mercredi 6 juillet 2016

Andrés TRAPIELLO∕ Miguel de UNAMUNO:‘Soñar no es esperar’

Miguel de UNAMUNO: ‘Soñar no es esperar’
Introducción y selección de Andrés TRAPIELLO

Sus frases, que construye a partir de iluminaciones, intuiciones y paradojas hacen pensar siempre; todo en él hace pensar, no hay nada de marquetería ingeniosa o de salón.

El estado de reposo de Unamuno fue la acción. Dicho a su manera: un ser agónico, en su etimología clásica, combativo. Dedicó todos los minutos de vida consciente a pensar y sentir. Incluso dormido, y acaso más aún en ese estado, jamás dejó su actividad pugilística.

De los escritores españoles de la generación del 98, y aun de toda la literatura española, probablemente sea Unamuno del que puedan espigarse un mayor número de citas, si bien jamás escribió él ni una sola máxima ni un solo aforismo. Sus citas hay que encontrarlas en la densidad de su prosa y de sus versos como las esmeraldas los garampeiros.

Su manera de escribir a partir de iluminaciones, trallazos, relámpagos, intuiciones y, principalmente, paradojas, facilita que se puedan escoger tantas. No en vano escribió que “no se piensa más que en aforismos”. Es rara la página de Unamuno en la que no haya tres o cuatro grandes frases que llamen la atención, y eso en alguien como él que escribió miles de artículos (veinte mil, dicen los expertos) y miles de cartas (entre cuarenta y cincuenta mil), además de unas docenas de libros de ensayos, viaje, novelas, poesía y teatro. Las frases de Unamuno hacen pensar siempre, todo en él hace pensar, no hay nada en él de marquetería ingeniosa o de salón.

Poesías, su primer libro de poemas, 1907, incluye un “Credo poético”. Lo que dice de la poesía, de la suya en realidad, vale para toda su obra. Precisamente el primero de sus versos se ha hecho memorable, y es la primera gran cita de Unamuno:
“Piensa el sentimiento, siente el pensamiento”. Y un poco más abajo: “Lo pensado es, no lo dudes, lo sentido” (…) “No te cuides en exceso del ropaje, / de escultor y no de sastre es tu tarea, / no te olvides de que nunca más hermosa / que desnuda está la idea”.

En la obra de Unamuno (uno de los pensadores europeos más influyentes de su tiempo, y desde luego también en la literatura y política españolas, que opinó puede decirse que de todo, y lo manifestó con absoluta libertad) la paradoja llegó a tener el mismo valor que la mayéutica en Sócrates o la duda metódica en Descartes.

Le recriminaron mucho ese carácter paradójico de sus escritos, porque se veía en él falta de rigor, de seriedad, virtud esta que valoran mucho, como es sabido, los académicos y los viajantes de comercio. Unamuno no vendía nada, ni a sí mismo. Él se justificaba y decía, muy cervantino en eso y luchando contra su temperamento conceptista, que si un pensador no pierde por carta de más, jamás ganará nada. Y eso es lo que hacen las paradojas, forzar la jugada. Se exponía con ello, claro, a ser malinterpretado (como cuando escribió aquel “que inventen ellos”, en el que cifraron algunos el energumenismo o cerrilismo español), o a que lo fusilaran (como el día que profirió otra de sus frases más recordadas, “Venceréis pero no convenceréis”, en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, en presencia de Millán Astray, en octubre del año 36).

Van aquí algunas de las que yo mismo he ido escogiendo a lo largo de los años, bien en mis lecturas de Unamuno (el autor que primero leí y del que primero escribí) o en libros de otros sobre él. Seguro que si pudiera releer lo leído o leer lo que aún no he leído de él (¡tantos artículos! ¡tantas cartas! que me quedan afortunadamente aún por leer), podrían salir muchas más. Son, a mi modo de ver, citas todas de un gran poeta. Y es, ni que decir tiene, un escritor siempre sorprendente y asombroso, con el que no hay que estar de acuerdo para tenerlo por un verdadero padre nuestro.

Estas citas son de toda su vida, o sea, que se podrían encontrar algunas de sus primeros años puestas en tela de juicio por otras de los últimos, y al revés, y todas ellas no son más que la punta de un iceberg. Lo importante es el texto de donde proceden. Unamuno es todo un continente sumergido en las aguas heladas de este tiempo que parece haberle dado la espalda. Ni siquiera está uno seguro de que Unamuno sea ya como los clásicos, más admirado y respetado que leído. Ese fue su sino desde joven: tan admirado como discutido.

***
EL mundo entero es un Bilbao más grande.

¿QUÉ me importan “mis ideas”. No hay ideas “mías” ni “tuyas”, ni de “aquél”; son de todos y de nadie. La originalidad de cada cual estriba en vaciar su alma; en el soplo que anima su obra. Nadie se apropia de nadie y todo lo sabemos entre todos.

OBRA de modo que merezcas a tu propio juicio y a juicio de los demás la eternidad, que te hagas insustituible, que no merezcas morir (…), y si [como decía Sénancour en aquella inmensa monodia de su Obermann] es la nada lo que nos está reservado, hagamos que morir sea una injusticia.

