mercredi 30 décembre 2015

Richard SHIFF∕Las grandes bañistas de Paul CÉZANNE

OBRAS FUNDAMENTALES DEL ARTE DEL SIGLO XX

El convulso siglo XX trajo las transformaciones más radicales a la humanidad... y a la creación artística. El Cultural, de la mano de Elena Vozmediano, ha querido conmemorar sus logros en el ámbito de las artes visuales con una colección de ensayos sobre algunas de las obras fundamentales producidas en esos cien años. Obras que fueron importantes entonces y que continúan siéndolo hoy por la influencia que todavía ejercen.


Las grandes bañistas de Paul CÉZANNE
Por Richard SHIFF

La historia del arte presenta a Cézanne como una figura clave que se distanció de las apariencias naturales perseguidas por sus colegas impresionistas para desarrollar un tipo de pintura más expresiva y abstracta, que revolucionaría el arte en el siglo XX. Sin embargo, Las grandes bañistas, una de sus obras de mayor tamaño (2 x 2,5 metros) y, por descontado, la más conocida, representa a un grupo de figuras desnudas en un paisaje idealizado, un tema que evoca un pasado arcaico y estático antes que un futuro de innovación dinámica.

Las grandes bañistas pertenecen literalmente al pasado, ya que Cézanne tomó esas figuras de los maestros que admiraba y copiaba en el Louvre. Basándose en estas composiciones, los críticos le calificaron de “clásico”, “el Poussin del Impresionismo”. A pesar de que Poussin representaba lo mejor de la tradición francesa, desde el punto de vista moderno su pintura no sólo era clásica, sino también convencional y académica.

Por tanto, nos preguntamos cómo Cézanne, el nuevo Poussin, pudo sentar un precedente tanto para las formas más audaces de la figuración expresiva del siglo XX (Matisse, Picasso) como para sus más radicales modalidades de abstracción (Kandinsky, Malevich, Mondrian). Cézanne comenzó Las grandes bañistas en 1906, que quedó inacabada a su muerte. No obstante, la obra está prácticamente resuelta debido a la costumbre del pintor de trabajar sobre la totalidad de la superficie del lienzo desde el primer momento. Cézanne une zonas dispares de la imagen en una densa red de manchas de color y pinceladas lineales, lo que produce el efecto de que las figuras del primer plano se funden con los elementos del fondo. Es el caso de la mujer de la izquierda que, en pie, adelanta una pierna que parece prolongarse en la silueta de un árbol.

Se consideraba que estas inesperadas configuraciones tenían como fin la “deformación” de los cuerpos, de ahí la conclusión de que la pintura de Cézanne partía de una expresión subjetiva y se acercaba a la abstracción. Su técnica (el modelado a través de pinceladas rectangulares) amenazaba con dominar la representación figurativa. Era como si el pintor se concentrase en la esencia del medio en lugar de en el tema. Algunos críticos llegaron a afirmar que Cézanne había vuelto a la temática clásica de Poussin precisamente porque, al ser incuestionable, le dejaba libertad para desarrollar un tratamiento técnico radicalmente nuevo. Todas estas son verdades a medias. El tema de las bañistas tenía un significado específico para Cézanne porque recogía la herencia cultural mediterránea, y, de forma más personal, sus más entrañables recuerdos de la juventud, cuando nadaba en un río cercano como
el que aparece en Las grandes bañistas. ¿Buscaba el pintor realmente la “abstracción”? Sí y no. Cézanne era un pintor de la naturaleza, pero interpretaba sus impresiones en términos de una luz atmosférica tan brillante que borraba las distinciones entre un objeto y otro, o entre un lugar y otro.

En su pintura, las secuencias de color (o color-luz) se distribuyen tan libremente a través de la superficie del cuadro como en una abstracción temprana de Kandinsky o, más tarde, en un desnudo del expresionista abstracto Willem de Kooning.

Apesar de la idiosincrasia del trabajo de Cézanne, cuando los jóvenes artistas del siglo XX lo descubrieron se sintieron profundamente conmovidos. En 1907, Las grandes bañistas fue protagonista de una retrospectiva en el Salón de Otoño de París, donde se convirtió en el modelo unificador de los más divergentes anhelos artísticos. Era una obra en relación con la naturaleza, con la tradición, con la fantasía, con la abstracción, todo al mismo tiempo. Maurice
Denis, uno de los primeros en dar publicidad a los logros de Cézanne, le calificó de “complejo y diverso, y todos los pintores esperan de él la confirmación de sus propios sistemas”. Las grandes bañistas sacaron a la luz por vez primera –y luego reflejó– prácticamente todas las aspiraciones artísticas de la nueva era.

Paul Cézanne (Aix-en-Provence, 1839-1906) nació en una familia de la burguesía rural. Tras una etapa de influencia romántica, en 1870 comienza a pintar del natural en una línea cercana a los impresionistas, con los que expone en los años 1874 y en 1877 pero con los que nunca se sintió plenamente identificado. A finales de esa década comienza a marcarse su interés por la “construcción” pictórica, por un arte que él mismo calificó de “sólido y consistente”, una síntesis del clasicismo francés y del naturalismo contemporáneo. La muerte de su padre en 1886 deja en sus manos una herencia que le permite trabajar libremente. La celebridad le llega con su primera exposición individual en la galería de Vollard en 1895 y la consagración con la sala que se le dedicó en el Salón de Otoño de 1904. Poco después de su muerte, los cubistas le reconocieron como un precedente.

Richard Shiff es director del Centro de Estudios sobre Modernismo en la Universidad de Texas. Es autor de Cézanne y el final del Impresionismo y ha escrito numerosos ensayos sobre teoría y práctica del arte moderno.
  

Articulo : Articulo : http://www.elcultural.com 12∕2015

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