dimanche 28 décembre 2014

Elena MARTI/ El imperio OBLÓMOV y la trans-ficción

El imperio OBLÓMOV y la trans-ficción
Por Elena MARTI

Narrador, poeta y ensayista, Carlos A. Aguilera (La Habana, 1970), vive en el exilio desde hace varios años. Fue codirector dentro de la isla de la revista Diáspora(s), uno de los espacios alternativos más importantes para el debate y la cultura, y desde su salida de Cuba en 2002 ha vivido en Bonn, Graz, Dresde, Frankfurt y Hanover. Sus libros, de narrativa y poesía, son: Clausewitz y yo (2014), Discurso de la madre muerta (2012), Teoría del alma china (2006), Das Kapital (1997), Retrato de A. Hooper y su esposa (1996), además de antologías como Memorias de la clase muerta, una de las más comentadas de los últimos años. A propósito de la publicación de su novela El imperio Oblómov (Renacimiento, España, 2014) conversamos con él para el Nuevo Herald. Aguilera, actualmente, reside en Praga.

¿Hay algún punto de contacto, entre tu obra, El imperio Oblómov, y el Oblómov de Ivan Goncharov, de 1858?
Solo el del nombre... Pero salvo ese, no hay otro. El imperio Oblómov no se desarrolla en Rusia, no es una novela sobre el oblomovismo, por lo menos no de manera frontal, y ningún personaje monologa 300 páginas en pantuflas sin salir de su habitación. Aunque por supuesto, uso es homenaje.

¿En qué período y espacio ubicas tu novela?
En un período kitsch, o de juego. Un período que no responde a ningún territorio histórico definido, sino que toma (y ficciona) varios espacios para construir su propia situación. Es lo que yo llamo la “no definición del tiempo”. Es decir, en el mismo momento pueden confluir personajes que responden a épocas e ideas diferentes, y desde esa “no definición” articular su propia manera de construir la Historia (la de la novela y la de una posible realidad). En verdad, no hay nada más espantoso que la mal llamada Novela Histórica. Generalmente es una burla a las dos palabras.

Háblame un poco del “orden”, del anarquismo y de lo que sucedió con el paneslavismo en las diferentes repúblicas del Este como lo abordas en Oblómov. Y me gustaría que nos contaras algo de la “naturaleza contradictoria” del Este. El título de trabajo de El imperio Oblómov fue durante mucho tiempo “Gran Eslavia”. Esa era quizá la idea principal: cómo escriturar y caricaturizar y pensar todas las fuerzas negativas que, durante siglos, como bien ha escrito Cioran en algunos de sus ensayos, se han apoderado de un territorio que está lleno de personajitos de naciones diferentes, con delirios y atavismos y mitos diferentes, y cuyo imaginario siempre ha avanzado hacia el mesianismo: político, religioso, social e incluso filosófico. Esta negatividad, a la vez fascinante y anti-ilustrada, fue lo que me hizo emprender la novela y, como dices, contar, narrar, la naturaleza contradictoria de lo que comúnmente llamamos Este de Europa, aunque la contradicción no se limita en exclusivo a este territorio. El Orden, el anarquismo, etc., entran como síntomas de las fuerzas que en la novela definen o gobiernan el espacio por donde se mueve la familia Oblómov. Solo esto.

Existe un rejuego en tu novela entre personajes ficticios y reales (Binswanger, Kropotkin, Joseph Conrad y hasta el francés Gerard de Nerval, por mencionar algunos). Casi siempre, grandes figuras de la literatura o de las ciencias, pero de alguna manera vinculadas a las teorías políticas y filosóficas de la época y yo diría que marcadas por la enajenación o la demencia. ¿Cómo logras tocar temas tan fuertes con esa fibra tan jocosa e irónica…?
Es una manera, inventada y natural a la vez, de observar en detalle el movimiento de las cosas. Además, forma parte de lo que yo llamo trans-ficción. Es decir, ahí donde la historia, la literatura, el canon e incluso lo político pierde peso, el peso que la vida y cierto status quo le han dado, para convertirse en risa, carcajada agónica. Y digo agónica, porque no concibo ninguna escritura que a la vez no se ahogue en su propia risa, que no delire.

Defines al exilio en la novela como “esa profesión donde es obligatorio tener varios rostros”. ¿Piensas que siempre es así o solo sucedió esto con el famoso Este?
Pasa según estrategias, situaciones y amenazas personales. Solo hay que observar al exilio cubano. Desde que aparentemente pueden visitar Cuba muchos se han quedado calladitos-calladitos. Y no precisamente porque no tengan nada que decir.

Una última pregunta: ¿piensas que Mamushka aún espera en alguna parte por el zorrito negro?
Creo que sí. Mamushka, todas las mamushkas del mundo, esperan aún por su particular y perverso y ateológico zorrito negro, como bien escribió Derrida en su conocido ensayo sobre la teología negativa. Sin zorrito negro, es decir: sin zonas negativas, no hay tensión, cero vida.


Articulo : http://www.elnuevoherald.com 20/12/2014