lundi 12 octobre 2015

Laura FERNÁNDEZ∕ Don WINSLOW: "El narcotráfico es hoy terrorismo global"

Don WINSLOW: "El narcotráfico es hoy terrorismo global"
Por Laura FERNÁNDEZ

Don Winslow recupera al agente Art Keller y el capo Adán Barrera en 'El Cártel', la secuela de 'El poder del perro' que pensó que nunca escribiría y que el pasado septiembre ganó el RBA de Novela Negra. En una charla en la que se remonta a sus orígenes como escritor, reivindica a Shakespeare y defiende que ninguna de sus novelas trata sobre las drogas.

Don Winslow (Nueva York, 1953) tenía seis años cuando escribió su primera historia. Era una delirante obra de teatro que debía representarse en el patio trasero del vecino. “Me pagó 25 centavos por ella. Pensó que era una buena idea. Me pagaría para que escribiera algo, y luego lo representaría en su patio trasero y cobraría entrada. Así que yo, que desde que tengo uso de razón he querido ser escritor, lo escribí. Él buscó a los actores y todo eso. Les hizo ensayar. Todo. Y luego llegó el día y canceló la obra y no devolvió ni una sola de las entradas. Mi vecino era un tío listo. Y a mí aquello me sirvió para descubrir lo que iba a pasarme años más tarde en Hollywood”, cuenta. Está sentado en una butaca, en el hall de un hotel, y bebe coca-cola. “No puedo ser más norteamericano ahora mismo”, dice. Bromea todo el tiempo. Se muestra encantador. Sonríe y dice que de niño no leía ficción. No, la ficción no le gustaba. Le gustaba la Historia, con mayúsculas, y por eso leía sobre todo biografías, y libros de Historia, claro. No fue hasta los 12 que empezó a interesarse por la ficción. Pero qué ficción. Shakespeare. Hemingway. Fitzgerald. “En el instituto suspendí Inglés por no leer los libros que se suponía debía leer y estar tratando de memorizar a Shakespeare. Me fascinaban sus historias. En ellas había asesinato, sexo y tragedia”, confiesa. Sigue sonriendo. Hay un ejemplar de su apabullante El Cártel sobre la mesa. El libro se hizo el pasado 3 de septiembre con el Premio RBA de Novela Negra. Puesto que no era un manuscrito inédito, cuando Winslow acudió a Barcelona a recogerlo, ya se sabía que Ridley Scott había comprado los derechos para hacer una película, algo que a Don le parece “maravilloso”, porque Ridley Scott es el director de una de sus películas favoritas, Blade Runner, un noir, dice, retrofuturista. El Cártel es lo que sucedió en el México de El poder del perro, su obra maestra hasta la fecha, 20 años después de que aquello ocurriera. En El Cártel, Art Kelller, el tipo que logró meter entre rejas a Adán Barrera, el capo de La Federación, el cártel más poderoso de México, vive retirado en un monasterio. Se ha vuelto apicultor. Pasa el rato así, sin más, cuidando de las abejas. Mientras, Barrera, en la cárcel, se las da de tipo capaz de controlarlo todo, y eso incluye comprar vestidos a una de las tres chicas que hay en la prisión, Magda, una chica que trató de convertirse en narca y pecó de ingenua. Barrera no tardará en hacer de las suyas y, poco después de ponerle precio a la cabeza de Keller (dos millones de dólares), se escapará de la cárcel (en un macabro guiño premonitorio a lo que ocurrió, en el mundo real, el México real, con 'El Chapo' Guzmán, personaje en el que se basa parcialmente la historia) y Keller se verá obligado a tratar de volver a cazarlo. “Jamás pensé que regresaría, pero aquí estoy”, dice Don, y no se está refiriendo a Barcelona.

