dimanche 8 mars 2015

Daniel LÓPEZ/José Ignacio MONTOTO: “La mujer es el origen del mundo”

JOSÉ IGNACIO MONTOTO:
“La mujer es el origen del mundo”
Por Daniel LÓPEZ

José Ignacio Montoto (1979) obtuvo el primer premio del Certamen de Poesía, convocado por el Instituto Andaluz de la Juventud, en su edición de 2013 con el poemario titulado La cuerda rota (Renacimiento, 2014). Quizá poco sepan de este premio más allá de las fronteras andaluzas, pero sin duda rápidamente reconocerán su valor si les relato la nómina de poetas que fueron descubiertos con él, entre muchos otros: Elena Medel, Juan Manuel Gil, Raúl Quinto, Antonio Portela o Cristián Alcaraz. En el caso de Montoto, este premio supuso más bien la confirmación de una trayectoria que tiene en La cuerda rota la mejor expresión de su poesía. Nos citamos en Sevilla, ciudad en la que ambos residimos, una tarde del mes de enero para intentar articular en una dinámica de pregunta y respuesta la densidad semántica de un poemario que difícilmente tiende a agotarse. De aquel encuentro surgió esta entrevista.

En Autopista azul, título del poema que contiene el Prólogo de La cuerda rota, pareces hacer acopio de los motivos sobre los que trata este libro. Desde tu punto de vista, ¿cuáles son esos temas?
Sí, como bien apuntas ese poema podría considerarse el pórtico del libro, que vendría a ser una especie de punto de inflexión donde comienza una historia de amor y desamor, que de alguna forma continuará a lo largo de todo el poemario, y en el que se esboza su devenir, incluso las influencias y tradiciones que me han servido de base para poder hilvanarlo. Digamos que este punto de partida ya nos anuncia que el libro va a hablarnos de la historia de las relaciones, de una mujer protagonista, de una tradición de la que se sirve el libro, pero también de un enfoque muy contemporáneo.

La cuerda rota, título del libro, es una imagen que se va repitiendo una y otra vez a lo largo del libro. Personalmente, me recordó a ciertas imágenes del simbolismo francés que se reiteran como la expresión de una obsesión que posee a la voz poética.
Efectivamente, la cuerda rota, en algunas ocasiones expresada también como el hilo rojo, es ese segmento que unas veces se parte en mil pedazos y cuya metáfora asoma evocando al alma, a las relaciones, a la mujer, al hombre, etc. Considero que este libro tiene muchas afinidades con el romanticismo y el simbolismo francés. Por ejemplo, de esas tradiciones tomé el uso del versículo como la estructura métrica de la que me serviría como cauce de expresión de los poemas. Curiosamente, me encontré con que en esa forma, la del versículo, que era una forma que no había utilizado en mis anteriores libros, lograba expresar casi a la perfección lo que pretendía con estos poemas. Así que, volviendo a la imagen de la cuerda rota, sí creo que es acertado tener una visión de este elemento como un símbolo desde la multiplicidad de significados que denota, en ocasiones a través del uso de imágenes muy plásticas que vienen a desembocar en esa idea de ruptura.

De la misma forma, la imagen de la autopista azul también se repite a lo largo del poemario, a veces asociada al valor de huida. ¿Qué aspectos son los que motivan esa huida?
Como bien dices la autopista azul es una imagen que evoca una salida. Una salida que a veces se expresa en otros tonos como el violeta o el celeste, incluso en turquesa o malva, y viene asociada a diferentes elementos, ya sean el cielo o el mar que sirven de trasfondo a la voz poética. La huida que se plantea es la huida de uno mismo, la sensación de que cuando todo falla, al menos siempre nos queda la huida como salvación o como solución. La huida aparece en algunos de los poemas del libro como ese punto de inflexión o como determinación ante el presente que nos acecha.

