mercredi 30 décembre 2015

Juan Pedro APARICIO∕“Mi primera novelita ganó un premio al que yo no me había presentado”

PRIMERA MEMORIA
Por El Cultural

¿Te costó mucho publicar tu primer libro? ¿Cuándo fue? ¿Pudiste elegir editorial? ¿Quién te ayudó? ¿Hubo editores que te dieron la espalda? ¿Qué pasó cuando tu ópera prima llegó al fin a las librerías, si es que llegó?... El Cultural preguntaba y los escritores debían escribir un artículo contestando a todas esas preguntas con la mayor sinceridad y precisión posibles, es decir, con fechas, con detalles, con nombres. Ese fue el pacto, la razón de ser de una sección de nuestra revista que llamamos Primera Memoria y por la que pasaron, durante los años 2007 y 2008, una buena parte de nuestros escritores.


 “Mi primera novelita ganó un premio al que yo no me había presentado”
Por Juan Pedro APARICIO

Empecé a escribir de niño, sin ánimo alguno de publicar. Por eso siempre digo que fueron las malas compañías las que me llevaron a la literatura. Entonces como ahora casi todas las editoriales importantes estaban en Barcelona. Y yo procedía de una pequeña capital de provincia, que vista con la óptica Gauche Divine que imperaba en las Ramblas y colonizaba al resto de España, no era más que un pueblo. La casualidad me llevó a compartir habitación en Madrid con un viejo compañero de colegio, otro mozalbete como yo, José María Merino. Nos unía la procedencia y el ansia de cambio. Conspiramos mucho, nos arriesgamos, leímos, escribimos menos, siendo testigos de lo que otros publicaban.

Imperaba entonces una literatura muy consolidada, con tres o cuatro grandes nombres seniors, una generación de edad mediana que había alcanzado ya un importante reconocimiento y unos jovencitos que pretendían muchas cosas a un tiempo y todas tremendas. Los críticos de aquel franquismo tardío, sin embargo, los querían. De modo que nosotros ni siquiera pensábamos en publicar. Yo hacía relatos que leía a mis amigos. Cuando Borges era un autor secreto, nosotros lo habíamos leído. Nos entusiasmaba Kafka y curiosamente Faulkner y Pavese. Con esas y otras lecturas similares a mí me salían relatos fantásticos. Tenían una apariencia realista pero rompían con las leyes que rigen el mundo natural. Los muertos resucitaban, los animales hablaban, en fin cosas así.

Cuando tuve un libro con trece relatos que, debo decirlo, entusiasmó a mis amigos, lo envié a una editorial, cómo no, barcelonesa. Recuerdo mi correspondencia con la representante de aquella Gauche... Me envió una primera carta. El manuscrito le interesaba. Iba a leerlo con detenimiento. Me envió una segunda carta. Había leído el manuscrito con detenimiento y no le interesaba. Está bien escrito, decía, y es muy imaginativo, pero eso no era lo que su editorial buscaba. Mi libro no renovaba nada.

Esos trece cuentos viajaron mucho por España, de uno en uno, claro. Recuerdo haber quedado finalista varias veces en algún premio prestigioso, en el “Gabriel Miró”, en el “La Felguera”. Había un relato que por su tamaño podía ser una novelita corta, así que se me ocurrió enviarlo al Premio Café Gijón. Se fallaba con la llegada de la primavera, o sea a las 12 de la noche del día 20 de marzo A la hora de comer de ese día, creo que estábamos en 1973 o 1974, sonó el teléfono. Preguntaban por mí. Mi interlocutor dijo ser Joaquín Calvo Sotelo, el presidente del jurado. Me preguntó si era hijo de Juan Aparicio, le dije que no. Me preguntó si había presentado un libro al “Café Gijón” le dije que sí. Le aconsejo que venga usted esta noche al Gijón porque su novela nos ha gustado mucho.

Llegó la hora y cuando quise salir de casa la cancela de mi portal estaba cerrada. Me rompí las manos llamando al sereno. Tuve que saltar la verja. No parecía un buen augurio. Llegamos al Gijón y empezaron las votaciones. Creí que don Joaquín Calvo Sotelo me había tomado el pelo. El título de mi novelita no estaba entre los finalistas. Aguanté con escepticismo y desilusión todas las votaciones. Ganador: Eduardo Mendicutti, creo que el título de su libro era Cenizas. Ya dispuesto a irme, el portavoz del jurado anunció que inmediatamente se procedería a votar el Premio Garbo de novela juvenil que se fallaba también esa misma noche. Me quedé. Hubo sólo una votación. El portavoz anunció que el jurado había decidido premiar por unanimidad la novela titulada El origen del mono. Era la mía, la que yo había presentado al Premio Café Gijón.

Me dejé llevar por periodistas y fotógrafos. Los patrocinadores, editores barceloneses de varias revistas del corazón, manejaban muy bien el cotarro. Me hicieron posar con la ex del cantante de moda entonces. Hablé sí, contestando a los periodistas, pero callé lo más importante: que yo no me había presentado a ese premio. Me pudo la discreción o la falta de atrevimiento. Supe entonces que nunca podría ser un Dalí o un Cela. Por mucha razón que tuviera, me parecía indecente protagonizar un gesto de denuncia tan llamativo. Era como hacer un desplante interesado. Así que me resigné a mi suerte.


DESDE ENTONCES. Juan Pedro Aparicio (León, 1941) no ha dejado de publicar novelas y libros de relatos, y es considerado uno de los maestros del género. Entre sus libros de relatos destacan La vida en blanco (2005), El juego del diábolo (2008) y Asuntos de amor (2010); también novelas como El año del francés (1986); Retratos de ambigú (1989), premio Nadal; El origen del mono (2009); El viajero de Leicester (2013) y Nuestros hijos volarán con el siglo (2013). Ha dirigido el Instituto Cervantes de Londres, experiencia que ha cristalizado en su último libro London calling (2015).


Articulo : Articulo : http://www.elcultural.com 12∕2015