samedi 15 juillet 2017

Jacques LAFAYE∕Una vida comprometida: Rodolfo STAVENHAGEN


REVISTA LA GACETA
Una vida comprometida: Rodolfo STAVENHAGEN
Por Jacques LAFAYE

Pocos intelectuales mexicanos tan discretos e influyentes como Rodolfo Stavenhagen, fallecido en noviembre de 2016. Presentamos la remembranza de su amigo y cofrade Jacques Lafaye, autor de Quetzalcóatl y Guadalupe, Los conquistadores y otras obras sobresalientes de esta casa editorial.

Una vida, vida intelectual en particular, es fruto de una experiencia vital modelada por influencias personales y es típica de un fenómeno generacional, como lo percibió Ortega y Gasset. Si se enfoca de esta manera la vida de Rodolfo, se imponen unos datos masivos: fue un “niño de la Guerra”, se entiende que de la segunda Guerra Mundial en Europa; que esto fuera traumático lo puedo atestiguar por ser niño europeo de la misma generación. Como él, yo salí al éxodo en 1940, no por mar sino por tierra, bombardeado y ametrallado por la fuerza aérea del Tercer Reich. Pero pude regresar a mi casa, intacta, tres meses más tarde; Rodolfo regresó a Fráncfort muchos decenios después, invitado a dictar una conferencia en la Universidad. Por si fuera poco todo lo anterior, no nos olvidemos de que Rodolfo era un niño alemán que hablaba alemán con sus padres, mientras sus abuelos morían en un campo de concentración, también alemán. Cuando gracias a las amistades germánicas el ya adolescente Rodolfo fue invitado por Gertrude Duby (Gertrude Loertscher, suiza-alemánica) y Frans Blom (danés) a conocer la Selva Lacandona y sus indios, en 1949, sus anfitriones hablaban en alemán. Si el joven Rodolfo, que ya se estaba convirtiendo en todo un mexicano, sintió nacer su vocación antropológica en esta circunstancia, o si fue en un trabajo de campo posterior entre los indios mazatecos, no lo sabemos con seguridad. Sí sabemos, en cambio, que la primera circunstancia que influyó en su vocación de “defensor de los indios” fue la pasión de su padre Kurt Stavenhagen, quien logró juntar una de las más importantes colecciones de obras prehispánicas, tanto líticas como cerámicas. Yo tuve el privilegio de visitarla guiado por él mismo (unos años antes de conocer a Rodolfo), estuvo presente su madre, una señora con distinción tal que me hizo pensar en las que pintara Gustav Klimt en Viena, pero a ella la retrató Diego Rivera, amigo, con Frida, de la pareja. La colección Stavenhagen ha sido donada por Rodolfo a la unam y está en exposición permanente en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco. También gracias a las amistades germánicas, Rodolfo pudo ir a estudiar arte en la Universidad de Chicago, donde escuchó también las conferencias de Robert Redfield, amigo de Frans Blom; lo cual no pudo más que confirmar su deseo de dedicarse al estudio antropológico de los indios de México. Los campos de Redfield habían sido Yucatán y Tepoztlán. Ya en los años cincuenta se invitaron a la enah eminentes antropólogos de Estados Unidos, a iniciativa, principalmente de Pablo Martínez del Río y Pedro Bosch Gimpera, y posteriormente de Ángel Palerm, quien había sido funcionario de la OEA.