En el poemario, la voz poética es la de una mujer. Este recurso estilístico llama la atención, sobre todo siendo tú un hombre, y ha sido señalado en casi todos los comentarios que se han escrito del libro. ¿Por qué decides tomar esta voz y qué recursos expresivos te posibilita?
Pues decido tomar prestada una voz femenina porque creo en la universalidad del poema más allá del hecho de que pueda estar escrito por un hombre o por una mujer. Y me interesaba subrayar ese aspecto con este juego, adoptar una voz que al lector sorprende desde el principio porque parece que no se corresponde con la experiencia de género de partida que ha presupuesto en el autor. Ponerme en la piel del otro me parecía un experimento que podía ayudarme a crecer en mi poética. Además, me posibilita sobre todo hablar del género desde el género, sin atender a una poesía hecha por mujeres o por hombres, desatendiendo y burlando convenciones que se dan en muchas ocasiones tanto del lado de la crítica como de la creación, y produciendo lo que podría llamarse como una desmitificación del género en la que lo importante es el poema más allá de la persona y, sobre todo, de la experiencia de género desde la que se escriba.

De alguna forma, al utilizar esa voz femenina generas un juego de perspectivas. Hablar con otra voz te concede un punto de vista diferente. ¿De qué te ha servido este recurso en el libro?
Bueno, realmente me ha servido para tomar distancia sobre la cuestión de género y centrarme en el poema. De hecho, a veces no se sabe si está hablando un hombre o una mujer. Muchos lectores me han llegado a comentar que cuando leían el poemario llegaban a olvidar si era una voz masculina o femenina hasta que aparecía de nuevo una marca de género en el lenguaje. Hay más naturalidad de lo que a simple vista puede parecer, he intentado evitar que se viera cierta impostura. Me he sentido muy cómodo en este registro y más que servirme de ese juego, lo he propiciado, con el riesgo a equivocarme, claro está.

En el poema Vainilla Sky, la voz poética expresa Germinarán vacíos en mi vientre y durante este tiempo nada sabré de ti. En algunos momentos, parece que esa voz femenina expresa con cierta tiranía una diferencia entre los géneros basada en la capacidad de generar vida. ¿Se podría hablar de las relaciones emocionales y las diferencias de género como fondo de estas piezas?
Pues creo que en cierta medida sí. Pero además de las relaciones emocionales, podría hablarse de la determinación, de que realmente esas diferencias de género acortan su distancia por sentido común. También pueden hacerse diversas lecturas al respecto. Alguien me comentaba que ese poema le parecía una oda a las familias monoparentales, por ejemplo. Cada pieza de este poema es un alegato encubierto y un homenaje y puesta en valor a la historia de la memoria de las mujeres, que en ocasiones ha sido denostada por la historia oficial que se nos ha contado.

Espejos y mariposas contiene elementos y símbolos que me recordaron a las fábulas de Borges: el espejo, la cábala del número tres, la relación entre belleza y muerte. Según tu punto de vista, ¿qué tradiciones literarias son las que subyacen en este libro?
Lo que está claro es que uno termina reflejando todas las lecturas que ha realizado en sus obras, de una manera u otra. Por supuesto que puede haber algo de las fábulas de Borges, pero este libro está anclado en una relación con la tradición clásica grecolatina, las sagradas escrituras o como bien apuntaste anteriormente con el simbolismo y romanticismo francés, intentando siempre, en la medida de lo posible, dotarlos de la contemporaneidad necesaria para no caer en el error de reescribir la tradición. O al menos esa ha sido mi intención manifiesta.

En otros poemas como Melancolía hay una fuerte condensación semántica que proviene de diferentes tradiciones (cine, música, por supuesto literatura). ¿De qué te sirve esa mixtura?
Creo que es muy acertado lo que apuntar que existe una esa condensación de elementos de diferentes tradiciones y disciplinas. Yo he intentado que cada poema funcionara como si fuera un fotograma cinematográfico, y he perseguido hilvanarlos uno a uno con el objetivo de conseguir lo más parecido a una secuencia. Esa mixtura de la que hablas me ha servido para enriquecer cada poema, para ganar en plasticidad y dotarlo de imágenes que intenten conmover al lector.

