samedi 15 juillet 2017

Juan RODRIGUEZ M.∕¿Quién es y qué quiere Woody ALLEN?


Nueva biografía Entrevista a su autor:
¿Quién es y qué quiere Woody ALLEN?
Por Juan RODRIGUEZ M.

David Evanier es el responsable de la biografía más reciente del creador de "Annie Hall" y "Match Point". Desde su pesimismo, pasando por su identidad judía y los vaivenes de su cine, el libro, disponible en Chile, intenta descubrir cuánto hay de persona y personaje en ese neurótico que el realizador estadounidense le regaló al mundo.

Hacer del fracaso un éxito, convertir en héroe a un antihéroe, volver referente de una sociedad al miembro de una minoría, reírse del absurdo, burlarse para hacer pensar, volver encantador a un quejumbroso. Tal vez esa sea la raya en el agua que Woody Allen le ha aportado al mundo. Lo que no es poco.

Más de medio siglo después de su debut como monologuista y casi cincuenta películas luego de su estreno como guionista con "¿Qué tal, Pussycat?" (1965) y como director con "Toma el dinero y corre" (1969), pensar en Allen, sí, es pensar en muchísimas y muy seguidas películas que van de lo malo a lo muy bueno; pero sobre todo es pensar en ese pequeño neoyorquino de origen judío, neurótico, hipocondríaco, pesimista, torpe, más inquieto que intelectual, que desnuda al resto pero no termina de entender por qué le pasa lo que le pasa, medio obsesionado con el sexo y demasiado frustrado en sus relaciones de pareja.

Y que sin embargo es admirado, querido y seguido por el público, porque... ¿quién quiere ser un rebelde sin causa cuando puede ser un resignado con razón y humor? O, como ha dicho la crítica de cine Pauline Kael, ese "tipo bajito, listo e inseguro", el inadaptado urbano que tiembla con solo pensar en una pelea: "Al expresar su terror neurótico hacia prácticamente cualquier cosa que formara parte del mundo real, Allen se convertía también, de alguna manera, en su portavoz (...) Woody Allen ayudó a que la gente se sintiera más cómoda con su aspecto físico y aceptara sus miedos respecto a la violencia, el sexo y todo aquello que le generaba ansiedad".

Un hombre serio

La cita se encuentra en "Woody. La biografía" (Turner), el libro más reciente y tal vez el más completo sobre la vida y la obra del realizador estadounidense. El responsable es David Evanier, autor de otras biografías -entre ellas una de Tony Bennett- y ex editor de The Paris Review. Hay que aclarar, sí, que aunque el libro llega hasta 2015, su completitud no tiene que ver con una cronología exhaustiva, sino con las idas y vueltas que intentan comprender quién es y qué quiere Woody Allen.

"Allen es muy distinto del personaje neurótico en sus películas", cuenta Evanier a través de un correo electrónico. "Ha hecho un buen uso de sus demonios. Es un personaje muy fuerte, que ha tenido éxito en todo lo que ha hecho: dirigir, escribir guiones, actuar, hacer comedia, escribir obras de teatro y prosa. Su compromiso con su arte es total. Nunca ha transado su integridad, y ha podido hacerlo ejerciendo un control completo sobre sus películas y negándose a capitular ante los estudios de Hollywood. Su meta nunca ha sido el dinero, sino que mantener su creatividad".

Y por eso, cada vez que tuvo éxito, huyó. "Ha mostrado constantemente una capacidad de alejarse: se alejó de la escritura de comedias para TV, del stand-up comedy , de los talk show , de todos los nichos en los que pudo aterrizar. Sus películas, asímismo, han tenido un rango enorme: desde muy hilarantes hasta profundamente serias, desde sátiras sobre lo oculto hasta romance sentido", agrega Evanier.

Si se trata de cine, a Allen le encantan Ingmar Bergman, Marcel Ophuls, Vittorio de Sica, Jean Renoir y Akira Kurosawa. Si es música: Frank Sinatra, Louis Armstrong, Sidney Bechet, los hermanos Gershwin, Irving Berlin y Cole Porter. En el caso de la literatura: Lev Tolstói, Fiodor Dostoievski y Anton Chéjov. (También le gusta el básquetbol y siente una ambigua atracción por la magia, los videntes, los adivinos y el espiritismo.) Sin embargo, Allan Stewart Konigsberg -hoy Woody Allen-, nacido el 1 de diciembre de 1935 en el Bronx, Nueva York, no fue un niño intelectual, encerrado en su pieza leyendo a escritores rusos. Leía, sí, pero cómics de superhéroes; y hacía trucos de magia. En su casa no había libros y sus padres nunca lo llevaron a un museo o a un teatro. Se crió en las calles y las salas de billar. Iba al cine, hacía deportes, le gustaban el béisbol y el boxeo. Y quiso ser, según ha contado el propio Allen, "un buscavidas de las cartas y los dados".

Hijo de padres judíos, su padre no tenía sentimientos religiosos, mientras que la madre era ortodoxa. El propio Allen no tiene "ningún tipo de paciencia" con la religión organizada, pero "ama apasionadamente" el estado de Israel, de acuerdo a lo que ha declarado. Aunque es en sus películas donde les da más espacio a sus sentimientos acerca del judaísmo.