Pregunta.- ¿Jamás pensó que escribiría una secuela de El poder del perro? ¿Ni siquiera cuando vio cómo se convertía en su obra más celebrada?
Respuesta.- Después de escribir El poder del perro quedé agotado, exhausto. Había visto tanta barbarie que mi mujer cree que los seis años que vinieron después de aquello, me los pasé deprimido. Y yo creo que es cierto. Estuve deprimido. Por nada del mundo pensé que volvería. Me sentía como un desertor, el desertor de una guerra que pensaba que había acabado, pero que resultó que no. No había acabado. Seguía ahí, y lo hacía de una manera inimaginablemente peor. Mi problema es que vivo en la frontera mexicana, del lado de Estados Unidos, pero en la frontera. Y lo veo todo el tiempo. Está ahí. Oyes hablar a tus vecinos. Y hablan de asesinatos. En realidad, El poder del perro empezó cuando oí decir que habían asesinado a 19 personas. Unos narcotraficantes. Empecé entonces a leer filosofía sobre el mal. Y al poco estaba escribiendo El poder del perro.

P.- Ha dicho en más de una ocasión que no cree que sus libros traten sobre las drogas, sino más bien sobre la pérdida de la fe y su recuperación.
R.- Exacto. Es lo que pienso. En El Cártel mismo apenas hay un par de escenas en las que aparecen drogas. Y Keller es un ejemplo de lo que me refiero. Ha perdido la fe en todo. Y sin embargo, cree estar haciendo el bien cuando en realidad está haciendo, sin querer, el mal. Ha perdido la fe en Dios y en la Humanidad. No sabe si se mueve por justicia o por venganza. Y durante todo el libro trata de recuperar esa guía, descubrir por qué hace lo que hace. Para el escritor, para mí mismo, escribir estos libros es también una pérdida de la fe y su recuperación. Porque ves tantas cosas, vas a tantos funerales, pierdes a tantos amigos... (Llegado este punto detiene su relato, emocionado, respira hondo). Y te preguntas si existe algún tipo de explicación o redención. Te preguntas cómo puede ser que una especie se trate a sí misma de esa manera. Y aunque cuesta, al final siempre acabas encontrando algo que te devuelve la esperanza.

P.- ¿Cree que hay algún antídoto para el fin de esa barbarie?
R.- Si nada cambia, nada cambiará. Necesitamos grandes cambios a nivel político. En primer lugar, necesitamos legalizar las drogas. Son ellas las que financian los cárteles y las guerras. Y somos nosotros, Estados Unidos y Europa, quienes las compramos. Me da mucha rabia pensar en esa gente que se preocupa por si el paquete de café que han comprado es de comercio justo, pero luego no les parece mal fumarse un poco de marihuana, y no piensan que para que esa marihuana llegue a ellos ha tenido que pasar por manos de psicópatas. En cualquier caso, para acabar con las drogas hay que preguntarse por qué las consumimos. Y si las consumimos es porque algo no está yendo bien en nuestra sociedad. La adicción es síntoma de una falta de afecto, una falta de vínculo, con otro ser humano, con un lugar, con lo que sea. Vivimos en un mundo tan obsesionado con el dinero, que nada más parece importarle. Es curioso, pero cuanta más tecnología para comunicarnos inventamos, más lejos estamos unos de otros.

P.- ¿Cuál diría que es la principal diferencia entre los cárteles que operaban en la época en la que se ambienta El poder del perro y los que operan hoy, y que se recogen en El Cártel, cuyo tiempo narrativo recoge la década que va de 2004 a 2014?
R.- La principal diferencia es la manera en que se cometen los crímenes. Antes, en la época en la que escribí El poder del perro, y en la época en la que se ambienta, los narcotraficantes escondían sus crímenes. Ahora, los muestran abiertamente. Presumen de ellos en las redes sociales. De un asunto de gángsters se ha pasado a terrorismo global. El Estado Islámico no ha inventado nada. Está copiando el modus operandi de los cárteles mexicanos. La primera decapitación ante las cámaras se hizo en 2005 y la hicieron Los Zetas, un grupo de narcotraficantes. Así que el Estado Islámico es como los cárteles. ¿Y por qué se graban? Muy sencillo. No es sólo un medio de propaganda, es una manera excelente de reclutar nuevos activos. Pensad en esos jóvenes sin futuro, que, con suerte, un día podrán darse una vuelta en una bicicleta prestada, y luego pensad en lo que formar parte de algo así supone: tu propio coche. En realidad, un montón de poder. Ser alguien. Cuando te sientes impotente, y todo te va fatal, el poder resulta muy seductor. No importa lo alto que sea el precio que tengas que pagar.