En el poema La cuerda rota te preguntas ¿Quién es capaz de nombrar siquiera el alma hoy en día en un poema? La poesía joven de hoy abarca un espectro de edad bastante amplio donde convergen diferentes tipos o estilos de poesía ¿Cuál es tu visión del actual panorama poético?
Según la UNESCO hasta los 35 años eres joven, así que imagina la amplitud de la horquilla entre 15-35 años, hay una distancia enorme para hablar de poesía joven si tenemos en cuenta ese dato. Es maravilloso que haya tanta gente joven escribiendo poesía. Yo valoro el poema como obra de arte, más allá de la edad o el sexo de la persona que lo haya escrito, por eso hablar de poesía joven no deja de ser un cliché un tanto absurdo a la par que tendencioso a estas alturas de la película. Está la buena poesía y la mala poesía, ya la escriba alguien con 15 años o 70. La crítica nos dirá dentro de treinta años qué es lo que nos depara a cada uno. Respecto a los tipos y estilos, las modas cambian y se tiende a emular, ya veremos qué es lo que queda finalmente.

Los poemas de la recta final del libro se caracterizan por su valor sinestésico. De alguna manera, parecen apuntar a la capacidad de sentir frente a la adversidad. ¿Qué sentido juegan dentro del libro estos poemas?
Curiosamente, esos poemas finales que señalas fueron escritos en Francia y probablemente bajo el mayor influjo del simbolismo, y de ahí la búsqueda de esa sinestesia. Su función dentro del poemario es la de pretender seguir manteniendo la tensión en la lectura antes de llegar a la eclosión final. De alguna forma, con esa llamada a los sentidos se interpela al lector de una manera más intensa.

En Poliamor pareces concluir en una visión del amor que me recordó a Safo: el amor como fuerza que hace a los amantes seres únicos. Pareces servirte de esta idea para expresar una igualdad en los amantes por encima de las diferencias que antes comentábamos.
Sin duda es bastante acertado, y como te dije anteriormente, es lógico que Safo aparezca por estos lares dada la voz poética del libro, el juego de géneros que en él se produce y la impronta de la influencia grecolatina que antes te comentaba que era una influencia consciente. Más que una igualdad entre los amantes, evoco la posibilidad de amar seamos indistintamente hombre o mujer. “Somos máquinas de amar”, creo recordar que dice algún verso.

Por último, en Ciclogénesis explosiva, aparece la muerte como una fuerza más allá del amor, principio universal que todo lo iguala. En los últimos versos, hay una nostalgia que recuerda al tempus fugit. ¿Qué sentido tiene este poema que anticipa el cierre del libro?
Ese poema es el fin de esta historia, donde realmente además de igualarnos a todos nos muestra que vivir, sentir, amar, es más sencillo de lo que parece, pero cómo tendemos a perder el tiempo y a dar muchos rodeos. Creo que en la complejidad del ser humano subyace una sencillez que es la que pretendo aquí poner de manifiesto, pues apenas somos “gotas de luz en el Universo”, dice uno de los versos, por lo tanto mejor preocuparse de mantener el brillo, ¿para qué brillar más? Y sí, anticipa el cierre del libro, pone fin a esta historia de La cuerda rota, y ya en el epílogo es donde se pone el punto final broche reiterando que la mujer es el origen del mundo.


Daniel López García (Sevilla, 1980) es periodista y escritor. Licenciado en Comunicación Audiovisual y Máster en Literatura General y Comparada por la Universidad de Sevilla, actualmente, trabaja en su proyecto de tesis en estudios comparados de literatura dentro del programa de Literatura Española y Teoría de la Literatura también de la Universidad de Sevilla. Su proyecto está centrado en el estudio comparado de la literatura dramática de mitad del siglo XX en EEUU y el teatro español actual. Ha participado en varios congresos internacionales de literatura como ponente y ejerce la crítica literaria en diversos medios. Es miembro del colectivo de escritores Cinco en breve.


Articulo: http://revistadeletras.net 01/03/2015