LOS de 1898 saltamos renegando contra la España constituida y poniendo al desnudo las lacerías de la patria: éramos quien más quien menos unos ególatras.

SOÑAR no es esperar.

HAY que ser rígido y antipático hasta los sesenta años; después lo contrario.

LAS literaturas de vanguardia siempre encubren políticas de retaguardia.

Tengamos lo que todo pueblo culto, para serlo de veras, debe tener: simpatía, en el rigor etimológico de este vocablo; capacidad de ponernos en el espíritu de otros y sentir como ellos sienten. No digáis nunca ni Bilbao para los bilbaínos, ni Vasconia para los vascos, que al decirlo renegáis de nuestra raza; decid más bien: todo para todos.

LA libertad es un bien común, y cuando no participen todos de ella, no serán libres los que se crean tales.

DENTRO de la carne está el hueso y dentro del hueso, el tuétano, pero la novela humana no tiene tuétano, carece de argumento. Todo son las cajitas, los ensueños. Y lo verdaderamente novelesco es cómo se hace una novela.

NO des a nadie lo que te pida, sino lo que entiendas que necesita; y soporta luego la ingratitud.

UN partido no crea, no puede crear nada; sólo crea un hombre, un hombre entero y solo.

CUANTAS menos ideas tenga uno y más pobres sean, más esclavo será de esas pobres y pocas ideas.

CONVIENE que adentremos la lucha para vivir en paz con los demás, pues sólo batallando con nosotros mismos seremos tolerantes.

HASTA cuando la mujer tiene menos inteligencia, tiene más sentido común que el hombre.

SON tantas las familias que viven del contrabando, que hay que meditar mucho antes de suprimir las aduanas, decretando el libre cambio.

SÓLO el héroe puede decir «Yo sé quién soy», porque para él el ser es querer ser; el héroe sabe quién es, quién quiere ser, y sólo él y Dios lo saben. El lenguaje sirve para ahorrar el pensamiento. Se habla cuando no se quiere pensar.

EN todas partes, pero sobre todo donde la fiebre de negocio hace estragos, hay que aprender a respetar a los haraganes: lo son para que otros puedan darse el gusto de trabajar.

LA guerra ha sido siempre un factor de progreso. Por ella es como aprenden a conocerse y quererse vencedores y vencidos.

EL genio es el que llega a ser voz de un pueblo: el genio es un pueblo individualizado.

LA fe no es creer lo que no vimos, sino crear lo que no vemos.

NADA denuncia la ordinariez de espíritu, la ramplonería y plebeyez de alma como el apego a la comodidad. El señor que no sabe viajar sin almohada y baño es un mentecato. El desprecio a la comodidad es aún una de las evidentes superioridades de los pueblos de casta ibérica.

UNA de las astucias maliciosas que la envidia emplea es confundir en un mismo elogio a personas de muy desigual valía, es nivelar en el elogio (…) Cuando uno elogia a otro desmedidamente, hay que preguntarse siempre: “¿Contra quién va ese elogio?”. Puede ir contra el elogiado mismo, puede ir contra un tercero.

ES débil, porque no ha dudado bastante y ha querido llegar a conclusiones.

LOS diarios íntimos son los enemigos de la verdadera intimidad. La matan. Más de uno que se ha dado a llevar su diario íntimo empezó apuntando en él lo que sentía y acabó sintiéndolo para apuntarlo. Cada mañana se levantaba preocupado con lo que había de apuntar por la noche en su diario y en vista de él. Y así acabó por ser el hombre del diario, y este tuvo poco de diario de un hombre.

UNA novela para ser viva, para ser vida, tiene que ser como la vida misma, organismo y no mecanismo.

UNA novela no es un mecanismo –una novela viva, quiero decir–, sino un organismo, y los organismos no tienen tapa. En cosas del espíritu, vida del espíritu, las entrañas se ven en la cara Ni el hipócrita tiene tapa, como no sea de cristal. Y el cómo se hace una novela se reduce a cómo se hace un novelista, o sea un hombre. Y cómo se hace un lector de novela. Y si no me doy a mi lector, él no se dará a mí.

LA última y definitiva justicia es el perdón.

HAY que resignarse y hay que humillarse (en una carta a su hijo Fernando, al darle cuenta que ha aceptado la medalla de la República como ciudadano de honor).

PARA ver la verdad no hay mejor lumbre que la lumbre que sube del ocaso.

LOS seres empiezan a vivir de veras cuando quieren ser otros de los que son, y seguir, al mismo tiempo, siendo los mismos.

NO es raro encontrarse con ladrones que predican contra el robo, para que los demás no les hagan la competencia.

HAY que ganar la vida, que no fina, con razón, sin razón y contra ella.

LA vida no es sueño. El más vigoroso tacto espiritual es la necesidad de persistencia en una forma u otra. El anhelo de extenderse, en tiempo y en espacio.