P.- Una curiosidad, ¿por qué Keller se vuelve apicultor, en su retiro?
R.- Uhm. Es curioso, sí. Quería que ambos, Keller y Barrera, empezasen la novela tratando de crear algo. Y ambos tenían que estar en una celda. La de Keller es la celda de un monasterio, la de Barrera, la de la cárcel. Y si nos fijamos, la manera en que funciona una colmena es muy similar a la manera en que funciona un cártel. La individualidad no existe. Se sacrifica por un fin mayor. En el caso de las abejas, hacer miel. En el del cártel, dinero. Me gustaba el paralelismo.

P.- Y cita usted a Muriel Barbery.
R.- Sí, me encanta esa cita. Es de La elegancia del erizo, dice: "Creemos que podemos fabricar miel sin compartir el destino de las abejas". Me parece muy acertada. El destino de las abejas es la muerte, una vez han conseguido la miel. El de muchos narcos, también.

P.- Dicho todo esto, ¿volverá Keller alguna vez? ¿Habrá una tercera parte? ¿Acabará la cosa en trilogía?
R.- Espero que no. Aunque nunca se sabe.

Articulo: http://www.elcultural.com 09/10/2015

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El Cultural
Don Winslow gana el Premio RBA de Novela Negra
Por ELCULTURAL.es

El escritor neoyorquino recibe el galardón gracias a su obra El Cártel que sigue el enfrentamiento entre los narcotraficantes mexicanos y la DEA

El jurado del Premio RBA de Novela Negra, formado por Soledad Puértolas, Lorenzo Silva, Antonio Lozano, el librero Paco Camarasa y el editor Manel Martos, ha seleccionado la obra El Cártel, presentada a concurso bajo el pseudónimo Frankie Machine como ganadora de la IX edición del Premio RBA de Novela Negra. Una vez abierta la plica, el nombre del autor ganador resulta ser Don Winslow. Además de recibir 125.000 euros como premio, Don Winslow verá publicada su novela en RBA el próximo mes de octubre y sumará su nombre al de Francisco González Ledesma, ganador de la primera convocatoria en 2007 con Una novela de barrio; al de Andrea Camilleri, que obtuvo el premio en 2008 con La muerte de Amalia Sacerdote; al de Philip Kerr, ganador en 2009 por Si los muertos no resucitan; al de Harlan Coben, galardonado en 2010 por Alta tensión; al de Patricia Cornwell, vencedora de la edición de 2011 con Niebla roja; al de Michael Connelly, triunfador en 2012 con La caja negra; al de Arnaldur Indridason, reconocido en 2013 por El Pasaje de las Sombras, y al de Lee Chid, vencedor en la última edición con Personal.