Por un lado está la presentación cómica de su identidad judía, en películas como "Annie Hall". Por el otro, el genocidio nazi, que para Allen es el gran horror del siglo XX. "Creo que el Holocausto lo persigue, por eso vuelve una y otra vez a él en tantas de sus películas", dice Evanier. "Donde más revela sus sentimientos sobre este tópico es en su película -muy buena y bastante inadvertida- 'Todo lo demás' (2003)". En ella, uno de los personajes, David Dobel, dice: "Los crímenes de los nazis fueron de tal dimensión, que si toda la raza humana tuviera que desaparecer como condena de esos actos, no lo consideraría del todo injusto". Y el propio Allen le escribió a Evanier en una carta: "Como el Holocausto ha sido un suceso tan importante en mi vida, es normal que aparezca de forma esporádica o incluso habitual en mi obra (...) Hay determinados crímenes que simplemente no se pueden perdonar. Creo que somos una especie que perfectamente podría desaparecer y no se podría culpar a nadie más que a nosotros mismos".

Decíamos que pensar en Allen es pensar en muchísimas y muy seguidas películas que van de lo muy malo a lo muy bueno. Él mismo tiene una opinión al respecto: "No soy en absoluto humilde. Empecé con grandes expectativas y no he estado a la altura. He hecho algunas cosas que estaban bastante bien, pero tenía una concepción más alta de cuál podía ser mi lugar en el firmamento artístico (...) Lo único que se ha interpuesto entre la grandeza y yo, he sido yo", dice en una entrevista. Y en otra: "Lo digo sin falta de modestia alguna: no he hecho ninguna obra realmente significativa en ningún campo. Estoy totalmente convencido de ello. Hemos estado aquí sentados hablando de Faulkner, por ejemplo, y de Updike y de Bergman... quiero decir, está claro que no puedo hablar de mi mismo de la misma manera. En absoluto (...) Creo que si pudiera hacer, en lo que me queda de vida, dos o tres obras realmente brillantes -tal vez una película maravillosa o una gran obra de teatro o algo así- entonces sería interesante analizar todo lo hecho hasta ese momento como obras de desarrollo. Creo que ese es el estatus actual de mis obras: están esperando la joya que las corone".

Mientras, la película favorita de Evanier es "Broadway Danny Rose" (1984), "su oda al pequeño mundo del espectáculo estadounidense". ¿Y la peor? "Las peores películas de Allen son, yo creo, aquellas que hizo cautivado por el ejemplo de Ingmar Bergmann: 'Interiores' (1978), 'Septiembre' (1987) y 'Otra mujer' (1988). Esas películas son imposibles de ver".

-¿Y cuál es la mejor?
"'Crímenes y pecados' (1989), una película moral y de exploración. Los personajes de Allen cometen asesinatos sin que sus conciencias los molesten para nada. Nunca son atrapados y finalmente regresan a sus vidas normales sin mucho lío. Allen confronta el hedor moral de nuestro tiempo y concluye que el mal ha triunfado sobre el bien. Al mismo tiempo, nunca deja de esperar la redención del mundo. Su visión del mundo está condensada en esta película, donde la oscuridad y la comedia se funden inextricablemente, pero donde la oscuridad gana".

-¿Qué le parece lo que ha hecho en los últimos años? ¿Todavía podemos esperar la joya que corone su trabajo?
"Algunas películas desde fines del siglo pasado han sido muy bien recibidas: 'Match Point' (2005), 'Vicky Cristina Barcelona' (2008), 'Conocerás al hombre de tus sueños' (2010), 'Medianoche en París' (2011) y 'Blue Jasmine' (2013), entre otras. En mi opinión muchas fueron de buenas a sobresalientes. En realidad el patrón de Allen no ha cambiado: hacer una vertiginosa y errática montaña rusa de películas, una cinta sólida seguida por varias débiles. Sus últimas tres han sido débiles, y es tiempo de una excelente. ¿La hará? Basado en su registro (veinticinco excelentes y veinticinco débiles), tendría que predecir que sí. Nunca ha fallado en volver, sorprender y asustar. ¿Hará su obra maestra? Probablemente no lo sabe. Ciertamente lo quiere. Tiene ochenta y dos. Su padre vivió hasta los cien, su madre hasta los noventa y siete. Tiene un largo camino por recorrer y se mantiene en los más altos estándares".

Para él y sobre él

Dicen que dejamos de interesarnos en aquello que conocemos. ¿Después de terminar de leer "Woody. La biografía" conocemos a su protagonista? Ojalá que no. Y parece que no. Evanier ha dicho que Allen -la persona- tiene poco y nada que ver con Woody, el personaje. Está seguro de que no es el schlemiel de sus películas; una palabra yiddish que significa algo así como blandengue, quejoso, perdedor. Y, claro, cómo podría serlo si ha conseguido todos sus sueños de infancia: ser actor de cine, director y cómico. Y tocar jazz en Nueva Orleans. Sin embargo, el propio Evanier muestra lo mucho que hay de Allen -de sus manías e inseguridades, de su judaísmo y su pesimismo, de sus amores y de su infancia- en su obra. "Se ha pasado la vida escribiendo para él y sobre él, por mucho que lo niegue", leemos en el libro. Entonces...

-¿Quién es y qué quiere Woody Allen?
"Allen es y no es el personaje de sus películas. Partes de él están en todas ellas. Mi lectura (y me he reunido con él de nuevo luego de publicar mi libro) es que sigue siendo una persona centrada, no impresionada por su propia fama. No es para nada la típica celebridad. Parece receptivo, curioso respecto a las otras personas, está inmerso en la vida, es un serio lector de libros. Es todo menos un intelectual académico. Tiene los pies en la tierra, no es en lo más mínimo cerebral o pretencioso. Parece haber superado o trabajado algunas de sus neurosis, y haberse resignado a aquellas que permanecen. Y sobre todo, pienso, quiere crear una obra maestra al nivel de Sica, Rossellini, Bergman y Buñuel".


Artículo: www.elmercurio.com  04/6/2017

Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ∕Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules

Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules Por Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ 2017 marca el centenario de la cantautora de “Gracias a la vida” y ta...