Rodolfo ingresó a la Escuela Nacional de Antropología e Historia, donde siendo estudiante hizo un trabajo de campo como asistente de Alfonso Villa Rojas (ex colaborador de Redfield), entre los mazatecos, “hombres sin tierra” (Luis Suárez, 1969), expulsados de su solar ancestral por el “progreso”: la construcción de la presa Miguel Alemán en la cuenca del Papaloapan. Al año siguiente volvió Rodolfo a esta región como colaborador del Instituto Nacional Indigenista (ini), dirigido entonces por Alfonso Caso, quien tenía como subdirector a Gonzalo Aguirre Beltrán. Pero su tesis de maestría la dedicó a una población flotante, la de Tijuana, naciente ciudad de frontera en los años cincuenta. Se da el caso de que su hijo Gabriel está ahora filmando en la frontera norte, según me dice su hermana Marina, también conocida cineasta. A raíz de estas experiencias de campo y en medio de las polémicas intelectuales y políticas del momento, Rodolfo quedó desilusionado de la deriva burocrática del Estado nacido de la Revolución, así como del dogmatismo marxista-leninista imperante. Ya en aquella obra de juventud escribió: “La constitución de una disciplina social única (que incluya la antropología social y la sociología) debe ser el próximo paso lógico, particularmente en México, donde los antropólogos han hecho ‘sociología’, y donde la sociología apenas está comenzando a constituirse en una ciencia de la investigación científica” (Introducción a Tijuana 58, edición de El Colegio de la Frontera Norte, 2014). Rodolfo se trasladó a París en 1959, donde se doctoró en La Sorbona en 1965, con una tesis titulada Las clases sociales en las sociedades agrarias, bajo la dirección de Georges Balandier, quien era entonces un joven profesor, fraternal con sus estudiantes (le llevaba algo más de diez años a Rodolfo; falleció tres semanas antes de él). Balandier era lo que se catalogaba entonces en Francia como “un africanista”; su campo de investigación era el África subsahariana (Afrique noire); tuvo relación con Cheikh Anta Diop, el prohombre de “la Négritude”, y estudió en particular la clase obrera de Senegal. Esto no era original en la fecha; Bourdieu estudió la clase obrera en Argelia, Touraine la clase obrera en Chile…

El trabajo de Balandier en Senegal podría resumirse como el estudio de los efectos perversos de la colonización, seguidos de una supuesta descolonización, que no pasó de ser un neocolonialismo. Según escribió el maestro de Rodolfo: “Ninguna sociedad está jamás totalmente liberada de su pasado” y también: “Nunca se insistirá bastante sobre el hecho de que la relación generalizada de las sociedades actuales ha llegado a ser el dato dominante” (Sociologie des mutations, 1968). La preocupación social fue general en nuestra generación, la actividad intelectual era inseparable del compromiso político. En el aspecto intelectual y teórico este interés se confundía con el cuestionamiento del análisis clasista: la alianza entre obreros y campesinos para hacer la revolución, el modelo estalinista y el modelo maoísta, etcétera… Rodolfo impulsó, seis años antes de la Primera Declaración de Barbados, la sustitución del modelo étnico al modelo clasista, como principio de análisis y explicación. Lo que mostró Rodolfo en sus famosas Siete tesis equivocadas sobre América Latina es que la descolonización política de la América Latina, igual que la reciente de África, no había puesto fin al colonialismo, que había pasado de externo a interno en unos decenios.

Así escribió: “las regiones subdesarrolladas de nuestras naciones juegan el papel de ‘colonias internas’; por ello, en lugar de plantear el problema de las naciones de América Latina en términos de ‘sociedad dualista’, sería más conveniente hablar de ‘colonialismo interno’” (primera tesis). El título Siete tesis… fue una alusión implícita (pero transparente en aquella fecha) a los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana de José Carlos Mariátegui (1928), que postulaban una sociedad dualista, medio feudal (rural), medio burguesa (urbana); un análisis marxista clásico de la cuestión agraria. Ya Miguel Ángel Asturias había precedido al peruano con una tesis sobre: Sociología guatemalteca: El problema social del indio (1923), un cuadro aterrador de la miseria indígena en todos sus aspectos, manifiesto humanitario y antirracista precursor de la generación indigenista. Antes de presentar su tesis, Rodolfo se había mudado a Río de Janeiro, como miembro del Centro Latino-Americano de Pesquisas em Ciencias Sociais; tanto este centro como el Museo Paulista y otras instituciones como la FUNAI (Fundação Nacional do Índio) vivieron en aquellos años un clima de controversias, igual que el ini de México. La visión de Brasil de Gilberto Freyre en Casa-grande e senzala (1933), y en Interpretação do Brasil (1945) fue matizada por Sérgio Buarque en Raizes do Brasil (1936), y abiertamente rebatida por un grupo de antropólogos de la generación siguiente, la de Rodolfo, quien pasó entre ellos los años inmediatamente anteriores a la elaboración de sus Siete tesis.

