mardi 27 décembre 2016

Javier YUSTE∕ Zeruya SHALEV: "La literatura se convertirá en algo para gente rara"

Zeruya SHALEV: "La literatura se convertirá en algo para gente rara"
Por Javier YUSTE

La escritora israelí aborda las relaciones paterno-filiales en su nueva novela, Lo que queda de nuestras vidas (Siruela)

Zeruya Shalev (Galilea, Israel; 1959) se convirtió con tres novelas sobre las relaciones de pareja, Vida amorosa, Marido y Mujer y Théra, en una de las voces femeninas más importantes de la literatura israelí contemporánea. Su carrera estuvo a punto de truncarse en el año 2004 cuando, tras dejar a sus hijos en la guardería, fue una de las víctimas de un atentado suicida cerca de su casa. “Me afectó profundamente”, explica la escritora israelí. “Me hizo sentir que quizá no volvería a escribir y de hecho no lo hice durante seis meses. Sin embargo, cuando volví, mi escritura se hizo más intensa aunque no creo que el atentado influyera en los temas que abordo o en mi estilo”. Hoy ninguna secuela es apreciable en el semblante de Shalev, que presenta en España su último libro,Lo que queda de nuestras vidas (Siruela), una novela que aborda las relaciones paterno-filiales, sentimientos y resentimientos, a través de tres personajes: Hemda, una madre que agoniza en el hospital y que repasa su vida, en la que le dio mucho amor a uno de sus hijos, Abner, mientras que a la otra, Dina, no fue capaz de quererla.

P.- ¿Por qué se decidió a abordar las relaciones paterno-filiales con tanta intensidad?
R.- En mis primeros libros escribí una especie de trilogía sobre el amor en pareja, centrada en las relaciones entre hombres y mujeres. Cuando la di por finalizada, sentí una intensa necesidad de explorar y profundizar en el tema de padres e hijos. Es la cuestión más paradigmática de todas las que atañen al ser humano. Con la relación paterno-filial todo empieza y todo acaba en nuestra vida y siempre de una manera más bien dramática. Eso era lo que quería reflejar en esta novela.

P.- La novela sigue a personajes de hasta cuatro generaciones diferentes desde la fundación del estado de Israel. ¿Son muy diferentes entre sí?
R.- Sí, hay grandes diferencias. Israel es un estado muy joven y vertiginoso, el tiempo pasa allí muy rápido. La primera generación, la de los pioneros que construyeron los kibutz, es muy estricta, muy ideológica, muy fanática. Tienen claro qué es lo que hay que hacer y siempre están al servicio del estado y de sus necesidades. La segunda generación, a la que pertenece Hemda, está perdida. No tienen la oportunidad de desarrollar su propia identidad pues están desbordados por la seguridad y confianza de sus progenitores. Después, la generación siguiente, la de Dina y Abner, está más centrada en lo individual, en alcanzar el amor en relaciones íntimas. Sin embargo no son capaces de amar y de hacer realidad sus sueños y fantasías y se obsesionan con ciertas cosas. En la novela Dina quiere adoptar a un niño y Abner busca desesperadamente a la mujer del hospital. Por tanto, la primera generación sería la de los fanáticos; la siguiente es la generación perdida y la tercera, a la que yo pertenezco, es la generación de la obsesión.

P.- ¿Y qué pasa con la siguiente generación, la de los hijos de Dina y Abner?
R.- La cuarta generación es un poco más sana, un poco mimada, más internacional y menos atada al estado. La adhesión a la idea de Israel hace la vida más complicada y ellos están menos vinculados y por tanto son más libres. Habrá que ver si esta generación está dispuesta a defender el estado como lo hicieron las generaciones previas.

P.- Todos los personajes del libro están heridos de alguna manera por la relación con sus progenitores...
R.- Desde que me convertí en madre todos los días me pregunto si podré evitar infligir ese dolor a mis hijos. Mis padres, a pesar de sus buenas intenciones, me hirieron profundamente cuando era pequeña. Ellos no eran conscientes de sus propios problemas y yo los heredé. Con mis hijos traté de estar atenta desde el principio e intenté ir en la dirección contraria, pero acabé siendo demasiado protectora y quizá esto les ha repercutido negativamente y ahora son débiles. Ahora con mi tercer hijo tengo otra oportunidad para ser más equilibrada. Es una misión de vida y creo que lo que he aprendido es que el amor es muy importante pero no es suficiente. Tienes que aportarles habilidades que les permitan superar los problemas. Seguro que cometemos errores pero siempre hay una oportunidad para corregirlos y este es uno de los mensajes del libro, que nunca es demasiado tarde.

P.- ¿Le costó meterse en la cabeza de un hombre como Abner? ¿Es muy diferente la psicología femenina de la masculina?
R.- Es la primera vez que escribo desde la perspectiva de un hombre y al principio estaba un poco preocupada porque tenía miedo de que no fuera natural para mí. Sin embargo en cuanto escribí las primeras dos frases comencé a notar que su conciencia fluía en mi interior. Ha sido una experiencia muy profunda que me ha hecho cambiar mi perspectiva sobre los hombres. Por primera vez sentí a nivel emocional lo difícil que es ser un hombre sensible y no un macho. Creo que de todos los personajes que he creado Abner es mi favorito. Todavía me siento muy cerca de él.

P.- ¿Es de alguna manera autobiográfico el libro?
R.- Este es un tema muy complicado. Hay algunos elementos autobiográficos en la novela, como el tema de la adopción, pero todas las personalidades de los personajes son distintas a mi propia personalidad. No estoy interesada en describir mi vida, pero sí en usar ciertos elementos que conozco bien en otros caracteres para tratar de hacer algo diferente. Cuando escribo sobre temas que nunca he experimentado me siento como una actriz que se sube al escenario. Con muchas de estas cosas siento una fuerte identificación y de repente, mientras escribo, se vuelven casi autobiográficas. Es curioso porque a veces algo que es biográfico cuando lo escribo no lo siento como tal y me puede pasar lo contrario con cosas que no he vivido.

P.- ¿Cómo ve el presente y el futuro de la novela?
R.- Creo que siempre habrá gente que lea y no me importa si lo hacen en el iPhone, en el portátil, en un eBook... Sin embargo los números no paran de descender. Creo que es una cuestión de educación. Hoy en día hay tantas tentaciones por todos lados alrededor de nosotros. La cuestión es cómo hacer que un chaval lea. La literatura siempre existirá pero me temo que se convertirá en algo solo para gente rara... Espero que siempre haya suficiente gente rara.


Articulo: http://www.elcultural.com 06/12/2016