mercredi 6 juillet 2016

Redacción CULTURAL∕Muerte de Yves BONNEFOY & Elie WIESEL

Yves BONNEFOY o la exigencia de nombrar la realidad con poesía
Por Redacción Cultura

En 1943, abandono los estudios de matemáticas y se dedicó a la historia de la Filosofía y de la Ciencia.

El escritor francés falleció el pasado viernes, a los 93 años. Fue autor de cerca de 100 libros de poesía y ensayo, que fueron traducidos a más de 30 idiomas. Redacción Cultura Hay algo en lo que coincide la crítica literaria sobre la obra del francés Yves Bonnefoy (Tours, 1923-2016): su literatura, que no es más que una reflexión ampliada de lo que vivía diariamente, reivindica a la poesía y el ensayo como elementos de aprendizaje cotidiano. Así como la filosofía es un vehículo para entender el desarrollo de la historia y del entorno social, la escritura de Bonnefoy juega un rol pedagógico en la gente, incluso a nivel político. Su proyecto fue describir “la majestad de las cosas sencillas”, pero con la conciencia de que los poemas no tienen significado por sí solos, porque “cuando se lee uno hay que preguntar a la propia experiencia, a la memoria. Y a partir de ahí buscarle la interpretación”. Bonnefoy perteneció de joven al movimiento surrealista, fue matemático, traductor de Shakespeare y Yeats, nieto de agricultores e hijo de un ferroviario y una maestra. Sabía que las palabras estaban en el centro de todo y que eran “el embrión que no solo describe y señala y nombra el mundo sino que lo ordena y puede salvarlo, reordenarlo”, como dijo en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en 2013, cuando recibió el Premio de Literatura en Lenguas Romances. “Encuentro siempre en sus textos una especie de placidez (prodigio de la literatura que más me conmueve) ante lo definitivo, el tiempo, el olvido o la muerte, le tengo un cariño especial, reservado a los amigos que nunca conoceremos. Esa placidez proviene, en muchos casos, de la potencia que le adjudica a los afectos, a la importancia de la amistad como forma comunitaria por excelencia, siempre efímera (y por eso más intensa) y siempre testimonio del valor del instante presente”, comentó la escritora Daniela Alcívar Belollio sobre el autor del célebre El territorio interior (Sexto Piso). “La hermosa prosa de Bonnefoy (…) evita el lenguaje técnico y nos atraviesa con un tipo de ensueño y de música que pertenecen al ámbito de la poesía, no de la filosofía… El territorio interior es, ante todo, el libro de un poeta”, dijo Bruce Whiteman, en Hudson Review. (F)

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"Si abandonamos la poesía corremos el riesgo de devaluar el espíritu democrático"
Por Redacción Cultura

Yves Bonnefoy, poeta, crítico de arte y varias veces nominado al Premio Nobel de Literatura, falleció el viernes. El sábado se anunció la muerte de Elie Wiesel, Nobel de la Paz en 1986. Redacción Cultura Cuando Elie Wiesel subió al estrado donde se le entregó el Premio Nobel de la Paz, en 1986, rememoró las escenas, que aún tenía claras, de su traslado a los campos de concentración, solo por ser judío. 

Le preguntó a su padre: “¿Puede ser esto verdad? Esto es el siglo XX, no la Edad Media. ¿Quién puede permitir que se cometan crímenes así? ¿Cómo puede el mundo permanecer en silencio?”. En su interpelación hacia el niño que fue y pasó su infancia en la condena nazi, Wiesel solo puede responder que intentó mantener la memoria viva, intentó luchar contra aquellos que olvidan. “Porque si olvidamos, somos culpables, somos cómplices”, se decía a sí mismo.   A pesar de que tras el Holocausto, Wiesel evitó hablar de ello por una década, su obligación con el pasado era ineludible. Intentó no olvidar. Escribió  decenas de ensayos y novelas sobre su experiencia. El primer libro fue La Noche, publicado en 1955 y traducido a más de 30 idiomas, según la Fundación Eli Wiesel para la Humanidad, organización que creó junto a su esposa y que presidía. En él relata su vergüenza por permanecer en silencio tumbado en el catre mientras su padre era golpeado. Sus causas fueron la defensa del Estado de Israel. A través de su fundación defendió a los judíos de la antigua URSS, los desaparecidos de la dictadura argentina, los refugiados de Camboya, los kurdos o la lucha contra el apartheid de Sudáfrica. El autor y activista murió el sábado 2 de julio, en su casa en Manhattan, a los 87 años. El último mito de la poesía francesa Yves Bonnefoy creía en la poesía como un modo de acción, una forma particular de cuestionar el mundo. Creía que la democracia es un modo de hacer sitio para dar cabida a la realidad de los otros. “Por eso creo tanto en la poesía, porque es el origen de la conciencia democrática. La poesía restituye la presencia de los otros y nos hace respetarlos. Si abandonamos la poesía, que es lo que ahora está sucediendo, corremos el riesgo de devaluar el espíritu democrático”, dijo Bonnefoy hace aproximadamente un año, en una visita a Madrid. Nacido en Tours, Francia, en 1923, fue cercano a André Breton y los surrealistas tardíos. Bonnefoy compartía con los surrealistas su apego “por intensificar la conciencia y la palabra” a partir del lenguaje poético. De acuerdo al poeta y traductor español Martín López-Vega, “su poesía, despojada casi siempre de referencias superficiales y enemiga de la exhibición erudita, escondía tras su hondura transparente a un creador reflexivo como pocos acerca de los matices de su arte. No es casualidad que dedicara, a lo largo de toda su vida, brillantes ensayos a Rimbaud y Baudelaire”. El autor, varias veces candidato al Premio Nobel de Literatura, falleció el viernes 1 de julio, en París, a los 93 años. (I)