Don Winslow (Nueva York, 1953) es uno de los autores de género negro más leídos del mundo. Publicado en veintiocho países, lleva escritas diecisiete novelas, entre ellas títulos tan celebrados como El poder del perro, Los reyes de lo cool, Salvajes o El invierno de Frankie Machine. Hijo de un marinero y de una bibliotecaria, Winslow creció en un pueblo costero de Rhode Island en un ambiente familiar de devoción por la literatura. Con diecisiete años puso rumbo a la Universidad de Nebraska, donde se licenció en Estudios Africanos. Durante sus años universitarios, viajó al sur de África, dando inicio a un vínculo con el continente que ha perdurado hasta nuestros días. Instalado en Nueva York, ejerció de gerente de salas de cine y de investigador privado mientras intentaba abrirse camino como escritor. Más adelante obtendría un máster en Historia Militar y comenzaría a trabajar como guía de safaris fotográficos en Kenia y como guía de excursiones por las montañas del sudoeste de China, a lo que se sumaría la dirección de obras de Shakesperare en festivales de verano en Oxford (Mississippi). Entre sus constantes periplos entre Asia, África, Europa y Estados Unidos, escribió su primera novela, Un soplo de aire fresco, que fue nominada a un Edgar Award. Tras formar una familia, se mudó a California, retomando su trabajo detectivesco y asesorando en juicios. La venta de los derechos literarios y cinematográficos de su libro Muerte y vida de Bobby Z. le permitieron volcarse al 100% en la escritura y asentarse definitivamente en California, escenario de diversas de sus obras. Junto con su amigo Shane Salerno escribió una serie de televisión, UC Undercover, y el guión cinematográfico de su novela Salvajes, filmada por Oliver Stone. Ambos tienen entre manos diversos proyectos para la gran pantalla.

Don Winslow también ha publicado relatos en antologías y en revistas como Esquire, The LA Times Magazine y Playboy, así como columnas para The Huffington Post y diversos periódicos extranjeros. Actualmente reside en el sur de California.

En El Cártel el agente de la DEA Art Keller vive en el más puro anonimato en un monasterio en Abiquiu (Nuevo México), retirado del mundo y dedicado a la apicultura. Después de tres décadas luchando a brazo partido en la Guerra contra las Drogas sólo desea paz y tranquilidad. Testigo de baños de sangre y más horrores de los que hubiera podido imaginar, su pulso contra el cártel más poderoso de México, La Federación, se saldó con el arresto de su líder, Adán Barrera, no sin ver antes cómo moría su compañero y se desintegraba su familia. Exhausto y destrozado, quiere dejar atrás para siempre su pasado en la agencia. Pero los planes no siempre salen como uno quiere y Keller recibe un día la visita de un ex compañero con la noticia de que Barrera ha puesto precio a su cabeza: dos millones de dólares. La situación se complica aún más cuando, al cabo de poco tiempo, el criminal escapa de la prisión mexicana a la que había sido trasladado desde una estadounidense a cambio de delatar a otros traficantes. Dispuesto a reconstruir el imperio que lo convirtió en el rey del narcotráfico, fuerza a Keller a abandonar sus ansias de un retiro prematuro y embarcarse una vez más en su busca y captura. Van a ser diez crudísimos años en los que la escalada de violencia entre los cárteles por el dominio del territorio, así como de estos contra las agencias gubernamentales de México y Estados Unidos - a su vez enfrentadas entre sí-, no va a parar de crecer hasta alcanzar cotas dantescas. En su cruzada por neutralizar a su némesis, Keller no sólo va a tener que hacer frente a la desconfianza de sus compañeros y la ceguera de sus superiores, sino preguntarse si está dispuesto a renunciar a todo cuanto ama e incluso a vender su alma al diablo.

Diez años después de la publicación original de su bestseller internacional El poder del perro -que Dennis Lehane calificó de “maravillosamente escrita e incuestionablemente auténtica”-, Don Winslow recupera a dos sus principales protagonistas: el agente de la DEA Art Keller y su archirrival, el narcotraficante Adán Barrera. Han transcurrido dos décadas desde los hechos descritos en aquella novela, los cuales acabaron desembocando en el arresto del segundo, uno de los hermanos llamados a heredar el liderazgo del temible cártel La Federación. Considerada por muchos uno de los retratos más rigurosos y vibrantes tanto de la guerra por el control de las rutas y los mercados del narcotráfico entre los diferentes cárteles como de la denominada Guerra Contra las Drogas, es decir, la alianza de las agencias anti estupefacientes de Estados Unidos y México para detener el tráfico, Winslow puso en El poder del perro los cimientos que ahora vuelven a definir su continuación: un conocimiento apabullante del tema al servicio de una trama que no da un momento de respiro. Si su predecesora cubría treinta años marcados por el perfil bajo de todos los implicados, El Cártel cubre el período comprendido entre 2004 y 2014, definidos por una lucha sin cuartel en la que todo vale y un sinfín de atrocidades. Como escribía Janet Maslin en su crítica para The New York Times, saltamos de una escala gansteril a una de terrorismo global.