LA virtud es una forma de inteligencia y el vicio o es tontería o es locura.

Y quien pretende apoyarse en la supuesta opinión de esa mayoría puramente numérica –iba a decir puramente animal, y no en el mal sentido de la palabra–, y en ella funde su derecho a imponerse arrogantemente, ese es el verdadero demagogo.

–YO amigo mío, no me defiendo jamás. Ataco. No quiero escudo que me embaraza y estorba. No quiero más que espada.

PERO ¿para qué viajan la mayoría de los que viajan? ¿Hay algo más azarante, más molesto, más prosaico que el turista? El enemigo de quien viaja por pasión, por alegría o por tristeza, para recordar o para olvidar, es el que viaja por vanidad o por moda: es ese horrible e insoportable turista que se fija en el empedrado de las calles, en las mayores o menores comodidades del hotel y en la comida de este. Porque hay quien viaja, horroriza el tener que decirlo, para gustar distintas cocinas. Y otros para correr teatros, cafés, casinos, salas de espectáculos, que son en todas partes lo mismo, y en todas igualmente infectos y horrendos. Y hay quien viaja por topofobia, para huir de cada lugar, no buscando aquel a que va, sino escapándose de aquel de donde parte.

Y hay que viajar –lo he dicho antes de ahora– por topofobia para huir de cada lugar, no buscando aquel a que se va, sino escapando de aquel de donde parte.

ES evidente que los placeres más exquisitos son los más baratos.

DESPUÉS de todo, la civilización se debe a los vagos, a los desocupados. La civilización empezó cuando sujetando un hombre a otro a la esclavitud, le obligó a trabajar para los dos, y libre él de tener que esforzarse por su parte para ganar el pan, pudo mirar a las estrellas y preguntarse: “¿Por qué darán así vueltas? ¿Por qué saldrán ahora por aquí y mañana por allá?”.

POR terribles que sean las ortodoxias, son mucho más terribles las ortodoxias científicas.

DA grima ver lo que hacen los sabios jesuitas con sus alumnos. Les meten en la cabeza una infinidad de logomaquias, juegos de palabras, calumnias, atrocidades, toda la morralla pseudo-científica y todos los detritus de la anémica ciencia ortodoxa.

CABE volver las riendas del destino como se vuelve, del revés, un guante.

MI religión es buscar la verdad en la vida, y la vida en la verdad.

EL que no sientas ansias de llegar a más, llegará a no ser nada.

VIVIR es solamente, vida mía, saber que se ha vivido.

NO hay más revolución que la del tiempo.

LA falta de sencillez lo estropea todo.

CON maderas de recuerdos armamos las esperanzas.

LA pasión es como un dolor, y como el dolor crea su objeto. Es más fácil al fuego hallar combustible que al combustible fuego.

¡NADA que no sea verdad puede ser de veras poético!

HAN vuelto los vencejos (las cosas naturales vuelven siempre); las hojas a los árboles, a las cumbres las nieves…

DEBO declarar que tengo horror al telégrafo y que casi nunca acudo a él. Me parece un síntoma de grave enfermedad social, de urbanismo, eso de telegrafiar en un estilo disparatado y con el menor número posible de palabras, lo que no hace maldita falta que llegue en una o en veinticuatro horas. El telegrafismo ha tenido una funesta influencia en la prensa, contribuyendo a crear –por paradójico que parezca– eso que llaman estilo brillante, y que es el más torpe distraz de la monotonía de pensamiento.

EL sentido común es el sentido de la pereza, el que juzga con lugares comunes y frases hechas mecánica y no orgánicamente.

CONOCE tu obra, y llévala a cabo.

NO me digáis que estas o aquellas ideas no son mías, porque os contestaré que no es más padre de una idea quien no hizo sino engendrarla para abandonarla a continuación, sino que lo es quien la prohijó, la lavó, la vistió, hizo por ella y la puso en su sitio.

EL hombre suele ser hijo de su nombre y no de sus obras; tu nombre es tu estrella.

LA moda, es decir, la monotonía en el cambio.

EL miedo nos tapa la verdad, y el miedo mismo, cuando se adensa en congoja, nos la revela.

LA trágica historia del pensamiento humano no es sino la lucha entre la razón y la vida.

“¡ANCHA es Castilla! ¡Y qué hermosa la tristeza enorme de sus soledades, la tristeza llena de sol, de aire, de cielo!

La jaula del chimpancé aquí, en el Jardín de Plantas de este París, está siempre rodeada de animales humanos, de hombres y mujeres, de niños y niñas. ¿Le tienen lástima? ¿Le admiran? Creo que en el fondo, contemplando al chimpancé, se sienten invadidos de una especie de melancolía, de la melancolía de su civilización.

¡LA verdad antes que la paz!

PARA el día próximo la lección siguiente (las últimas palabras de Unamuno, a sus alumnos, la víspera de partir al destierro de 1924).

Andrés TRAPIELLO es escritor. Autor de varias obras de poesía, narrativa y ensayo.


Articulo: http://www.elboomeran.com 11∕06∕2016