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Elie WIESEL, escritor, premio Nobel y gran testigo del Holocausto
Por Redacción Cultura

Escritor francés, ciudadano estadounidense y ante todo judío, Elie Wiesel, el premio Nobel de la paz fallecido el sábado a los 87 años, dedicó su vida a defender la memoria del Holocausto tras sobrevivir al campo de exterminio nazi de Auschwitz. 

Catedrático de Ciencias Humanas de la Universidad de Boston durante muchos años, Wiesel vivió a caballo entre Estados Unidos, Francia e Israel. De origen rumano, pensaba en yidis, escribía con frecuencia en francés y vivía su cotidiano en inglés. Para favorecer la comprensión entre pueblos, este "mensajero de la Humanidad", como lo calificó el comité del premio Nobel, creó la Fundación Elie Wiesel para la Humanidad con su esposa de origen austriaco, y también la Academia Universal de las Culturas. Infatigable militante de los derechos humanos de gran prestigio en la escena internacional, abanderó todo tipo de causas sociales, de Armenia a Darfur, haciendo siempre hincapié en la infancia. Durante años temió que el mundo olvidara el Holocausto, ese "evento único" en la Historia, para acabar admitiendo que había sido ampliamente documentado. Pasó entonces a clamar contra su "banalización" y contra la indiferencia derivada de ella."Lo opuesto al amor no es el odio, sino la indiferencia, lo opuesto a la vida no es la muerte, sino la indiferencia ante la vida y ante la muerte", afirmaba.  'La noche', su obra maestra  Nacido el 30 de septiembre de 1928 en Sighet, Rumanía (Transilvania en aquella época) en el seno de una familia modesta, Wiesel fue deportado a los 15 años a Auschwitz-Birkenau, el mayor campo de exterminio nazi en Polonia, ocupada por Alemania. Su madre y su hermana menor fueron asesinadas, mientras que su padre murió ante sus ojos en el campo de Buchenwald (Alemania) al que fueron trasladados posteriormente. Tras ser rescatado al final de la guerra, en 1945, fue acogido en Francia por la OSE (Obra Judía de Auxilio a la Infancia) y vivió con la asociación hasta los 28 años. Durante esta época, Wiesel estudió Filosofía en la Sorbona, y posteriormente se hizo periodista y escritor. En Francia, aprendió a amar el francés, una "lengua cartesiana que rechaza el misticismo" en el que se "bañó" durante su infancia y adolescencia, en el que vivió todas sus "aventuras interiores". "La única condecoración que porto es la Legión de Honor, por gratitud hacia Francia, a la que tanto debo", aseguraba este admirador de Molière y Camus, que fue durante años íntimo de François Mitterrand, antes de descubrirse la amistad del presidente francés con un alto responsable colaboracionista del gobierno de Vichy. François Mauriac, premio Nobel de Literatura, firmó el prefacio de su primera novela, La noche (1958), en la que relata sus recuerdos de niño deportado. Le seguirían decenas de obras más, escritas en francés, inglés, hebreo y yidis, con incursiones en la ficción, el teatro y el ensayo. El testamento de un poeta judío asesinado (1980), en el cuestiona el silencio de Dios, fue su libro más conocido. El Congreso estadounidense le concedería la medalla de oro por su trabajo al frente del Holocaust Memorial Council de Estados Unidos y en 2006, recibió la propuesta de presidir el Estado de Israel, que Wiesel rechazó alegando que no era más que un escritor. Hombre atento y lleno de humor, de voz dulce y mirada intensa, consideraba que todo lo que hacía, lo hacía "en tanto que judío": "Puedo ser judío con o contra Dios. Pero no sin Dios. Mi padre era creyente, mi abuelo era creyente, su propio padre era creyente... ¿Cómo podría yo romper esa cadena?", se preguntaba. (I)


Articulo : www.eltelegrafo.com.ec 06∕07∕2016

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