El autor ha investigado a fondo los últimos diez años de turbulencias en el mundo del narcotráfico en escenarios como México, Guatemala, Colombia y Estados Unidos para construir un relato épico en el que se mezclan todos los componentes que hacen grande a una historia: el poder, la corrupción, la justicia, la venganza, el honor, el sacrificio, el amor, la amistad, los conflictos morales... Winslow vuelve a demostrar su capacidad de penetrar en la psicología de un gran número de personajes a ambos lados de la ley -capos, sicarios, soldados, agentes de inteligencia, periodistas, trabajadores sociales, prostitutas, políticos...- y de cambiar con frecuencia de escenario, pasando de las regiones montañosas de México a las selvas guatemaltecas, de los despachos oficiales de Washington D.C. a los submundos criminales de Berlín o Barcelona. La novela está dedicada a una lista de más de 130 periodistas asesinados o “desaparecidos” en México durante el período que cubre su trama, a los que Winslow ha calificado de “auténticos héroes”.

Apenas tres semanas después de la publicación de El Cártel en Estados Unidos, saltó la noticia de la fuga de Joaquín “El Chapo” Guzmán -capo del cártel de Sinaloa- de la prisión de máxima seguridad de El Altiplano, teóricamente la más inexpugnable de México. Un túnel subterráneo de 1500 metros, iluminado y ventilado, al que daba acceso una trampilla situada en la zona de las duchas, permitió a uno de los mayores narcotraficantes del planeta, de 58 años, protagonizar una huida de película que ha abochornado a todo el país. Se da la circunstancia que la novela de Don Winslow se inspira en la primera fuga de este narcotraficante que tuvo lugar en 2001, cuando en aquella ocasión se escapó de la cárcel de máxima seguridad de Puente Grande (Jalisco) donde cumplía condena. Las ayudas internas recibidas por el prófugo y la falta de medidas óptimas de vigilancia que tanto se han cuestionado a raíz de su última fuga, también son temas que Winslow trata en su libro. El propio autor, que ha sido reclamado en numerosos medios para opinar sobre El Chapo, al que ha estado investigando durante más de 15 años, ha cuestionado la última fuga del capo de las drogas: “No dudo que hubiera un túnel, pero tengo grandes dudas de que El Chapo saliera por él. Mi apuesta es que salió por la puerta principal y el túnel sirvió para dejar una pista falsa y salvar la cara a los vigilantes mexicanos“. Y añade con ironía: “El Chapo no escapó. Hizo en check-out del hotel y pagó la cuenta aunque con el soborno, la intimidación y el chantaje. ¡Ténganlo claro! El más importante señor de la droga del mundo se ha paseado por una prisión de máxima seguridad. Dos veces”.

La publicación especializada The Hollywood Reporter anunciaba hace escasas semanas la intención de Ridley Scott de dirigir la versión cinematográfica de El Cártel después de que la 20th Century Fox adquiriera los derechos de la novela -así como de El poder del perro- en una subasta encarnizada. Se habla de una cifra en torno a los seis millones de dólares. Pese a que Leonardo Di Caprio optó también a la obra por medio de su productora Appian Way, suena como uno de los candidatos más firmes para encarnar al agente de la DEA Art Keller. Don Winslow ya vio en 2012 cómo Oliver Stone se ponía al frente de la adaptación de su novela Salvajes, mientras que en 2007 John Herzfeld hizo lo propio con Muerte y vida de Johnny Z. El propio escritor ha firmado guiones para las series de televisión Fiscal Chase y UC: Undercover, así como el del largometraje Full Ride de Mark Hoeger.


Articulo: http://www.elcultural.com  04/09/2015

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