin la patina pobretera y decadente de la vieja bohemia, y que escriben bastante peor que Bukowski, no podemos esperar ayuda. Era ya muy de madrugada cuando me decidi: como unos dias antes Alma y yo habiamos hablado de viajar a Londres, haria una especie de diario ingles. Lo ingles lo prestigia todo; es una etiqueta que vende una aristocratica elegancia. Se ve claro en el tenis de Wimbledon: los jugadores pueden ir a cualquier torneo hechos una facha (las hermanas Williams suelen llevarse la palma), pero alli el blanco inmaculado es obligatorio y conjuga bien con los otros colores oficiales, el verde y el turquesa. Es increible como cuatro raros que habitan en ese cachalote varado en el Atlantico siempre han tenido su imagen de marca. Bueno –me decia–, no se nada de ingles (como mucho, algunos titulos de canciones de los Beatles), pero entre lo que alli suceda y las anecdotas de algún amigo importante o escritor o noctambulo, se llenan unas paginas. Pero –volvian los reparos– el limite del castellano (ah, ahora recuerdo aquello de la “falsa lengua materna” de que hablaba Kafka) me va a llevar a captar mal la idiosincrasia anglosajona. No podre contar bien la luz mortecina de los pubs ni el reflejo mate de la espuma de una guinness…

Al rato encontre algo de consuelo en aquella frase de Proust “los libros famosos estan escritos en una especie de lengua extranjera…”.

Tanta disculpa para escribir, casi pidiendo perdon por no existir, por no vivir una vida de novela, no presagiaba nada bueno.

*
En el ano noventa y tres lleve un diario. Eran tiempos como los de hoy, de crisis economica. Tambien de cambio climatico, aunque debia de hablarse menos de ello. Quiza las cosas no cambien tanto como nos dicen los periodicos. Anoto una de las entradas: “Estamos a primeros de abril y hace muchisimo calor. La sequia hace estragos en el Sur y los agricultores preparan una marcha a la capital del Estado. Los viejos icebergs se funden en el Norte. Si no cambia el tiempo, se consumara el desastre ecologico, creceran las aguas saladas y por la Gran Via desfilaran los olivareros, los huertanos, las morsas, los elefantes marinos, los fletanes…”.

Ya me joroba pensar que puedan tener razon el primo de Rajoy y Tacho Getino.

*
A Alma, mi mujer, le gustan los idiomas. Se lleva bastante bien con el frances, pero le ha cogido mania al ingles desde que se le atraveso un listening. Y es una timida irresponsable en esa lengua. Asi que viajaremos con Alissa y Alvaro. Ella es irlandesa; el, impresor, jardinero, mecanico, taxidermista, constructor de piramides… Nuestra seguridad, la de los pasajeros que viajen con nosotros, la de los turistas que coincidan en un radio de accion de unos quinientos metros, estará asegurada. Pero no se si el viaje no quedara desprovisto de toda brizna de aventura.

Estamos en su casa tratando de reservar los billetes de avion por Internet. A mis ruegos de que Alvaro pinche en las casillas de “embarque preferente” y “seguro de viaje”, se niega. Pero tambien al de una habitacion para cuatro. Alissa dice “no pienso ensenaggte mis bggagas”.

Todas mis demandas son desestimadas, pero no me condenan en costas al no apreciar en ellas mala intencion– !como va a albergar uno deseos de voyeur con las buenas amigas!– ni temeridad. Lo cierto es que ella estaba sumamente atractiva.

A su buen natural y rubicundez, se sumaba hoy una voz ronquisima y graciosa de fuerte afeccion catarral. Un castellano defectuoso emitido desde la ultratumba tiene el encanto de alejar el retraimiento natural que padece un varon del pleistoceno –no creo que en lo esencial hayamos avanzado nada– ante las walkirias.

En fin, parece que viajaremos del 23 al 29 de junio. Quede impresionado por la rapidez con que cobran los billetes en la tarjeta de credito. Antes de que el ordenador cambiara de pantalla y lo confirmase, Alvaro habia recibido el pitido del cargo en su movil: “Son muy rapidos, son catalanes, tengo la cuenta en la Caixa”.

Queda por reservar el hotel. Pedi, otra vez sin exito, quedarnos en el “Edward Lear”, una mansion decadente que había sido residencia del escritor del mismo nombre. No se han decidido por ninguno.