Estos antropólogos, varios de ellos también políticos (como Fernando Henrique Cardoso, que llegó a ser Presidente de Brasil, Darcy Ribeiro, quien fue gobernador del Estado de Guanabara), cuestionaron radicalmente la visión feudal de la historia nacional. Otro, Roberto Cardoso de Oliveira, investigador del Museo Nacional de Río de Janeiro, escribió un ensayo crítico de los tópicos dominantes de la antropología titulado O índio e o mundo dos brancos, que apareció en 1964, el año anterior a las Siete tesis de Rodolfo. La cantina del museo, en la que me tocó compartir comidas con Roberto aquel mismo año, era un foro de apasionados debates sobre “el problema indio”; en Brasil se trataba de reconsiderar la política de Rondon, aplicada por el Serviço de Proteção ao Índio. Por si quedara la menor duda respecto de la inquietud, a la vez teórica y política, de los científicos sociales de aquella generación, tenemos una carta de Andre Gunder Frank a Rodolfo, fechada en 1963. Gunder Frank, judío alemán refugiado con la Universidad de Chicago, conocía íntimamente a Rodolfo desde que éste fuera estudiante en esta misma universidad; así lo revela el tono de la carta. La escribió Gunder Frank estando en Brasilia, invitado por el rector de la universidad (lo era en la fecha Darcy Ribeiro), como lo fui yo en aquel mismo verano. En esta carta, Gunder Frank hace alusiones a sus intercambios intelectuales con Roberto Cardoso, Fernando Henrique Cardoso, Octavio Ianni… pero lo esencial para nuestro propósito es que menciona a Rodolfo irónicamente, llamándole: “that guy Stavenhagen”.

Lo que él esperaba de Rodolfo era que formulara la tesis según la cual la supuesta sociedad dual latinoamericana no existe; escribió explícitamente: “well, I mean to write an article demonstrating that each and everyone of this propositions is wrong”. Lo cual fue directa incitación a escribir sobre las “tesis equivocadas”, cuyo título le anticipa. Entiéndase que con esta observación no pretendo cuestionar la paternidad del ensayo más famoso de Rodolfo, sino mostrar que ha sido fruto de un debate entre investigadores afines. Gunder Frank publicó posteriormente una obra que tuvo gran eco: Capitalismo y subdesarrollo en América Latina (1967). Ahora hay que señalar que, ya en 1948, François Perroux había publicado “Esquisse d’une théorie de l’économie dominante” (Economie Appliquée), donde destacó la unidad orgánica (no se decía “globalidad”) de la economía mundial: si hay una economía dominante, tiene que haber economías dependientes. A su regreso a México, en 1965, Rodolfo publicó su ensayo polémico: “Siete tesis equivocadas sobre la América Latina” en el periódico El Día. Dicho ensayo surgió en medio de las intensas controversias de las que fue teatro la Escuela Nacional de Antropología de México, muy politizada en aquellos años. Para resumirlo, los gobiernos de aquel tiempo consideraban que el presidente Cárdenas había resuelto el problema de la población rural (todavía mayoritaria) mediante la reforma agraria. Y que a partir del presidente Alemán el problema nacional prioritario era la industrialización y la ciudadanización de los indios, esto es, “forjar patria” (según el lema famoso de Manuel Gamio). Los antropólogos, al contrario, pensaban que la crisis del ejido (provocada por la elevada tasa de crecimiento demográfico y la corrupción de los bancos de apoyo ejidal) era una prioridad y que la protección de las culturas indígenas era otra prioridad.

Entre los responsables políticos y la sociedad seguía vigente (si bien no explícitamente) el viejo esquema “civilización o barbarie”, visión maniqueísta subyacente en la política de asimilación y ciudadanización de los indios. Contra esta visión se levantó la voz de una generación de antropólogos y sociólogos, la de Rodolfo. Las “Siete tesis” salieron en París al año siguiente, en 1966, en una revista de izquierda radical independiente (desaparecida en 1973). “Independiente” significaba en aquella fecha no enfeudada al Partido comunista. La revista había sido creada en 1961 por François Maspero, hijo del librero-editor vanguardista Henri Maspero. He guardado en mi archivo el ejemplar de: “Sept théses erronées…” que me mandó Rodolfo al salir la edición (la dedicatoria que me puso confirma su manejo coloquial de la lengua francesa). Este alegato ha tenido tal resonancia que se han celebrado los cincuenta años de su aparición (en 2015) con un coloquio en El Colegio de México. En aquella ocasión expresó su deseo de escribir ahora las “siete tesis correctas” sobre América Latina, desafío que le fue planteado por su amigo Pablo González Casanova (a quien llegué también a conocer en 1960, en la tertulia cotidiana de Huguette Balzola en su Librairie française del Paseo de la Reforma). 