Me estan obligando a comentarlo, a pedir informacion a quien se me ponga a tiro. Alma dice que soy “muy de pueblo”, que voy aireando lo de Londres como si fueramos los unicos que viajamos. Recuerda siempre que en Florencia, donde pasamos una semana hace anos, me demoraba lo indecible para abrir el porton que daba a nuestro apartamento. Pilar, una amiga, habia conseguido una beca para dos meses y como ya era funcionaria, se la habia gastado en el alquiler.
Estabamos en la plaza del mercado viejo, entre los Uffizi y el Ponte Vecchio. No queria hurtar la emocion a cualquiera de los turistas japoneses o americanos que pasaban continuamente frente a nuestro edificio renacentista, de pensar que, sin duda, yo era un descendiente directo del Brunelleschi.

*
Por mi edad, soy francofono. En el bachiller de los sesenta no existia la perfida Albion. Hace cuatro anos tuve que ir a Paris por motivos de trabajo. Dias antes veia la TV5 y comprendi la esencia y pujanza de la francofonia. Algunas clases particulares y la promesa de que no tendria que intervenir publicamente en el curso, me animaron al viaje. Durante el coctel, despues de la presentacion, en el primer dia de trabajo, comence a engullir canapes para no tener que soltar prenda y dejaba la mirada perdida hacia los ventanales o el techo. Pero alguien me hipnotizo y paro en seco aquel atolondramiento.

Una rubia estupenda avanzaba segura hacia mí. Me atragante, crei morirme, me recupere milagrosamente, respondi a su saludo y charlamos un rato. Me dijo que tenía un acento formidable. Era psicologa. Cuanto recelo de los de su gremio, pero estuve a punto de pedirle el telefono. Mi autoestima se habia subido a la enorme lampara de arana del salon. Ahi quedaba pues, con gracia torera, como molineteando, mi innata predisposicion a pronunciar bien en cualquier idioma. Que le vamos a hacer. Mis hijos son excelentes musicos, sin duda gracias a la herencia paterna.

*
Cecilia me paso algunos discos de su hermano Lionel. En uno de ellos estaba el One de U2. Yo habia perdido mi versión cantada en directo en Sarajevo, durante las guerras balcanicas, con un coro de ninos y un vaiven arrullante de sintetizadores. Imprimi la letra (one love / one life / when it’s one need / in the night…) y lo puse en el coche. Al ir hacia la oficina, el sol aparecio entre nubes en una calle que lleva a una plaza centrica, con la imagen de una virgen en lo alto. Tuve una vision como cinematografica, coincidieron alli variados efectos especiales que me hicieron perder por un instante la conciencia, el amarre al piso. La luz me cegaba, la musica me ensordecia y delante de mi, de un pequeno autobus, empezaron a salir extranos personajes con una cadencia como de estar todavia zambullidos en el liquido amniotico o flotando en la ingravidez espacial. Eran retrasados mentales, de sonrisa beatifica, de edad indefinida, y se apoyaban unos en otros con movimientos algodonosos. Baje las ventanillas; “love is a temple / love a higher law”. Tenian que oir mi musica igual que yo sentia su desgracia y la mano despiadada del dios inmisericorde.
Los pitidos de los coches que estaban detras me obligaron a secarme rapidamente las lágrimas.

*
La tranquilidad en el trabajo o en la lectura de las mananas de domingo se ha visto hoy turbada por la entrada orgiástica del sol. Manana de domingo de este invierno que aun dura hasta este dieciseis de mayo. Para cambiar a lectura de primavera, barzoneo por los estantes de la biblioteca tratando de decidirme por algun brote verde; son muchos los libros por leer. Pero el frio esta todavia en los huesos y las nubes bajas han durado tanto… Vuelvo a buscar cierta ornamentación melancolica. Escojo de entre los que estan en el suelo, todavía sin acomodo, La voz a las tres de la madrugada, de Charles Simic y busco un poema, “Shelley”, porque en su momento, al leerlo escuchando el “Ombra mai fu” del Jerjes haendeliano, senti esa picazon y ojos llorosos, entre otros efectos, que debe producir –dice Robert Graves– la poesia. Aunque si en vez de a Graves citase a Galdos, tendria que decir que se me alegraron las pajarillas.


Articulo : http://cultura.elpais.com 14/08/2014

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