Como muestra de la obra institucional de Rodolfo Stavenhagen, a partir de 1969 realizó investigaciones como miembro del Instituto Internacional de Estudios Laborales de la Organización Internacional del Trabajo en Ginebra, por otro nombre la oit. Su papel crucial en el establecimiento de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, México, a partir de 1974, fue una manera de proteger el patrimonio intelectual de dicho organismo, cuando la dictadura chilena amenazaba con aniquilarlo. Se debe también a él la fundación del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México, que dirigió entre 1973 y 1976, y de un Doctorado en Ciencia Social, con especialidad en Sociología, única oferta de formación de investigadores sociales que existía en el país en aquella época. Posteriormente residiría de nuevo en París como director de la División de Ciencias Sociales de la unesco (esto es subdirector general de la institución). En 1992 fundó en México, junto con Marie Claire Acosta, Jorge Carpizo y Sergio Aguayo, la Comisión Nacional de Derechos Humanos, surgida de la Academia Mexicana de Derechos Humanos, creada en 1984. En 1996 salió por el unrisd (The United Nations Research Institute for Social Development) la obra más acabada de Rodolfo: Ethnic Conflicts and the Nation-State (Macmillan Press, 1996).

Este libro, de 324 páginas de tipografía apretada y estrechos márgenes, cubre toda la problemática de los conflictos étnicos en el mundo: hubo 30 guerras de secesión desde 1945, y sólo 14 consiguieron un estatuto de autonomía, y 50 países tenían conflictos étnicos en 1996. Rodolfo, en esta auténtica obra maestra, ha profundizado el análisis sociológico y político, conceptual y diplomático, en todas sus facetas y su complejidad, que reflejan las siguientes citas (que tomamos de la edición en español de Siglo XXI): El ecocidio y el etnocidio son dos procesos entrelazados y, como resultado, la lucha por el medio ambiente es una lucha por la supervivencia de los grupos étnicos y también sus culturas (p. 16). Así podemos concluir que las etnias se transforman en naciones cuando logran crear estructuras de Estado mediante dinámicas históricas variables, o cuando una estructura de Estado constituida se convierte en el marco que da forma nacional a una o varias etnias (p.26).

Por último, entre los estudiosos de la etnicidad está de moda actualmente tratar los problemas conceptuales mencionados negando cualquier “realidad” a los grupos étnicos como tales. Lo que parece ser más importante es el “discurso” sobre la etnicidad, es decir, la forma en la que la gente inventa o construye su etnicidad o la de otros (p. 33). En las conclusiones se leen diagnósticos como éstos: El término “etnicidad” tiene sin duda alguna utilidad, pero ¿en realidad no estará simplificando y abarcando en conjunto a fenómenos diversos que antes se denominaban “lucha de clases”, “guerra de liberación nacional”, conflictos en torno a la “construcción nacional” o simplemente una “lucha por el poder”? ¿La etiqueta “étnico” en realidad ayuda a explicar y distinguir cierto tipo de conflicto de otros o, por el contrario, sólo confunde los problemas? (p. 355). En este contexto, ¿qué es ser pueblo? Definir cuidadosamente la naturaleza y características de los pueblos sujetos del derecho de autodeterminación no es un mero ejercicio de etiquetado o clasificación. Sin duda alguna, el derecho a la autodeterminación implica el derecho a la definición de sí mismo, como con toda razón argumentan las organizaciones indí- genas (p. 377).

Rodolfo Stavenhagen fue relator especial de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y Libertades Fundamentales de los Indígenas entre 2001 y 2008. La resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas para la Declaración de la ONU sobre pueblos indígenas, de 2007, debe mucho a las encuestas y a la obstinación constante de Rodolfo; él mismo la calificó como un “Desafío” (en el título de su publicación). En 2010, pidiendo la aplicación de los Acuerdos de San Andrés, Rodolfo declaró en el Senado: “se debe reconocer el derecho colectivo de los pueblos indígenas con su derecho a la libre autodeterminación. Recuerdo que cuando discutíamos este concepto un sector del gobierno nos decía que los indígenas querían establecer otro país. Nada más falso: quieren libre autodeterminación para participar en la decisión de su desarrollo”. Desde su propio destino de lo que se llama en las Naciones Unidas: displaced person, Rodolfo no dejó de manifestar activamente su interés por “los olvidados”, en el caso de México, indios y campesinos (categorías que no necesariamente coinciden).

Dedicó su reflexión y su acción a la protección de los seres y las culturas marginadas, no sólo en México sino en el mundo. No deja de sorprender que un hombre como él, que se veía como activista político, llegara a tener una carrera de funcionario internacional, la cual le permitió cumplir institucionalmente con su ideal. Lo debió a su modestia y humanidad, así como a su extraordinario poliglotismo: me consta que dominaba, coloquial y académicamente, cuando menos cuatro idiomas internacionales. En realidad, Rodolfo quedará en la memoria como, mutatis mutandis, un nuevo Las Casas: igual que el dominico, estuvo activo en el campo local, viajó a Europa para convencer a las instancias políticas, obtuvo “Leyes nuevas” de protección de los indios, pero con limitados efectos prácticos; puedo dar testimonio de que tuvo plena consciencia de ello. Con empatía ha intentado fomentar la “diplomacia preventiva” en conflictos étnicos, dada la escasa eficacia de la ex post facto intervención de las Naciones Unidas: fue un mediador sin igual. Para los que tuvimos el privilegio de compartir su amistad, su simpatía y solidaridad nunca se han desmentido. Hace dos años lo invité a participar en un coloquio de El Colegio de Jalisco; para convencerlo, le dije: “Rodolfo, a nuestra edad nos vamos a morir y no nos veremos más”. Me contestó: “Ah, no hables así”. Y con gusto vino. Cenamos en mi casa, con Elia y otros copartícipes venidos de la capital y del extranjero; le dije: “Rodolfo, se me ocurrió pedirte la conferencia de clausura, acordándome de que en las procesiones Eclesiásticas el Papa aparece sólo al final.”; se rio.

Nos invitó a visitarlos en Cuernavaca, a Elena y a mí, pero por circunstancias contrarias no pudimos ir, y nos quedamos con el pesar. ¡Que viva su memoria! Entre sus libros se pueden destacar los siguientes: Pioneer on Indigenous Rights, Springer Briefs on Pioneers in Science and Practice, 2013 (3 volú- menes). Los pueblos originarios: el debate necesario, Buenos Aires, CTA Ediciones/ CLACSO, 2010. El desafío de la Declaración. Historia y futuro de la Declaración de la ONU sobre Pueblos Indígenas, Copenhague, Grupo Internacional de Trabajo sobre Asuntos Indígenas (iwgia), 2009. Los pueblos indígenas y sus derechos, México, unesco, 2007. La cuestión étnica, México, El Colegio de México, 2001. Ethnic Conflict and the Nation-State, Londres, McMillan, 1996. Entre la ley y la costumbre: el derecho consuetudinario indígena en América Latina, México, Instituto Indigenista Interamericano, 1990 (en colaboración). Derecho indígena y derechos humanos en América Latina, (México, El Colegio de México, 1988 (en colaboración). Desarrollo agrícola y estructura agraria en México, México, Fondo de Cultura Económica, 1974. Sociología y subdesarrollo, México, Nuestro Tiempo, 1972. Las clases sociales en las sociedades agrarias, México: Siglo XXI, 1969. Tijuana 58. Las condiciones socioeconómicas de la población trabajadora de Tijuana, México, El Colegio de la Frontera Norte, 2014, (tesis de Maestría, ENAH, 1959).

Artículo: www.elboomeran.com 09/2/2017

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